Entrevista a la escritora Pepa Valenzuela: “Yo trato que la escritura sea un ejercicio de empatía y de cercanía con los demás”

Por Galia Bogolasky

Entrevistamos a la autora de Ciudadano Promedio libro de cuentos que ella autoeditó a partir del estallido social del 18 de octubre pasado, episodio que la hizo volver a estos cuentos que había escrito hace años pero que se volvían más contingentes que nunca. Esto fue lo que nos contó.

Entiendo que estos cuentos los escribiste mucho antes del estallido en distintas instancias, en Nueva York, otro acá, pero los reuniste y los editaste cuando ocurrió el estallido.

Si, los escribí todos mientras vivía en Estados Unidos. Al principio yo pensaba que eran historias de las Torres San Borja, como de la clase media de las Torres San Borja. Y después me fui dando cuenta de que en los cuentos había mucha frustración, mucha rabia, mucho pelea contra el sistema y cuando los terminé, los mandé a dos editoriales grandes, las editoriales me dijeron que no porque había que trabajar ciertas cosas sobre el formato, que había que reducir los cuentos, que los cuentos eran ‘modernos’, yo no tenía idea, porque yo nunca había escrito ficción, y que los cuentos modernos tienen una extensión de máximo diez páginas y que algunos cuentos míos son safadisimos, ósea tienen 40 páginas. Entonces yo dije ‘oh, ya no sé escribir cuentos’, los escondí, los guardé. Y cuando fue el estallido, de repente me acordé de los cuentos porque está toda la rabia, toda la frustración, toda esta cosa de David contra Goliat que se está viendo en la protesta y en la crisis social, está en los cuentos, están estos ciudadanos promedio, oprimidos, que no tienen pituto, que es como bien musical en realidad, como de gente que se une para tratar de hacer cosas y que ve que el municipio no los ayuda, los pacos no los ayudan, que todo está de alguna manera tejido para que tú no surjas, para obstaculizar tu vida. Entonces, esa es una constante en los cuentos, como esta idea de que el trabajo también es lo único que te da un lugar en el mundo y lo único que te da una identidad en el primer cuento de don Humberto, el administrador, que como está esta idea que nos metieron, que hay que producir, producir, producir y cuando te quitan eso, qué eres, quién eres. Esa tragicomedia de equivocaciones que vivimos todas las personas que no pertenecemos a cierta élite. Así que lo edité durante el estallido.

¿Trataste de que tuvieran que ver con un contexto social? Como me imagino que había muchos más que dejaste fuera.

Me di cuenta de que todos los cuentos, de alguna u otra manera, tenían que ver con el estallido y con los temas del estallido. Yo creo que saqué uno solo, pero no lo saqué por esa razón, lo saqué porque es una historia romántica que está basada en algo real y no quería perjudicar a la persona, no lo perjudica tampoco, pero no sé, me pareció que él estaba en otra situación y entonces podía ser conflictivo. Pero todos los demás, de alguna u otra manera, igual tocaban la tecla, hasta hay un cuento que se llama La casa oscura, que es como la invasión de inmobiliaria y constructora que dejan a la gente aislada, si tu no te quieres ir, esa casa existía ahí, y ahora vi que la demolieron, pero quedó el hoyo porque literalmente quedó entre puros edificios. Entonces también es otro tema de abuso de poder finalmente que se da en otras áreas, todas tenían que ver con lo mismo, se repite el tema.

¿Cambiaste el contenido de algunos o los mantuviste tal cual? Debido al contexto social, ¿No te dieron ganas de cambiarle cosas y actualizarlo un poco?

No, simplemente los edité. Es que fue muy loco porque ahora entiendo de que el estallido me ayudó a entender de qué se trataban mis cuentos exactamente y por qué estaba esa rabia y esa bronca contenida, y los deseos de venganza y las ganas de hacer justicia. Me di cuenta de que no era una cosa mía, porque Chile es un país súper hipócrita y muy silencioso, hasta antes del estallido. Desde hace un rato ya venía la gente haciendo protestas y pidiendo su derecho, pero en general en un país como muy conformista y muy resignado, entonces yo pensaba que lo que yo veía era una cosa mía y cómo las personas que veíamos esas cosas y las hablábamos, éramos tachadas de conflictiva, de inconformista y como amargada y no tiene que ver con la amargura, tiene que ver con la justicia. Así que ahí, cuando empezó el estallido, dije ‘Woah, no era yo no más, mucha gente está pidiendo lo mismo, sentía la misma injusticia’. A mucha gente también le habían echado a un papá del trabajo por apitutar a alguien que tenía un pituto, muchas comunidades. Chile está repleto de comunidades pidiendo por sus derechos, por temas medioambientales, por temas de conservación del barrio y no los pescan y sufren y las empresas o ciertas personas hacen lo que quieren igual. Entonces fue un alivio tremendo darme cuenta de que esa voz que estaba en el libro también existía, pero solamente estaba callada, como en el colectivo y muchas otras personas o estaba callada o cansada, porque este es un sistema tan siniestro de explotación de las personas que muchas vivían esto y tenían conciencia, pero estaban tan cansadas, de la rutina diaria, de que el poco tiempo libre que tiene la gente lo quiere pasar con su familia, desconectarse en vez de conectarse, porque conectarse igual es pasar un mal rato, pero un mal rato necesario.

¿Sentiste una urgencia en algún minuto? ¿Dijiste tengo que hacerlo luego y sacarlo rápido? ¿Pensaste que quizás iba a bajar mucho lo que estaba pasando y que necesitaba salir en el clímax del movimiento?

Sí, sí. Pensé que tenía que salir en pleno clímax del estallido. Empecé a editarlo a fines de octubre y dije esto tiene que salir antes de Navidad, sí o sí antes de que termine el año, porque tiene todo que ver con lo que está pasando. También sentía que era una manera de apoyar el movimiento, que hubiera un registro escrito desde antes. Lo que está diciendo el libro, es que esto no es nuevo, esto no es como una rabia pasajera, es algo que venía pasando desde hace mucho rato. Yo lo escribí en 2016 y tenía todas estas cosas atragantadas. Entonces quería que fuera, de alguna manera, que apoyara lo que estaba pasando.

¿Te dieron ganas de escribir un cuento nuevo para agregarlo? Mientras lo estabas editando.

En realidad, ni siquiera lo pensé, porque allá tenía mucho material, tenía muchos cuentos, en el libro hay diez, tenía estos 11, del amoroso que no salió, pero que igual tienen que ver con el tema social. Ese que salió se llama Hijos del rigor y es de una pareja que le inculcan tanto este tema de que hay que ser el mejor, ser exitoso, estudiar y ser buen profesional, que se encuentran, pero no se pueden encontrar nunca porque están tan formateados en este esquema del éxito, que como que descubren que tienen la válvula amorosa taponeada y no pueden encontrarse. Entonces igual tiene que ver, pero salió por otros motivos. Pero tenía mucho material, así que no, no pensé. Además, durante el estallido, yo estaba trabajando muchísimo, reporteando y escribiendo para el The Clinic y no tenía minutos, con suerte tuve minutos para editar el libro.

¿Tienes algún cuento favorito? ¿Algún regalón?

Si tengo, tengo mis regalones. El administrador es un cuento super regalón. A mucha gente le gusta el cuento del administrador, el personaje, el administrador como que cautiva corazones a pesar de que el viejito es mañoso e insoportable.

Es tan gruñón, si, es increíble lo que lograste, crear un personaje tan odioso y que, al mismo tiempo, fuera querible.

Además, le tengo mucho cariño, porque obviamente los cuentos están basados en experiencias reales y el administrador existió, y existió también esa belleza de que la gente del supermercado le seguía la corriente y lo hacía creer que él era el jefe, entonces, esa historia tiene un lugar especial en mi corazón, porque existió y era muy conmovedor presenciar eso, lo presencié, lo vi y compartí con él. También El resort de los mendigos, que es la novela corta del final. El resort de los mendigos estuvo escrito hace muchos años, lo escribí en 2006, pero en clave de no ficción. Entonces era la pelea real de lo que vimos los vecinos en las Torres, cuando se llenó de gente en situación de calle y el hospital de la U. Católica construía por todas partes.

¿Eso ocurrió de verdad?

Claro, ocurrió de verdad. Entonces El resort de los mendigos yo lo escribí al principio del 2006, muy crónica periodística, y después mutó a esta cosa de ficción, ya más delirante donde pasan cosas más dementes, como que lo llevé al extremo y ficcioné los personajes, todo. Pero tiene también un lugar especial, porque uno de los personajes soy yo y todos esos personajes que ficcionado y todo, igual existen y muchas de esas cosas pasaron. Había cosas que eran tan delirante y tan demente que no podía ficcionar más, en realidad decía; “¿Qué más voy a hacer aquí que contarlas tal como fueron?” Una historia tan demente que sí, esas son mis regalonas.

¿Y ahí tu ya vivías en las Torres de San Borja?

Sí, yo viví hasta los 26 años en las torres.

…Donde fue el lanzamiento del libro.

Sí, claro. En esa misma torre. Ahí viví toda mi vida, desde que nací. Por eso quería hacerlo ahí, porque tenía todo que ver con el libro, porque quería invitar a mis vecinos, porque sentía que ellos eran los protagonistas del libro, quería que ellos fueran mis invitados de honor.

¿Estaba alguno de los personajes de las historias?

Si, muchos y era muy bonito.

¿Y ellos que opinaban?

Ha sido muy bonito, porque ellos sienten que les di voz a ellos que no tienen voz. Y cuando los invitaban al lanzamiento ‘oigan voy a hacer lanzamiento del libro aquí en la azotea, en el edificio’, era como si de verdad yo los estuviera invitando al Festival de Cannes. Es maravilloso, la gente de barrio, súper sencillo, entonces como ‘voy a lanzar un libro y le decía: “¿por qué no va?” ‘en serio, y “¿qué me tengo que poner?”, “Que cosa más hermosa mijita”. Esa alegría, darles esa alegría a los vecinos a mí me pagó el libro, fue súper bonito. En general, en los lanzamientos de libros, a veces sucede que los lanzamientos son super elitista y habla Juanito Pérez, y todo es muy elevado y sofisticado, tanto que a veces la gente queda afuera. Yo quedo fuera y eso que yo he estudiado. Entonces, yo no quería eso. Yo quería que este Ciudadano Promedio fuera para los ciudadanos promedio, y todo el lanzamiento del libro fue así, fue colaborativo. Fueron las personas que están cercanas a mi corazón. Fue tan hermoso, en verdad, era como la película El gran pez, cuando él se despide toda la gente que ha sido muy importante de su vida, como todo este zoológico maravilloso, así sentí que fue el lanzamiento, como que estaba todo mi zoológico presente.

¿Cuál sientes que fue el mayor desafío de este proceso? Desde que decidiste reunir estos cuentos, elegirlos, elegir el orden…

Yo creo que el principal aprendizaje de mi libro fue entender que no era yo, que la culpa no era mía, sino que las editoriales tienen ciertos criterios, no más, pero que cuando te rechazan no significa que tu libro no valga, que no sea publicable y aprendí que hay otras vías para hacerlo y que son vías muy bonitas también, muy satisfactorias y que se puede, y que también en ese sentido había que desestructurarse. Dejar de pensar que la única manera es como una gran editorial que publique en grandes cantidades tu libro, que estén en todas las librerías. Es como ¿cuál es tu deseo de verdad? ¿publicar y que te lean? o ¿ser la escritora que está en todas partes en la vitrina? El hecho de poder mirar mi propio deseo y mi ego y distinguir que este libro era entender que mi escritura y que lo que yo hago es porque amo esto, porque amo que otros lo lean, porque amo poder compartir historias, que le pase a otras personas, cosas con esas historias que se les remueven, como las emociones, que reflexionen, con eso yo quedo feliz de la vida. Pero claro, es súper bueno que te pesque una editorial grande y yo no digo que no, que todo es muy legítimo, pero que no es lo más importante, por lo menos no es mi foco y entender eso, validarse, cómo sacarlo por mi cuenta, y aunque quizás no sea el libro que se va a ganar el Nobel de Literatura, si es un buen libro, porque conmueve y llega a las personas, la gente lo disfruta y eso para mí es el cielo. También honrar ese proceso, de nadie nace sabiendo, hay un par de genios de la humanidad que escriben y publican altiro una gran obra, pero en general no, en general uno también va aprendiendo en ese ensayo y error y también me parecía que era bonito, honrar ese proceso y sacar un libro y decir que fue rechazado, para decirle a otras personas que te rechacen no significa que tú seas malo, significa que es parte de un proceso nomás punto.

Finalmente, gracias a que te lo rechazaron, probablemente pudiste sacarlo tan rápido, porque si hubiera sido a través de una editorial se hubiera demorado meses, quizás no lo hubieras podido sacar así de rápido en el contexto de lo que estaba pasando.

Además, que las editoriales pagan el 10 por ciento de tu obra, de una obra de dos años. Entonces dije bueno, acá si vendo mi libro, voy a ganar más, que me lo publica una editorial grande.

Has vendido harto, te has movido tú ¿Cuánto has vendido?

He vendido más de 150, que igual es harto para hacer, yo imprimí 300 y tengo varias actividades más, en donde voy vendiendo todo y sé que los voy a vender. Pero eso fue muy importante para mí, darme cuenta de que lo importante no era venderlo. No era como yo consagrarme como no sé qué, no era que estuviera en todas las librerías para que yo y mi ego no sé. Lo importante para mí era que se leyera, porque eran historias que estaban escritas con mucho corazón, con mucho amor, y salió así también. Entonces fue muy bacán, muy bacán.

¿Hay algo que tú evalúas y que habrías hecho distinto?

No, pero mi mamá, que es muy crítica, que es mi editora, me dijo: “Me encantó el libro” y me doy con una roca en los dientes porque, no porque sea su hija significa que me va a decir que está bueno, para nada. Pero me dijo: “Yo hubiera cortado un poco”, que también concordaba, que algunos cuentos estaban un poco largos. El del administrador, me dijo, quizás, le faltó edición, pero también yo quería que saliera con el estallido, entonces ahí fue una cosa por la otra.

Y el último que es el de las Torres es súper largo…

Es una novela corta.

¿No te dieron ganas de hacer una novela sólo de ese cuento?

Al principio era una novela de solamente de ese cuento y pensé que podía ir separado del Ciudadano Promedio de los cuentos, pero en realidad sí tú la leís, te das cuenta de que todo tiene que ver, es el mismo tono, es la misma ridiculez, todo tiene que ver.

Pero de repente, en un minuto, era como ‘aquí va a terminar y sigue y sigue y tú, a ver ¿estoy leyendo un cuento o una novela?’ Como que te pasa eso, porque sobre todo que es el último, entonces ves que te queda un buen tramo de libro, es como que fuera como bonus track.

Es un bonus track largo, sí. Pero claro, tenía todo que ver con el tema del estallido, entonces no pude dejarlo fuera. Probablemente si no hubiera sido esa la razón, hubiera quedado como un libro aparte.

A propósito de esto y de la buena recepción que ha tenido el libro, ¿Te dieron ganas de hacer una novela sobre el estallido, sobre estas historias que tú has ido recogiendo a través de tus reportajes para The Clinic o distintas cosas entre personajes que has ido conociendo?

La verdad es que es muy loco lo que me pasa, porque siento que lo que yo escribo en el libro son temas que están en mi vida personal, más cercanos a lo que vivo, a mi cotidianeidad. Yo escribo de lo cotidiano, eso siento que escribo más libre, pero en periodismo es como tener otra vida, que también es una vida que amo, que amo mucho y todo y que me interesa mucho, pero siento que esas historias son tan potentes, tan poderosas, que lo que sí me dan ganas de repente, es compilar los reportajes que he hecho sobre temas de derechos humanos o de temas de justicia social que he hecho siempre, desde siempre, entonces, eso sí, a veces me dan ganas. Pero ahí qué tengo que inventar sobre eso, si la brutalidad de lo que sucede es tan grande que no puedo ficcionar una cosa así. La realidad pura y sola es tan brutal y tan impactante que ahí no tengo nada más que hacer que darle el espacio y mostrar la historia del otro.

Me llamó la atención también el cuento de los roller, de Los Borja Rollers que encontré notable el nombre y que tú hablaste de ese cuento en el lanzamiento.

Es muy chistoso porque ahora más grande, de repente en situaciones más elegantes, he contado eso de que me tiraba en rampa y que hacía trucos, me tiraba, y la gente se ríe, pero es verdad y me gustaba mucho. Ellos eran mis amigos del barrio, así eran todos. Yo era del barrio también. Yo lo único que quería era estar en esa pandilla, la llevaban todo el rato. Mira, si ellos eran los choros, en el barrio, yo era la choriza de mi colegio. Era muy loco, este país está tan segregado que así pasan las cosas. Pero, yo lo pasé increíble con ellos, eran la medias aventuras y además que pasé muchos años patinando, yo patino desde los cuatro años y colgué los patines como a los 26, entonces pasé mucho tiempo con los Borja Rollers y como en este mundo de los skaters, de los parques, de saltar, de juventud de barrio, esa juventud que salía a la calle, que salía a la calle a pasarlo bien y los que no andaban en algo, no andaban en bici, no andaban en patines o skate, iban al parque a conversar, a fumarse un pucho, a los videojuegos. Pero esa era la onda de las torres, esa era la diversión.

Que increíble que cada cuento es super identificable y en todos te recuerda algo, porque están contados con esa cercanía o ese lenguaje más directo que por eso también uno logra conectar tan bien, porque te hace que no te sientas tan lejano, y lo cuentas de una manera que te hace ser parte, no sentirte como ‘de qué me estás hablando’, siento que cada historia te conecta con algo.

Yo trato de escribir así, de que la escritura sea un ejercicio de empatía y de cercanía con los demás, que te lleve a mundos, que te acerque, que te los muestre, que el otro lo vea y lo viva contigo, porque hay mucha alta literatura, que es maravillosa también, pero que igual es accesible sólo para algunos, sólo para los que tienen la formación, para los que tienen cierto conocimiento del lenguaje. Cuando hice el máster, yo me encontré con este mundo por primera vez, porque yo como vengo del periodismo y me encontré con estos escritores como más cultos, más elevados, que hacían esto y yo encontraba que era increíble, pero yo no entendía muchas de las cosas que escribían y no me sentía interpelada. Yo quiero que las personas, que todas las personas puedan leerme, desde alguien muy instruido hasta también alguien que no tiene ninguna instrucción, pero quiero que lea esas historias, las viva, las disfrute y se sienta parte de ese universo. Yo creo que contar historias tiene esa misión, de ponerte en los zapatos del otro, de sumergirte en otros mundos y abrir tu corazón en ese sentido, como expandir tu comprensión hacia los demás.

Como tú haces clases de literatura, estos maravillosos talleres. ¿Qué aprendes de ti misma en este proceso? ¿Hay algo que tú recojas, como este proceso de auto publicación, sobre todo en este caso?

Con los talleres me pasa que siento que todos somos escritores potenciales, que solamente hay gente que se dedica de lleno nomás, como que de tiempo completo. Pero de verdad, honestamente. Por lo menos yo hago autobiografía y no ficción, y en ese sentido, creo que todos tenemos una historia que podría ser convertida en una novela o en una película, solamente nos faltan las herramientas para poder contarlas y creo que todos tenemos relatos y todo ese relato es válido, profundo y también hay ayuda, como a los demás, a mostrar el mundo. Cuando uno escribe es como abrir un baúl de los secretos, como un diario de vida, y cuando uno lo publica, comparte ese diario de vida y tiene la gracia y la gran gracia de hacer que los demás no se sientan tan solos, como ‘oh yo vivo esto’, eso tienen la historia en general. Entonces sí me pasa que los talleres que hago digo wow, todos tienen una novela para publicar, e incentivo mucho mis alumnos a que sigan escribiendo, a que cada uno siga su camino, trato y hay gente que es increíblemente buena y que también aliento mucho para que lo hagan. Y hay algunos casos en que los guio hacia editoriales, trato obviamente, porque es súper mezquino todo, entonces yo trato de no ser mezquina porque a veces uno, que ya ha sido autora publicada, pero así y todo llamas a alguien ‘Sabes que tengo este libro ¿tienes contacto con tal editorial o en qué editorial podría publicarlo?’ y hay gente que no te pasa el dato y está como toda esa cuestión. O estos círculos de poder también, que se publican entre los mismos y que todos son amigos y todas esas cosas. Entonces, como a mí no me gusta, trato de hacer lo contrario y de potenciar a gente que veo que tiene harto talento, porque hay gente que llega a los talleres y que tiene un talento brutal y hay gente muy buena y los demás, así como en la media, yo diría que todos con un poco más de práctica y de herramientas y en los talleres evolucionan un montón, en ocho semanas los textos, desde el primer texto a el último, es otro mundo.

¿Te pasa que sientes que hay algo que te juega un poco en contra, como periodista para escribir o que te juega a favor? ¿Hay algún elemento que sea perjudicial como escritora o algún elemento que sea un aporte?

Hay varias cosas, hay aspectos perjudiciales y otros aspectos buenos. El aspecto bueno, que lo converso mucho con una amiga escritora y periodista colombiana, es que los periodistas somos rápidos y como estamos acostumbrados a escribir contra el tiempo y a despachar y no tener excusas para no despachar, somos muy productivos. Entonces le echamos para adelante, escribimos, escribimos, escribimos, escribimos y de repente no está tan bueno una cosa, no importa, pero igual seguimos escribiendo. Lo que yo vi de mis colegas escritores, que vienen del lado de la literatura o de la pedagogía, son más lentos, se cabecean mucho, son muy autoexigentes, sufren mucho en el proceso de la escritura, como en una carilla, pueden pasar un mes y yo no concibo la idea de pasar un mes en una carilla. Yo puedo escribir una enciclopedia en un mes. Entonces soy productiva, eso es bueno. Lo malo también es eso. También que el tono como reporteril el reportaje tiene un cierto tono, una técnica, y eso a veces también se traspasa como a los otros textos, a pesar de que uno quiera probar otros tonos. Precisamente la rapidez puede ser buena en algunos aspectos, pero también te juega en contra, porque claro, los cuentos o las novelas tienen otros ritmos, otros tiempos, y hay que también reposar, detenerse y hacer silencio, mirarlos más, ser más prolijas. Los periodistas no somos tan prolijos porque hacemos las cosas contra el tiempo. Entonces he aprendido a ser más prolija y a ser más lenta en general, en la vida, estoy tratando de ser más lenta, de detenerme más. Es súper importante, una es muy atarantada, los periodistas somos muy atarantados, ansiosos también.

Todas estas historias que cuentas, son historias que te terminan involucrando de alguna manera, por algo sabes tanto también de estos personajes. Sé que eso también es un aspecto periodístico de cómo involucrarse y querer saber, saber, saber, pero ¿Qué hace que te involucres así con las historias de las personas? o ¿Por qué tienes esa necesidad o interés?

No sé, yo creo que tengo una chapulina colorada dentro mío que la he ido aplacando con el tiempo y no porque no quiera justicia, pero que la he ido domesticando. No sé, porque tengo empatía, me vínculo con la gente, establezco vínculos, me importa, me preocupa, me da pena cuando a la gente le pasan cosas pencas, me entristecía mucho lo que pasaba en mi barrio cuando estaba la escoba, porque veía que mis vecinos pagaban su contribución, eran viejitas y que le había costado un montón su casa y ver su barrio deteriorado, que venía al hospital y construía por todos lados sin pedir permiso. Como todas esas injusticias… Al principio a esta Chapulina Colorada le daba mucha rabia y le daba muchas ganas de hacer justicia, por supuesto, entonces por eso siempre terminó muy involucrada en las causas. Estoy entre Chapulína y Aló Elí, como esa vocación de escuchar el drama ajeno y tratar de encontrarle una solución o de ayudar, de tender una mano, que creo que no está mal, creo que es súper bueno y creo que lo que está pasando ahora en el estallido es maravilloso que la gente esté despertándose al otro, esté siendo sensible al otro y se estén uniendo para llevar adelante causas y yo creo que el problema es la rabia, porque la rabia es una contaminación netamente para ti, no para los demás. Por muy injusto y por muy tremendo que sea lo que está pasando por fuera, uno tiene que aprender a dominarse para que esa rabia no te contamine y no operar desde ahí, porque al final no importa cuán justa sea tu causa, si tu operas desde la rabia también, te estás convirtiendo en lo mismo que desprecias o eso que desprecias está ganándote la batalla, que es lograr sacarte de quicio, lograr que pierdas tu centro. Entonces esa Chapulina la estoy aprendiendo a domesticar en ese sentido, como a tratar de ayudar a las personas o a involucrarme en estas causas que igual me sigo involucrando porque es parte de mí. Traté, te juró que hice mi mejor intento por decir ‘esta vez voy, yo soy zen y no voy a participar, siento mucho lo que está pasando, pero voy a orar, voy a orar porque esta situación se mejore y meditar y mandar luz’, pero me di cuenta de que la inacción tampoco es una respuesta, menos en mi caso, que he sido siempre súper activista y súper movida, pero entendí que cuando me muevo tengo que operar desde el amor, operar desde el cariño que le tengo a las personas afectadas, desde esa empatía, pero no desde la rabia contra lo que me parece que está mal y esa distinción me ha ayudado un montón, a hacerme la vida más amena a mí también, a lidiar mejor con en el día a día, porque cuando te enojas y estás todo el día enojada y si empiezas a mirar todo lo que funciona mal en este mundo, terminas envenenada. Entonces la idea es buscar un mundo mejor, pero no luchar por un mundo mejor.

¿Sientes que es como terapéutico para ti este proceso?

Totalmente, todo muy terapéutico, todo muy pachamamico.

La escritura es un proceso súper solitario… ¿Cómo conectas? Porque es una mezcla super interesante que todas tus historias tienen que ver con personas que conoces, que te involucras, que son relaciones humanas, pero a la vez te tienes que aislar para escribir, porque a diferencia del proceso periodístico que contabas tú, que estas todo el rato reporteando y hablando con la gente y escribes super rápido, pero esto imagino que tienes que enclaustrarte un poco y aislarte de todo lo que está viviendo el entorno para escribir ¿Cómo es para ti ese momento de aislarte y concentrarte en tu escritura?

Me aíslo, si me aíslo y me encanta. Me encanta como en esos momentos de soledad y de escritura. El máster fue fundamental porque fue irse lejos solamente a escribir. Entonces ahí escribí como periodista productiva, escribí no solo este libro, escribí un diario de crónica Nueva York puertas adentro escribí este libro, escribí uno de poesía entonces hice un montón de cosas y me sirvió mucho y ahora trato de combinar. El periodismo me ayuda a salir, salir a la calle, ver humanos, contar historias. Pero después vuelvo a escribir, menos mal vivo sola y ahí no tengo distracciones, pero también salgo a cafés, para ver también gente, pero si, es un proceso súper solitario y poco comprendido, en general. Por eso tengo varios amigos que escriben también y los que no, para el tema de la pareja, ha sido bien nefasto porque exige, demanda tiempo, demanda atención y cómo aislarse o querer estar sola, el silencio también es una cosa que pareciera muy lujosa en estos tiempos.

Todos estos cuentos que escribiste en Nueva York, son historias que pasaban acá.

Sí, pero me dio la perspectiva. Entonces ahí, al momento de irme, pude verlo como un musical, como todo esto, como que le pude encontrar la gracia, cuando uno está a veces muy involucrado en la historia, no te parecen tan graciosas.

¿Cómo pasas de ese género? A pesar de que Ciudadano Promedio es un drama social, igual tiene harto humor.

Tiene mucho humor, sí.

¿El libro Papito Corazón también tenía humor? ¿Sientes que cambiaste un poco de tono?

Hay mucho humor también en el de mi papá, mucho, mucho humor, porque mi papá era un personaje muy curioso, pero muy en su curiosidad, muy chistoso, muy extravagante. Entonces sí, menos mal a mí me encanta el humor, porque encuentro que es una tremenda herramienta que me regalaron en mi casa, era como el circo que teníamos ahí y además yo tuve una nana que era maravillosa y que tenía un sentido del humor exquisito y muy ordinario, por lo demás. Entonces ella me ayudó a mirar el mundo y entender que, de los peores dramas, uno se podía reír de ellos. Como en situaciones súper dramáticas en la infancia, la separación de mis papás, ella me contaba unas versiones y después se reía de los personajes, entonces eso me relajaba a mí y me hacía reírme de todo este drama y esa es una herramienta maravillosa porque siento que no hay cosa de la cual uno no se pueda reír y descomprime, así que si, tiene harto humor. Es que hay que reírse, si no nos reímos, nos vamos a morir envenenados, te digo. Lo que está pasando ahora en Chile y todas las cosas que se ven, los abusos, son cosas que son tan grotescas que no hay otra que reírse, porque es tragicómico. Así yo no podría imaginar mejor novela. Si yo escribo una novela sobre un presidente que establece normas, contra todo, pero él comete delitos y tiene una policía que le hace caso en todo y que le dispara en la cara a la gente, eso es insólito, es insólito que casi todos los representantes de nuestro país tienen casi todos como una yaya, que casi todos tienen conflictos de interés y es tan ridículo que no queda otra cosa que la risa.

¿De qué se va a tratar tu próximo proyecto literario?

Tengo unos que están listos y que espero que se publiquen, ojalá este año. Tengo este libro de poesía que hice a mano, que es un libro objeto sobre la historia de las mujeres de mi familia, muy bonito porque lo hice a mano, está todo hecho a mano, es una caja, es un objeto único que se llama Red. Es la historia de mi mamá. Mi mamá supo a los 40 años que era adoptada y entendió muchas cosas de su vida y que tiene una gemela, una gemela que todavía no conoce. Entonces Red cuenta esa historia sobre el origen, las cosas que sabemos, lo que nos contaron, lo que no nos contaron, las cosas que imaginamos, las que suponemos. Y tengo ahora el diario de Nueva York y el diario de regreso a Chile, que son súper íntimos, son también no ficción. Voy a ver ahora, estoy viéndolo con las editoriales más sensibles, como con el tema femenino, y que tienen unas ediciones muy bonitas, muy delicadas, vamos a ver con cuál sale. Ojalá salgan los dos diarios o por lo menos quiero que salga uno de esos. Y ahora quiero escribir una novela basada en la historia de mi nana, pero ya en clave totalmente de ficción, creo que parte de ahí de una relación entre una nana y una niña y de ahí novelarl

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