Entrevista a la escritora chilena, Natalia Berbelagua: “Me comprometo con las historias, me cuesta distanciarme emocionalmente de lo que cuento”

 

Por Galia Bogolasky

Entrevistamos a la autora de Hija natural, libro que habla sobre abandono paterno y los vínculos familiares. Con una narración ágil, sensible y teñida de humor negro, la autora nacional desentraña con honestidad la intimidad familiar. Esto fue lo que nos contó de su primera novela.

¿Cómo surgió la idea de contar esta historia?

De una especie de gran pesca, donde había varias ideas dando vueltas. Antes que el tema apareció el tono, en el trabajo de una emoción con la que no me había conectado antes. Los libros que escribo tienen una personalidad muy marcada, pero este fue más escurridizo, porque además tuve que aprender una forma nueva de narrar. No sabía hacer novelas. Fui contando una historia y aprendiendo una técnica al mismo tiempo. Eso me gusta de escribir. No hay nada seguro, las herramientas aparecen a medida que trabajo, porque mi camino es de autodidacta. Ni magister, ni doctorado ni nada. Aprendo por mí misma o no aprendo.

¿Cómo fue escribir en formato autoficción?

No es nuevo. Desde Valporno que lo vengo trabajando. Con mayor ficción a menor ficción, todo lo que he dicho está orbitando en esta clave de organizar mis recuerdos, lo que veo y escucho en la calle. Me encanta trabajar desde ahí, porque es desafiante moverse y generar estructuras nuevas para que aguante el peso de lo que se quiere contar. En ese sentido, mis libros son actuales y pertenecen a mi forma de ver y de pasearme por los lugares personales, literarios, sociales.

¿Cuánto de realidad y cuánto de ficción hay en esta novela?

Me cuesta mucho entender por qué hacen tanto esta pregunta. Si digo sí, es todo realidad, me van a decir por qué en la tapa no dice “Novela autobiográfica” y si digo que no es real, la idea es llegar a la anécdota igual. Por más que trabaje con lo que veo o me pasa, los límites jamás han estado claros, ni siquiera para mí. Hay hitos, hechos irrefutables, pero de la manera en que está organizado el contenido no podría ser real, de ninguna manera. Si es tan necesario responder esto, sí. Hay muchísimo de realidad en la novela. Ahora ¿qué es la realidad? No sé.

Al ser una novela tan personal e íntima, ¿qué fue lo más complicado a nivel emocional de contar esta historia?

Esta novela no me hizo emocionarme más que mis otros libros. En Valporno, La bella muerte, hice más evidente la ficción, extremé el actuar de los personajes. Pero fue igual de difícil que escribir Hija natural. Me comprometo con las historias, me cuesta distanciarme emocionalmente de lo que cuento, pero la literatura es uno de los ejercicios de desapego más potentes a los que se puede acceder. Podría haber publicado una novela de ciencia ficción y también me hubiese costado. Mis protagonistas son partes de mí que están en disputa, son espejos de otras mujeres, son imágenes que no tienen contenido y tengo que dárselo yo, ¿desde dónde sale todo eso? De mi cabeza, como siempre.

¿El proceso literario fue terapéutico?

No, ya me había terapiado en mi estilo.

¿Llegaste a más conclusiones sobre tu relación con tu padre o con los hombres en general?

No sé más sobre la relación con mi padre, principalmente porque no hay relación y no vinculo a los otros hombres con mi papá, porque si no la terapia que hice antes de escribir el libro no habría servido de nada. Sería una canallada con mi pareja, mi abuelo, mis amigos y los hombres que me han tratado con amor, dignidad y paridad. Mi padre es del grupo de los “hombre tipo chileno” si eso responde la pregunta.

¿Cómo fue el proceso de trabajo con la editorial?

Bueno, no hubo tantos ajustes que hacer. Se editó con rapidez, y con el acuerdo de que tengo un estilo, una forma de escribir con la que me identifico. Mis lectores valoran eso, buscan los libros porque quieren ir descubriendo conmigo lo que va cambiando. Así que la edición fue respetuosa con esa idea.

Tú has escrito guiones y columnas. ¿Qué formato te acomoda más?

Me acomodan los formatos en los momentos en los que me sirven más para decir tal o cual cosa. Me encanta la escritura audiovisual porque es muy concreta. La novela tiene la capacidad de llevarme a espacios detenidos donde tengo que aprender a salir, el cuento me obliga a decir mucho en muy pocas palabras. Las columnas son esqueletos o diagnósticos de cosas. Escribo todo lo que puedo. También hago collage y me gusta intervenir ropa. Cortar, pegar, ensamblar, crear una imagen nueva, ese es mi tema al parecer.

¿Cuánto duró tu proceso de escritura para esta novela, y cuáles fueron los mayores desafíos al escribirla?

Me demoré unos cinco años. El mayor desafío fue enfocarme en lo que quería decir, trabajar el texto como si estuviese siendo contado en vivo y en directo, como una conversación.

¿Cuáles son tus mayores referentes literarios?

Ahora mismo estoy dedicándole un libro a eso. Mis referentes literarios, más que darte nombres, podría decir que son mujeres, hombres extrañísimos que se conectaron con la poesía misma. Siendo poetas o narradores lograron captar un algo que le da sentido a mi vida, al menos.

Últimamente han salido varias novelas de autoficción de jóvenes escritoras chilenas y latinas. ¿Lo ves como una tendencia, una moda o como un género que llegó para quedarse?

No sabría hablar de las intenciones de mis compañeras. Tal vez a la literatura latinoamericana le hacía falta este formato y estábamos en sintonía con eso. Había historias y puntos de vista que tenían que aparecer. Jamás voy a ver la autoficción como una moda. Para mí es un género hermosísimo con el que quiero seguir trabajando y sí, debiera quedarse y profundizarse.

¿Cómo llegaste al nombre de la novela?

Llegué a ese título porque c lasificaba muy bien la trama principal de la novela. Pero antes tuvo otro título, como casi todos los libros que he escrito. Me cuesta dar con el nombre final, hasta que me cae encima. Me cae una teja, como se dice popularmente.

Al ser esta tu primera novela, ¿crees que vas a seguir por este tipo de temáticas en tus próximos trabajos?

Tengo cuatro libros a medio escribir, por lo que plantearme escribir sobre las relaciones familiares, amorosas, etc. no está en mí como objetivo. No es que diga “ahora voy a hablar de las familias”. Si lo hiciera así, estaría más cerca de hacer textos más comerciales. No es interesante para mí pensar los libros así. Voy viendo con lo que me voy encontrando y en base a eso construyo, destruyo, construyo de nuevo.

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