Entrevista a la escritora chilena Macarena Araya: “La autoficción es una puerta de entrada para desarrollar tu historia”

 

Por Galia Bogolasky

Macarena Araya, es escritora y actriz de la Universidad Diego Portales. También estudió guion en Barcelona. Obtuvo el primer lugar de Santiago en 100 Palabras y ganó el concurso de cuentos de Revista Paula el año 2017. En 2018, participó de la antología Todo se derrumbó, relatos sobre el desastre. Uno de los cuentos que escribió para ese espacio dio forma a su primer libro Paisajes (No habrá muerte. Aquí termina el cuento), nueve relatos que se pueden leer por separado, pero que constituyen un todo interconectado.

Conversamos con la autora en el Club de Lectura de Zancada, guiado por Soledad Camponovo. Hablamos sobre su viaje personal y la escritura de su primer libro, y primera publicación de la Editorial Noctámbula.

Al principio la idea era crear un libro de cuentos.

Esa conversación ha sido lo más entretenido, ¿es un cuento o es una novela?, cómo lo ves tú. En general, pasa que se lee más como una novela que como un libro de cuentos. La idea es esa, que la unidad funcione en sí misma. En una oportunidad me invitaron a leer un cuento del libro y lo leí, funcionó, se entendió. Evidentemente, si lo lees en el contexto general del libro, esa historia toma otra dimensión. La idea es que se pueda leer de las dos maneras y, al menos, me gusta que eso pase. Creo que ha mutado a ser una novela, pero yo presenté un libro de cuentos.

¿En qué momento se juntaron los cuentos?

La verdad es que yo postulé el manuscrito con la consciencia de que era el mismo personaje y la misma voz, pero no de la manera en que quedó en el libro. Eso, de verdad, se trabajó en el proceso de edición, el darle sentido a la unidad de los cuentos y relatos. Pero hubo un cuento que escribí para el libro, que es el de las nanas, La plaza. Ese tenía un punteo, una escaleta, casi una poesía bien extraña.

El cuento de Puerto Cisnes es hermoso, pero a la vez es raro verlo en el libro. ¿Acostumbras a escribir poesía?

Una tiene sus momentos favoritos del libro y ése es uno de mis favoritos. Me gusta mucho la respuesta de la gente al leerlo, algo resuena en esas líneas, que son diez frases. Algo pasa con ese cuento que emociona y está hecho en Word porque no quise abusar del recurso de imagen. Quise dejarlo como líneas. Para mí en ese paisaje se cierra todo el cuento para el personaje. Es un clímax, y el cuento Ñuñoa es un nuevo comienzo.

Cambiabas de voz en el libro ¿cómo funcionó eso?

Fue porque así lo escribí, pero no hay una respuesta más elaborada de mi parte. Me gusta mucho escribir en tercera persona.

En esa tercera persona ¿qué hay de autoficción?

En relación con la autoficción, por ejemplo, Nona Fernández pensó que mi papá era militante comunista y que había estado en Puerto Cisnes y yo le dije “No, mi papá está vivo y está en el lanzamiento del libro”. Hay elementos que son de autoficción. Incluso, hay anécdotas muy concretas que están en el libro que sí me pasaron a mí, pero hay un montón de cosas que son inventadas, hay un montón de historias que mí me hubiera gustado que me hubieran pasado y no me pasaron. Hay un montón de personajes que no existen en mi vida y, finalmente, creo que para mí la autoficción es una puerta de entrada para desarrollar tu historia.

¿Cuáles son esas historias?

Estaba en mi casa, era martes en la noche, suena el timbre y me dicen “Señorita Macarena, la buscan los carabineros”. Yo bajo y me dicen: “Macarena, ¿su departamento es en el piso 16? Lo que pasa es que apareció un cargamento ilegal de armas en La Pintana y por algún motivo aparece esta dirección”. Yo me quedé en silencio como ¡qué! Les expliqué que de verdad no tenía nada que ver con eso. Me respondieron que solo me estaban avisando y que estaban investigando. Listo, subí a mi casa y pensé “acá, hay un cuento”.

¿Cómo ves esa inspiración?

Escribir de escenarios que tú conoces o de lugares en los que has estado sirven para la particularidad de la historia. A mí, además, me hace pensar que el libro es verosímil, o sea si creen que me pasó todo eso es porque podría pasar. Es algo que a alguien le podría pasar y da lo mismo si creen que me pasó. Eso es divertido también.

Estudiaste guion ¿crees que eso te sirvió al momento de escribir el libro o la escritura es más natural y orgánica?

Cuando escribo no pienso mucho en técnicas. Yo creo que eso aparece solo a la hora de escribir. Surgen todas las películas que has visto, las historias que has vivido, las cosas que has leído, las relaciones. Todo aparece de alguna forma. Pero sí, es un poco cinematográfico y yo fuerzo las conexiones entre historias. Que es similar a lo que ocurre con las series, cuando cachai que al personaje le pasa esto acá y en el quinto capítulo esta acción repercute. Me gusta generar eso en el lector.

¿Cómo fue el proceso para llegar al título Paisajes y a los títulos de cada cuento?

El título es un tema en mi vida, es un temazo. La única crítica que recibí fue de mis editores, porque había historias muy buenas y el título era muy poco atractivo. Entonces, algo teníamos que hacer con los títulos. En un principio eran nombres, Santiago se llamaba Quién es Jorge Mendoza, Ovalle se llamaba Los huesos, Ñuñoa se llamaba Para la mayoría de ustedes solo soy un fantasma, y ese era el nombre del manuscrito.

¿Cómo se llega a Paisajes (No habrá muerte. Aquí termina el cuento)?

Siempre me ha gustado el tema de los paisajes y hace unos años hice un cortometraje que se llamaba Geografía y también era sobre las ciudades desde distintos puntos. Entonces, le propuse esta idea a Eduardo Plaza, mi editor, que fueran nombres de lugares, y a él se le ocurrió la bajada porque no nos funcionaba Paisaje solo porque era muy amplio. Los paréntesis los elegí yo y él me dio la idea. Trabajé mucho con mi editor.

En relación con eso ¿cómo fue el trabajo de edición?

Tenía una propuesta, pero es otra cosa el manuscrito que estaba en diciembre al libro que salió en abril, y son pocos meses. Entonces, fue muy intenso. No sé si han leído a Eduardo Plaza, pero para mí que me editara un escritor que me gusta, fue bacán. Confío mucho en él. Además, como yo estudié Teatro, soy bien receptiva a las indicaciones o a las propuestas. Hay gente a la que le cuesta un poco recibir, hay temas de egos. Fue un super buen verano trabajar en el libro y sentirse conforme. Sentirse y pensar que “es la raja” no va a pasar nunca, pero creo que el libro funciona y es bonito lo que ha pasado con el público y los lectores.

¿Cómo fue la decisión de incorporar referencias de la cultura pop dentro de la historia?

Cuando partí escribiendo era diez por ciento historia y ochenta por ciento referentes. Era muy esnob, como muy apestoso. Claro, “ha visto muchas cosas”, pero qué lata a nadie le interesa. Las referencias tienen que funcionar para la historia, qué películas veían cuando estaban en la casa con la mamá, qué nombre le darían al gato. No por ser pretencioso, sino porque es significativo para la historia.

El libro aparte de transitar por paisajes también lo hace por décadas, años ¿Cómo se determinó eso y cuál es el tiempo presente?

Hay una frase ahí bien juguetona, entre comillas, cuando la profesora de Educación Física les dice: “La vida es difícil” y la voz del cuento responde “Ahora lo entiendo”. Quién está narrando ¿es la niña o la persona adulta?, está la duda. Algunos cuentos están narrados desde una adulta que relata el pasado y otros están narrados como la niña. Y eso es relativo dentro de la historia.

¿Cómo son los años 90 en el libro?

En cuanto al tema político e histórico en Chile, yo tenía muchas ganas de escribir algo noventero. Me gusta mucho esa década, creo que analizarla ahora, más grande, y haber sido niña y adolescente en esa época es muy significativo para mi generación. A mí me pasaba que de repente llegaban amigos de mis padres y decían “Cuando a mí me torturaron”. Y fue crecer con esa frase, y años después lograr entender lo que eso significaba. Entonces, me interesa mucho el tema político y tiene que ver con la formación teatral. Teatro es una carrera bien política y me interesa meterlo, acá no está en primera línea, pero sí está en segunda, y es bastante evidente en el último cuento.

Mencionas a tu mamá en los relatos. ¿Qué opina ella de la autoficción?

Mi familia me conoce, ellos logran ver mucho más la ficción en el relato que alguien que no me conoce. Porque tomé ciertos escenarios y escribí una historia. Yo ya me entregué, hay cosas que sí, hay cosas que no y hay cosas que ojalá. Una vez leí a un autor, que decía que en los primeros libros los autores tienden a escribir desde lo autobiográfico porque es una puerta de entrada a bastante material, donde tú puedes extraer y narrar. Si eso constituye una buena literatura o no, es otra historia. Pero por lo general tienden a ser escenarios reconocibles con el autor y a mí eso me hizo sentido. Por ejemplo, hablaba con Arelis Uribe sobre Quiltras que es muy un libro de cuentos. Y ella me decía que muchas cosas de ahí le habían pasado. Y da lo mismo si te pasaron o no te pasaron, la historia funciona.

¿Y con respecto a la extensión?

En general, los libros de los autores latinoamericanos tienden a ser cortos. Todos tenemos que trabajar en una o dos pegas. Porque si tienes una beca en Cambridge, una casita con leña, bacán, pero la realidad es que llegas a escribir a la ocho de la tarde después de una pega y de hacer clases.

Para finalizar, ¿qué autores te gustan leer?

Soy muy fan de Mariana Enríquez. La fui a ver a la librería Catalonia, me gustan mucho las escritoras argentinas. Hace poco rayé harto con Lucia Berlín que escribió Manual para las mujeres de la limpieza y Una noche en el paraíso. Bueno, Bolaño me encanta, la Nona Fernández, Carrère.

Please follow and like us:
error

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*