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miércoles, octubre 5, 2022

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Entrevista a las creadoras de la instalación «Biomater», Clarisa Menteguiaga y Liliana Ojeda: «Nosotras pensamos la obra desde la reflexión que genera en el espectador»

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Por Gabriela Bravo desde París

Hay una enorme diferencia entre Europa y Latinoamérica al momento de hablar de algo hecho de manera «artesanal», para los primeros representa algo único, hecho con un savoir faire ancestral, que toma tiempo y, por lo tanto, merece tener un precio consecuente a toda la historia y trabajo que acarrea. Para los segundos, la artesanía nos trae la idea de algo poco profesional, burdo y/o barato.

Por esta razón es importante para los artesanos chilenos poder participar en instancias como el Salón Révélations, uno de los espacios más importantes en el mundo del art craft, que se lleva a cabo en París cada dos años y donde convergen los creadores y artesanos del mundo entero. En esta oportunidad el Grand Palais efímero abrió sus puertas a los coleccionistas, decoradores y al público en general que buscan piezas diferentes, auténticas, concebidas de manera única.

En este contexto una de las obras que más llamó la atención de Révélation fue la instalación de las chilenas Clarisa Menteguiaga y Liliana Ojeda, Biomater. Obra creada con materiales reciclados, orgánicos y biodegradables que nos transporta por paisajes llenos de colores y olores.

Culturizarte pudo hablar con las artistas en París.

¿De qué se trata esta obra Biomater?

Clarisa Menteguiaga: Biomater es una reflexión de cómo habitar el mundo, cómo los seres humanos construímos nuestro mundo artificial, generando muchos residuos y deshechos que no son biodegradables. En base a la recolección de elementos de deshechos como algas que están botadas en las playas, cartones, telas, cáscaras de cítricos construimos una obra que apunta a generar una reflexión y que tiene una vida útil pero que en algún momento va a perecer y desaparecer.

¿Cómo nace esta idea?

Liliana Ojeda: Nosotras estábamos trabajando en algunos proyectos de joyería contemporánea, entonces, nuestras piezas siempre eran portables, a pesar de que teníamos deseos de ir ampliando los formatos, de salirnos de los estándares de lo que es portable. En un momento nos juntamos y nos planteamos hacer una obra que no dependiera del cuerpo, sino que invadiera el espacio. Esta fue nuestra primera obra que hicimos de forma colectiva, que es este mural, que si bien está hecho con materiales que ya habíamos trabajado para el cuerpo, la diferencia es que ahora se desligó totalmente de la forma humana y cobró vida propia para un espacio. Estábamos interesadas en encontrar nuevos materiales para trabajar, que no contaminaran el ambiente, que no fueran comprados sino recolectados en nuestro entorno. De esa base partimos para hacer esta instalación.

¿No compraron ningún material?

LO: No, excepto los hilos y el material de base que es para afirmar la instalación, pero la obra misma está hecha solo con materiales recolectados en nuestro entorno doméstico, playas y lugares que están cerca de nosotras.

Ustedes hablan de esta obra como una anti-obra ¿Por qué?

CM: Porque estamos inmersos en un mundo donde el arte es un negocio, hay un mercado, las obras son un bien de consumo, tienen un valor muy alto, cotizan en las grandes casas de subastas. Nosotras pensamos la obra desde la reflexión que genera en el espectador -así como en nosotras mismas a medida que la producíamos- que tenga una fecha de caducidad, lo pensamos como un elemento más del entorno natural en un ciclo en que va a perecer y desaparecer así como nosotros.

¿No les da pena?

CM: Un poco, pero los seres humanos hemos adquirido esa postura de trascender y que seamos recordados. La trascendencia de la obra para nosotras es importante desde el mensaje que transmite, no desde que perdure físicamente para siempre.

¿Cómo ha sido la acogida del público internacional que viene a esta bienal que se llama Révélations?

LO: La recepción ha sido muy buena, estamos bastante contentas e impresionadas por la buena acogida. A la gente le gusta acercarse, pregunta bastante, se sorprende al saber de qué está hecha. Los colores han sido un elemento que atrae mucho, tiene un poder hipnótico que te atrae, uno quiere acercarse a descubrir de qué está hecha y desde ahí se pueden generar reflexiones por los mismos materiales con los que está hecha, la forma manual, cómo están elaboradas todas las partes de la obra. Nos ha ido super bien, estamos sorprendidas con la respuesta del público.

¿Han tenido la oportunidad de hablar con personas de otros países acerca de su trabajo?

CM: Hemos hablado con muchas personas, gente del público en general, se han acercado curadores, artistas, tuvimos interacciones con diferentes tipos de personas y nos sorprende positivamente la atención que se ha puesto en nuestro trabajo y los comentarios acerca de la sorpresa que genera saber de qué está hecho, las sensaciones que transmite, la potencia de los colores, a pesar de ser todos tintes de la naturaleza, no hay nada sintético. Estamos contentas.

Sin duda que su obra Biomater nos invita a una gran reflexión. Me gustaría saber, ¿Cuánto hay de ustedes en esta obra, ya sea en lo femenino, lo ecológico, lo latinoamericano?

LO: Creo que por los mismos materiales que se van descubriendo a medida que uno se acerca, la huele, la observa y la toca evoca a cosas de Chile. Está hecha con algas marinas traídas desde allá (cochayuyo), cáscaras de cítricos, eso ya directamente te lleva a un lugar específico, cuando la gente sabe de donde viene y los materiales con la que está hecha, tiene una identidad latinoamericana fuerte.

El hecho que seamos mujeres trabajando en esta propuesta también le da una connotación interesante, también por la forma en que está hecha porque tiene mucha labor detrás, mucho de estar sentada cosiendo los materiales y eso es una forma bien femenina de abordar los trabajos. El hecho que esté hecha con módulos que después se unen al momento de instalarla en el lugar, también es un método que podríamos decir se le puede atribuir a las artistas mujeres. Es una estrategia porque cada vez que la armamos se arma diferente. Siempre hay algo creativo al momento de instalarla, porque decidimos en ese momento qué color va con qué, qué parte con qué y siempre nos gusta como queda.

CM: Todo lo que dice Liliana tiene que ver con el hacer manual, con cambiar el ritmo del hacer, venimos de un universo súper acelerado y acá hay que detenerse. Es una obra muy lenta de hacer, un hacer muy repetitivo, hay una especie de meditación en este hacer y de momentos personales de reflexión, que tiene que ver con pararnos a mirar qué nos rodea, qué podemos hacer con eso, cómo pensamos el futuro, qué queremos dejar a las próximas generaciones, que tiene que ver con esta mirada eco-feminista de cómo es ser mujer en este mundo, en este contexto y qué podemos aportar desde nuestro ser y nuestra mirada.

Los materiales que usan son bastante inusuales

LO: Estos materiales requieren un tiempo de espera, de secado, de teñido y de protección también. Estos materiales no te permiten hacer algo inmediato, tiene su tiempo. Tener esa paciencia es algo interesante de contarlo. No es que uno decide y luego lo hace, hay mucha preparación previa de los materiales para que funcione lo que queremos transmitir. Es el contrario de los artistas que se inspiran y no paran.

CM: Es un proceso donde la mano va delante de la cabeza, la mano es la que guía y en base a lo que va saliendo va dando forma, después vamos juntando lo que hace una y la otra, viendo como dialogan y como seguir adelante, pero es la mano la que guía.

 

 

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