Entrevista a la cineasta Marialy Rivas: “Lo que me pasen para filmar lo filmo feliz”

Por Julio Osses

En el #CicloMujeresCreadoras del Fondo de Medios, tuvimos la oportunidad de entrevistar a la directora de Joven y Alocada y Princesita. Marialy Rivas nos recibió en la productora Fábula donde trabaja. Hablamos de todo con la destacada realizadora chilena. Esto fue lo que nos contó.

Eres una de las cineastas que está en la vanguardia, se asocia vanguardia con la juventud. Llevas mucho tiempo dando vueltas en la escena del cine chileno. Te tocó una generación bien interesante, de abrir esto y proponer nuevas cosas ¿Cómo ves ese momento en que sales tú y salen otros nombres? ¿hacer cine en este país post Pinochet?

De partida, uno no es un acto consciente, menos cuando joven. Cuando uno pertenece a una generación es porque naciste ahí y, tu querías hacer lo que querías hacer y particularmente, no te das cuenta. Pero si me llama la atención, ahora más grande, que nosotros, Lelio, Pablo Larraín, Jiménez, Alicia Scherson, Sebastián Silva, somos gente de una misma generación. Habiendo tenido infancias en dictadura y una adolescencia en una democracia bastante nueva. Yo entro a estudiar cine con Lelio, en la escuela de cine el año 95. Llevábamos seis años de democracia. Pensar en hacer películas, es como que un niño dijera hoy que se quiere subir a un cohete, como de algo raro, no respondía a nada muy realista. Uno en ese momento no tiene esa consciencia, y no se le daba los fondos audiovisuales a la gente joven como hoy en día. El cine era más caro, estaban las primeras cámaras de Hi 8 pero nadie se planteaba hacer una película en esa tecnología, porque era muy inicial o muy básica. Venía del puro enamoramiento del cine. Por otra parte, como que la dictadura trató de erradicar una semilla artística chilena. También se vio en la música, asesinaron a muchos músicos, asesinaron cineastas, exiliaron cineastas. Cuando resurge la democracia hay algo como subterráneo con lo que uno se conecta, con los que podrían haber sido nuestros maestros y no lo fueron porque no estaban en el país o los mataron, pero quedó ahí. Siempre he pensado eso

Al salir a hacer cine, ¿Cómo armas esa referencia? ¿Cómo la construyes? ¿Hay una investigación sobre el ser chileno? porque después de esta convergencia se produce una divergencia y cada uno empieza a encontrar su voz. ¿Cómo es ese proceso de construirse en cineasta en un peladero prácticamente?

La auto conciencia viene cuando uno ya está más grande y también ya ha hecho ciertos trabajos. Es algo que viene más con el oficio. Es como enamorarse, es como ¿Por qué te enamoraste de esa persona? No sé., me gusto. La racionalización de amar a alguien, sobre todo si estás joven, Amar a alguien es como una pulsión, es como una pasión. No tiene una respuesta muy racional. Sin embargo, como en todas las cosas, si te quedas con una pareja muchos años, dices si, esta persona me hace bien, me gusta por esto y esto, con las películas uno va afinando lo que quiere hacer en un espacio más racional con el tiempo. Para mí, ha sido solo un acto de enamoramiento. Me enamoré del cuento de Pedro (Lemebel) e hice el corto Bloques, me enamoré del blog que hacía la Camila (Gutiérrez), hice Joven y Alocada, me gustó mucho una noticia que leí y salió Princesita A los 19 años hice un corto que se llama “esde Siempre. En la escuela de cine tenía que pichear posibles proyectos para documental. La verdad es que yo estaba muy, como pasando mi propio conflicto de mi homosexualidad. Me acuerdo que se presentaban los proyectos un martes y yo un domingo volví de alguna discotheque gay, el Fausto, o Bunker, y pensé, si hay alguien allá afuera por favor ayúdeme, de alguna manera. El lunes en la mañana vi ese corto pasar frente a mis ojos completo, yo siempre he dicho que fue un regalo, yo no me lo imaginé, sino que, me lo regalaron y me quedé todo el lunes escribiéndolo y el martes lo presenté y quedé. Ese corto, como era la primera película LGTB de Chile, yo tenía 19 años, el pelo blanco, hizo una explosión a nivel de prensa. Empezamos a hacer un largometraje a medias con Lelio (Sebastián) en ese tiempo, que no pudimos terminar pero eso me llevó a ganarme una beca para Nueva York. Después cuando volví para que me contrataran para dirigir publicidad. Este corto inició un camino muy tempranamente y fue un regalo. Siempre he sentido que el universo te va poniendo cosas y si las sabes tomar sigues ese camino. Un racional, si hubiéramos pensado, o sea, con Lelio cuando estábamos haciendo ese primer largo nosotros hicimos fiesta para recaudar fondos, perdimos el Fondart dos años seguidos hasta que yo estaba esperando una beca y le dije: “Me voy a ir a esta beca porque no vamos a poder hacer nunca esta película”. Habíamos logrado juntar cinco millones de pesos y necesitábamos 100 u 80. Si te vas por un racional no lo haces, menos en ese momento que de verdad que los fondos no se lo daban. Lelio tenía 24 años y nos miraban con cara de qué les pasa a ustedes, qué se creen que pueden postular a un fondo de esta cantidad de plata para hacer una película. No era usual en esa época que alguien tan joven se ganara un fondo. Hoy sí, porque la tecnología ha hecho que los cabros partan súper jóvenes, hagan más cortos, hagan videoclip, hagan entre sus amigos una película que se pueda hacer y pueda existir. Eso da más acceso. Pero cuando nosotros salimos de la escuela no.

Podríamos decir superficialmente que tus personajes son mujeres empoderadas, es como que ellas tienen un poder y una autoconciencia que vienen de adentro. Me estabas narrando como nacen, como prácticamente te germina este corto de algo que te estaba pasando, ¿Sientes que estos personajes siguen contando una misma historia que es una historia interior que está dentro de las cineastas? Estos personajes que están empoderados desde adentro, que nadie los empodera.

Hay gente que tiene la capacidad de hablar de ellos mismos fascinantemente. Yo no soy esa persona, a mí me interesan los otros, las historias de otras personas. ¿Que si ahí busco respuestas de cosas de mi vida? puede ser. Cuando hice “Joven y Alocada” me preguntaba si sinceramente la bisexualidad existía o no, pero no por un prejuicio, sino cómo es esto de la bisexualidad. Yo soy cero bisexual, yo soy ultra lesbiana como alguien puede ser ultra heterosexual. Me parece más natural si es que hay algo natural, me parece más sensato ser bisexual porque es como abrirse a cualquier tipo de placer y era algo que me intrigaba y con esa pregunta fui ahí, con “Princesita” fui con la pregunta sobre cómo se construye la identidad femenina y a través de hacer la historia me di cuenta de que se construye a través del abuso, no necesariamente sexual, pero si el abuso patriarcal sobre lo femenino.

Mas bien son cosas que me pregunto, que creo que tiene que ver con harta construcción de identidad y que las voy poniendo en historias que me llaman la atención. Yo soy más pasional, me gusta algo. Las películas que tengo ahora también son que me enamoré de una historia y después veo qué cosa me seduce en una historia. Yo soy amor a primera vista. A mí me gusta la persona y después entiendo por qué me gustó. Primero es instintivo, no racional. Siento que miro a las afueras, es difícil mirarse a uno mismo.

Con respecto a Joven y Alocada que se convirtió en un paradigma cultural, hay un antes y un después ¿Cuál es el tema de Joven y Alocada? Me hablabas de que podía ser el tema de la bisexualidad. Es una película de sexo, es una película de descubrimiento, ¿Cuál es el tema que hay?

Para mi es la búsqueda de identidad, es un “coming on age”, que es un género que los gringos le llaman así, no sé cuál es la traducción al español de ese género, pero en el cine se llama “coming o age”, y es siempre algo que te sucede y te transforma de adolescente en adulto de cierta manera, ese paso. La historia de Joven y Alocada es eso, ese paso de la particularidad que es una chica en una familia muy religiosa y que ella es bisexual y que para su familia está mal. Pero es convertirse de una adolescente a una mujer, ese es el paso que repite Princesita en alguien más joven, pero igual lo repite. Es una niña que se transforma en una adolescente, o una mujer bajo los cánones patriarcales, tiene la menstruación, por tanto puede parir, por tanto es una mujer que le vale al patriarcado porque un hombre la puede inseminar y ser un vehículo en lo masculino. En el caso de “Joven y Alocada” era una celebración de la libertad, de contra todo ser quien uno es igual.

El cambio de tono en ambas películas es diametral. El cambio de una comedia con un candor que, además, lo que siempre me llamó la atención, es que Joven y Alocada seduce a hombres y mujeres por igual. Es una película con una sexualidad, con un erotismo tan vivo. Sin embargo, nos cambiamos a Princesita y es una historia tremenda y, más aún, cuando el personaje está absolutamente con las riendas de la historia. ¿Hubo algo deliberado también en ti en encontrar una historia que te diera la capacidad de narrar sumamente distinto?

No. La verdad cuando yo estaba terminando Joven y Alocada, el estreno fue el 2012, yo leí en el diario una noticia de una niña que vivía en el sur de Chile y que habían tomado presa a la familia por posibles abusos, porque esta familia decía que el 2012 se acababa el mundo, mucha gente creía eso y esta niña iba a traer el nuevo mesías que iba a impedir el fin del mundo. Me llamó la atención la noticia y era una familia de puros hombres en el caso de la noticia original y pensé qué curioso que los hombres sólo valoren las mujeres mientras puedan ser vehículos de sus objetivos. Por eso las mujeres empiezan a valer en el mundo cuando tienen la regla que es como a los 13 o 14 años, que no tienen que desaparecer cuando tienen la menstruación que es más grande, hay una implicancia que fuera como a los 44 o 45 años y es como saben qué, ustedes ahora métase para su casa, las únicas mujeres que se les permite existir en el mundo son en ese período, cuando son fértiles porque sirven los hombres de cierta manera, es una cosa inconsciente. No digo que los hombres están siendo malos diciendo que ahora vamos a matar a las señoras pero si lo ves culturalmente, así es. Los hombres en el cine tienen 50 años y la pareja tiene 25, no es el hombre de 50 años con la mujer de 50 años, no pasan de ahí, porque las mujeres tienen que estar siempre mentalizadas en ser de uso para lo masculino, en el inconsciente colectivo social. No me di cuenta al tiro que esa historia contenía eso, tampoco me di cuenta que hablar de abuso infantil, me lo encontré en la mitad y casi me muero porque es algo muy denso, tuve que ir a investigar con sicólogos, psiquiatras, hablar con víctimas de abuso, porque uno lo va descubriendo.

Con Joven y Alocada me pasó lo mismo. Tenía un Fotolog, seguí a la Camila que no sabía que se llamaba así, que se llamaba Joven y Alocada, me daba risa lo que escribía. Pensé que esto podía ser un documental ficcionado sobre ella y le dije que nos juntáramos, que quería hacer algo con ella y en el trabajo me fui dando cuenta que en ese momento ella vivía con sus papás, que era imposible filmarla a ella o podía arruinarle la vida y por protección dije que sería una ficción, no un documental, y así la película fue tomando su forma. Lo mismo con Princesita. Por eso te digo, yo soy amor a primera vista, no racional, algo me llama la atención y me gusta mucho pero no sé por qué, pero cuando me meto dentro del tema empiezo a entender las razones de por qué me metí ahí. Entonces el cambio de tono tiene que ver, es como decir: “oye, pero tú te habías enamorado de una persona y después de otra”, y si, así es el amor. Entonces acá voy, después parte otra cosa y esta persona no se parece en nada a esta, obviamente que no, son cosas distintas. Si conservan que son mujeres que necesitan construir su identidad liberándose de contextos muy rígidos y opresivos. Más allá que uno sea un thriller sicológico y el otro sea un dramedy, igual es el mismo camino. En uno pasa por el sexo, pero en el otro también. Lo que pasa es que en uno es una chica de 18 años por lo tanto está en control de su sexualidad y otra es una niña que no debería estar sexualizada y la están obligando a sexualisarse. Para mí son los mismos temas, pero la ejecución y cómo están llevados a cabo son diferentes.

Estos son personajes que nadie les da permiso para iniciar esta búsqueda ¿Hay algo deliberado ahí?

¿Quién le da permiso a quién para qué? A las mujeres se les espera que se le dé permiso, pero las mujeres no esperan que se les de permiso, eso es una ficción masculina. En los países de Arabia Saudita, de verdad las mujeres no pueden viajar sin el permiso del marido, ni pueden manejar. El mundo patriarcal extremo y sobre todo si es religioso, quiere controlar lo femenino, por eso no hay ley de aborto y por eso en exagerado, las mujeres deben taparse enteras para no provocar al hombre y sólo con la autorización de un padre o un marido la mujer puede tener injerencia sobre su propia vida. Las mujeres, a pesar de estar en esos contextos, igual hacen las cosas que desean hacer.

Me gustaría hablar de violencia y de sexo. Así como Joven y Alocada es muy explícita sexualmente. Es una de las grandes películas de sexo del cine iberoamericano. Nunca se ha hablado de sexo con esa naturalidad, sin embargo, encontraste en “Princesita” una sublimación de la violencia que parece deliberada hacia el final de la película… ¿Qué decisión hay detrás de eso?

Es súper simple, Joven y Alocada es sexo consensuado, ella quiere tener sexo. En Princesita la están abusando, no quiere tener sexo. Es la diferencia entre la violación y el sexo, porque la violación no es sexo, es abuso, es poder y otras ejecuciones. Creo que las mujeres lo tenemos súper claro, a veces parece en las discusiones que los hombres no lo tienen tan claro en las discusiones sociales, diciendo pero cómo si la mina quería. Obviamente que tienen dos expresiones visuales diferentes. A mí me parece que el sexo es súper natural y no sé por qué no se filma con más naturalidad, como cuando uno ve gente que le cortan la cabeza, yo creo que ojalá nadie va a matar a nadie en su vida, en cambio todos vamos a tener sexo. ¿Por qué no es más natural cómo se representa en la pantalla el sexo? Siempre me pareció curioso y creo que tiene que ver que los hombres han estado en la cabeza del cine, entonces también lo representan como a ellos les parece, sobre todo el deseo femenino y, eso es lo que menos está en la pantalla, es el deseo femenino, que es lo que llamó la atención en Joven y Alocada en su momento que fue hace bastantes años.

Hoy en día se está haciendo muchas películas de mujeres y sobre eso, pero en ese momento no estaba ni siquiera el tema puesto en la palestra, estaba muy incipiente toda esta nueva ola de feminismo, pero a mí siempre me pareció normal, tal vez porque yo me relaciono con mucha naturalidad con el sexo. Me parece que el deseo femenino es algo que existe y que lo quieran ahogar o disfrazar como: “las mujeres no son sexuales” y que se dice de lo masculino porque una mujer sabe que eso no es así. Ese proyecto respiraba esa celebración del deseo y de la agencia sobre si misma sobre sí misma.

En el caso de Princesita, era abuso, por tanto, el abuso no es sexo, no es algo que la niña quería, tenía que ser filmado de una manera horrorosa, y a la vez no explícito porque yo estaba con una actriz que era una niña y tenía que protegerla para no en el proceso de filmar, abusar a la niña. Es muy fuerte la escena de violación grupal que hay, pero si uno las separa es una mezcla de caras y nunca hay un contacto real y la única vez que un cuerpo tocó a otro cuerpo es una doble de cuerpo. Aparte, entrevistando a mujeres que han sufrido abusos, su percepción y su recuerdo, era fragmentado, era como un sueño, no es como uno percibe tener sexo, porque el abuso no es tener sexo, sino que es una mente fracturada que tiene sensaciones y recuerdos confusos, sobre todo si es en la infancia, no la experiencia que tiene uno como adulto teniendo sexo. Eso es lo que estaba buscando reflejar, por eso no tiene nada que ver, una cosa es sexo y otra cosa es abuso.

Muchos de los casos de cine de autor pasa que en los largometrajes son la punta del iceberg de una carrera que ya venía desarrollándose con este formato que es tan accidentable en la industria como es el cortometraje, pero que es tan fructífero para los cineastas. ¿Podrías contarnos un poco sobre tus cortometrajes y cómo derivan en lo que se conoce como tus estrenos comerciales?

Partí súper joven para esa época, porque hoy en día tampoco es inusual que una adolescente haga un corto bueno, es más normal porque uno tiene cámaras en su casa, en esa época no. El segundo semestre del segundo año de carrera, que hacíamos documental, se me ocurre esta idea, me regalan esta idea de ir a entrevistar a personas de la comunidad LGTB. En Chile, en los noventa, si tú no conocías a alguien gay no podías ni llegar a una discotheque, la internet era muy básica, no era como hoy que puede percibirlo un adolescente, era realmente difícil, era bastante underground. Dije que iba a entrevistar a diversas personas y ponerlas actuando de sí mismo en una situación de ficción por mí, porque voy a resumir sus entrevistas a un minuto y ellos van a repetir las palabras que dijeron, pero ficcionado por mí. Busqué gente, los entrevisté y los reduje a un minuto viendo lo que más me importaba de cada uno. Había un chico que era un taxi boy que trabajaba en la calle y hablamos de mil cosas, pero terminamos acotándolo a su experiencia de ser taxi boy. Había otro, Carlos Franco, que era transformista, estaba Dani Palma que tenía VIH, etc. Cada uno tenía su lado particular y filmé dos o tres días en distintos lugares de Santiago en una estructura risomática dónde se iban conectando una con otras historias, como a través de un pequeño guiño chico espacial. A ese corto le fue súper bien. En ese tiempo ganó lo que sería ahora el SANFIC, el festival internacional de cine de Santiago. Lo compraron de Canal Plus. Yo quería terminarlo en cine para mandarlo a otro lado y nunca me dieron el fondo audiovisual, nunca me voy a olvidar de ver a Meiggs, que era mi profesor y me dijo: “ah si tu corto llegó, pero decidimos no dárselo”, pero, así como feliz de ejercer ese poder. Ahora pienso con el tiempo digo por qué no, si realmente uno tiene distancia con las cosas que hace. Era un muy buen cortometraje. Me pasó que 10 años después, ese corto lo hice el 96, el 2006 casualmente yo estaba en Toulouse pichando un largometraje que al final no hice, y en el festival pensaron que yo hice ese corto ese año y lo seleccionaron para el 2006 y de repente ya estaba en la selección, habían impreso las cosas, me habían comprado los pasajes y me dicen: “Oye Marialy ¿este corto es del 96?” y yo claro, dice al final y me dicen: “Wow, nosotros pensamos que era de este año y lo pusimos en la competencia y no puede estar porque tiene 10 años” y lo pusieron en una sección paralela pero ni siquiera los programadores del festival como Toulose pudieron percibir que tenía 10 años el corto. Lo fui a mostrar a Argentina y se transformó en una especie de documento histórico de ese momento de la sociedad chilena.

De ahí hay un salto, me fui a estudiar a Nueva York, hice un corto que en el primer día casi se me muere el gaffer, se le abrió el brazo, se desangró, fue un cosa terrible, tuve que llamar al 911, hacer un torniquete, muy traumática la situación y seguimos filmando igual y ese corto no quedó bien, entre el estrés de ese accidente, más que yo tenía la historia acá en Chile y la adapté a Estados Unidos, es un corto que ni siquiera sé dónde está porque fue como un desastre desde su génesis y después volví a Chile el 2002. Trabajé harto también en tratar de levantar esa película con (Sebastián) Lelio. Me fui a esta beca y cuando volví a Chile el 2002, después de las Torres Gemelas, empecé a llevar adelante un proyecto de película que al final nunca resultó, porque la gente cuenta solo cuenta los éxitos, pero no todas las veces que perdiste el fondo audiovisual. Le di con esa película y un día me encontré con “Bloques” en un libro de cuentos, que ni siquiera era de Lemebel. El 2002 me ofrecen, debido a mi corto, yo volví no tenía ni un peso y pensé quién gana plata de mis amigos y me acordé de un amigo que dirigía publicidad. Fui a un colegio Waldorf entonces nunca vi ni tuve tele y dije: seré su asistente, así me van a pagar por hacer el trabajo. Fui asistente durante seis meses y como a los seis meses de ser su asistente de una agencia me preguntaron si yo era directora y querían que yo dirigiera. Llegó el dueño de la empresa y me preguntó si era directora y le dije que sí, me preguntó que he dirigido y le dije que un corto y un videoclip, me preguntó si quería dirigir y le dije que sí. Empecé a dirigir publicidad con la suerte de que la segunda campaña que hice salió mejor campaña ese año y salí mejor directora de Iberoamérica y todo muy rápido. Era una campaña de La Tercera de monitos animados que la hicimos entera en japonés y estaba ambientada en los 70 entonces era una campaña bien bonita. En la publicidad, uno lo realiza, pero las ideas son de los publicistas. La idea era bien buena y quedó bien realizada. Después hicimos la campaña de Bachelet, la primera vez que salió presidenta, eso lo dieron en España y me fui a trabajar para allá y entre medio de esto, trataba de postular la película, la escribía, cambiaba de guionista, no ganaba nunca el fondo. En este contexto, el dueño de Cine Cien dice: “¿Por qué no hacemos un largometraje de tres cuentos?” y nos pasa este libro “Cuentos eróticos” de la revista Cosas y leo los cuentos y ninguno me gustó y de repente encuentro esta joya no publicada de Lemebel y digo que tengo que hacer esto, me da lo mismo el largo, tengo que hacer este cuento, hacerlo un corto y empecé a perseguir a Lemebel dos años, yo te dije que me enamoro. Le dije que lo iba a webiar hasta que me digas que sí, ya me enamoré de este corto. Me cortaba el teléfono y me lo encontré tomando un helado y le dije que yo era Marialy, Me dijo: “¡qué querí por la chucha!”, y ahí me dio los derechos. Ese cuento es más largo pero la parte que yo saqué es la infancia de un niño gay en la dictadura que se masturba mirando a su vecino del bloque de al frente y cómo este niño no tiene conciencia de este contexto horroroso de la dictadura y se empieza a hacer un juego de luces con el vecino para masturbarse juntos sin verse, porque son bloques y hay una especie de ventana indiscreta gay. Termina cuando terminan llevándose al adolescente que le gusta al niño porque piensa que está haciendo luces a los terroristas. Esa es la historia de “Bloques”, una historia bastante linda y bien sexual también. Ese corto tuve la suerte de que quedó en el oficial de Cannes el 2010 y ahí ya había postulado al fondo de “Joven y Alocada” y de la otra película que estaba tratando de levantar hace mucho tiempo y ahí ganamos el fondo y partieron los largos.

El 2015 hice un corto que me invitó Sundance a hacer financiado por la fundación de Melinda Geich, un corto que se llama Melody, que terminó New York Times poniéndolo en su serie de Docs, que es bastante prestigiosa de documentales de cortos y esa es la historia de una profesora que vive en Chonchi que se llama Melody, estudió violín desde chica y hoy es profesora de las orquestas infantiles. Es la historia de ella y de Georgina, una niña que vive con ella, que también toca la viola. Es la historia de ellas dos y de cómo en un momento se separaron y se volvieron a juntar. Acompañé a esta filarmónica de Chonchi en la primera vez que se venían a Santiago a tocar en el Municipal. Es una historia bien bonita. Eso fue entre medio después de Joven y Alocada.

Tú que tienes opinión relevante acerca de temas de género ¿Cuál es tu reflexión acerca del estado de la industria en Chile desde los temas de género?

Primero, creo que no hay industria, que eso es una falacia. Vivimos todos rogando ganarnos el fondo, que da seis premios al año, dos en cada categoría, por lo tanto tienes una posibilidad de dos. Lo que es casi inexistente. Es como ganarse la lotería. En ese sentido digo que no hay industria porque no hay realmente un sistema estatal de leyes, preocupados de que crezca la cantidad de películas al año. Las películas se hacen con esfuerzos individuales, de gente que a veces pone plata rogando ganarse este fondo, son todavía quimeras pasionales. Es muy difícil recuperar la plata. La gente no va al cine porque Chile es un país que el sueldo promedio impide que las personas gasten diez lucas en dos entradas más cabritas vayan a ver cine de autor, porque quieren entretenerse, es el panorama del mes, si es que. No hay una industria que se sustenta. Para que haya una industria tiene que haber políticas estatales que lo permitan, como tiene Argentina que tiene la Ley del INCAA, que se le cobra un impuesto a todo lo extranjero que se proyecta en Argentina y, con esa plata hay un instituto del cine que financia películas, 120 películas al año, eso es tener una industria. Los cineastas argentinos pueden vivir del cine. Pueden planear una película tras otra y no esperan para que se les dé un fondo. Si la película es interesante, el INCAA declara interés y sigue adelante. Eso es empujar una industria, no estar poniendo hipotecas de su casa para poder hacer una película, eso todavía es un esfuerzo individual fragmentado. A nivel de directoras mujeres, esto no es sólo en Chile, yo creo que Chile tiene directoras mujeres fuertes, como la Maite Alberdi, Dominga Sotomayor, Alicia Scherson, Pepa San Martín, a la rápida te puedo decir varias, eso está bueno.

Creo que pasa porque no hay plata en el cine, porque como no se mueve plata, no está fagocitado por lo masculino. Todavía se permite a lo femenino expresarse. Es más estructural el problema, más ampliamente. Hay varios festivales que están con política de paridad, porque desde el punto de vista masculino, la mirada masculina es muy valiosa y todavía tiene mucho que ofrecer, pero también es real que el cine ha estado dominado por esa mirada en todos sus años de existencia. Nos hace bien a todos que haya diversidad en las miradas, porque el cine es un generador de empatía, porque si tu sólo tienes un tipo de mirada, que además tiende a ser hombre heterosexual blanco y con plata, de una cierta clase social y nivel cultural, esa mirada es válida y es valiosa, pero no puede ser la hegemónica porque si no, todos perdemos. Se están haciendo políticas, bien lo dijo ahora Lucrecia Martel recién en Venecia, que ella si está de acuerdo con el cuoteo y yo también porque hay que forzar a que la estructura cambie, obviamente no van a cambiar por sí misma, porque también los programadores van desarrollando un gusto. Hay más nombres de directores importantes porque, como han sido apoyados largamente, y no es que no se hayan sacado la cresta y no es que no sean inmensamente talentosos, ni que hay que quitarles el apoyo. Pero hay que abrir los espacios para dar cabida a la voz femenina, porque es otro punto de vista y nos hace bien a todos y pueden surgir cosas nuevas que no se han visto todavía en lo narrativo y cinematográfico. Están surgiendo. Yo creo en eso, soy embajadora de una ONG gringa en Chile que se llama “Free the Work” que busca dar cabida a más directoras mujeres. Partió por la publicidad, porque en el mundo hay un 7% de directoras mujeres, en publicidad, solamente porque hay más plata. Los comerciales se los ganan por licitación, tienes que ir a competir con la visión de más directores. En general, son tres. Lo que decía “Free the work”, invita a licitar siempre a una mujer, no le des el trabajo por ser mujer, pero deja para que te de su visión y si te gusta la contratas y si no, no. Obviamente, tiene que ganarse el trabajo la mejor persona para el trabajo, pero por lo menos invita a licitar a una mujer. Cuando hacen esta operación en un año, en Estados Unidos, aumentan 400% el trabajo a directoras mujeres porque efectivamente la visualización de las mujeres les gustó. Sobre todo, teniendo en cuenta que el 80% de las decisiones de compra la toman las mujeres en el mundo. Tienes creativos hombres haciendo las ideas y directores hombres dirigiendo esas ideas, pero le están hablando a un espectador que son mujeres, entonces la invitación es dejar que las directoras mujeres hagan este material porque lo van a hacer más cercano a tu consumidor, en el caso de “Free the Work”, que ya toma la ficción y también le dice a los estudios en Estados Unidos cómo contraten mujeres, en las series, contraten directoras mujeres. Yo que trabajo acá en Fábula, estamos haciendo series, siempre digo que quiero un equipo de guionistas y directoras mujeres porque hay que hacerlo consciente.

Evidentemente, comienza una paradoja de que el hombre hace más cosas, obvio ha hecho más cosas porque siempre contratan al hombre, Si no te arriesgas, ni le abres el espacio una mujer que tiene talento y que no tiene tantas cosas, siempre va a ser todo igual. Esa es la energía del empuje. Yo lo trato de hacer en mi micro mundo. Vino la vocera de “Free the work” y fuimos a todas las agencias chilenas y nos reunimos con clientes a contarles esto y que se comprometieran a llamar mujeres. Dentro de lo que puedo, lo voy haciendo, porque es necesario y nos hace bien como sociedad, la diversidad. Está demás decir que directoras y directores de color, estamos recién teniendo una población negra. Por ejemplo, la Claudia Huaquimilla, que es una directora de origen mapuche y, que su película es maravillosa, tiene otro punto de vista, tuvo otras vivencias. Tanto su manera de mirar es fascinante y nueva y distinta, que bueno poder mirarlo. También directores trans, todo lo que siempre son lo marginal, lo que no es el hombre blanco heterosexual, va a tener otra manera de habitar el mundo, por tanto, su manera de mirar va a ser distinta y nos beneficia porque nos hace más empáticos a todos.

Siempre has estado muy conectada. Una de tus películas está basada en una publicación digital, Princesita está basado en una noticia…. Eres una cineasta muy conectada con la realidad, desde ese punto de vista, ¿Cómo ves el futuro de lo audiovisual o el presente con todo esto que está tan líquido, con el ascenso de las plataformas digitales? ¿Cuál es tu impresión? y ¿Cómo encajas tu ahí?

A mí me fascina la tecnología y de niña me fascinó la ciencia ficción. Yo leía Isaac Asimov como loca porque me fascinaba ese futuro posible con robots casi humanos y los problemas morales que eso iba a traer y de los viajes inter espaciales. Creo que naturalmente, cuando surgieron estas nuevas maneras de comunicarse, como las redes sociales, cuando hice Joven y Alocada había Messenger y Fotolog, no había Instagram ni Facebook, ni Twitter. Sin embargo, me parece que había una nueva manera de comunicarse, de mirar, y de habitar espacios con esta herramienta que es la tecnología.

Al mismo tiempo, soy una persona que me gusta ir a la sala de cine, me gusta ir a sentarme a un cine y tener una pantalla 9×12 y vivir esa experiencia. Siento que no es lo mismo. Hay ciertas películas que cuando las ves en una pantalla te impactan emocionalmente de una manera, porque están hechas para eso. Por ejemplo, “Roma” la hizo Netflix y la gente la vio en su casa, pero tiene un diseño de sonido impresionante, que, si uno se sienta en la sala de cine, como que te va envolviendo y lo que te va provocando, no es lo mismo que verlo en tu casa. La experiencia de observar esa obra. A pesar de esto y con el dolor de mi corazón, yo siento que el hoy día del cine se está transformando en una actividad de la élite educada porque es muy caro, sobre todo en los países latinoamericanos.

Los jóvenes nunca fueron al cine, bajan las cosas, entonces no entienden que haya que pagar para ir a sentarse, nadie tiene tiempo, la gente está muy cansada. Evidentemente, llega a su casa y pone Netflix u otras plataformas, ahora se está abriendo más HBO Go, Amazon Prime, lo que sea que tienen en su casa, porque nadie tiene tiempo, estamos todos sobre trabajando y con menos plata de la que necesitamos. Pienso que la experiencia del cine se va a transformar como la ópera o el ballet, no creo que desaparezca pero quedará reducido a la élite. El cine es caro de hacer, son equipos de sesenta personas, cada día de filmación cuesta por lo bajo 5 millones de pesos, se necesita levantar mucha plata y la manera de recuperarla o la manera que te la financien, está siendo a través de las plataformas. Esto genera nuevos espacios de trabajo que lo encuentro bueno, nuevas maneras de narrar y creo que me seduce, no soy una persona de no al cambio, creo que es absurdo, la vida es fluidez y cambio y más vale disfrutarlo. Encuentro bonitas las posibilidades.

Si bien, hacer una serie no tiene nada que ver con hacer una película. Hicimos una serie que se llama “La Jauría” de Lucía Puenzo, fue súper interesante, éramos cuatro directores, es otra experiencia. Las series en general se basan en el giro de la trama, porque te agarra para ver otro capítulo, qué va a pasar con este personaje, voy a ver otro capítulo. El cine no, te agarra por atmósfera, por qué siento yo esta persona por vivir eso, son dos cosas distintas. A mí me gusta seguir yendo al cine a ver cine, porque esa es la experiencia completa para mí. Pero sé que hoy en día no se le puede pedir eso a la gente. En SANFIC me compré todas las entradas a las películas, me gusta ir, voy dos veces al día si puedo o más. Justo un fin de semana tenía mucho trabajo y puse por las redes sociales, por Instagram donde tengo siete mil seguidores, 12 mil en twitter y pongo que regalaba dos entradas para tal día en tal cine y eran los hermanos Dardenne, en verdad maestros del cine y nadie quiso las entradas. Estoy regalando entradas para los grandes maestros del cine a personas que me siguen a mí, que por tanto les gusta el cine. Ni así quieren ir al cine. Entonces obviamente uno tiene que cambiar las estrategias y maneras de hace películas. Yo siempre creo que un director es el que hace series, comerciales, videoclip y películas. Eso es dirigir, estar en todos los lugares. Obviamente hay grandes directores que hacen solo cine y los adoro y no me interesa que hagan ninguna otra cosa. Carlos Reygadas o Andrea Arnold. Bueno ella hizo una Big Little Lies pero da lo mismo que los grandes maestros no quieran hacer otra cosa porque son magníficos. Lo que me interesa a mi es estar en el set, me gusta mucho filmar entonces lo que me pasen para filmar lo filmo feliz.

 

Fotos: Vanessa Vidal

Transcripción: Florencia Orellana

 

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