Entrevista a la autora de “Luz en Berlín” Patricia Cerda: “La literatura se alimenta de los déficits en la vida de los escritores”

Por Galia Bogolasky

Entrevistamos a Patricia Cerda, autora de Luz en Berlín, un libro muy muy interesante que narra la caída del muro de Berlín desde una perspectiva femenina. Es una novela de ficción, pero la autora es historiadora y, además, vive en Berlín hace muchos años, estuvo ahí cuando cayó el muro y el personaje principal de la novela tiene mucho de ella. La autora escribió Violeta y Nicanor y Mestiza.

 

¿Cómo surgió la idea de narrar esta historia?

Después de haber escrito tres novelas ambientadas en Chile (Mestiza, Rugendas y Violeta & Nicanor) quise escribir una novela que reflejara mi vida en Alemania, las cosas que yo he vivido en ese país y me marcaron. Inventé personajes latinoamericanos que vivieron la caída del Muro, el fin de la Guerra Fría y la reunificación de Alemania.

¿Cómo fue decidir incorporar la caída del Muro de Berlín en la historia?

Bueno, es el momento crucial de esta historia y de la segunda mitad del siglo XX en Occidente. Significó el fin de la Guerra Fría y de la división del mundo en dos bloques. Lo interesante es cómo ocurrió. Lo inesperado que fue… Comenzó con el traspapelamiento del funcionario de la RDA Gunther Schabowski el 9 de noviembre de 1989 y siguió con la presión de la gente que pedía que abrieran la barrera en los pasos fronterizos de Berlín Oriental… Todo eso está narrado en Luz en Berlín. El personaje principal, la chilena Luz Vidal, está allí presente, viviendo la apertura del Muro y escribiendo una nota periodística para Chile. Ella es una especie de cronista de lo que está pasando.

Esta novela incluye muchos elementos: historia, amistad, amor. ¿Cómo lograste esa sinergia entre tantos temas en una narración?

Eso fue saliendo solo. Soy bastante espontánea en el proceso de escribir. Los personajes son los que llevan la trama: el periodista mexicano, Arturo, orienta a Luz en sus primeros pasos como corresponsal. Helena, otra chilena, la visita en Berlín. Ella es fotógrafa. Por Regla, una cubana que aprovecha la apertura del Muro para salir arrancando de su ex novio, Luz se entera de la vida en la RDA y de las maquinaciones de la Stasi. Javier está allí para que Luz se enamore y conozca la vida de los exiliados políticos chilenos en Alemania. Los personajes de Luz en Berlín viven el fin de la Guerra Fría en carne propia.

¿Cómo fue el proceso creativo y cuánto demoraste en escribir esta novela?

Demoré menos de un año. Algo así como ocho meses. Normalmente voy investigando y escribiendo a la vez, así ha sido en todas mis novelas. Visité los lugares emblemáticos como los archivos de la Stasi y la colonia Wandlitz, donde vivía Honecker. Eso me inspiró mucho.

La verdad es que en Berlín las huellas de la historia están a la vista. Yo vivo en Berlín-Mitte, en lo que fue la Franja de la Muerte. La línea de adoquines que recuerda el lugar en que estuvo el Muro pasa por fuera de mi edificio. Paso varias veces a la semana por la Puerta de Brandemburgo.

¿Cuánto de autobiográfico hay en esta historia? ¿Podrías definirla como autoficción?

No es autoficción propiamente tal. Luz Vidal llegó a Berlín en 1988 a doctorarse en Filosofía y yo llegué en 1986 a doctorarme en Historia. Nuestras circunstancias son diferentes. Pero algunas experiencias como las clases de alemán para extranjeros y sobre todo nuestra interpretación de lo que fue la caída del Muro es la misma. También la visión de la cultura alemana de Luz es la mía.

La novela tiene un ritmo vertiginoso, donde las historias confluyen de una manera que atrapa al lector. ¿Cómo lograste ese ritmo de narración?

Cada trama dicta su propio ritmo. En 1989 tanto la historia de Alemania como la de Chile se aceleran. El Muro de Berlín cae de un día para otro. Por otro lado está el carácter de Luz, que es una mujer dinámica, curiosa, aplicada y tiene un desarrollado sentido de la justicia. Es, además, sorora, vale decir, practica la solidaridad entre mujeres. Este es otro de los temas centrales de Luz en Berlín. La novela atrapa porque el lector o lectora solidariza con los personajes.

¿Cómo logras que una historia de hace 30 años funcione tan actual hoy en día? Pareciera que el relato fuese ambientado en nuestros tiempos.

Gracias por ese comentario. Es un tremendo cumplido porque quiere decir que la novela tiene su cuota de universalidad, que es lo que uno siempre busca. Marco Antonio de la Parra comentó en BioBio TV que se trata de una novela sobre la Transición chilena tomando como espejo Berlín. Yo creo que es muy acertado ese comentario. Esa Transición que duró 30 años y se terminó el 18 de octubre del 2019.

La vida de los inmigrantes, que hacen familia entre grupos de amigos, es algo tan propio de los estudiantes extranjeros. ¿Cómo traspasas esa conexión tan potente entre estos personajes en tu escritura? ¿Es basado en una experiencia propia?

En parte. Como te decía, las clases de alemán de Luz están inspiradas en mis propias vivencias. Pero la relación sorora de Luz con Helena y Regla es inventada y también su enamoramiento con Javier. Digamos que a Luz le ocurrió lo que a mí me hubiera gustado que me pasara. La literatura tiene siempre mucho de eso. Se alimenta de los déficites en la vida de los escritores. Es como que uno mejorara la realidad. Como si le diera una manito a Dios. Disfrutar escribiendo cómo debió haber sido, reconcilia un poco con la realidad.

Luz es un personaje tan potente e inspirador ¿Cómo la describirías? ¿Qué tiene de ti?

Ella es ante todo una mujer humilde. No se las da de nada. Es curiosa y tiene un desarrollado sentido de la justicia. Le gustan mucho los hombres. Quiere aprovechar su estadía en Europa al máximo, siente que es su paso por la Modernidad. Quiere absorver conocimientos al máximo para compartirlos con sus alumnos de Filosofía en la Universidad de Chile a su regreso. Tienes razón, es una tipa interesante. Quizás una versión mejoradísima de mí misma.

La historia de Javier funciona muy bien como hilo conductor, como historia de amor, pero también hay una historia de dolor tan profunda, en relación con la dictadura en Chile. ¿Cómo fue el desarrollo de ese personaje?

Todos los personajes encarnan algo profundo y a Javier le toca encarnar el quiebre en nuestra historia reciente. Es un hombre melancólico a quien Luz literalmente salva porque cuando se encuentran él había llegado a un alejamiento de Chile y de todo. Vivía solo en un pueblito de la RDA y pensaba en suicidarse. Luz se lo lleva a vivir con ella a Berlín y después lo trae de regreso a Chile. Javier es un revolucionario al que le salieron mal las cosas. Como es un hombre muy atractivo, despierta en Luz el deseo de protegerlo. Quizás porque el fracaso es más interesante que el éxito. Es la substancia real de la vida.

El personaje de Arturo, ¿Tiene elementos de algún escritor en particular, en el cuál te hayas inspirado?

No. Ese personaje es cien por ciento inventado. Le di las características masculinas que me gustan y le agregué el machismo para hacerlo más real. Es un mexicano simpático, brillante y tremendamente machista. Por eso se acaba su matrimonio.

¿Cuál fue el mayor desafío en este proceso de escritura?

Desafío. Tengo que pensarlo demasiado. Eso significa que no los hubo. Lo pasé bien escribiendo Luz en Berlín y aprendí mucho también.

¿Cómo fue la relación con la editorial?

Muy buena. Mi editor Diego Gonzalez es un siete y lo mismo Josefina Alemparte, la directora de Planeta Chile.

En relación a tus libros anteriores, ¿Cómo ves este último trabajo? ¿Crees que es tu libro mejor logrado?

Eso se lo dejo a los críticos y a mis lectores. Ellos tienen la última palabra. La experiencia me cuenta que cada uno de mis muchos lectores chilenos tiene su propia novela mía favorita y los gustos no siempre coinciden.

¿Qué proyectos tienes a futuro? ¿Otras novelas en mente?

Tengo dos proyectos actuales. Dos novelas históricas. Una ambientada en el siglo XV en el mar, porque se trata de la primera circunnavegación del planeta, de lo que este año se cumplen 500 años, y otra ambientada en el siglo XVIII en Chile. Mi interés en el pasado no es efectista. No busco misteriosos códigos secretos que entretienen pero no aclaran nada. Busco, más bien, inventar ficciones que develen el código secreto de nuestra verdadera historia.

 

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