Entrevista al autor de «El problema del fin del mundo» Julio Rojas: «Me siento un narrador»

Por Galia Bogolasky

¿Qué harías si supieras la fecha exacta en que todo termina? El visionario creador de Caso 63 y considerado un nuevo referente de la ciencia ficción latinoamericana, Julio Rojas responde esta pregunta con un tríptico narrativo sobre gente común enfrentada al ocaso de nuestra era, El problema del fin del mundo, publicado por Suma de Letras.

Dos parejas se juntan a cenar en Madrid. Una de ellas les tiene una propuesta casi increíble: tiene horas para decidir ser parte de los pocos humanos que podrán refugiarse en un bunker escondido en una isla remota ante el inminente colapso de la humanidad. En África, una epidemióloga chilena se ve involucrada en una misión contra el tiempo para detener el virus más letal de la historia que, si se propaga, podría ser el fin de la vida en la Tierra. Y en el sur de Chile, el autor va tras la pista de una analista de datos estadounidense que abandonó todo para irse al lugar más alejado del mundo a esperar el apocalípsis. Tres historias que el autor-narrador conoce, recoge y relata porque dan cuenta de un mismo fenómeno. Algo se avecina, el mundo está en crisis y tenemos que prepararnos.

Como suele ocurrir con este género, este nuevo libro de Julio Rojas nos deja múltiples cuestionamientos, nos plantea dilemas éticos respecto a la sociedad que hemos construido y nos deja preguntas sobre un presente que cada vez parece pisarle más los talones al futuro.

Julio Rojas es un destacado guionista de películas y series, incluyendo La vida de los peces (ganadora del Goya), la serie Familia de medianoche (Apple TV+) o la película Beacon (Max). Considerado un nuevo referente de la ciencia ficción latinoamericana, dio vida a la serie de ciencia ficción El Refugio (Starz) y múltiples audioseries del género como Cisne Rojo, Borrado, Turing, Confluencia, Retornados, Foom, Simulacro y Selección natural. Su obra más notable es Caso 63 para Spotify, ganadora del Premio Ondas en España al Mejor Podcast de Ficción, que ha sido adaptada a varios idiomas, convirtiéndose en la ficción sonora en español más escuchada del siglo XXI. En 2018 debutó en la literatura con la novela El visitante extranjero (Suma de Letras), publicada también en España. Posteriormente publicó El final del metaverso (2022) en Chile y México, y Un mundo imposible (2023), ambas bajo el mismo sello editorial. En 2024, su trabajo Pantallas y mentiras fue reconocido como el audiolibro del año en España y su audioserie Enigma obtuvo el premio Rose d’Or a mejor audioficción en Miami Content. Simulacro por su parte, recibió el premio al mejor podcast de marca en los Premios iVoox 2024. En la actualidad suele ser convocado como speaker experto en disrupciones tecnológicas por importantes instituciones y congresos científicos y se desempeña como asesor y consultor de prospectiva para compañías líderes en inteligencia artificial.

Esto fue lo que nos contó sobre su última novela El problema del fin del mundo

Primero cuéntame un poco cómo surgió esta novela, El problema del fin del mundo. Yo sé que ya vienes hace tiempo trabajando con la ciencia ficción, desde casó 63, te has ido metiendo y se nota que has estudiado harto el tema. ¿Cómo ha sido este proceso para llegar finalmente a esta historia, a esta novela?

Yo había escrito una audioficción hace mucho tiempo que se llama Cisne Rojo. Es una historia de una mujer que está en su apartamento que vende y compra acciones, estas broker, y la llama a alguien y le dice que puede que se produzca un colapso y toda la audioficción es comprender si estás mintiendo o no y cuál es la magnitud del colapso y finalmente no sabemos qué pasa. Pero en esa audioficción yo tuve que investigar sobre un par de personajes de gente del mundo de las corporaciones que súbitamente, como sucede en la audioficción, detecta algo y renuncia y se van a Alaska, se van se van lejos.

Me interesó mucho el fenómeno de los preppers, de los preparacionistas; gente que realmente piensa que viene un fenómeno multicausal, con diferentes aristas, pero que tienen como común denominador que la sociedad se derrumba y hay que ir a protegerse fuera porque las ciudades se convierten en trampas mortales. Me interesó mucho comprender la mecánica, qué pasa en la mente de esa gente. Así que sobre todo puse la atención en una mujer que había dejado una compañía tecnológica. Ahí escribí una supuesta conversación que yo tuve con ella en el sur de Chile. Realmente ella no está en el sur de Chile, está en Alaska, pero yo la puse en el sur de Chile, pero básicamente fue lo mismo. Quería dar a entender que hay un asunto que se llama el contagio del fin del mundo, que es que alguien te transmite, así como gente que te transmite seguridad, te transmite futuro, te transmite tranquilidad, hay gente que te inocula la paranoia de que todo puede estar muy frágil, más frágil de lo que parece. Basta con que veamos que, en esta guerra, a veces trasnochando, en una red social dice: “oye parece que van a lanzar una bomba nuclear”. Igual uno piensa un poco y es muy posible, me refiero que no es demente que pase, porque con gente demente en todos lados es una posibilidad que sea muy poco probable y se produce un contagio. Entonces yo quería hablar del contagio del fin del mundo y lo hablé en esta tercera historia. Las otras dos tienen otras fuentes, pero son la mayoría basadas en conversaciones que me dieron, que yo entrevisté o que yo escuché.

¿Por qué se te ocurrió hacerlo en este formato de tres historias?

Yo pensaba, la que más me gustaba, porque estoy más cercano a ese mundo de la epidemiología y siempre pensé: “¿Cuáles son los factores que podrían precipitar el concepto fin del mundo?” pero no como esos conceptos como milenaristas, como de superstición como el año 1000 ó el 2012 los Mayas o el año 2000, sino de verdad ¿cuáles son el ranking de las cosas? y el ranking de las cosas había tres que emergieron y que yo lo sabía desde que estoy escribiendo, que están ahí presentes. La primera es la posibilidad que una IA se desalinee y eso creo que es un fenómeno súper documentado, todo el mundo tiene mucho pánico a eso. Geoffrey Hinton lo dice cada rato, tiene un 30 por ciento de posibilidad de que esto termine mal. De verdad la gente lo tiene en su tablero, lo tiene en la mesa esa posibilidad.

La segunda posibilidad, que no es tan dramática, no es tan ciencia ficción, pero es absolutamente realista y no es que esté en teoría de conspiración, sino que es un tema de uno más uno, es que un virus mute. Estamos llenos de virus, los virus mutan, los virus nos crearon a nosotros mediante mutaciones, son producto de las mismas mutaciones de virus, los virus nos van a acabar de alguna manera, aquí o en el año 4000, algo va a pasar con un virus, no vamos a poder ganar esa carrera. La segunda historia tiene que ver con un virus y con una decisión. Entonces la primera tiene que ver con un ideal, la segunda con un virus y la tercera tiene que ver con el fenómeno del contagio que hablamos. Son las tres maneras en que podría suceder una especie de colapso. Cuando tuve que tomar la decisión dije no es que no puedo elegir una sobre otra, todas pesan igual, voy a contarlas todas.

Las tres daban como para una novela por sí sola ¿no pensaste en algún minuto desarrollar un poco más cada una para que fueran tres novelas por separado?

Me hubiera encantado, de hecho, la primera la licenciaron para una película, así que van a hacer una película, que es bastante teatral finalmente porque uno se lo imagina. Sin hacer spoiler, se trata sobre una pareja más joven, que es invitada por una pareja de la elite a una cena en un restaurante y en la mitad de la cena le proponen irse con ellos a un búnker, porque tienen información privilegiada. Yo quería poner al lector en una especie de dilema, que es el dilema del Titanic finalmente, que es ¿te quedas, como en la película, abrazado con tu pareja en la cama mientras viene el agua? o ¿intentas salvarte en un bote? Lo que te están diciendo es un cubo en un bote. En Titanic era fácil porque finalmente hay un iceberg y se está hundiendo. El problema del fin del mundo, por eso es el título, es que no tenemos certeza de qué va a ocurrir, es un acto de fe, pero hay que leer las señales de que si esto realmente podría ocurrir o no. Si esto paranoia o realmente geopolíticamente las cosas están vulnerables. Ahora creo que adelantaron el reloj del fin del mundo, ese contador de cuánto nos queda. Alguien podrías decir: ¿Tengo resgarduos? ¿Tengo un botiquín en la casa? Cosas muy domésticas ¿Tengo suficiente analgésico? ¿Corticoides?

Esa primera historia me impactó por la decisión y también era bien realista. Me la imaginé como muy audiovisualmente porque pude visualizar esa comida invitando a los amigos y los argumentos que les explican, el por qué son ellos los elegidos.

Exacto, uno no tiene que pecar de ingenuo con la elite. Es súper fácil satanizar a la elite, porque básicamente uno puede hacer caricaturas, pero realmente en el día a día alguien te podría, con muy buenas razones, convencer de que lo acompañaras a sobrevivir. Yo quise poner buenas razones para que la decisión de quedarse o irse fuera relevante. Pero te fijas que es una historia que no es ciencia ficción, pero hace cinco años podría haber sido ciencia ficción, hace diez años más, pero ahora es algo muy probable. Hay libros sobre los planes de los millonarios que se van a las Maldivas, a hacer sus bunkers, que tienen canchas de golf. No son los bunkers pequeños, entonces es algo realista, puede suceder, por supuesto que puede suceder, y quizás no sea descabellado ponerse un poquito paranoico, en términos de que si uno piensa que estamos en una sociedad y una civilización donde hemos puesto demasiadas cosas en la sopa, tiramos en la sopa guerras geopolíticas, discursos de odio, caída de las democracias, populismo, tonteras, una especie de descreimiento de la ciencia, que es una locura, la gente como que no cree en la ciencia finalmente, y si no cree en la ciencia, que era como la única luz civilizatoria, más allá de la ideología, la única luz. La gravedad existe, hay gente que está dudando ahora de la gravedad, de la forma de la tierra. Hay gente que me escribe, porque el Caso 63, se trata de un virus que se llama Pegaso, y hay gente que me escribe y me dice: “Me encanta, pero me carga que tú digas que las pandemias vienen por los virus y tú sabes que eso es mentira, tú sabes que los virus no existen, ni las bacterias”. Entonces uno dice: “a ver, disculpa, ¿qué pasó en el colegio? ¿Qué viste en tu cámara de eco, de internet, tanto tiempo, que me llegas y me escribas un correo diciendo que no existen las vacunas, que no existen las bacterias? Te fijas que derrumban todo de un paraguazo, entonces este caldo de cultivo, es un cóctel feroz donde todo puede pasar realmente.

Es interesante por cómo aborda el tema de la inteligencia artificial, tu usas la inteligencia artificial como herramienta para escribir, como apoyo para los guiones, y eso lo encontré interesante, he escuchado de muchos guionistas que, efectivamente, es una herramienta que ayuda, no es que te reemplace creativamente.

Va a reemplazar, a aquellos que no la usan y que no saben usarla, va a llegar un tsunami. ¿Cuáles son las características que tiene que tener un virus en Etiopía, y que venga de un murciélago igual que el Covid, para que sea razonablemente peligroso para la especie humana? ¿Qué hace un guionista de ciencia ficción o de medicina? Googlea, lee unos libros, que es bueno, y todo lo demás, pero te demoras mucho, en cambio con la IA, tú tienes una especie de epidemiólogo de soporte, y le pides, búscame toda la información relacionada con las capas de los virus, y ahí te dice eso y te lees los papers y todo, pero es tu ayudante super mateo, que te pone aquí todo, para que tú te dediques a lo que el ser humano debería hacer, que es el esfuerzo creativo puro.

¿Por qué los pensaste en este formato? Ya que tú escribes cine, escribes series, haces podcast, escribes novelas, estás en todos los formatos, ¿por qué esta historia en este formato originalmente?

Yo pienso que un libro, aunque sea muy pequeño, es un libro fácil de leer, tiene poca extensión, de alguna manera solidifica un pensamiento, no queda volátil. Te has fijado que, por ejemplo, una película puede quedar en ti, pero se va disolviendo porque viene otra película y otra película. En los libros pasa algo diferente. Ese libro está ahí y es una especie de solidificación de una predicción o un manual de pensamiento, de un sistema de pensamiento que yo quería tenerlo fijo, porque puse mucha ciencia y muchas teorías metidas de maneras muy simples, que están ahí, pero hay mucha investigación. Y quería escribirlo porque también me pasó que cuando empecé a investigar sobre eso, a mí me pasaron cosas y por eso están como diarios, como personal, porque yo me pongo ahí, pongo a mi abuelo, pongo que de verdad estuve en la Patagonia hablando con personas, hice exactamente el recorrido del libro, completamente. La epidemióloga ya la conozco, iba a ir a Etiopía a ver a Lucy. Me refiero a que lo escribí como un diario para después ver qué formato era el que podía brillar y luego pensé que no, ya lo tenía escrito así.

Estás con proyectos en distintos países ¿Puede pasar que empieces una historia en un formato que termine derivando en otra? 

Sí, cuando yo era chico veía una serie, yo tengo mis años, así que veía una serie que se llamaba Viaja al fondo del mar, que era con un submarino, de investigación oceánica. Siempre mi sueño era hacer una narración que tenía que ver con una tripulación, porque me gusta Star Trek y soy freak y me gusta el tema de las tripulaciones, porque aparte que dramáticamente son muy efectivas porque tienes un lugar cerrado, fuera de tu cuerpo, estás en el universo ampliado, todo sucede, pero sucede desde una sala de control, entonces es perfecto para una serie donde suceden cosas.

Entonces yo dije: voy a escribir una serie sobre un submarino donde hay una guerra, igual que ahora, que está a punto de escalar a una cosa nuclear y justo hay algo en el fondo del mar que tienen que resolver y se relaciona eso, se llama Atlantis. Finalmente fue una audioficción, y funcionó, porque como es algo que está en un submarino, tú no ves afuera, entonces es súper audible finalmente. Ahora estoy invitado a la Comicon porque van a lanzar Atlantis en una plataforma. Yo quería hacer una serie, pero finalmente salió una audioficción. Las historias finalmente son las que llaman a los formatos, por eso a veces yo no me siento un escritor, primero admiro demasiado a los escritores puros, donde el manejo de la palabra y el estilo incluso está por sobre la historia. Yo me siento más un narrador porque vengo de una escuela de narradores, el guionista es un narrador, es un cuentacuentos. Me siento un narrador y ahí veo en qué formato la historia puede vivir mejor.

Ahora estás sumergido en el tema de la inteligencia artificial y la ciencia ficción, ya es un género que casi está asociado contigo ¿Qué tal los otros géneros? Cuando empezaste escibirnedo con Matías Bize era drama ¿Estás escribiendo igual en otros géneros o ahora todo está sumergido en este ámbito?

Los guiones con Matías (Bize) fueron una experiencia maravillosa porque me permitieron explorar, siempre fueron guiones muy mínimos. Me abruma, yo creo que tengo una especie de agorafobia cinematográfica o literaria de hablar en grandes proporciones o historias muy grandes, sino que siempre me voy a lo mínimo, entonces me permitió jugar con reflexiones sobre parejas. Yo hacía reflexiones sobre parejas humanas. Pero después me di cuenta de algo, que todas estas reflexiones tenían un arco donde en un momento la pareja tenía que tomar una decisión y quizás lo que me interesa más de contar, es el tema de los momentos que generan una línea alternativa de vida, como un vórtex. Todas mis películas o todo lo que escribo, en un momento se trata de un dilema de vórtex donde tú vas a un lado o vas para el otro y ahora yo sé, me gustaría creer, que en el fondo estoy haciendo trampa porque estoy contando una historia, pero realmente la otra también sucedió. Es otra línea a tiempo, que básicamente es ciencia ficción y me gusta la ciencia ficción, soy un ñoño, siempre lo fui, soy un nerd, entonces de alguna manera salí del clóset y dije: “ya, me gusta esto, me gusta el tema” Leí todos los clásicos, vi todas las películas, he leído toda la ciencia ficción, pertenezco a una maravillosa asociación de escritores de ciencia ficción chileno ALCIFF, que es maravillosa, que son unos talentosos que me superan, pero de una manera abismal y yo estoy feliz de estar ahí, yo soy el boomer de una generación increíble.

Goza de buena salud la ciencia ficción, me gusta, pero no significa que no haga otros géneros, por ejemplo, ahora acabo de terminar un thriller que ocurre en un avión y es una película contenida nuevamente y también tiene esa cosa de esta decisión, una decisión gigante. Terminé una comedia romántica pero también tiene un tema que tiene que ver con la IA y el tema de la suplantación. Cuesta mucho abstraerse de que estamos viviendo un momento de ciencia ficción. Me refiero a que ya tener esta conversación acá en una pantalla es una locura, dentro de un año más yo te voy a tener que pedir una clave para saber si tú realmente eres tú o no, no hay ninguna posibilidad de saber si yo mandé un clon o no.

Te ha ido tan bien con los últimos trabajos que has hecho, qué has internacionalizado tu carrera y te ha tocado trabajar mucho afuera. Cuéntame un poco cómo ha sido esto de estar trabajando para otros países también.

Me toca viajar harto. Trabajo bastante en México y en España y lo que hago es que voy por un periodo, escribo lo que tengo que escribir e investigo en el lugar, porque me piden que lo que escriba, de alguna manera, tenga un soporte de universo físico que esté relacionado con lo que estoy escribiendo. Por ejemplo en Canarias que estuve ahora para una audioficción sobre la teoría de la simulación, tenía que suceder en ciertos lugares específicos de cada una de las nueve islas canarias, entonces como que tenía que ir ahí.

Otro tiene que suceder en un hotel en Asturias, entonces tengo que ir al hotel de Asturias. Lo que yo hacía antes era que me ponía un casco de realidad virtual, este Oculus, entonces me meto ahí y hago como un scouting, veo el lugar y escribo, pero realmente cuando dije eso, me dijeron tienes que venir, me toca eso. Lo otro que hago es que escribo absolutamente en chileno, si tengo que escribir algo en inglés, no, si algo con un acento mexicano, con un acento español de alguna región, nada, lo escribo absolutamente en chileno y luego alguien se encarga de eso, tomarlo y transformarlo al lugar local y me encanta porque después lo escucho y digo, mira, eso funciona mejor aún.

Finalmente, invita a la gente a leer El problema del fin del mundo

Les quiero recomendar mi novela El problema del fin del mundo que es una pregunta que creo que nos compete así que no creo que sea una lectura que no esté conectada con el momento actual, así que les pido que la disfruten y que vean que el problema al fin del mundo está más cercano de lo que puede parecer.

Ficha técnica:
Título: El problema del fin del mundo
Autor: Julio Rojas
Sello: Suma de Letras
Págs.: 152
P.V.P.: $17.000

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