Entrevista a la escritora Carmen Gloria López: “El autor está mucho más desnudo en una novela, que en un guion, porque está más cerca del producto final”

 

Por Galia Bogolasky

La periodista, guionista y escritora Carmen Gloria López nos habla sobre su nueva novela llamada Cómo sujetar mi alma para que no roce la tuya en esta entrevista donde nos cuenta sobre esta novela y el desarrollo de su trabajo desde que fue directora ejecutiva de Televisión Nacional de Chile y guionista de la serie Sitiados, creadora de emblemáticas producciones como 31 Minutos y Los 80 hasta convertirse en escritora con las novelas La venganza de las cautivas y Fugitiva.

Cómo sujetar mi alma para que no roce la tuya cuenta una historia de amor narrada en tres tiempos y que tiene como protagonista a una exitosa violinista que cuestiona su pasado y su presente. Ana es una joven solitaria del sur de Chile, es también Anne, una exitosa violinista chilena que, tras superar una infancia dura al lado de una compleja madre, conoce al amor de su vida poco antes de partir becada al extranjero. Pese a que intenta olvidarlo y en plena carrera en Europa, se reencuentra con Marco que vuelve a remecer su vida por completo.

Yo te conocía en tu rol de guionista para series de televisión y ahora pasaste a novela narrativa ¿Cómo ha sido este paso de ser guionista de televisión a ser escritora?

Es un honor, muchas gracias por leer la novela e incluirla en este sitio, que encuentro tan meritorio estar cubriendo cosas de cultura y darles una curatoría.

Ha sido un camino muy entretenido. Es muy distinto escribir novelas que guiones. El trabajo del guion es muy colectivo, donde hay una autoría de la idea original, algunos momentos de escritura solo, pero en general el trabajo es muy colectivo, en la misma creación. Además es un trabajo mucho más estructurado, al menos como yo escribo mis novelas, versus cómo escribo los guiones. En los guiones, en una serie, si se necesita hacer las tramas transversales, lo que va a ocurrir en cada uno de los episodios, asegurarse de que todos los personajes tienen un despliegue, que todos los personajes tienen un arco. Entonces, es algo que se estructura mucho más en crudo y luego se escribe, esa es una diferencia. Lo otro es lo colectivo que es. Lo tercero es lo alejada que queda la idea original de lo que finalmente resulta, pues aparte de lo colectivo que es el proceso mismo de escritura, entra en un túnel de producción donde la historia sorprende luego al propio guionista cuando la ve en pantalla. El libro no te sorprende así, porque uno se lo ha leído varias veces. Es un trabajo mucho más solitario el de la novela, mucho más bajo el control de uno y, por lo tanto, en ese sentido, es mucho más expuesto. Siento que cuando uno participa en una película o de una serie, siempre, en el camino, algo pasó, o por último tiene la chiva, para una misma, de decir “no era como yo pensé que iba a ser, porque alguien metió mano”. En un libro uno queda totalmente expuesto, esta es tu responsabilidad cien por ciento, lo que está ahí, lo que tú escribiste, con la ayuda, por supuesto, de la edición, en este caso, de Marcela Escobar y Matías Rivas que me ayudaron a editar esta novela, pero finalmente el autor está mucho más desnudo en una novela, que lo que está en un guion, porque está mucho más cerca del producto final. Así que fue un proceso difícil, requiere también mucha autodisciplina. El guion, como es colectivo, te empuja a establecer reuniones, hay que tener metas, a esta hora se entrega escaleta, después se entrega esto otro. Con la novela, uno mismo se impone los plazos; me tengo que levantar en la mañana e ir a sentarme al escritorio que está a tres metros y trabajar los días en que esté inspirada y los que no.

Creativamente, te diría que la novela fluye más, siento que tiene mucho más que ver con una especie de trance que uno ojalá pueda entrar, donde se mete más en los personajes y donde está pensando un poco menos en quién va a leer el producto, en quién va a ver el producto, está pensando menos en qué enganche le hago a esta pasada. Es mucho más interno, de alguna manera.

La historia de Cómo sujetar el alma.. es sobre una violinista de Frutillar, que se enamora de este joven y se va a tocar música a distintos países. De hecho, me recordó el nexo con el documental de Verónica Villarroel (en el que trabajamos juntas hace años) ¿Cómo fue que llegaste a esta historia de amor de Ana y Marco en el contexto de la música?

Sabes que no sé, porque esto es como dijo Sábato una vez, y lo he repetido otras veces: yo creo que uno escribe, más o menos, como sueña, no se lo propone tanto, las ideas, de repente, aparecen. Ahora que tú nombraste a Verónica Villarroel, yo la entrevisté cuando era chica, años antes del documental, mucho antes que cuando recién estaba cantando en el Municipal, y sentí en ella una cosa que menciono, al pasar, en la novela, que es que a veces uno es esclavo de sus propios dones y que hay algunas personas que, sobretodo cuando tienen dones tan extraordinarios como el de Verónica, hay un minuto de tu vida en que dudas si quisiste encontrarlo o no. Te trae un montón de cosas buenas, y ella ha tenido una gran carrera, pero yo creo que hay gente como Verónica que se debe preguntar “¿Qué habría sido de mi vida si me quedo piola y no le cuento a nadie lo bien que canto?” En el caso de Ana, yo creo que su don la salva, la salva mucho, es su rescate en su infancia. Hemos visto historias parecidas, como en una de mis películas favoritas, que es Matilda, donde lo que la salva, aparte de la profesora, la lectura, el poder viajar y huir de esa casa a través de los libros. Acá Ana arranca de su casa a través de la música. Pareciera que está encerrada tocando su violín, pero, en el fondo, está a miles de kilómetros de ahí, en esa otra dimensión que abre la música.

Es una mezcla de recuerdos. Es una mujer que vi en Viena en un concierto, en el piano y que parecía como que ella era de otro tiempo y estaba sentada en el piano, ahí en el 2018, y me la imaginé así, como pensando que la gente que vive en la música clásica, vive en los siglos desfasados, en estos compositores que los acompañan, pero que son de una época tan distinta a la que estamos viviendo hoy día. Así que, no sé muy bien de dónde surgió, pero tiene raíces en esos recuerdos míos, tiene raíces aquí, en este sur, aquí en Frutillar, en todas las veces que camino frente a la escuela Richter y escucho a muchos alumnos cruzados. Me encanta eso que se da tanto en regiones, que las clases sociales se encuentran un poquito más, donde hay iniciativas como éstas, de becar a muchos estudiantes. Por el otro lado, paso por estas casas alemanas que tuvieron su minuto de gloria. Yo creo que todo eso se juntó y fue armando esta historia, pero es verdad que tomé un riesgo que podría ser criticable por algunos profesores de literatura, de escribir de un mundo que no era el mío, que es el mundo de la música.

¿investigaste sobre el tema? ¿Escuchaste mucha música durante el proceso? ¿Cómo fue ese proceso creativo?

Escuché mucha música, investigué, tuve un par de clases con Ignacio Pérez, que compone música para series y para películas. Leí muchas entrevistas a músicos y a músicas, vi muchas entrevistas de intérpretes de violín en YouTube. No sé si hubiera podido escribir esta novela antes de Google, porque me permitió viajar a estas ciudades, incluso, recorrerlas, me permitió ver conciertos de violinistas jóvenes. Encontré una violinista especial y me pude focalizar en ella, seguir su carrera, ver sus entrevistas, ver sus primeros conciertos como solista, y todo eso me ayudó y fue alimentando todos mis agujeros que tenía de mi ignorancia en este territorio, y traté de aproximarme así a este mundo. Después, el verano pasado, el Teatro del Lago me permitió asistir a las clases magistrales que dieron tres músicas muy destacadas internacionales, donde había muchos músicos jóvenes chilenos y ahí pude estar varios días escuchando el lenguaje que ocurre en una clase, entrevistando a estos jóvenes músicos, sus sueños, sus obsesiones, su sensibilidad especial para presentarse en la micro, en el metro. También, me ayudó mucho Richard, que es el concertino del Teatro Municipal, a quien le agradezco en el libro, porque le escribía a WhatsApp a cualquier hora y le decía “¿qué te duele después de 6 horas tocando el violín? ¿La espalda, la cola?” y él me ayudó mucho en la cosa cotidiana que, en general, los entrevistados no cuentan, porque es tan parte de su vida, que no se les ocurre contar, entonces hay que empezar a preguntar más específico. Ahí empecé a entender también lo importante que es el cuerpo para la interpretación, porque uno cree que un violinista va hasta el arco de los dedos, pero te empiezas a dar cuenta lo importante que es el cuello, la espalda, que todo esté en equilibrio y, también, las metáforas literarias que tiene todo eso. En el caso de Ana, la partitura, el control que tiene la música, el que tú puedas interpretar, pero a la vez ya está todo escrito ahí, es lo que a ella le fascina de la música, que es el mundo que ella puede controlar.

Cuéntame sobre la creación de los personajes. Contaste que para Ana te inspiraste en esta pianista, pero también sacaste elementos de otras personas. También en el caso de Marco ¿Cómo la imaginaste y cómo la creaste en estas tres etapas de su vida?

Es mucho más inconsciente de lo que yo voy a decir. Ahora va a parecer como que yo planifiqué muy bien todo esto, pero no fue así, porque va fluyendo. Yo creo que a Ana la vi primero, más fácilmente, e igual fue un personaje que me costó, comparado con mis otras novelas, porque los personajes introvertidos cuestan más, no solamente escucharlos, porque hablan menos, sino que también expresarlos, porque como se despliegan menos, tienen menos acción, son reservados, la manera en que se refleje su carácter en las acciones que hacen, está un poco más limitada. En ese sentido, eran las dificultades de Ana como personaje, pero concentrándome, la vi, vi sus miedos. Me ayudó mucho, para dibujar a Ana, dibujar a su madre. Al dibujar a la madre de Ana, confieso que lo hice un poco por ahí, es decir ¿cómo terminas siendo tú si te toca una madre así? que no te da la contención que necesitas, que, en el fondo, te hace crecer en un ambiente de alta inestabilidad, entonces empiezas a crear una personalidad donde tienes que buscar algo que te autocontenga, donde tú te inventas esa partitura firme de la vida en algo, donde, además, le tomas mucho susto a las pasiones en general. Esa es como la cosa compleja de Ana, y un poco contradictoria, porque la música es pasión, es pura pasión, pero es una pasión que ella puede controlar. Ana le tiene miedo a todas las otras pasiones y por eso le da susto el amor a Marco.

Si uno lee rápido la novela, puede creer que el dilema es profesional: “¿Qué hago con Marco si me quiero dedicar a la música?”, pero ese no es el dilema, porque Marco está dispuesto a estar donde ella esté. El dilema de Ana es “¿qué hago con este amor que se me desborda? que me va a quitar las horas y me va a hacer perder el control de la vida y me va a hacer entrar en un territorio de mucho sufrimiento y susto” que es el susto de “¿y si Marco se va después de que ya me entregué?”. El susto de Ana es perder el control, no es perder su carrera de violinista.

A Marco me costó más escribirlo, de hecho, confieso que entregué un borrador y alguien me dijo “oye, no me queda claro, por qué esta niña está tan enamorada de este tipo”, porque yo veía mucho a Marco. Esa es otra cosa mala de cuando uno escribe, a veces, que cuando tú ves mucho a un personaje, sientes que ya es conocido, entonces, lo instalas ahí, lo describes poco, porque lo estás viendo mucho. Entonces a Marco le tuve que dar una segunda pasada en un segundo borrador y hacer que quedara más clara todavía esa luz que tiene Marco. También, espero que haya quedado instalado, todo lo que Ana le da a Marco, porque creo que lo que le va pasando a Marco en su arco de personaje, si hubiéramos escrito un guion, diríamos que la melancolía de Ana hace que Marco se vuelva un poco más profundo, y dentro de esa personalidad y de esa profundidad que va ganando al lado de Ana, está la revelación que el mismo Marco le hace a Ana respecto de su talento. Es gracias a que él entra en contacto con esa melancolía, que Marco le puede decir a Ana: “Ana, sabes que tú no eres de aquí, eres de otro lugar, no has cachado como eres de seca”. Lo que Marco le da a Ana, es que Ana empieza a verse a sí misma. Ella, que ha tratado de ser un ser medio invisible en el colegio, un poco invisible en su casa, para que no vaya a quedar la escoba y que ha andado en puntas de pie toda la vida para que no explote nada, Marco la hace mirarse, la hace descubrir, no solo su cuerpo físicamente, sexualmente, sino que, además de ponerle piernas y piel, lo que hace Marco es que ella pueda ver su talento y atreverse a seguir ese camino.

¿Por qué decidiste contar la historia en estos tres tiempos y cómo se les ocurrió que tuviera estas dos opciones de lectura: por cuento o cronológico?

Yo no me parezco a Ana en general, pero si hay una cosa en la que me parezco, es en esa cosa de discutirme todo a mí misma, y creo que las opciones son por eso, porque había una parte mía que decía “no, es cronológica”, otra no, “es así como la escribiste, como te salió, como los recuerdos intercalados”, entonces dije “ya, que el público decida”. Esa fue la Ana que no se puso de acuerdo con ella misma, las instrucciones.

Primero, la novela tenía solo dos tiempos, el “Allegro” y el “Andante” y, en el fondo, esto era, en la línea de esta película donde se junta esta pareja a conversar, Antes del Amanecer. Yo pensaba que, influída por eso, pensé qué pasa con estos amores juveniles, que, quizás pensé en uno propio que yo tengo, que quedan como suspendidos y luego se retoman en un tiempo donde las dos personas están en otro contexto de madurez. Entonces, así pasó con “Allegro” y “Andante” y cómo, de alguna manera, en las dos historias hay principios, medios y finales. Esto no es una historia continua, sino que es una que tiene principios, medios y finales, encuentros, desarrollos y despedida, en el caso de ellos, y el segundo cuento también tiene un principio, un desarrollo y una despedida, y en la intercalada tú vas a ver lo que se intercala son todas las despedidas, todos los encuentros, todas las primeras veces, que yo creo que cuando hay un amor que se suspende, todas las primeras veces, de nuevo, son como la primera vez. Aunque ellos ya se conocen, ese dolorcito de guata y esas mariposas que debió haber tenido Ana al verlo afuera del teatro en Viena, se parece mucho al día que se sentó por primera vez al lado de ella en la sala del colegio. Entonces, eso era lo que yo quería ir reflejando, se me iban juntando los principios y, sobretodo, los finales. Creo que “Taxi” apareció por mi vicio de guionista. Hay gente que me ha dicho que la novela se podría leer sin el taxi y andaría bien y, a lo mejor, sería un poco más novela. Creo que el taxi lo acerca, a lo mejor, a mi veta más guionista, donde hay un hilo conductor que tiene una tensión temporal y que a uno le sirve para engancharse. Ahora, mirándola de lejos, pienso que inconscientemente hice eso.

Tú dijiste también que este proceso implicó los viajes, entonces ¿cuánto tiempo te tomó la escritura de la novela?

Solamente viajé aquí a Frutillar a las clases magistrales, vengo para acá seguido, no es que viajé. En los viajes usé lugares a los que había ido antes en mi vida y que recordaba e instalé a los personajes ahí. No fui ni a Viena, ni a Budapest, ni a Nueva York. Es súper difícil decir cuánto toman las novelas, porque esta historia ya me estaba dando vueltas antes de escribir La venganza de las cautivas, de hecho, cuando hablé con Random (Penguin House) en algún minuto, tenía los dos proyectos medios empezados y en ese minuto pensamos que era mejor darle con La venganza de las cautivas, entonces ya estaba medio andando, Ana ya estaba, de alguna manera, dentro de mi cabeza. Quizás fue bueno separarla, para que no se me pegara mucho con Camila de Fugitiva, que también pasa por acá por Frutillar. Yo creo que fue bueno tener la venganza también, para yo también tener un poquito más de carrete, porque una historia de amor es súper compleja de hacer. Me daba mucho miedo, siento que aquí tomé varios riesgos. Yo creo que un año y medio, en total, poniendo todo junto.

¿Cómo se te ocurrió el nombre Como sujetar el alma para que no roce con la tuya que es bastante largo y poético?

Cuando ya tenía la novela medio terminada, redescubrí la Canción de amor de Rilke, que está después completa en la novela, no vamos a decir cuándo para no hacer spoiler y ahí apareció esta frase “cómo sujetar mi alma para que no roce la tuya”, que encontré que resumía la novela completa, porque ese es el esfuerzo constante de Ana, obviamente, durante todo el libro, y ella descubre mecanismos para hacer eso, pero era largo, era muy difícil de marketear. Por supuesto, yo que pienso como Ana, pensé cómo iba a pedir el libro la gente, iban a decir “el libro ese del alma, que sujeta algo ¿cómo se llama?”, porque uno tiene que mirar el libro de nuevo para decirlo entero, pero tratamos de ponerle otros nombres. Yo tenía otro nombre, había estado trabajando con Amor fuera de tempo, como nombre de trabajo, pero este se impuso, se impuso. Probamos portadas con otros títulos, no había manera, no, y finalmente dijimos “nos tenemos que rendir, si no hay otro título mejor que este”. Hay gente a la que no le ha gustado, porque lo encuentra muy largo, obviamente, pero en general, me ha pasado de mucha gente que me ha escrito, gente que no necesariamente conozco en las redes que me dicen “Me encantó el nombre, compré el libro por el nombre, porque el nombre fue como ‘ay, yo he tenido esa sensación de ¿cómo sujetar mi alma para que no roce la tuya?’ y yo que Rilke lo explicó y lo expresó muy bien.

¿Cómo fue el trabajo con la editorial? Porque, como dices, el nombre ya es un tema que para la editorial es la primera preocupación, y también el tema de los tiempos, si es que fue un tema que existieran las dos opciones para leerlo.

Por suerte fue fácil, creo que es más fácil cuando uno va en la tercera novela. Me tocó trabajar con la Marcela Escobar, ella lo miró y le pareció súper, nunca me dijeron nada sobre la acotación de las alternativas para leerlo. Las cartas las tenía puestas en lugares diferentes, ese sí que fue un tema que conversamos, se hacía muy larga, se juntaban mucho. Había escrito más cartas que las que están, ahí apretamos un poco, pero la relación fluyó mucho y yo, que he estado de editora de guiones, debo decir que se meten harto menos que lo que nos metíamos nosotros en la tele, en el trabajo del autor. A mi me baja la culpa ahora que estoy al otro lado.

¿Este es tu camino, finalmente? ¿Seguirás con las novelas, o volverás a los guiones o la tele en algún momento?

Nunca hay que decir nunca, porque ya me han caído varios en el ojo, pero en este minuto me acomoda mucho el tema de escribir. Siempre que pueda seguir publicando, siento que este es como mi nuevo trabajo. Esto y también ensayos, como estoy en los podcast, que también es escribir, de alguna manera, yo creo que voy a ir por ahí. Me doy cuenta también de que como partí tarde en esto, estoy con la sensación de que necesito probar distintos territorios, por lo tanto, las tres novelas que he hecho hasta ahora, son muy distintas entre sí, y quedan algunos territorios que probar, y en algún minuto, decidiré cuál es más mi género. Como oficio, me gustaría seguir acá, pero nunca digas nunca, porque en una de esas, aparece una serie entretenida o algo así. Me tienta la radio. He tenido ganas, ya que se están poniendo de moda las series en audio, en podcast, que encuentro que es un mundo fascinante, porque permite poder hacer series de ficción, sin tener que estar cinco años buscando los recursos y la plata para conseguirlo. Esa es la parte del guion que me dejó medio agotada con Sitiados, que es todos los años que te demoras en hacerlo realidad, y yo soy muy ansiosa para eso.

El libro ha tenido una muy buena recepción. Para los que no lo han leído ¿qué les dirías para invitarlos a leerlo?

Yo creo que estamos en una época de pandemia, de decisión constituyente, en un mundo donde asaltan hasta el Capitolio, es raro estar hablando de amor, pero a la vez, siento que es lo necesario. Siento que volver a las emociones básicas como ésta, es importante para un mundo que se está volviendo un poco cínico.  Me da pena ver que hay gente joven que no cree en el amor, o que cree que el amor es, en sí, machista. Yo no creo, yo creo que el amor romántico puede ser bonito para hombres y mujeres, si es que uno no está en una relación tóxica, obviamente, y si no cree que esto se trata de un juego de poder.

Si alguien me dice por qué leerlo, es para romper un poco el cinismo, para romper un poco este ninguneo que le hemos hecho al amor, e incluso al amor de pareja, y para cuestionarse también, algunos mitos que uno tiene sobre el amor. A mí, esta novela me hizo repensar mucho, cosas muy drásticas que yo sentía del amor, que tenía que tener convivencia, como que el amor tenía que tener esto. Después de leer la novela, me pregunto quién ama más, si Ana o Marco, porque, a veces, cuando uno ama mucho a alguien y no le puede dar lo que esa persona necesita, el gesto de amor más grande es dejarlo ir. Siento que es una lectura buena para el verano y para descansar de tanta noticia.

 

  • Título: Cómo sujetar mi alma para que no roce la tuya
  • Autora: Carmen Gloria López
  • Editorial: SUDAMERICANA
  • Fecha publicación: 11/2020
  • Idioma: Español
  • Formato, páginas: Tapa blanda, 250
  • ISBN: 9789562626088
  • EAN: 9789562626088
  • Colección: Novela 
  • Edad recomendada: Adultos

 

 

 

 

 

 

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