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sábado, abril 17, 2021

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Entrevista a la artista Ximena Zomosa: “En las artes visuales todo el material significa algo” 

Por Galia Bogolasky

Entrevistamos a la artista chilena que está presentando la instalación Anónimas en Matucana 100.

Son doce piezas, entre las que se encuentran pintoras de dueña de casa, trajes de dos piezas, jumpers, delantales y una túnica. Es una serie que la artista comenzó a confeccionar en 1997, sumando desde entonces reflexiones y observaciones sobre la ropa de trabajo de las mujeres, que dará a conocer en la actual exhibición

El vestuario que tiene un tamaño de 5m x 2m, se exhibe en Galería Concreta de M100, y paralelamente en el hall de la sala de teatro de Matucana 100. Además hay cuatro pantallas en las que se muestran las diferentes procesiones que ha realizado la artista con el vestuario en distintos espacios públicos. Además, el texto curatorial de la muestra fue realizado por Las Tesis. Esto fue lo que nos contó.

¿Cómo llegaste al arte? ¿Qué es lo que te interesa como artista?

Yo empecé hace un montón de años, que entré a la escuela de Arte de la Universidad Católica en el año ‘86. La verdad es que es una motivación, yo pienso que el arte es una motivación vital, es como un motor que uno tiene y que, si no haces eso que tienes que hacer, enloqueces, básicamente, porque tienes tanta cosa guardada, tanta cosa interna, que probablemente todas las personas las tenemos, pero, de alguna forma, los artistas, de ese mismo material, de la vida cotidiana, de los sueños, de las experiencias, van haciendo una construcción de algo. Vas a asociarte a algún lenguaje: Música, danza, teatro, artes visuales, la escritura, lo que sea, el que tengas y que te nazca. También tiene que ver un poco con la habilidad o con las tendencias más naturales, de alguna forma. Ahí uno se asocia a eso y se comienza a proponer ideas materializadas en algo, que las hagan visibles o comunicables, ese es como el proceso. Es un proceso de siempre que tiene una concreción y hay una carrera y toda una formación que se puede seguir y que yo la pude seguir. En otros casos, a veces, no se puede o simplemente no es necesario. Yo seguí ese camino y tuve esta formación y tuve una relación interesante en la escuela con profesores, con artistas y también con referentes nacionales. En esa época, estaba el Colectivo de Artes Visuales (CADA), había varios artistas con propuestas potentes y, por ahí, seguir una línea, más o menos, de un arte experimental, más que probado, y vinculado también a una opinión sobre la realidad. Una opinión sobre el país, sobre lo que estás viviendo, sobre lo que finalmente significa ser parte de una sociedad, con estas características.

Fotos: Cecilia Reitze

Cuéntanos de qué se trata la exposición Anónimas que estás exhibiendo en Matucana 100, que es una instalación de vestuarios de mujeres trabajadoras.

Anónimas es una especie de retrospectiva, porque no está pensada como una propuesta en su concepto actual, sino que es más bien un proceso que partió el ‘97, cuando yo hice mi primer delantal, que tenía que ver con el contexto doméstico. El ‘96, tuve a mi hija, y ahí cambió bastante mi biografía, porque es un esquema más o menos tradicional de cómo cuidar a la hija y ser proveedora. Entonces me empecé a vincular con un mundo doméstico en primera persona, porque uno, a veces, como hija, ve toda una situación, pero es distinto estar ahí como la dueña de casa, aunque yo siempre he sido artista, pero igual esa fue una observación que hice, que en el fondo se extendió y se amplificó a las mujeres universalmente. Ese rol naturalizado de que tú te quedas ahí, con estas tareas. Eso me hizo pensar en ese mundo. Salieron en varias obras y, entre esas obras, salió la Pintora, que es la primera pintora, que tenía que ver con una observación a las abuelas o a las mujeres de todo el mundo, que, finalmente, como que se uniforman en este vestuario de casa, que reemplaza a la ropa, como un vestido de casa, no para salir, solo para estar adentro, pero que en el fondo te asigna un espacio súper concreto, que ahí tú usas eso y tú asumes que vas a estar ahí todo el día y si tienes que salir, te pondrás otra cosa. Fue muy fuerte ver la naturalización de todo ese sistema y hace no tantos años. Por supuesto que desde la reflexión y desde la crítica y también saliendo de lo personal. Siempre hay una mirada un poco más ampliada a lo que a una le pasa específicamente, pero yo diría que ese fue el punto de partida. Después, empezaron a aparecer otras “anónimas”, a través de invitaciones a exposiciones, entonces yo empecé a utilizar esta metodología que empecé a usar ese año, y apareció la nana, para una muestra que se llamaba Desigualdad, que fue en el centro de extensión, en el 2000. Luego, apareció el proyecto Mucho que aprender, que fueron los jumpers en Sala Gasco. Luego aparecieron Dos obreras, que son dos obreras que fueron a raíz de dos exposiciones en México, una en Oaxaca y otra en Tijuana, que también tenían que ver con las realidades locales. Todo esto de lo local pasa a lo universal. Es como que de lo privado pasa a lo público, y de lo local a lo universal. Esa es la característica de la condición femenina en este tiempo. Posteriormente, aparecieron los últimos, que son del 2018-2019, que ya pasan un poco a otra esfera, que es la hortalicera mapuche, que está ahí un poco separada de este otro grupo de trabajadoras. Después viene la Diosa del agua, entonces ahí ya se arma este conjunto. También está la Tigresa, que es la oficinista, con animal print, pero que también está en este mundo, de la obrera, la nana, dentro de unos roles un poco subyugados también, porque ese uniforme, más bien es como de la mujer que atiende público, una mujer que te encuentras en la isapre, en el retai, como una mujer un poco más formal pero que está en una posición de subordinación a algo.

¿Cómo trabajas la técnica? ¿Qué materiales usas? ¿Es solo tela y hay que coserla en formato gigante?

Fotos: Cecilia Reitze

Una cosa súper importante es que en las artes visuales todo el material significa algo.  Tu eliges determinado plástico y está asociado a un cierto uso, porque son materiales no destinados al arte, no son pinturas, no son lápices, entonces están destinados a algo. En la tela pasa lo mismo. Por ejemplo, el velo, que es un material que yo he usado ahí en varias piezas, está destinado a un vestido semitransparente, en este caso, probablemente una cortina, pero algo que devela u oculta cosas. Entonces, hay varios que tienen esta materialidad asociada a sus sentidos. Hay uno de arpillera que era teñida, que era cruda, otros son los floreados, que también es un código de cierto uso. El de la Tigresa, por ejemplo, es de una tela en la cual se usan bolsas. Las bolsas que empezaron a reemplazar a las bolsas plásticas, también está asociado a ellas, a su mundo, donde se mueve, etc. Hay varias que tienen la materialidad real, por ejemplo, el jumper, la nana o las Pintoras, son como si hubiese sido un vestido real que se agranda, que te da la impresión de que se amplió, se agigantó. Entonces, todas esas son observaciones que hay que hacer para generar el efecto que da la obra, que es la sorpresa o que efectivamente sea un vestido gigante. En relación con la parte de manufactura, yo trabajo con una modista, por la misma razón, porque ella logra el acabado real, no es que yo me pongo a hacer algo, que lo coso a mano o que bordo, sino que es algo que está hecho de forma más neutra, más profesional. Coser como si fuera igual que el real, pero a escala de 1:5, ese es mi encargo. Ahora, obviamente, nosotras con la Marcela que es quien cose, elegimos las telas, hay todo un disfrute también, de cómo queda. Entonces esa es la parte más humana, pero en realidad, si tú lo ves más técnico, es agrandar el traje con una persona que ejecute eso de manera perfecta.

¿Cuánto tiempo dura el proceso?

No dura tanto, yo te diría que en un mes más o menos se puede hacer uno. Hay que resolver algunas cosas, como los botones, por ejemplo, porque ahí yo tengo que ir a buscar dónde me corten el acrílico redondo, o si van a ser de otra materialidad, por ejemplo; mimbre, otras que son de cerámica. Es todo como una solución, pero que, en realidad, es algo sencillo. El tema de que haya sido un proceso tan largo, del ‘97 hasta ahora, es porque no están pensados para la exposición, sino que han sido hechos para distintas otras instancias; esta muestra las reúne, pero si yo quisiera hacer esta muestra, me demoraría un año, o un poco más tal vez. No es tan engorroso, que es algo que también me interesa del trabajo artístico, que sea algo maniobrable, no extremadamente caro. Como se dice: “Poder vérselas con el material, sin que sea una tortura” resolverlo y poder manejarlos, sin tanta complejidad y sin tanto costo, tan alto, algo que sea posible de resolver por uno mismo. Me sorprenden obras de arte que requieren una gran ingeniería o altos costos, como que yo me he alejado siempre de eso, por un tema práctico, en realidad, y porque también, si no, dependes completamente de los fondos o de financiamientos externos, entonces también hay piezas que he hecho con financiamiento y otras que no. Te da una libertad muy grande el poder manejar tus propios materiales de manera autónoma. Ese es un consejo que yo le doy a los artistas jóvenes en general.

¿Cómo se gestó esta exposición con Matucana 100?

Fotos: Cecilia Reitze

Esta exposición, en realidad, se le ocurrió al ex curador de M100, Gonzalo Pedraza, que me dijo que quería permanecer en el anonimato, haciendo alusión al nombre de la expo, pero en realidad, fue una idea porque él estaba apoyando la programación e imaginando este galpón: lo que podría ocurrir ahí, los artistas que podrían trabajar, qué artistas podían trabajar, y me comentó eso y me dijo: “Me encantaría ver todos tus vestidos ahí”. Ahí empezamos a reunirnos, a ir, ver pruebas. Hablamos con todo el equipo, a Cristóbal (Gumucio) que le encantó la idea. Entonces, fue tomando forma, porque estaba previsto para el año pasado, pero por las razones obvias, se tuvo que postergar. Lo bueno es que se concretó, porque hay otras cosas que no se pudieron hacer, así que además, me dio tiempo para algunas cosas importantes, como por ejemplo terminar los videos de las exposiciones que acompañan la muestra. Otra cosa que pasó, fue que ellos lograron hacer la conexión con Las Tesis, que participan en un texto que está muy bueno, que me encanta y estoy muy feliz de que se haya logrado hacer, que es el que presenta la exposición para el público, así que es como una conjunción de cosas.

Cuéntame más sobre los videos que me mencionas y esta participación de Las Tesis

Los videos son un hallazgo, en realidad que, como todos los hallazgos, sale de la improvisación, de sacar los vestidos de las exposiciones a espacios de otro ámbito, a espacios naturales, a espacios sociales, entonces se generó, sacando uno de ellos que yo llevé a un viaje a Antofagasta, al SACO, en la semana de Arte Contemporáneo, y sacamos el vestido al desierto. Lo llevamos a un cráter en Quillagua, que era una foto, era como algo que no sabía qué iba a ser, pero terminó siendo como una procesión de todos los artistas y curadores que estaban ahí, subiendo por el cráter con el delantal y eso quedó registrado. Ahí, yo pensé: “Qué interesante sacar las obras y resignificarlas con grupos de personas a las que les haga sentido”. Después de lo del jumper, que ese video está en M100, que salió desde una exposición que tenían en la Universidad Silva Henríquez, la Escuela de Pedagogía, con los chicos y chicas de la escuela de pedagogía en arte y música, sacamos el jumper hacia la toma, que estaba en la Casa Central. Caminamos unas ocho cuadras por el centro, con el jumper, y la gente de pedagogía en música llevó una canción y fueron cantando. Fue súper bonito, e improvisado también. Uno ya sabe que tiene que ir con alguien que grabe. Todo eso fue muy estimulante para mi, la dimensión que pueden tener los vestidos, no solamente ahí, colgados y rígidos, sino que en otros espacios. Después hice tres procesiones el año pasado, por eso digo que es como un tiempo prolífico: Uno en pandemia, de mi casa al supermercado, ida y vuelta; otro, en Plaza Dignidad, con la hortalicera mapuche, y el último fue en la Quebrada de Macul, con la Diosa del agua, que tuvimos hasta el agua en las montañas con este vestido que está también en Matucana. Entonces, la exposición está con las obras en el galpón y, en otro sector, están los cuatro videos que te comento.

Es muy contingente la exposición en el mes de la mujer, tiene un componente muy feminista la retrospectiva Cuéntame si fue intencional otorgarle ese poder de la mujer, la trabajadora y el rol que intentas plasmar en la exhibición.

Fotos: Cecilia Reitze

Es bien loca la relación con el feminismo. Yo creo que nos pasa a nuestra generación, la tuya, la mía y quizás mayores también, porque no fue fácil la relación con el feminismo. Yo tenía una resistencia a entrar en una radicalidad. Además sentía que el término “feminismo” me quedaba un poco ancho, me quedaba como poncho, porque yo no militaba y sentía que eso tenía que ver con un compromiso muy político, del cual, en realidad, yo no era parte de una organización. Lo que me encanta, que ocurrió después, con la mirada de las jóvenes, fue decir: “Todas somos feministas, tu trabajo es feminista, yo levanto esta bandera por el aborto libre, bla, bla, bla…”, entonces ahí una se empezó a sumar a un feminismo bastante menos estandarizado o categorizado en el que tienes que hacer esto o pensar esto otro, de encajar en un molde y, en realidad, amplificó y amplió mucho esas fronteras. Yo creo que la performance de Las Tesis es el último hito y, quizás, el más significativo en ese sentido, en el que todas las mujeres nos sentimos incluidas, que no tenías que hacer nada, ni pertenecer a nada, ni creer en algo más allá de que habías sido violentada, abusada, o que estabas compartiendo esa solidaridad con otras mujeres, o que son temas que te importan, que quieres un mundo mejor para tus hijas, para tus sobrinas, para tus amigas. Yo siento que se desclasificó todo esto. Además, pertenecía mucho a la Academia el feminismo, como que tenías que haberte leído toda una biblioteca para decirte feminista. Yo, por eso, me sentía un poco afuera, pero finalmente me encanta sentirme dentro, creo que es algo que viene con un futuro, que viene con una mirada del siglo XXI, entonces me siento muy en esa energía, de que esta concientización de las mujeres a nivel macro va a cambiar el mundo. Para empezar, va a cambiar la relación con la naturaleza, vamos a aprender, si podemos lograr vivir en el medio de la economía, de la geopolítica, etc., de cambios concretos y en cambios positivos. Hay un libro muy hermoso de Rigoberta Menchú, que dice: “Cuando me nació la conciencia”, cuando a uno le nace la conciencia, eso no se apaga más. Eso siento yo que ha estado pasando. Me encanta meterme en esta corriente y aportar en algo.

¿Qué opinas sobre lo que ha pasado en el medio artístico y cultural en plena pandemia? Donde se ha visto poco apoyo de las autoridades, del Ministerio de las Culturas a los artistas. A pesar de eso, lograste montar una exposición. El mundo del arte se ha visto muy desprotegido. ¿Cómo lo ves tú?

Yo creo que la pandemia visibilizó muchas cosas, visibilizó que somos un país súper pobre, donde la mayoría de las personas tenían trabajos precarios, sin contrato, todo eso se dejó ver ahora, de manera mucho más evidente. Muchas mujeres tuvieron que volver a las casas, sin tener cuidado para los hijos, se develó y, en esa misma develación de toda esta realidad sociocultural muy precaria, también están los artistas. Los artistas ya estaban en una situación precaria, ya había muchos que trabajaban freelance o sin imponer, mucho boleteo informal, de parte incluso de instituciones serias, que tú dices: “Pero ¿cómo esta universidad hace esto?” con la mitad de los profesores sin contrato, una cosa muy paupérrima, que se ha dejado ver con mayor claridad por todo lo que ha pasado. Lo mismo con la situación de las artes escénicas, súper damnificadas y, en general, las exposiciones también. Ha sido dramática la cancelación de miles de proyectos, de postergación de cosas, pero yo pienso que igual los artistas, a pesar de eso, han seguido haciendo arte en pandemia, por supuesto, porque es una problemática que impulsa ideas también, y experiencias nuevas. Es parte de lo que hacemos: ¿dónde estoy en el mundo?, ¿qué pasa conmigo?… a lo mejor, eso también va a transformar algunas prácticas que venían de alguna manera y se van a ir hacia otra dirección. Eso también es una realidad y es un problema global. Siempre hay una salida creativa o propositiva, eso es lo bueno, que trabajando con los problemas más tremendos, incluso metiéndose en la guerra o el genocidio, que muchos artistas trabajan con esos temas. A pesar de eso, hay una salida luminosa, hay una salida que propone algo, que muestra de manera genial cómo estos problemas tan tremendos, se pueden transmitir y transformarse, a veces, en mensajes y en un testimonio para que algunas cosas no vuelvan a ocurrir y queden ahí en la historia de la humanidad, como hechos que revisar y de los cuales hacernos cargo, como sociedad. Yo creo que la pandemia también está en esa sintonía para los artistas.

Fotos: Cecilia Reitze

Por último ¿Qué le dirías a la gente para invitarlos a ver tu exposición y por qué no se la pueden perder?

Lo bonito de la expo, porque tú a veces ves algunas fotos de exposiciones… ahora, nunca va a ser igual que estar. Los artistas trabajamos con los materiales, sobre todo en las instalaciones. Siempre la apreciación directa es clave para captar una idea, para poder llevarse algo más importante de vuelta. En esta muestra pasa eso porque el recorrido que tú puedes hacer, la escala, el espacio, es algo que no se puede reproducir en un video, es algo que solo puedes entrar ahí y vivir eso. La experiencia presencial es la mejor.

Está abierta de martes a viernes, de 11 a 17 hrs en M100. Hay que inscribirse en la página antes, para poder reservar un cupo y funciona súper bien el equipo, un siete, así que no van a tener ningún inconveniente. También es muy bonito llevar a los niños y a las niñas, porque es un cambio de escala tan importante, que te transforma, te mete en una historia, te mete en un sueño, tal vez, de ver todas estas figuras femeninas en escala monumental. Es algo que puede generar ideas, pensamientos, o alguien puede decir: “Dibujemos lo que vimos”. Puede ser base creativa para los niños.

Anónimas

Ximena Zomosa

Hasta el 18 de abril

Matucana 100

Presencial y virtual. 

Horarios: De miércoles a viernes, de 11 a 17 horas. 

Actividad gratuita previa inscripción 

 

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