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lunes, septiembre 26, 2022

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Entrevista a la protagonista de «Molly Bloom» Gaby Hernández: “Siempre es maravilloso estar arriba del escenario y con este personaje que siempre amé”

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Por Galia Bogolasky

La obra es basada en el capítulo final del Ulises de James Joyce, la versión chilena de Molly Bloom, creada por la dupla conformada por la actriz Viviane de Muynck y el director Jan Lauwers (Bélgica). En esta puesta en escena, inspirada en Penélope, Gabriela Hernández hace gloria de su carrera y experiencia actoral, en 80 minutos de un monólogo que refuerza la necesidad de igualdad y libertad sexual para las mujeres.

La Molly Bloom chilena conmovió al público con la historia de una mujer mayor durante una noche de insomnio y reflexión que busca reavivar la relación con su marido, encontrándose con interlocutores imaginarios como su amante, su primer amor y el hombre de sus sueños, quienes van presentándole nuevos caminos de descubrimiento personal, con todas sus complejidades y deseos, los que muchas veces tuvo que reprimir.

Esto fue lo que la destacada actriz chilena nos contó acerca de este gran monólogo coproducido por Teatro UC y Fundación Teatro a Mil.

¿Cómo fue para ti hacer este monólogo, realizar este personaje Molly Bloom que es un extracto del último capítulo Ulises de James Joyce?

Fue una cosa increíble. Desde los 17 años que lo leí con Adriana Hoffman, que nos leímos, no todo el Ulises, pero los capítulos que entendíamos sí. Ese último capítulo que es Penélope, pero es el monólogo de Molly Bloom. Yo a los 16 años ya había decidido ser actriz, yo le dije a la Adriana esto lo tengo que hacer algún día en teatro. Molly Bloom tiene como treinta y tantos años, se me pasó la época. Incluso cuando vivía en España le dije a Jorge Díaz, autor nacional, Premio nacional de teatro, (El cepillo de dientes) que hiciéramos una versión. Se nos fue pasando el tiempo, hizo la versión una catalana, bastante bien, pero muy realista con cama, con Leopold Bloom durmiendo a los pies de la cama, etc. Todo era muy realista. Se pasó el tiempo y a mediados del año pasado me llama Carmen Romero y me dice que fui elegida, mandó varios datos y lo que fuera. Jan Lauwers el director belga, me dice que fui elegida para hacer Molly Bloom, yo le digo: “¿Cómo que Molly Bloom?, si ya se me pasó la época”. “No” me dijo que Jan Lauwers lo hace con Viviane de Muynck, que es una gran actriz belga conocida en toda Europa y lo hace como una mujer mayor, que recuerdasu vida. No es exactamente en el día, el 16 de junio que es cuando sucede todo Ulises, que es la novela. Después de todo eso, ella rememora su infancia, sus hombres, su adolescencia, su vida en Gibraltar. Le gusta mucho hacerlo con unas actrices más grandes, mayores, porque le da una visión más profunda al asunto, en cuanto a la lucha feminista y en cuanto a lo Me Too y todo lo que sucedió ahora, entonces yo feliz. Se me hizo un sueño en realidad. Así que a los 83 años hice Molly Bloom, que quería hacerlo de los 17.

Cuando haces esa introducción al principio, que este es un texto muy antiguo y es interesante ese contexto, porque uno podría pensar que es totalmente actual. ¿Cómo fue para ti manejar ese texto con el desafió actoral y con el peso dramático de ese monólogo?

Tuve una ayuda impresionante, tanto de Jan Lauwers, como de Viviane de Muynck, que lo vino hacer también aquí, cuatro funciones extraordinarias. Hacemos dos Molly Bloom muy diferentes y eso mismo lo dijo Jan en su momento. La ayuda de ellos, como toda gente que vale, son súper generosos, súper sencillos, súper agradables de estar con ellos, con humor. Soy muy mayor y he conocido harta gente importante para la humanidad, para cada país y para mí. Siempre coincide que es gente más sencilla, que otra que se cree el cuento y más generosa, más simpática y tengo más empatía con ellos. Ellos te facilitan la empatía y uno también empatiza más con la gente que no es soberbia, que sabe lo que vale sin tener que demostrarlo con actitudes superfluas. Lo pasé muy bien y ayudaron muchísimo. Ya había vuelto a leer Ulises varias veces, varios capítulos, entonces yo incluso tenía ideas un poco nuevas al respecto, en el sentido que ellos habían hecho, bueno Jan lo dice en una entrevista que tuve en La Panera. Dice que yo hago una Molly diferente y que le gustó mucho esta Molly, porque ellos nunca habían pensado que Molly Bloom es mitad gitana. Ellos la veían como el epítome de la mujer irlandesa. Yo le dije: “¿Por qué la ven así?”. Yo lo latino que tengo que soy mitad española, no lo voy a ocultar le dije, ella era hija del capitán Bloom y de Lunita Laredo, en la novela. Una gitana que le hizo una hija, este señor se la dejó ahí con él y no se sabe si murió, si se largó. Ella bailaba en un Tablao. Entonces por qué tengo que hacerme la gringa, si Molly Bloom es mitad gitana y mitad irlandesa, de físico muy irlandés, pero de alma gitana y libre total. Ellos habían leído mucho, como que no lo habían tomado muy en serio y yo siempre me lo tomé en serio. Uno lo que hereda no lo roba. Esta mujer es mitad gitana. No lo digo en la introducción porque tendría que contar la novela entera, que no diga que esta irlandesa es demasiado latina, porque es mitad latina.

Molly Bloom es súper expresiva, muy abierta, hay otras culturas que son mucho más reservadas. 

Tiene esa cosa de “copuchentear” de la gente del pueblo. Yo me la imagino medio como las españolas de pueblo. Yo viví mucho un España y esas españolas un poco de pueblo “que mira fulanita lo que haces” y se dice que la mujer de Joyce, en la cual está inspirada Molly Bloom, Nora, ella no era muy educada, había querido ser cantante de lírica, pero cantaba en la iglesia y los amigos de Joyce la despreciaban un poco. El se entretenía mucho, porque ella hacía comentarios de todo y de todos. Era como la señora de pueblo española, que están en la ventana o tejiendo afuera en su puerta y ven pasar a todo el mundo y saben la vida de todos. Eso me encantaba de ellos, una mujer con los pies en la tierra, muy sensual y al mismo tiempo con una sensibilidad que es la que tiene Joyce y esa mezcla de obscenidad, sexualidad y poesía que tiene, que, a mí, a los 17 años me marcó. Decía como se puede hablar de sexo tan poco delicadamente y al mismo tiempo hacerte esas imágenes de Gibraltar, de las flores y de esa maravilla que es la naturaleza. A mí me marcó para siempre.

Que maravilloso debe ser para ti en esta instancia estar interpretando a este personaje.

Siempre es maravilloso estar arriba del escenario y con este personaje que siempre amé, con una dirección y con una ayuda de ellos dos que amé y que los amo, para mí ha sido un regalo del cielo.

¿Cómo fue para ti interpretar un personaje que habla de esta manera y que demuestra que tienes que ser súper vulnerable, y hablar con ese desparpajo, entre esa sensualidad y sexualidad? Es un lenguaje poético y muy complejo.

Yo tengo que confesarte que soy un poco así. Yo soy muy de hablar francamente, vivimos en España, donde las mujeres hablan de todo entre ellas y con los hombres también. Aquí no, aquí el sexo es una cosa íntima, yo jamás hablo de mis relaciones, “no, es que Gaby eso es tan íntimo”. En España cuando era más joven, sales con alguien y te preguntan: ¿Cómo fue?, ¿cómo era? y ¿cómo lo hacía? Es una conversación sobre salir a cenar y que comiste, como estaba, no hay esa conversación, que el sexo es tan íntimo para hablarlo, pero está bien, para qué estamos con cosas. Yo lo noté, yo no tengo tanta experiencia aquí en Chile sexualmente, de verdad. Generalmente mis parejas han sido todas extranjeras, pero yo he tenido siempre libertad para hablar, para conversar con mis parejas, con mis amigas, no con todas, porque aquí es muy con algunas sí. En España se habla abiertamente y los hombres también. “No me gustó esta chica porque fíjate que tal y tal”. Es una cosa más normal. Es que aquí es la cartuchería lo que hace que sea tan íntimo y tan delicado y en el fondo sabes que no es así. El sexo puede ser así y puede ser de mil maneras más, pero aquí tiene que ser, llega a ser fome. Sobre todo, en este tema y conmigo eso no va, nunca fue. Tengo mucha franqueza para hablar, me gusta hablar de estos temas. Ya estoy en una edad en la que no hay mucho que hablar, pero con la que me gustaba compartir, comparar y que me aconseje y aconsejar, etc. Hoy el sexo es tan importante. Tanto que hablan de cocina, tanto que hablan de vinos y ¿el sexo? Si eres experto en vino, fantástico, la que cocina bien o el que cocina bien, te da lecciones de cocina, ¿pero de sexo? Dime que no es una parte importantísima de la vida, conversarlo con la gente que quieres, con las que tienes confianza.

¿Cómo fue para ti interpretar este personaje? Es un monólogo y le hables a la silla; a estos tres hombres, pareja, amante, el hombre de la imaginación, en el escenario, en un diálogo con estos personajes, pero estando sola.

Me gusta mucho, no es el primer monólogo que hago. En España hice uno que escribió Jorge Diaz que se hizo aquí en Chile, pero en una época que yo no vivía acá, que se llamaba Ligeros de equipaje, que era un monólogo muy lindo. También hablaba con distintos personajes, como un monólogo, generalmente el monólogo, al recordar algo como que lo revives, entonces, aunque no esté el actor, presente, o la persona o el personaje, la gente sabe que realmente, en tu mente, estás hablando con ellos. Eso la gente lo entiende. En ese monólogo que hice en Madrid, tuve muy buenas críticas en “El País” y en “Cambio 16” en esa época, ganamos premios de la crítica en un festival de teatro en Sitges, que había compañía de 40 países y ganamos, un segundo premio Jorge Díaz y yo. Me gustó mucho hacer un monólogo. No es un Stand up Comedy, me encantan los Stand up comedy, las buenas “standaperas” y “standaperos” me encantan. Los españoles sobre todo me encantan. Un stand up comedy tiene una profundidad, una proyección de hace 100 años, etc, pero a ratos ella es una “standapera”. A ratos se va para dentro, a ratos recuerda cosas tristes, a ratos se deshace de todo eso y piensa en el futuro. “Me tienen harta todos estos, quiero uno nuevo” y me encanta hacerlo. Yo encuentro que es un alma gemela mía desde siempre, porque yo siempre fui muy libre, igual que Molly, de espíritu libre y nunca me encadené, ni me encadenaré. Puedo tener relaciones largas, todo lo que tu quieras, mientras dure la cosa, después no me gusta alargar las cosas que ya no son tan lindas como al principio, no me interesa.

¿Crees que es una obra feminista?

Totalmente. Ella es loca por los hombres, pero solo en el sentido sexual, porque los conoce de ida y de vuelta. Sabe que esa sexualidad también se termina, con la edad. El hecho está que su marido, que la volvió loca a lo largo de un tiempo, ya no sirve para nada y tiene que buscar otro hombre para eso. Separa la sexualidad del amor. Cuando coinciden perfecto, coinciden por un tiempo. Mira yo he tenido relaciones de 17 años, de 15 años, no soy una veleta, pero también las he tenido de una noche, de una semana, de unas vacaciones. No soy una persona convencional en ese sentido. Vengo de una familia súper convencional, mi padre y mi madre estuvieron juntos toda la vida y muy felices. Ni siquiera discutían y ni siquiera ella era muy dominada, se ponían de acuerdo y a veces cuando tenía razón mi padre, se hacía lo de mi padre y a veces menos, cuando tenía razón mi madre, que era un poco más convencional, se hacía lo que decía mi madre. Pero yo nací así, nunca pensé en un matrimonio para toda la vida. Yo encuentro que las cosas tienen un ciclo y punto.

Sobre la visión de James Joyce de la mujer ¿Cómo lo ves tu? Yo hubiese pensado que la autora era una mujer.

Por supuesto en esa época, ella lo dice al final en el monólogo por eso me gustaba, porque vi que sentía o entendía lo que era ser mujer. Después se puso seguramente medio dominante, etc. pero cuando era joven yo creo, ellos tuvieron un matrimonio para siempre. Se eran infiel el uno al otro al igual que Molly con Leopold, que eran infieles el uno con el otro. Cuando la cosa había pasado, el fuego, que duró 20 años. Las cosas se van templando, enfriando o aburriendo, tiene su ciclo. Los que son capaces de remendar ese ciclo, de los que duran toda la vida y bien, como dije que eran mis padres, riéndose, jugando canasta en la noche, los oía cantar escuchando la radio, jugando canasta en la cama, tenían una cosa especial para jugar. Los vi felices siempre, con sus penas y cosas por cuestiones de dinero, no éramos tan boyantes, ni mucho menos. Vi una pareja feliz y ni así estuvo entre mis deseos tener una pareja por toda la vida.

¿Te ves actuando toda la vida? ¿Te imaginas bajándote del escenario en algún momento?

Si ya no tengo memoria y soy un cacho para un director o para mis compañeros. Cuando ven que uno va perdiendo facultades, que todos las perdemos, ya la gente deja de llamarte, lo encuentro algo absolutamente normal y natural. Mientras tenga la capacidad de memoria, física, mentalmente y sentimentalmente, que no me ponga tan dura o tan arteriosclerótica, que ya no entienda el problema que tienen los personajes, por supuesto que hay que retirarse, pero mientras no me suceda eso, me gusta tanto estar arriba de un escenario. El contacto, el llevar un mensaje y sentir que la gente lo está escuchando, que lo está entendiendo, que lo está gozando, que le está cambiando un poco la mente por lo que dice el autor y porque tú lo sabes representar de una forma que la gente entiende lo que quería decir el autor. Lo principal es el autor, el director y los actores. Un buen director, un buen texto, un buen elenco, es lo ideal y si falla uno no importa porque los otros dos todavía, sea cual sea la combinación, funciona. Un buen texto es esencial.

¿Cómo fue el trabajo con Jan Lauwers? ¿Fue a distancia, como fue el proceso?

Empezamos por Zoom, no tanto con Jan, porque estaba muy ocupado. Empecé por Zoom con la ayuda de Sofía Solís, y todos hablábamos en inglés, por suerte también hablo inglés. Ellos son flamencos, pero hablan inglés, francés y holandés. Empezamos Sofía y yo, nos llevábamos muy bien, empezábamos a leer y es una chica jovencita, pero con una inteligencia y una sensibilidad, que me ayudó muchísimo. Cuando empezamos con Viviane, por Zoom, ya teníamos preparadito bastante y nos dijo “muy bien”. Después apareció Jan un par de veces en el Zoom también dijo “parece que va bien”. Ellos llegaron en diciembre a Santiago, porque aquí lo hizo Viviane y Jan se quedó hasta mi estreno y por eso es que con Jan y con ella descubrimos todo esto que yo hablo de que podía haber una Molly diferente, no tan nórdica, además mi forma de moverme era totalmente diferente, porque Viviane es más joven que yo, pero es una mujer grande, gruesa, con dificultades para moverse. Eran dos Molly totalmente diferentes y eso le encantó a Jan porque no se aburrió, por mi propia persona, por mi propio físico o por mi propio enfoque de esta mujer, hija de gitana y de irlandés. Él me puso por los cielos en entrevista con “La Panera” me dijo que yo había descubierto otra Molly luminosa, etc. Estaba muy contento por haber hecho dos versiones y es un director estupendo. Yo soy muy buena para ensayar, yo no me canso, me canso aspirando con la aspiradora, pero puedo ensayar cuatro horas seguidas y no me canso. Fue genial porque teníamos el mismo entusiasmo, el por estar haciendo una nueva Molly, yo por estar haciendo con el Molly, ensayábamos como malos de la cabeza, no nos paraba nadie, nos tenían que echar.

Me imagino que debería haber sido muy bonito.

Maravilloso. Un regalo a los ochenta y tantos años.

¿Qué les dirías a la gente para invitarlas a ver la obra?

Que se apuren porque quedan solamente dos días. Miércoles y jueves a las 20:30 en el Teatro de la Católica, en la Plaza Nuñoa, Jorge Washington 65. No se van arrepentir de verla, tienen que ir con la mentalidad abierta, porque es un poquito fuerte, pero fue escrita hace 100 años, porque siempre ha habido mujeres liberales que han liderado la apertura de mente, la igualdad entre el hombre y mujer, no la superioridad. Me carga decir mujer “empoderada”, no se trata de poder, se trata de igualdad. Vayan a vernos, porque terminamos porque el 16 es feriado y la gente del teatro también tiene que descansar, la boletera, el portero, el administrador. Ha estado cada día más lleno porque se ha corrido la voz y fueron de la Embajada de Irlanda, el embajador y me regaló un ramo de flores. Estaban encantados con el montaje y hablamos sobre Molly Bloom, yo le dije lo de Molly Bloom más latina y estaban totalmente de acuerdo. La mitad del teatro eran irlandeses el otro día, desde la embajada, de la comunidad irlandesa. Así que a todos les ha gustado, a mis compañeros actores y actrices que han ido a verme le ha gustado mucho el texto, la dirección, la actuación, está bien dado. Creo que James Joyce no se avergonzaría.

Ficha artística

Título: Molly Bloom

Producción: Needcompany

Concepto y dirección: Jan Lawers y Viviane de Muynck

Elenco: Gaby Hernández

Asistente de dirección: Sofía Solís

Coproducción: Fundación Teatro a Mil – Teatro UC.

Coordenadas

Del 31 de agosto al 15 de septiembre, miércoles a sábado, 20.30h en Teatro UC (Jorge Washington 26, Ñuñoa).

Entradas en boletería del teatro y en Ticketplus.cl

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