Por Galia Bogolasky
Entrevistamos al director Luis Ureta y a la protagonista Claudia Cabezas, de Espectros, la adaptación del dramaturgo británico Gary Owen que reformula el clásico de Henrik Ibsen para revelar cómo los secretos familiares, las herencias invisibles y las estructuras de poder siguen resonando en el presente. El elenco lo completan Guilherme Sepúlveda, Tito Bustamante, Ignacia Sepúlveda y Nicolás Alaluf.
Helena está a punto de inaugurar un hospital construido gracias a la fortuna de su difunto esposo, un hombre admirado por toda la comunidad. Pero la llegada de su hijo Oz y de un antiguo amigo hará emerger una verdad capaz de derrumbar la imagen de una familia aparentemente ejemplar. Así comienza Espectros, la nueva producción del Centro para las Artes Zoco, basada en la célebre obra que Henrik Ibsen escribió en 1881 y que cambió para siempre la historia del teatro. Considerada uno de los grandes pilares del drama moderno, la pieza escandalizó a la sociedad de su época por abordar temas entonces impensables sobre la familia, la moral y las apariencias.
Casi siglo y medio después, el dramaturgo británico Gary Owen recuperó ese mismo texto para escribir una versión profundamente contemporánea. En lugar de reproducir el contexto victoriano, trasladó el conflicto al presente: el orfanato se convierte en un hospital, la enfermedad venérea desaparece y los antiguos tabúes ceden su lugar a preguntas sobre la violencia de género, el abuso de poder, el consentimiento, la memoria y las huellas invisibles que una familia transmite de generación en generación.
Esto fue lo que Claudia Cabezas y Luis Ureta nos contaron acerca de Espectros
Luis ¿Cómo surgió Espectros, esta obra clásica de Ibsen? ¿Te convocó Teatro Zoco? o ¿Tú llegaste con la propuesta?
Luis Ureta: En mi caso, fue Pablo Halpern quien me propuso el texto. Luego de una aprehensión inicial que tuve, porque esta obra la estudié en la universidad, en los años 90 la obra fue analizada a la luz de la influencia de la penicilina. Esta obra se escribe antes de la penicilina y, con esa innovación que hoy suena muy antigua, el tema de la sífilis, que está en el origen y en el ADN de la obra original, perdía, de alguna manera, vigencia a la luz de lo que ocurrió en el siglo XX y, más todavía, en el XXI. Pero esta adaptación deja al margen la cuestión meramente biológica y se concentra en aspectos de orden moral y ético. Por otro lado, se preocupa de las cuestiones culturales que hoy afectan nuestra convivencia, como las redes sociales y cómo una noticia puede significar el asesinato de imagen de alguien. Eso está presente también en el texto. Ambas cosas me parecieron muy lúcidas y, por otro lado, el humor que está transversalmente recorriendo la obra me resultó también muy estimulante.
Claudia ¿Cómo llegaste a integrarte al elenco?
Claudia Cabezas: En mi caso, me invitaron del Teatro Zoco a actuar este texto, que yo conocía de la Escuela de Teatro. Lo estudiamos con Fernando González, que era mi profesor de realismo en ese momento. La verdad, no lo recordaba tanto, porque fue hace tantos años, pero sí recuerdo que era un material que se respetaba mucho en el teatro. Es Ibsen, y eso me pareció muy atractivo. Luego de leer esta versión me gustó mucho, en realidad. Me gustó mucho el sentido del humor y los temas que atraviesa. Luego, saber que estaba Luis (Ureta), con quien nunca había trabajado y a quien conozco hace muchos años, del teatro, también fue atractivo. Nos reconocemos siempre como trabajadores del teatro y también me pareció interesante el elenco: trabajar con Guilherme (Sepúlveda), con quien somos muy amigos hace muchos años; a Tito (Bustamante) lo conocía y a los chicos los conocí ahora. Fue una invitación que me interesó mucho y me pareció muy desafiante también hacerme cargo de este personaje, Elena. Esta es una obra que se estudia mucho, es parte de la historia del teatro mundial y me sigue pareciendo atractivo el desafío, porque con Luis hablamos de que todavía vamos descubriendo todo lo que esta obra contiene. Tiene muchas aristas y es muy interesante seguir descubriéndolas mientras actuamos la obra. Juntos vamos avanzando con Luis, y él siempre va dando nuevos comentarios que me abren nuevas posibilidades de entender este material.
Entiendo que la obra original era mucho más metafórica y que esta versión me pareció más literal, más realista. No sé si también está en la línea del teatro que hace Zoco. Zoco hace muchas obras más realistas y algunas contemporáneas. Esta es, creo, la más antigua que ha hecho Zoco. Entonces quería preguntarles por esta adaptación de Gary Owen ¿Efectivamente es una versión más realista que la original? ¿Qué tan diferente es de la original?
L.U: Desde el punto de vista de la construcción de personajes y del planteamiento de situaciones, es tan realista como la obra original, diría yo. Quizás hay en algunos comentarios incluso cierto naturalismo, comentarios al pasar que tienen que ver con el lenguaje cotidiano o que uno observa en el cine. Entonces, Ibsen más adelante, con Perllin, ya está en un nivel más simbólico, pero esta obra se escribe dos años después de Casa de Muñecas, por lo tanto, está en la misma tesitura del realismo clásico de Ibsen. Probablemente elementos simbólicos como la luz o el sol que aparece al final del monólogo de Oswald en la obra original puedan entenderse en clave simbólica, pero la verdad es que Ibsen también incorpora símbolos desde obras más tempranas. Es decir, cuando aparece una lámpara que se enciende, uno entiende que algo se va a revelar, que la luz va a aparecer desde el punto de vista de la verdad oculta. Pero eso Ibsen lo maneja muy sabiamente bajo el velo del realismo. Esa es mi interpretación, al menos.
C.C: Yo volví a la original, leí esta versión y me puse a estudiar de nuevo Espectros, la original, y me sorprendió que no es tan distinta. Yo diría que el 80 % de la obra de Ibsen está en esta versión, porque incluso cuando Gary Owen hace estos cambios paralelos, los personajes siguen manteniendo, creo yo, su espíritu principal, su esencia. El personaje de Anderson, por ejemplo, para mí mantiene los cimientos del pastor Manders; el padre y Regina también siguen siendo el espíritu específico de los personajes. También es lindo lo que dice Luis, lo de la idea de la luz que da mucha vuelta en Elena, como esta luz de la vela ilumina la oscuridad, como la búsqueda de luz que tiene el personaje en esta oscuridad que habita. Entonces, creo que Gary Owen fue muy delicado y sensible al hacer esta adaptación, porque mantiene la poesía que tiene Ibsen, la belleza del texto original, pero logra ponerlo en un contexto contemporáneo y contingente de una manera muy inteligente. Ya no está la sífilis, pero está la enfermedad mental, esta enfermedad muy moderna: la depresión que le come la cabeza a Osvaldo. Entonces, si uno lo piensa, están los mismos gérmenes de la obra de Ibsen, que se escribió hace 145 años. Esa es la belleza de los clásicos también: que perduran en el tiempo por la profundidad y la inteligencia con que se tocan los temas.
Tu personaje, Elena, es una mujer muy intensa. Me imagino que el personaje ha sido muy duro de interpretar ¿Cómo fue interpretar a esta mujer, que es muy dura y poderosa, con mucho carácter, que tiene que lidiar con muchos temas y una gran carga sobre ella? ¿Cómo fue lidiar con ese peso dramático? Además, la obra dura prácticamente dos horas y ella carga con esa responsabilidad durante gran parte de la obra. ¿Cómo enfrentaste ese desafío?
C.C: Fue desafiante. En realidad, desde que lo leí sabía que es un personaje muy complejo, que no tiene una sola línea, y lo fuimos descubriendo con Luis también. Él me guió mucho en cómo ir descubriendo físicamente cómo transitar este lugar, a través del ritmo y la velocidad que tiene. No hay tanta antropología: es una mujer que está resolviendo rápido. El texto está muy bien escrito también. Naturalmente, uno se va encontrando con las situaciones y hay que resolverlas, y es lo que hace Elena. La situación está tan bien escrita que te lleva y te hace viajar por la obra. Fue muy natural, orgánico. Me entregué mucho al trabajo físico y al trabajo vocal, a llegar a esa altura también, y creo que fue una manera de acceder sin pensarlo tanto. También es una virtud del texto, que te permite viajar por ahí. Está el diálogo que tengo con mis compañeros, sobre todo con Guilherme, con quien más estoy en escena. Fue muy entretenido descubrir en este ritmo la manera de abordar, desde la dirección, la obra, que es muy animal y muy bestial también. Creo que desde ahí nace el personaje. Desde esta reacción, para mí es muy animal también. Me parece una bestia, intentando salvarse, resolver y transitar por todas estas cosas terribles que le pasan. Creo que el humor también ayuda mucho a la obra. Este sentido del humor tan bruto, y creo que eso es muy inglés también. El humor inglés; yo veo muchas series inglesas y tienen una cosa bastante oscura. Creo que eso me ayudó mucho a transitar por este personaje.
Luis, quería preguntarte también por la puesta en escena. La escenografía es muy realista, pero además muy contemporánea, con una casa muy lujosa. Encontré realmente hermosa la puesta en escena, desde la luz hasta la textura, la escenografía, este fondo con este paisaje lúgubre, pero además muy moderno todo. El vestuario, todo está muy bien pensado. ¿Cómo pensaron todos estos elementos teniendo en cuenta lo clásico de la obra? La puesta en escena; la luz, la escenografía, el vestuario y la utilería. Todo parece tener un sentido. Cuéntame un poco cómo fue pensada esa propuesta.
L.U: Diría que desde un comienzo las cosas fueron siendo utilizadas. No le dimos mucho espacio al análisis racional, sino que, luego de una primera semana en donde discutimos respecto de los personajes y cómo nos aproximábamos a ellos, rápidamente empezamos a explorar escénicamente. Claudia siempre estuvo con zapatos con una altura y los objetos que manipulaban estaban ahí. En ese sentido, el teatro y la asistente de producción, Isidora, colaboraron para que hubiera una familiarización respecto de las botellas, las copas, en fin. Luego, el tema de la atmósfera asociada a la niebla, que es algo que está originalmente en el texto, fue algo para mí muy importante. Lamentablemente, no pudimos seguir profundizando en esa dimensión, porque desde mi perspectiva ahí todavía hay algo que poder desarrollar, pero el teatro no permite la implementación de hielo seco por los sistemas de emergencia, que se activan. Por lo tanto, lo logramos resolver con esta imagen impresa y una iluminación que en algunos momentos sí permite visualizar o percibir ciertos cambios de densidad y de temperatura.
Les quería preguntar sobre los temas que aborda la obra, que creo que también son muy interesantes y tienen que ver con cosas contingentes, que también hemos podido ver en las últimas obras de Zoco. Tienen que ver con la violencia de género, con el tema de este caso puntual de un abuso, las mentiras dentro de una familia, la necesidad de protegerse, de mantener una imagen frente a la sociedad, de tratar de mantener esa compostura y de que todo está perfecto cuando detrás hay una familia rota, quebrada, con muchos secretos, mentiras y muchas personas dañadas. ¿Cómo fueron desarrollando estos temas, desde la violencia de género hasta el tema de las mentiras en las familias?
C.C: A mí me pasó que, estudiando, leí que la obra original no se llama Espectros, sino Lo que Vuelve o Lo que Regresa. Ibsen era noruego y los alemanes le pusieron Espectros. Para mí fue muy revelador eso. No sé si es verdad, uno lee estas cosas en Google, pero a mí me hizo sentido y lo quise tomar como una verdad. Se habla tanto del tema de las heridas, que cuando las heridas no se sanan vuelven a infectarse, reaparecen. A mí me resonó mucho eso, porque hay una herida, un trauma que no se ha superado en esta familia, del que no se ha hablado, en que Elena, cuando parte la obra, intenta borrar un poco el trauma y levantar el nombre de este hombre. El tema del nombre también me parece muy interesante en esta clase social, donde un nombre es tan importante, y preservar este nombre y este apellido. Son cosas que todavía existen en nuestra sociedad, el tema del nombre es tan importante, el tema de preservar ciertas cosas familiares y levantar toda una historia sobre una historia que se oculta. Esta idea de lo que vuelve es lo que a mí me parece muy interesante: las cosas que no se solucionan se vuelven a explotar en la cara. Guilherme hablaba de lo que escondes debajo de la alfombra, que siempre está ahí, y cuando la alfombra se levanta te encuentras con algo. Un día Guilherme dijo en un ensayo que, cuando el baño se tapa, vuelve y aparece todo. Entonces, eso me parece interesante: la obra como una imagen que a mí me sirve mucho para actuar y para habitar ese lugar. Me parece muy contingente con nuestra historia, como sociedad, como sociedad chilena, y también con nuestras vidas familiares. ¿Cómo es nuestra sociedad chilena? Creo que hay un tema ahí que aparece y también lo veo en las pocas funciones que hemos tenido. Esto también provoca en el público muchas sensaciones y sentimientos que son potentes. La gente sale muy tocada, impresionada por eso, y me alegra cuando escucho que es una obra que sigue provocando, así como cuando se estrenó, que fue censurada. Esta obra fue censurada en su estreno y sigue provocando. Para mí el teatro tiene sentido para que provoque cosas en las personas.
L.U: A mí me estimula esta obra en el sentido de que promueve conversaciones profundas. En una sociedad como la nuestra, que no es dada a la conversación profunda, es más pendiente del monosílabo, creo que hay algo que me parece muy relevante aportar, entre otras cosas. En el texto se dice: “No eres capaz de sostener esta conversación”. Hay que tener madurez y valentía para enfrentar las conversaciones significativas, y el teatro, esta obra, puede dar una señal en ese sentido. Creo que hay un aporte.
¿Cómo fue el trabajo con todo el elenco, con los actores más jóvenes, que hacen un gran trabajo, y con actores más experimentados, como Tito Bustamante?
L.U: Hay algo interesante, sobre todo con los jóvenes, porque es interesante y desafiante. Pertenecen a una generación que enfrenta la actuación desde un lugar diferente. Ahí hay una negociación en la que todavía vivimos. Por un lado, hay una suerte de señal energética y actitudinal que pone en evidencia esa diferencia de imaginario, y que es precisamente también algo que uno ve en la vida. Claudia y yo somos padres y sabemos que hay unas personas diferentes a las que se confrontan ahí. Por un lado, está esa diferencia, que en algunos casos me parece gananciosa para el lenguaje, y por otro lado también, en el marco de tener unidad dentro de la variedad, está el desafío de que, cuando hay que establecer una relación estética compartida, esa diferencia pueda atenuarse. Por ahí hay un camino que seguimos y yo, como director, al menos, sigo preguntándome cómo no perder de vista este aspecto: que la evolución que tiene la obra hacia la espesura y eventualmente la tragedia esté también resonando en los cinco intérpretes.
Claudia, ¿Cómo fue el trabajo con el elenco?
C.C: Yo me divertí mucho, en realidad, con este elenco. Como te decía, a Tito y a Guilherme los conozco, entonces fue fácil para mí y también enriquecedor trabajar con ellos, porque como nos conocemos, tenemos edades parecidas o hemos vivido cosas que nos atraviesan históricamente. Con los jóvenes fue conocerlos y también acompañarlos. Yo soy profesora de actuación, entonces inevitablemente fue acompañarlos y mirarlos con un ánimo de que crezcan también, y poder compartir lo que sé. Yo no actúo sola, necesito de los demás para ser buena actriz. Entonces también hay un afán, tal vez un poco egoísta, de decir: “Vamos todos juntos”. La obra es un trabajo entre todos y, si alguien tiene dudas o dificultades, mi misión es que todos vayamos juntos. Siempre lo miro como un trabajo muy colectivo. Lo hago y trato de que sea interesante para mí también y aportar. Lo pasé muy bien y fue entretenido.
Te había preguntado también por el tema de tu personaje, que es una mujer de una clase social alta. En Chile, esta diferencia está muy marcada. No sé si en la obra original se notaba tanto ese tema de la clase social, porque obviamente en Inglaterra y en esa época quizás la diferencia era más potente. En este caso, tu personaje tiene elementos que podemos reconocer en una mujer de clase alta chilena. ¿Cómo fue para ti interpretar ese personaje? Acá en Chile también existe el estereotipo de que las mujeres de clase alta tienen ciertos rasgos y comportamientos muy marcados. ¿Te había tocado interpretar antes un personaje así?
C.C: Yo creo que nunca hemos hablado esto con Luis, pero estoy muy agradecida de que él haya confiado en que yo podía ser este personaje, porque a mí siempre me llaman para ser, ni siquiera de clase media, sino delincuente, comunista, revolucionaria o terrorista. Eso es muy fuerte. Yo me río ya, pero es algo que en Chile es muy fuerte. Me imagino que en Latinoamérica estamos muy atravesados por ese clasismo. Para mí fue, cuando me llamaron y leí, decir: “Me encantaría hacerlo”. Yo nunca he tenido dudas de poder hacer cualquier cosa. A mí me entretiene hacer cosas distintas. Entonces también fue muy entretenido que me llamaran a hacerlo. Lo he pasado muy bien y nos hemos reído mucho porque también uno vive en un país donde la clase es muy diferenciada. Uno puede reconocer las distintas clases sociales, cómo hablan, cómo se comportan. Entonces dije: “Tengo una herramienta y tengo ahí algo que tomar, que tengo que tomar sí o sí”. Es una manera de hablar, una manera de estar. Como dijo Luis, el primer día me puse taco y dije: “Tengo que dominar estos tacos, tengo que dominar el espacio, tengo que habitar un cuerpo y un habla que son propios de una clase”. Entonces sí, fue muy entretenido. Espero que Luis esté contento con el resultado.
L.U: Sí, totalmente. Además, eso fue una cuestión que acompañó de manera secundaria el proceso. Lo que nos importó más que ese aspecto de la caracterización fue siempre atender a los temas de fondo, y eso estuvo presente desde el día uno. Algo que es muy bonito del teatro, es cierto, es que uno amplía sus registros. En este caso, nosotros no vivimos en La Dehesa, pasamos por La Dehesa para llegar al teatro. Precisamente, lo que vemos en ese entorno, todavía saliendo del invierno, es que llegamos con niebla y los cerros que circundan el espacio al que vamos están en escala uno a uno con lo que la obra plantea en la ficción. Entonces, ese ejercicio de entregar, de ofrecer una realidad en un espacio que en realidad prácticamente es el espacio natural de Elena es algo que es muy movilizador.
Inviten a la gente a ver la obra en Teatro Zoco, por favor
L.U: Los invito a que vayan a Teatro Zoco, a que vayan ver la obra Espectros, originalmente de Ibsen, escrita o reescrita o adaptada por Gary Owen. Estamos de jueves a sábado a las 7 de la tarde y los días domingo a las 6.
C.C: Espectros es una obra originalmente de Ibsen, y esta es una versión de Gary Owen y los quiero invitar a que nos vayan a ver al Teatro Zoco, de jueves a domingo, a las 7:30 y el domingo a las 6 de la tarde, es una excelente versión, dirigida por Luis Ureta, y con un gran elenco.
Ficha artística:
Título: Espectros
Autor: Henrik Ibsen
Versión de Gary Owen
Traducción: Pablo Schwarz
Dirección: Luis Ureta
Elenco: Claudia Cabezas, Guilherme Sepúlveda, Tito Bustamante, Ignacia Sepúlveda, Nicolás Alaluf
Diseño integral: César Erazo
Música original: Carlos Cabezas
Asistencia de dirección: Soledad Henríquez
Asistencia de producción: Isidora Ituarte
Realización escenográfica: Fernando Quiroga
Maquillaje y peinados: Margarita Nilo
Fotografías: Daniel Corvillón
Coordenadas
Temporada: 28 de agosto al 11 de octubre.
Funciones y horarios: jueves, viernes y sábado a las 19.30 h, domingo 18.00 h.
Dónde: Centro para las Artes Zoco | Avenida La Dehesa 1500, Lo Barnechea.
Entradas en Punto Ticket.
Estacionamiento liberado
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