Entrevista al autor de “Allegados” Ernesto Garratt: “Hay un tipo de literatura chilena que habla de lo que queremos ser, pero no de lo que somos”

Por Galia Bogolasky

“Allegados”, así se titula la primera novela del periodista y crítico de cine Ernesto Garratt. Su ópera prima en la narrativa es un viaje al pasado ochentero con tintes autobiográficos y que toma la condición del “allegado” como eje central de su historia. “Allegado”, en una de las acepciones de la RAE y que valen para Chile, Argentina, Puerto Rico y Uruguay y, claro, para la realidad de esta novela editada por Hueders en 2017, se define como “una persona que vive transitoriamente en casa ajena, por lo común sin ser pariente del dueño”.
En México, no se dice “allegado”, sino que “arrimado” (“persona que vive en casa ajena, a costa o al amparo de su dueño”, según la definición de la RAE), pero a pesar de las distintas palabras, la experiencia de vivir en casas ajenas es la misma. La experiencia chilena expresada en la novela “Allegados”, y también extendida en Latinoamérica, es la misma matriz. Carencia, miseria, humillaciones, tragedia.
Entonces, la novela de Ernesto Garratt, que forma parte de una trilogía, se desenvuelve en estos intensos ejes con un protagonista de 16 años en el Santiago de Chile de 1988: un lúcido y atormentado estudiante de una escuela pública, e hijo de una madre anciana y enferma y que juntos viven de allegados en un departamento de Villa Frei. Todo eso en medio de la dictadura y de la contradictoria y nostálgica década del 80, más un añadido singular: cuotas de fantasía y una novela dentro de la novela.
La crítica ha lanzado prodigiosos elogios. El severo crítico de Artes y Letras, de El Mercurio, Camilo Marks ha dicho: “Es un notable libro de comienzo a fin, bien concebido y bien estructurado”. La estricta Patricia Espinosa, crítica de Las Ultimas Noticias, ha señalado: “El relato es impecable, ya que no da aire a sus personajes, explorando con acierto en vidas clausuradas por la derrota”. El escritor y periodista Óscar Contardo ha afirmado: “Está muy, muy buena. Una luminosa oscuridad”; en tanto que escritor Francisco Ortega ha señalado: “El mejor debut en novela en mucho tiempo en Chile”. Y el best seller Jorge Baradit sentenció en La Tercera:  “Decir que es una novela sobre la precariedad de la clase media baja de los 80 es hacerle un flaco favor, esa es la médula y además el paisaje pero de un relato alucinante, desgarrado, demencial”.
Aquí indagamos un poco más en este viaje literario que aspira a convertirse en un longseller y, a pesar de tratarse de una ficción, en un material de consulta obligatorio para entender un pedazo de la historia chilena reciente. De hecho, la novela ya prepara su segunda edición para abril y se anuncian secuelas para este primer volumen.
¿Por qué sentiste la necesidad de contar esta historia? Una historia que, por lo demás, es súper personal, sobre tu infancia y juventud.
Porque creo que es una historia necesaria. Es una historia que, de alguna manera, yo quería contarle a mi hija de 3 años cuando fuera mayor. Sin embargo, también me he dado cuenta que es una historia que, en este Chile tan OCDE y supuestamente súper desarrollado, nadie está contando. Nadie está diciendo que muchos chilenos hemos sido allegados, muchos chilenos venimos de la carencia y de la falta de recursos. Muchos chilenos fuimos pobres o somos pobres.
Hay cifras de la Casen de 2016 que dicen que hay 1,3 millones de familias en estado de allegamiento, lo que te da casi 4 millones de personas en allegamiento voluntario e involuntario. Es una realidad súper fuerte, algo que, por ejemplo, el proyecto de la  inmobiliaria popular del alcalde Daniel Jadue busca justamente resolver.
Además, la gran metáfora que yo quería plantear en el libro era que muchas personas nos sentimos allegados en este país. Pese a todo el progreso material que puede haber o el progreso económico macro que hay, existen muchas personas que quizás no se sientan verdaderamente integradas.
A pesar de que el título es “Allegados” y el tema es el de los allegados, sentí que era más un discurso generacional, como de la adolescencia en los 80.  En ciertos momentos, eso resultaba más potente incluso. ¿Puede ser?
Lo que pasa es que la estructura que elegí para contar esto es una estructura donde elegí los peores días del allegamiento del personaje. Y que eran los míos también. Lo que le pasa a él, que vive con una madre que tiene agorafobia y enfermedades varias y que no puede salir hacia afuera.
Los peores días del allegamiento son los fines de semana, sábado y domingo, cuando comparten con los dueños de casa, que es como lo que pasa en “Los otros”, la película de Alejandro Amenábar, que es terror puro.
Igual necesitaba, al narrar, algo para no sentirme tan mal. Estaba pensando en el lector de un modo parecido a cuando, al hacer mis críticas, pienso  en el espectador. Necesitaba un alivio, que en este caso era el colegio, pero también necesitaba un escape de todo eso, porque todo es bien terrible, y para eso está el relato de un vampiro, que es la novela dentro de la novela.
Toda la estructura del libro es un gran loop que es un trauma, una idea que se repite incesantemente: sábado, domingo, lunes, y la novela del vampiro que escribe el protagonista. Esa es la estructura que yo elegí. Eso es lo que aprendí escribiendo: todo es la estructura.
Estaba la idea de pensar el lunes como una salida también, pero era una salida a medias. En el fondo, quise hacer una historia de “coming of age story”, como hacer una especie de relato súper juvenil, algo que fuera como un “Harry Potter” a la chilena, pero súper en mala. Por eso necesitaba ese mundo, que viene de “Los 400 golpes” de François Truffaut, que viene de ese mundo seminal. Como dijo Marco Antonio de la Parra “es como una mezcla entre Truffaut y Murnau”. Me parece una súper buena definición de lo que es el libro también, quería hacer eso.
Es como un retrato generacional, no de una generación de clase alta y privilegiada, como en algunos libros que están llenos de marcas como el Fuguet de “Mala onda”, que encuentro que de todas maneras son valiosísimos. Quise hacer un registro de una clase social, lleno de detalles y que se sintiera, se oliera y que uno estuviera ahí, entre esa realidad tan ausente.
Esta historia, ¿Es tu historia real con tu mamá?
Es una historia basada en muchos hechos reales, pero está súper ficcionada también. No todo es tan así o fue tan así, pero sí hay un sustrato de ese sufrimiento y de esa miseria que se lee en el libro. Por ejemplo, hay detalles reales como que mi madre sí tenía “Los Miserables”, de Víctor Hugo. Estábamos viviendo cosas súper terribles y yo estaba leyendo “Los Miserables”, que era como decir “estoy viviendo lo que están viviendo estos personajes”.
Necesitaba ser súper sincero, por eso miré mi propia historia, porque quiero que mi propia historia hable de esa miseria, de esas necesidades, de esa falta de completa empatía hacia las personas necesitadas que me parece tan monstruosa en esta sociedad que estamos construyendo.
¿Tu mamá murió hace poco?
No, ella murió hace tiempo. El libro es una reflexión sobre ella, la idea de la figura de la madre, la madre soltera, la madre que está contra el mundo luchando con un huacho, que soy yo, o que es el personaje. Quería rescatarla sobre todas las cosas porque tampoco es una figura está tan presente en la literatura chilena.
Creo que hay un tipo de literatura chilena que habla de lo que queremos ser, pero no de lo que somos.

Al decir que era ficción, pero igual biográfico, quería ser honesto respecto a que muchos de mis orígenes están ahí. Quería rendir un tributo digno y con orgullo de esos orígenes. No se trata de un discurso exitista, de “¡oh, lo logré! Y salí de la pobreza”. No creo que se trate de lograr nada. No es un arco dramático acerca de mi propia vida, ni de los logros o de un éxito económico. Esto no es tampoco Pilar Sordo. Es otra cosa.

Me llamó mucho la atención el tema de que aparezca el símbolo de la beca Presidente de la República como un medio de subsistencia ¿Es real ese hecho del libro en tu biografía?
Es real. Y también súper irónico. Mucha gente vivió así, vivíamos de becas. Nuestras condiciones sociales y recursos eran tan limitados, que la única manera de trabajar a temprana edad, en un trabajo de verdad era estudiando y que te fuera bien.
A mí no me daban las becas porque me iba bien, me las daban porque éramos muy pobres y, aparte, me iba bien. Al final se convirtió en un sueldo. Aun así, yo pagué toda mi educación y creo que es súper injusto que una persona que es pobre tenga que pagar su educación o cualquier persona. Creo que la educación debe ser gratis, como pasa en los países desarrollados.
Cuéntame sobre el tema del padre. Es un tema potente en la novela: es un personaje ausente y de nacionalidad peruana…
…Y que era 20 años menor que su mujer, mi madre.
¿En tu vida real, tu madre no hablaba mucho de tu padre?
No. Era un tema tabú y, por lo mismo, lo ficcioné mucho. No sé si fue así o tal vez me hubiera gustado que fuera así. Vas ajustando explicaciones. Yo no sé cómo son muchas cosas de mi historia, a diferencia de muchas personas que sí saben de dónde vienen exactamente. Yo, en cambio, no tengo idea. Si mi hija alguna vez me pregunta de dónde venimos, no tengo idea. ¿De dónde vienen los Garratt? Sé que vienen de Inglaterra y que pasaron por Perú, pero yo soy un huacho. El libro tal vez sea como una manera de pedir permiso para ser alguien, en un país en donde hasta hace poco una bancada importante no quería darle derechos de igualdad de condiciones a personas como yo, a los huachos, lo que me parece súper violento. Hace 15 años no tenía los derechos de personas nacidas dentro de un matrimonio, eso me parece súper violento. Por eso creo que es un libro súper político sin serlo. Siempre tenía claro eso.
En el fondo la gente dice que los 80 fue la época en que Chile  mejoró económicamente, pero acá se muestra todo lo contrario,  la miseria escondida.
Cuando éramos “allegados” con mi madre, nos decían muchas asistentes sociales que teníamos casa, luz, agua, electricidad, suelo sólido, casa de tierra, que no estábamos como en “Ramona”, que es como la precuela de una toma. Pero la sensación sicológica, térmica, ambiental, era de terror. Ese terror que vivió mucha gente sin necesidad de estar en la trinchera política, luchando aquí o allá, contra la dictadura. Como decía Marco Antonio de la Parra: “Es la gente que está, pero que no es el jamón del sándwich, sino la mortadela”. Nosotros somos esa generación. Yo quería contarla, no desde ninguna altura, aunque el personaje se la pasa volando, metafórica y literalmente.
¿Hay más elementos reales en tu novela que sean relevantes de comentar?
La novela tiene dosis de verdad, pero quería enfatizar la ficción sobre todas las cosas, y quería moverlo en la acción.
El protagonista es un personaje sometido a una serie de traumas y situaciones hostiles que ha ido normalizando. El terror se ha normalizado. Es como vivir en un ambiente de terror normalizado. Necesitaba darle una energía y una sinergia.
También hay otro elemento que quería tocar: la fantasía de “Allegados”.
Hay dos niveles de fantasía en la novela, que quizás la gente no se da cuenta, que es la fantasía cotidiana y real, que es la historia del allegado, y está la novela que él escribe para evadirse. En las dos hay fantasía. Si te fijas son dos tonos, dos tonos que traté de trabajar lo mejor posible, que es la fantasía que él vive, que él cree que vuela, o predice el futuro, y esa otra fantasía que ocurre en la otra novela que es la novela de vampiros -atípica y todo- en que pasan cosas fantásticas porque hay un vampiro. Lograr juntar esas dos cosas y que la gente se lo tome naturalmente fue un gran desafío.
¿Por qué el tema de los vampiros? ¿Te gustaba cuando chico leer historias de vampiros?
Leí hace poco “Drácula”. Me lo prestó el escritor Alberto Rojas, y fue un acierto, porque ahí descubrí el tono epistolar como en las películas. Por eso el tono epistolar de la novela. Quería hablar de lo monstruoso que era Chile en esa época. Creo que todavía hay algo de eso. Quería hablar de los monstruos. La novela está llena de monstruos, monstruos que son vecinos hostiles, parientes hostiles. Y quería hablar del mejor monstruo, y el mejor monstruo para mí es un vampiro, porque no parece, pero lo es. También esta conexión la encontró el editor del libro, Álvaro Matus, que en el fondo el vampiro es un tipo que chupa sangre, es como un rémora de los humanos, es como un allegado más en la raza humana. Si te pones en la situación de que existiera realmente sería un allegado. Es lo que el personaje ve en el espejo al final. Es otro tipo de allegado. Fue una construcción del reflejo. También tiene esa estructura. Hay objetos simbólicos, está el espejo, los dientes, está todo súper estructurado. Hay humor también, mucha emoción. Es una novela de terror al final, pero que tiene todos estos pasos para que tú puedas estar ahí, emocionarte y ojalá llorar. Es como el Episodio Uno, el libro primero de una trilogía.
Cuéntame acerca de las ilustraciones que acompañan el libro. Están buenísimas.
Yo las hice. Mi amigo Pedro Peirano fue el de la idea de poner ilustraciones. Mi sueño era hacer una novela gráfica o dedicarme en serio a eso, creerme el cuento de que sé dibujar. Entonces la idea de Pedro fue ¿Qué tal si las partes del vampiro las dibujas? ¡Oh, qué buena idea! Hice el dibujo, se lo propuse al editor y a Álvaro Matus le encantó la idea y creyó ciegamente en eso. Quería agradecer a un escritor de ciencia ficción que me ayudó mucho en términos de darme coraje y que me dejó ser no más: Luis Saavedra. Un  gran escritor que ahora vive en Inglaterra, súper underground y que el medio de la ciencia ficción local le debe mucho. La fantasía es un género tan menospreciado, tan subvalorado. Cuando yo decía que este libro se trataba de la persona más poderosa del mundo, pero que parecía la más débil, en el Chile real de la miseria de los 80 y los allegados, y que el chico podía ver el futuro, volar, era telépata y que además tenía un vampiro, todos me quedaban mirando ¿Qué estás escribiendo?
¿Tú la definirías como una fantasía, más que un drama?
La definiría como una novela juvenil de terror. Una amiga, Alejandra Pinto, vio algo que yo no había visto. La portada se comunica mucho con la idea que te voy a decir a continuación. Ese sol que tiene la portada, casi japonés en el atardecer, como de mono animado japonés, tiene mucho que ver con la estructura de los monos animados japoneses, estos cliffhanger, ese tipo de melodrama súper sufrido y en donde me doy la licencia que pasen cosas sobrenaturales. Tal como pasa en muchos animé, mangas y en producciones de Oriente. Es como “Candy”, “Marco”, “Evangelion”.
Cuéntame de la segunda y tercera parte del libro.
Va a ser una trilogía. Si a la editorial le parece bien el manuscrito, en el que estoy avanzando, la segunda parte podría publicarse en 2018. Yo creo que sí. Y la idea es continuar, Los años en los que están ambientados la trilogía “Allegados”: 1988, 1989 y 1990, son años formativos para el personaje. Si te fijas en la primera, él personaje no aprende en realidad nada. Es como el anti aprendizaje, es como la estructura de “Harry Potter”, porque todo termina siempre y se supone que aprende algo y pasa de nivel. Pero yo lo estructuro en sentido contrario: el protagonista no aprende nada, no hay un aprendizaje en el clásico sentido de la palabra. ¿Y si en vez de avanzar qué pasa si hago que descienda? ¿Qué pasa si hago que esto empeore de la mejor forma posible? Si te gustó el primero, el segundo te va a gustar más y el tercero va a ser como ¡ohh! Y mi desafío fue hacer que nada de lo narrado en la trilogía sea predecible. A mi vida no le pasaron esas cosas. No todo es biográfico en “Allegados”. Mi vida no fue tan entretenida. Hay un ejercicio y una artesanía, me sentí como un artesano haciendo aritos de metal para la feria de artesanía. Hice mucha artesanía en el sentido de diseñar y alcanzar metas narrativas. Pensé en muchas estrategias para que todo pareciera orgánico y no predecible. Está el desafío de la novela dentro de la novela, está el desafío de que el mundo que está ahí resulté correcto y claro, dejando además un final completamente inesperado y que te dejara arriba con ganas de saber más, con dos o tres nudos abiertos que necesito para continuar la historia en el segundo y el tercer volumen.
¿Hiciste alguna vez un taller literario?
No, pese a que puede que yo haga alguno más adelante como guía. No me metí a uno porque sentía miedo a la imposición de una idea ajena, de un formateo que viene del exterior. Imagínate si hubiera presentado esto en un taller literario, yo creo que me lo hubieran hecho pedazos. Este libro lo que respira es libertad.
Fue bueno que Hueders te pudiera dar esa libertad. Quizás otra editorial te habría censurado.
Exacto. No lo hubieran entendido como lo que es. Este libro es ante todo libre. Libre principalmente respecto de mí. Muchas personas que al inicio me decían “quédate con la parte costumbrista y el allegado y no metas ningún vampiro”, y yo les decía “¡No! ¡el vampiro es súper importante!” “¡Es que no tiene nada que ver!” “¡Tiene todo que ver! ya vas a ver que sí, créeme”.
Hay mucho prejuicio con la fantasía. Cuando está más o menos bien hecha, puede funcionar y te puede entretener, puedes hacer  un tema con él. El tema de los allegados es un tema social, serio y todo, pero quiero que este libro sea una conversación, no una conversación de un documental con cifras y miseria, todo en blanco y negro y con el drama de lo que significa estar de allegado. Yo quería entretener y fantasear.
¿Es multi generacional? ¿Lo puede leer cualquier persona?
Sí, es para personas de todas las edades, pero creo que más que nada para adolescentes y para lolosaurios como yo. Ojo. Yo creo que soy una persona muy joven de cabeza. Pese a mis 45 años, me gusta consumir muchos productos jóvenes, consumo novelas gráficas, consumo cómic, consumo animación japonesa, no me gusta escuchar esos programas nostálgicos de los ochenta, me gusta mucho lo nuevo. Cuando salió en su tiempo la película “Donnie Darko”, de Richar Kelly, fue -y todavía lo es- súper incomprendida.
¿Has pensado en otras historias?
Sí, tengo pensadas muchas historias que juegan con lo que juego en este libro, que es con la historia dentro de la historia, la fantasía, harta fantasía y mucha cruda realidad.  Tengo mucho pensado, muchas historias. Son tres libros al hilo de “Allegados”, es un gran desafío: y necesito tiempo y tengo que trabajar, y amo mi trabajo, amo el periodismo, amo lo que hago, amo la crítica de cine.
El tema de los orígenes, de  la importancia de los orígenes en general en la vida. ¿Es el punto de partida de esta veta de escritor y de contar esta historia como primera historia?
Sí. Hay una cosa de la que me di cuenta tarde, que cuando uno hace storytelling, cuando quieres convertirte en storyteller, quieres ser Alan Moore a la primera, o Jean-Luc Godard a la primera… y eso, bien, bacán, pero por eso quedan libros o películas tan malas. Y en entrevistas con directores de cine, por ejemplo, siempre es la misma pregunta, ¿por qué esa historia? ¿por qué esto? Porque son mundos que ellos conocen. Si te fijas, Martin Scorsese conoce súper bien las reglas de cómo funciona el mundo de donde venía, que era de Little Italy, conoce súper bien los códigos, qué es un wise guy, qué es un goodfella, conoce súper bien lo que es ser adicto.  También Stephen King, todos sus libros son del terror de lo que significa ser adicto y ser AA. Entonces al final me dije ¿Qué mejor que escribir de algo que conozco súper bien?. El mundo que muestra este libro lo conozco como la palma de mi mano, está todo ahí, están los demonios, están los miedos, está todo. Pensé “¡trabajemos con eso!”, y lo hice. Entonces esa es como la regla para que algo quede bueno, en términos de creación artesanal o artística: conocer muy bien el material sobre el cual vas a trabajar, al revés y al derecho.
¿Alguno de los personajes del libro te ha comentado algo?
Ningún personaje existe en verdad. Al final tú mezclas. Mezclas el gesto de A y después mezclas la risa de B, y después mezclas lo que dijo C y creas algo nuevo y que no existía antes: creas ficción y produces así algo original.
¿Cuál crees que fue el mayor desafío?
El final. La escena de la micro (que tiene tintes sobrenaturales) y el final. Son las que me involucraron mayor cantidad de tiempo. Tenía que pensar cómo hacerlo y al final salió súper natural, ver cómo lo hacía. Fue como usar efectos especiales, pero sin que se notaran los efectos especiales. Todo eso me costó muchísimo, quería sorprender, que la persona que llegara a este libro dijera “¡Guau!, no esperaba nada de esto”.
¿Fue un desafío dejar de ser el periodista que escribe reportajes para escribir una novela?
No, el tema fue encontrar el tono. Si lo escribía en tercera persona o lo escribía en primera. Al final decidí la primera. Al final decidí el tono fluido de conciencia. Aparte que me gusta mucho Henry Miller, que lo hace mucho. Uno escribe en “periodístico” porque es el lenguaje universal para que todos te entiendan cuando eres periodista. El lenguaje periodístico te sirve si trabajas en un diario, una radio, en una revista. Pero son distintos al lado de una novela, hay cambios, aunque el de ficción narrativa me salió súper orgánico. No fue problema. El desafío fue la estructura, fue saber cómo hacer encajar todo. Si voy a hablar en primera persona, ¿qué voy a decir, qué estructura?
¿Cuáles son tus referentes cinematográficos?
Andrés Wood en lo social, también el “Laberinto del Fauno” y “La forma de Agua”, de Guillermo del Toro. Yo creo que son los mundos de donde viene esto. Harto también de la serie “Mr. Robot”.
¿Qué le dirías a la gente para que lea tu libro?
Es un libro al que no hay acercarse con miedo. Es un libro que busca entretener, busca tener diálogo con el lector. Es un viaje que no suelta. Yo lo diseñé para eso. Invito a que lo lean y que no se queden con los prejuicios. Es como la primera temporada de una serie entretenida, con muchos efectos especiales, pero que tiene profundidad y capas y que te va a emocionar y sorprender.

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