Entrevista a Lorena Zilleruelo, artista visual presente en el Festival Hors Pistes del Centro Pompidou en Francia: “Esta obra hace eco a una fuerza que tiene el pueblo chileno en este momento”

 

Por Gabriela Bravo desde Paris

El reconocido museo de arte contemporáneo francés Centre Pompidou, abrió sus puertas a la 15a edición del Festival Hors Pistes, Le Peuple des Images (Fuera de las pistas, el pueblo de las imágenes). Una muestra que se interroga acerca del movimiento de las imágenes, que explora los conceptos de individuo y multitud y la relación que ésta puede tener con la imagen.

El Festival invita al público a abrir su mirada sobre esta lluvia de imágenes que hoy envuelve a casi todo el mundo y en la que todos participamos ya sea como actores, creadores, figurantes o simples observadores. Al mismo tiempo, muestra la diversidad de formas en la que esta muchedumbre puede ser captada, transmitida, explicada, ninguneada, exaltada; desde los medios de comunicación tradicionales a las grabaciones artesanales que las personas hacen con sus celulares o las instalaciones visuales que los artistas crean.

“La idea de redefinir la experiencia del espectador” me interrogaba, particularmente porque el paisaje audiovisual se ha modificado enormemente con la llegada de la era digital. Era necesario intentar otra aproximación a la imagen”, explica Geraldine Gómez, la encargada de programación del Festival Hors Pistes.

En este contexto fue invitada a participar la artista visual chilena Lorena Zilleruelo con su obra Élan et élégie (Impulso y elegía), que es una instalación de video de gran formato, interactiva, donde una multitud de trabajadores avanzan en dirección del espectador, al mismo tiempo que se escucha una voz femenina muy suave que tararea una canción.

Lorena ¿De qué se trata la obra Impulso y elegía?

Yo siempre había querido hacer marchar una pintura que estaba en mi casa como afiche que es Il quarto stato, que fue hecha por el italiano, Giusseppe Pelliza de Volpedo, a principios del 1900. Él demoró diez años en hacer este estudio de cómo la gente marcha: el gesto de los ojos, de las manos, la convicción que hay que tener cuando uno marcha, y de qué formas se organizan las marchas.

En esa época se usaba como escudo un niño o una guagua en los brazos de una mujer. En esta marcha hay dos obreros adelante, los líderes de la marcha y al medio está una mujer con una guagua en los brazos.

Lo que yo hice fue reinterpretar esta escena, llevarla a la actualidad, es decir, que a nivel de género utilicé la mitad o un poco más de mujeres que de hombres, en lugar de que los líderes de la marcha sean dos hombres y una mujer, fueron dos mujeres y un hombre, porque el trabajo de las fábricas es mayoritariamente hecho por mujeres. Mi idea fue cómo hacer marchar esta obra, cómo hacer marchar este grupo de gente. Vestí a todo el mundo de los mismos tonos de la pintura, y como yo antes trabajé en vestuario, hice todo un trabajo de estudio de los vestuarios para darles atemporalidad: tienen los tonos y las formas que pueden ser de ahora, medio siglo o principio de siglo, no hay un estilo de una época.

La instalación es interactiva, ya que gracias al público la imagen puede avanzar o detenerse. ¿Por qué involucrar al público?

El desafío era encontrar la forma de mover esta marcha, entonces encontramos la interactividad que capta el movimiento y la presencia de las personas. La idea es que el espectador frente a una marcha también se pueda comprometer, es decir, yo me pongo en esta marcha en el momento que quiero que esta funcione, entonces tienes un espacio interactivo, pero también tienes un espacio en que solo puedes ser observador, ponerte al lado, y cuando solo eres observador la marcha se para y se vuelve otra pintura, otro momento de la pintura. Eres tú el que va creando los momentos en la pintura y si quieres que funcione eternamente te quedas frente a ella.

Hay dos cosas que gatillan este movimiento, la presencia de una persona o de varias. La perseverancia de una persona que se queda es igual a que entren dos o tres personas, en el fondo es como decir que alguien que es perseverante es como un equipo también.

Cuando llegan tres personas, más rápido se llega al summum de la rapidez y del sonido, porque hay dos cosas que pasan: el movimiento y el sonido. El sonido es un canto revolucionario de una niña que lo tararea y, por otro lado, un contrabajo que se va mezclando. El sonido del contrabajo lo hice pensando en ese cántico que va tomando capas y las capas las construí como un canon: la idea de que a muchas voces uno puede construir otra canción y es una idea de diversidad, pero también de estar juntos. Toda la obra tiene que ver con estar juntos y construir juntos lo que queremos ver.

La marcha dura 12 minutos en loop y después recomienza.

¿Cómo llevaste a cabo esta idea?

Después de haber hecho la Escuela de Arte trabajé el video debido a mi interés por el texto teatral, sobre todo cómo cambiar las formas de transmitir un texto. Así empecé a trabajar el video primero en la Escuela de Arte de Grenoble y terminé en la Escuela de Arte de Paris Cergy.

Los profesores siempre me empujaron a intentar entrar a la Escuela de Le Fresnoy, que es la Escuela de Arte Contemporáneo en el norte de Francia. Para entrar hay que proponer dos proyectos, uno por año. El primer año son artes más tradicionales, puede ser fotografía, video, etc. El segundo año hay que proponer nuevos medios, pero siempre te exigen algo que sea un desafío.

Lo que tiene Le Fresnoy de importante y prestigioso es que es muy difícil entrar, son 20 personas que entran por año y ellos te prestan 8 mil euros para producir y te prestan las cámaras, los estudios.

Este fue mi proyecto de segundo año, con el que me titulé y tuve las felicitaciones. Lo lindo fue que el FRAC, que es el Fondo Regional de Arte Contemporáneo de Nord Pas de Calais, compró esta obra.

Hoy vemos los estallidos sociales que explotan en todo el mundo, pero ¿esta idea te había surgido mucho antes?

La obra la pude construir en el 2009, pero dos años antes yo ya pensaba en cómo hacerla. Este afiche estaba en la casa de mi papá y se utilizó mucho para hacer referencia a la Cantata de Santa María de Iquique, porque son las mismas imágenes de esa época donde ves a un pueblo de obreros que se levanta. De hecho, yo me pregunto si no hay una relación con todos los discos piratas, CD , etc., porque en algún momento en Chile, encontré el DVD o el disco de la Cantata de Santa María de Iquique comprado en la calle con la carátula de esta pintura.

Años antes de esta idea, antes de entrar a Le Fresnoy, en una venta de garage encontré un libro de historia francés donde la portada era esta pintura y la miré y se me puso la carne de gallina y me dije esta imagen la tengo que hacer marchar.

Viendo esta exposición que habla justamente de todas las revueltas de los pueblos, me digo qué terrible que siga siendo actual, hermoso por un lado, pero terrible.

Hay que reactivar y hablar de estas marchas, tenemos que seguir luchando y es terrible que esto no sea historia, espero que uno pueda ver esta obra y decir “te acuerdas cuando en 2010 pasaban estas cosas y ahora pasamos a un mundo mejor”. Es terrible decir que siempre va a haber un poder capitalista tan grande que va a hacer que nos separemos como individuos: que seamos individualistas, que no estemos juntos, que no marchemos juntos, pero bueno, ahí está el pueblo que recuerda que no, que sí estamos juntos y sí estamos ahí.

¿Qué importancia tiene para ti la memoria en tu trabajo?

Es un pilar fundamental y es lo que lo construye desde que empecé y decidí ser artista. Yo vengo del vestuario de teatro, de la escenografía y muy rápidamente, como tengo estudios teatrales, el texto de teatro fue muy importante en la transmisión. Cuando empecé a probar todo ese trabajo de texto teatral con autores interesantes como Jon Fosse, Sarah Kane, Bond, me di cuenta de que lo que yo tenía que transmitir y lo que a mí me hacía sentido era hablar de lo que estaba pasando y de lo que había pasado en Chile. Tal vez el hecho de tener esa distancia, que me dio venirme a Francia a los 19 años, me permitió trabajar la memoria, porque se me hizo urgente.

Mi primer trabajo fue una carta muy simple, en que mi papá me cuenta cómo fue el día del Golpe de Estado cuando él llegó a trabajar, y que es una carta en que tal vez no hay esos dramas que tuvo mucha gente, pero si habla de esa violencia que un día, para un joven con su mujer les cambia la vida para siempre. Creo que fue fundamental porque ahí reuní esta idea de la memoria, del texto, de transmitir el texto y la verdad es que me amparé de ella porque es parte de mí, es parte de mi historia y creo que me cuesta mucho poder pasar por el lado. Siempre todo me lleva a esa historia, todos mis trabajos, que sea con gitanos, franceses, inmigrantes, jóvenes inmigrantes del norte de Francia, siempre me llevan al trabajo de memoria, porque siento que es lo que te construye y que mientras eso no lo trabajes no podemos construir un mundo mejor y creo que es lo que está pasando en Chile ahora, no hubo un real trabajo de memoria y creo que la gente está exigiendo eso.

¿Piensas exponerla en Chile?

Me gustaría exponerla en Chile. Siento que en este momento tiene un sentido bastante cercano a todo lo que está pasando porque es esta idea de poder reactivar el movimiento, de poder decir estamos juntos y juntos podemos seguir. Esta obra habla de esto, pero es el pueblo chileno el que está hablando de esta realidad, creo que esta obra hace eco de una fuerza que tiene el pueblo chileno en este momento, que es enorme.

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