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martes, octubre 4, 2022

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Entrevista a la directora de la Fundación «Juan Luis Martínez» Eliana Rodríguez: “La vida de mi marido estaba llena de aventuras y circunstancias extraordinarias»

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Por  Fernando Arabuena

Aunque se ha escrito mucho sobre Juan Luis Martínez en diversas partes del mundo, no es fácil hablar de un autor que escapa tanto a lo convencional. Su libro La Nueva Novela, cuya primera edición, por circunstancias históricas, fue editada al margen de toda editorial tradicional, tiene un título que nos hace perder las señales de ruta al no ser precisamente una novela. Un libro objeto que, a pesar de su alto costo, un joven poeta pudo cambiarlo al mismo Martínez por el jarrón de una tía a principio de los 90. Esto lo evidencia el mismo poeta Juan Pablo del Río que hoy atesora La Nueva Novela junto a la amena y larga conversación con el autor; mientras que el jarrón aún tiene un lugar espacial en la casa de los Martínez Rodríguez, como testimonio de todo el tiempo ofrecido a aquello que termina rodeado de silencio.

Quizá, en esa libertad que le otorgaba esa autoimpuesta marginalidad de la que hablamos, el poeta evidenciaba lo que dijera Foucault en relación a esos detalles simples de la vida donde se puede eludir el poder, elevando nuestra existencia a una obra de arte que trasciende el tiempo y el espacio.

Y es este Martínez Total; aludiendo al título publicado por el Instituto de Literatura UANDES y la Universidad de Oklahoma; quien entre muchas otras cosas, desplazó los límites del libro desde la escritura a la imagen; cuya paratextualidad nos lleva, ya en la sugerente imagen de la portada, desde el studium intencional a ese punctum cautivador que queda fuera del control consciente del fotógrafo. Es esa dimensión extra en la obra de Martínez, que en el ejemplo anterior nos da luces Roland Barthes; y en otros planos como la anonimia, llega a nosotros con la experiencia viva de Poemas del otro … una apuesta “extralimitada” que a Juan Luis Martínez le gustaba habitar.

Hoy, en la casa del poeta, aún se respira todo aquello extraliterario. Fotografías y vivencias familiares que fueron dibujando su obra desde las dimensiones más íntimas; esas que acostumbramos a hacerlas invisibles, pero que son parte importante en la concreción artística de un autor que, recluido en su casa de Villa Alemana, es un caso único en la literatura chilena.

Eliana, el sofá y los libros del poeta siguen aquí y parecen querer decirnos algo. Cuéntanos sobre tu complicidad con Juan Luis Martínez.

Lo primero que debo decir, es que todo lo que nos hizo cómplices e inseparables fue el inmenso amor que nos teníamos, eso trascendía absolutamente todo. Juan Luis era una persona tremendamente entretenida y eso era algo que me fascinaba. Cada cosa, cada proyecto eran una aventura. Cada cosa que hacía con Juan Luis, o lo que me tocaba hacer para apoyar su proyecto poético, fue una gran aventura. Todo valió la pena. Eran tiempos en que debíamos sacar adelante a nuestra familia sin descuidar su obra, y sin apoyo de dinero o editoriales. En el caso nuestro, como el de muchos, la labor del poeta debía ser una apuesta familiar con todos los costos que eso conlleva; porque la vida del artista en este país es muy difícil. Con el tiempo fuimos generando proyectos con apoyos estatales y privados que nos fueron ayudando un poco más, pero al principio, como entenderás, ninguna puerta estaba abierta. Mientras sucedía eso, en esta casa Juan Luis era una persona muy amorosa con sus hijas; un padre maravilloso así como un gran poeta; no había límites entre una cosa y otra. Todo era una conjugación total.

Aún recuerdo cuando fuimos a buscar las banderas de papel volantín a Santiago. Caminamos y caminamos preguntando dónde las podíamos encontrar, hasta que nos enviaron a una fábrica que las hacía de manera artesanal cerca de la población Eduardo Frei, en la comuna de El Bosque. Lo difícil fue la vuelta, cargando cajas con banderas en la micro y más encima yo embarazada de mi segunda hija María Luisa. Además, nos pasó algo bien peculiar: Cuando ya veníamos con las cajas, vimos a dos niñitas de unos dos años caminando solas con un coche por una calle larga que parecía no tener fin. Nos impactó tanto la escena que con Juan Luis decidimos volver y acompañarlas. Caminamos con las niñas por esa larga calle hasta llegar a un gran portón cerrado donde se detuvieron, llamé fuerte hasta que salieron a abrir. Eran dos gemelas que habían salido solas a caminar porque la persona que las cuidaba había dejado el portón abierto. Valió la pena la caminata extra con las cajas. Siempre pensé que era una señal. Al poco tiempo supimos que mi embarazo era de gemelas, pero sólo una había logrado desarrollarse del todo. Cuando recordábamos la caminata con las cajas de banderas, nos acordábamos de mi embarazo y esa escena… como todo en nuestras vidas, una cosa llevando a la otra.

En 1990, Juan Luis Martínez fue invitado junto a otros 10 escritores chilenos, por el gobierno francés, a la Universidad La Sorbona. Fue la única invitación que aceptó el poeta para salir de Chile. Cuéntanos sobre eso y su encuentro con el poeta Jean Tardieu.

Efectivamente, en el año 1990 fue invitado y fuimos a Francia. Fue muy bueno que aceptara. Recuerdo que Roberto Matta se puso en contacto con nosotros para gestionar sus diálisis. Juan Luis estaba muy delicado y debía someterse al tratamiento día por medio, y debíamos tener muchos cuidados. Los otros escritores tenían una agenda muy variada que Juan Luis no pudo realizar, por razones de seguridad, esto nos obligaba a quedarnos todos los días en París. Fue por esto que Francois Mitterrand cordialmente dijo que Francia nos regalaba un día para hacer o pedir lo que quisiéramos. Fue entonces cuando Juan Luis respondió: “Gracias, pero todo lo que Francia me podía ofrecer ya lo tomé.”  Cuando me preguntaron, pensé inmediatamente en La Nueva Novela, por lo que respondí: conocer a Jean Tardieu. Sabía que a Juan Luis le fascinaría la idea. Y así fue.

Organizaron una comitiva que comenzó a buscar al poeta francés por todos lados. No tenían registro de su domicilio y no lo podían encontrar; hasta que con un poco de dificultad dieron con él. Luego dispusieron una movilización especial dada su avanzada edad, y lo llevaron al encuentro. Estuvieron toda una tarde, fue muy especial para él. Jean Tardieu no conocía a Juan Luis, y en el encuentro mi marido le mostró La Nueva Novela y la fotografía donde aparece el padre de Jean Tardieu junto al poeta francés muy niño en un triciclo. El poeta quedó fascinado con el libro y agradeció a Juan Luis el haberlo incorporado e inmortalizado en su obra. Recuerdo que se encontraron en la Maison de L´amérique, la prensa especializada supo del encuentro y comenzó a movilizarse. Fue entonces cuando Juan Luis dijo: “No, no quiero que esto se convierta en un circo”. Así el encuentro fue mucho más íntimo, como le gustaba a Juan Luis.

Me imagino que el encuentro con Roberto Matta debe haber sido también muy especial, dada la cercanía y admiración que se tenían ambos.

Mira, en algún momento le envié el libro a Roberto Matta con Diamela Eltit. Y cuando llegó a sus manos le fascinó. Desde ese momento Matta hizo todo lo posible por ubicar a Juan Luis, llamando por teléfono a todos los lugares donde pudiese ser posible comunicarse, hasta que lo encontró. Es muy lindo recordar eso. Cuando Roberto logró hablar con Juan Luis, refiriéndose a su Libro le dijo: “Ha llegado la magia a mi vida nuevamente”. Roberto Matta sintió que era la cosa más mágica que le había pasado en los últimos años.

El encuentro de ambos en Francia no deja de ser anecdótico. Si bien Matta había vivido casi toda su vida en París, primero se perdieron cuando iban camino a encontrarse; y luego cuando lograron juntarse y comenzaron a caminar y a conversar por las calles de París. No entiendo cómo pudo haber pasado, pero son esas cosas que pasan y escapan a la lógica. Juan Luis me contó que terminaron conversando sentados en la cuneta de una vereda. Es por eso que Roberto Matta le regaló un libro de sus obras con un dibujo donde aparecen juntos tomados de la mano. La dedicatoria dice: “Dos amigos tomados de la mano por las calles de parís.”

Había una afinidad muy especial. Roberto Matta tenía la idea de trabajar con Juan Luis e ilustrar la Nueva Novela. Los organizadores de Les Belles Étrangères querían que Juan Luis se quedara para comenzar el proyecto. Nos ofrecieron un departamento e instalar a las niñas, pero eran muchas cosas que yo debía cerrar en Chile para que eso se concretara. Le pregunté a Juan Luis si quería quedarse, ya que era un proyecto muy interesante. No quiso. Un año después moriría en Chile. Pasó un tiempo y me volvieron a llamar para hacer el proyecto en Francia. Pero estaba destruida, me costó mucho recuperarme, no había fuerzas. Creo que Juan Luis quiso volver porque quedaba poco tiempo para estar junto a nosotras.

Eliana, ¿Tu crees que Juan Luis Martínez y Roberto Matta sigan perdidos por las calles de París?

Con ellos dos puede ser posible. La vida de mi marido estaba llena de aventuras y circunstancias extraordinarias. ¿Pero sabes?, en Francia, Armando Uribe nos guió por todos los lugares sagrados. Él decía que Juan Luis era la persona más religiosa que había conocido, debe haber sido por esa vida alejada de todo en el silencio de su obra. Yo creo que Uribe es el único que podría guiar a Juan Luis y Matta en esas calles de París. Ojalá se encuentren los tres en alguna parte.

Su mirada queda fija en la biblioteca del poeta mientras el tiempo se extiende. Termino la entrevista.

Título: La Nueva Novela

Autor: Juan Luis Martínez

Editorial: Ediciones Archivo

Temática: Poesía

Número de páginas: 150

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