Entrevista a la directora de la obra “Quien canta y baila, su mal espanta” Macarena Baeza: “Lo central de esta propuesta es que tiene que ver con las biografías, y particularmente, con biografías de mujeres”

Por Fernando Garrido Riquelme

“Esta obra para mí conecta con lo que me gusta que el teatro haga, lo que siempre ha hecho en verdad, hablar de esas vidas mínimas, de esas vidas que si tú las miras con detención, pueden hablarte del mundo”. Macarena Baeza.

Muere la mañana del último sábado de marzo en Santiago y a pesar de estar nublado, el aire es cálido y viscoso. “Está abochorná la mañana” me dice el taxista camino a Campus Oriente, tiene razón. Hasta ahí llego para ver los preparativos de Quien canta y baila, su mal espanta, propuesta que busca poner en escena a dos tradiciones y a dos de sus cultoras (cueca y flamenco), Paula Acuña y Ornella de la Vega, las que utilizan como recurso sus biografías y las de sus abuelas, mujeres que marcaron sus vidas, y cuyas huellas, siguen definiendo su lugar en el mundo. Quien lidera este proyecto es Macarena Beaza, actriz e investigadora UC, quien en hace más de quince años desarrolla junto a la compañía de Teatro La Calderona su trabajo en torno al teatro colonial y al repertorio barroco y su lectura contemporánea, en el que la música, las artes visuales y el rito conviven en todos sus montajes: “esta obra es coherente con mi investigación así que el montaje es como si lo hubiese pensado yo. Es una de esas cosas maravillosas y mágicas que pasan. No está para nada fuera de mis registros creativos, lo cual ha hecho que la dirección me sea fácil, fácil en el buen sentido, porque ha estado repleta de imprevistos”. El texto se olvida, se retoma, un instrumento interrumpe la armonía de la escena, reformulan el tránsito de uno, equivoca el desarrollo de otros, se reformula, vuelta a la escena, se disciplinan las miradas, retomar, comenzar, seguir, el tiempo pasó volando: fin del ensayo, los tiempos son cortos y las prisas muchas.

¿Cuál es la propuesta que se está desarrollando en esta obra?

Aquí estamos llegando a dos tradiciones populares, genuinas, la tradición de pueblo gitano, el cual habría llegado desde la India; y la tradición de la cueca, la cual también se alimenta de España, del mundo Mapuche, de Perú, de África, con múltiples fuentes. Por lo tanto, esta propuesta describe cómo estas dos tradiciones convergen en el cuerpo, y en la memoria de dos de sus cultoras. El flamenco, en el caso de Ornella de la Vega, que aparte es actriz, directora, y Paula Acuña, actriz, directora y cantora de cueca. Es una historia de su intimidad, cómo desde sus historias, desde las historias de sus abuelas, podemos hablar de una tradición que es mucho más grande que aquello, pero estas son leídas desde la intimidad, recogidas desde lo biográfico, lo personal.

Pero más allá de lo disciplinar, el desarrollo de cada una de las expresiones tiene un carácter trascendente.

Lo que pasa es que esa es la sabiduría del pueblo, el pueblo todo lo mezcla. Yo soy fanática de los altares, hay una cosa ritual, el arte tiene un origen ritual. No importa si crees que fue en Grecia, en el mundo Mexica, o anterior a eso, siempre se bailaba, se actuaba o representaba, se cantaba en círculo, como en la cueca y su rueda: es un círculo en locual está todo mezclado, lo trágico y lo cómico, el cielo y la tierra. Para mí lo central de esta propuesta es que tiene que ver con las biografías, y particularmente, con biografías de mujeres. A pesar de todo y que ahora se diga que está de moda el feminismo, yo estoy haciendo teatro feminista hace quince años, trabajando sobre memorias de mujeres coloniales.

Por lo tanto, lo que me interesó de este proyecto es cómo las figuras de sus abuelas las llevan a encontrarse con estas tradiciones, como sin querer, porque uno no sabe a qué lugar te llevan esas influencias, pero como al encontrarte con las historias de estas abuelas, te ayudan a entender el lugar que ocupas como artista contemporáneo. Y es una obra completamente contemporánea, de dos mujeres que están vivas, haciendo y creando música, teatro, flamenco, pero cuyo tránsito no es posible entender sin ir a esas raíces, sin apelar a esas figuras históricas, que son personales, son memoria.

En ese sentido la obra no sigue una estructura dramatúrgica clásica. Es la puesta en escena de fragmentos, de instantes, la creación de un paisaje sonoro.

Claro, y visuales. Porque te faltó verla con esta maravillosa escenografía, donde tenemos un tablao’ que es de teatro, un tablao’ que es de flamenco, cuequero, pero del cual surgen y salen los maravillosos muñequitos, como en la memoria. ¿Te has dado cuenta de que a veces surge un olor, un perfume y te dices “¡oh!, esta es la casa de mi mamá” o ¿el recuerdo de un almuerzo? Entonces eso te lleva a un espacio de tu cabeza donde está guardada esa memoria, y aquí la escenografía captura aquello, es la gran metáfora de nuestra imaginación y nuestros recuerdos. Cómo al abrir uno de estos compartimentos aparece una abuela o una nieta, un momento, un perrito, unos zapatos, aparece algo que te conecta con una tremenda historia, que está contenida en un casillerito. Y eso para mí es muy interesante, porque esta obra está pensada para todo público, es una obra familiar, es una obra que está repleta de recursos teatrales, desde la música y el baile obviamente, pero también los objetos y todas las pequeñas maravillas que aparecen en este escenario.

Es una puerta a la intimidad.

Exactamente. Además, todos los trabajos, todos los materiales con los que estamos trabajando, los hicieron en su mayoría mujeres. Las muñequitas de tela las hizo una artista visual, las alasitas de los perritos, las tortugas, las hicieron artistas aimaras, artesanos, tenemos cosas de Pomaire, una campana de greda, los libritos. Todo lo que ves en escena es la expresión de un trabajo al detalle, minucioso, hecho por manos de trabajadores artesanales, propios de nuestra tierra.

¿Cómo se inscribe este proyecto dentro de tu desarrollo creativo?

Este trabajo es una invitación. Es un proyecto Fondart Regional que se adjudica Ornella y Paula (actrices y culturas del montaje). Con Ornella he trabajado desde hace mucho tiempo, es más, la obra a la cual ella hace referencia en el ensayo, donde actúa con puros hombres, es una obra que yo dirigí. Pero también, tiene que ver con mi trabajo, con mi interés. Yo hago teatro recuperando el repertorio del barroco, las figuras y creaciones de mujeres de ese periodo, en las cuales la música y la exploración visual son uno. Porque en la colonia esos elementos se encuentran siempre presentes, unidos.

Hace mucho tiempo, tanto en la docencia como en la creación, me interesan las historias privadas, las historias de personajes, de familias. Por ejemplo, con unos estudiantes hacíamos el ejercicio de generar una obra desde puros relatos personales de la historia de Chile. A mí me interesa la historia de la señora que usa un delantal floreado y vive en Cerrillos, no la historia de los próceres, la cual me importa bien poco en verdad. La mayoría son hombres, la mayoría son blancos heterosexuales.

Me gustan las personas que son distintas y creo que esta obra, parte de su belleza, logra recoger la existencia de personas que nadie conoce. Sólo Paula conoce a su abuela y sólo Ornella conoce a la suya y a sus familias. Entonces esto para mí conecta con lo que me gusta que el teatro haga, lo que siempre ha hecho, hablar de esas vidas mínimas, de esas vidas que, si tú las miras con detención pueden hablarte del mundo, de una época, de los contextos. Así que he estado muy en mi salsa, con músicos alucinantes, con dos secciones musicales de excelencia.

Eso le otorga una textura distinta al montaje.

Exacto. Estamos trabajando también con la improvisación, con la idea de que al público se lo está invitando a una fiesta. La obra tiene escenas de un carácter dramático, de profundidad emocional, pero la gente se junta a bailar flamenco o cueca porque les gusta carretiar, ser parte. El público no puede estar ahí sólo mirando, esto tiene un carácter dionisiaco, hay alcohol chorreando.

Como dice Nano Núñez: “Yo creo que la cueca la inventó Satanás, porque es ardiente, fogosa y al mismo tiempo fina, arrogante y dicharachera”

Es que, si no, ¡no es cueca! Es esa wea estirada que nos enseñaron en dictadura, y por eso no nos gusta. Nadie te puede decir que si no sabes hacer el ocho no puedes bailar. Yo he visto bailar a gente sentada, he visto gente bailarla a paso de cumbia, y bueno, ¡Eso es cueca! Porque la cueca es del pueblo y siempre lo fue. Lo que pasó es que nos la quitaron un tiempo. Lo mismo pasa con el flamenco: no es la expresión de los españoles que nos colonizaron y nos pusieron la cruz y la espada. Es la expresión de un pueblo pobre que llegó a otro pueblo pobre, como es Andalucía, y se sintió a gusto y ahí se quedó. ¡Y eso es lo que queremos reflejar! Ese nivel de compromiso con el mundo popular. No ese pueblo que se vende en chapitas o pegatinas para el refrigerador, sino ese que sigue en las barriadas españolas, no ese que es objeto de marketing. Bueno, esa es la cultura del capitalismo, de todo se puede adueñar. Por eso hay que desconfiar cuando las causas sociales se transforman en moda y objeto de marketing.

La obra se estrena el sábado 13 de abril a las 18:00 h en el Centro Cultural de Cerrillos Tío Lalo Parra, y tendrá una itinerantica por varias comunas de la Región Metropolitana: Alhué, San Bernardo, Independencia, La Cisterna, Melipilla e Isla de Maipo, hasta el mes de mayo.

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