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viernes, mayo 14, 2021

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Entrevista al autor de “Mi abuela estuvo en Auschwitz” Marcos Alvo: “La sororidad que hubo dentro de Auschwitz fue fundamental para que ella pudiera sobrevivir”

Por Galia Bogolasky

Entrevistamos al fundador de The Cow Company, creador de Living Teatro, Living Stories y reconocido productor teatral quien lanza su primera novela, basada en la historia de sobrevivencia de su abuela materna.

El día que Dezi Barsilai murió, su nieto Marcos Alvo hizo una promesa: reconstruir su inspiradora historia y divulgarla. Esa mujer que nació en la Salónica en 1925 y que perdió a su familia durante la Segunda Guerra Mundial, había logrado construir una nueva vida en Chile, donde vivió por décadas sin querer recordar ni menos hablar de los terribles hechos ocurridos en su juventud y que incluyeron su paso por Auschwitz. A partir de la entrevista que le hizo un equipo de documentalistas enviados por Steven Spielberg, donde ella dio su testimonio por primera vez, el autor comenzó a armar las piezas del rompecabezas que forman las vivencias de su abuela y de cómo pudo sobrevivir al horror. De Grecia a los territorios polacos ocupados por los nazis, y de ahí al barrio de Patronato, este es un relato que revisa sus experiencias durante la guerra y su estadía en los campos de concentración, así como su lucha para salir adelante gracias a un inquebrantable espíritu de sobrevivencia. Esto fue lo que nos contó.

En el libro cuentas que tu abuela te pidió contar esta historia de lo que vivió ella en Auschwitz, pero ¿cómo fue que surgió escribir esta historia y cómo fue ese proceso creativo para ti?

Como tú dices, fue, efectivamente, una especie de compromiso que yo había tenido alguna vez con ella. No fue una vez puntual donde me dijo “tú tienes que escribir”, sino que ella siempre pensó que su historia debería perdurar para que la conozca más gente, pero es algo que yo había pateado mucho tiempo, porque yo no había querido meterme, porque sabía lo que significaba para mí meterme en el ámbito de narrar la historia y de investigar cosas que probablemente yo todavía no sabía. De hecho, cuando ella tuvo esta entrevista con la Fundación Shoah, que es la que manda a (Steven) Spielberg para que recoja su testimonio, yo me acuerdo que nosotros estábamos en una pieza al lado, no escuchábamos nada, simplemente estábamos ahí de curiosos, tratando de saber qué era lo que pasaba, pero el video lo tuve guardado en un cajón durante casi veinte años, porque no había querido verlo. De hecho, me demoré, además de los veinte años que me demoré en ver el video, me demoré en verlo, una vez que empecé a escribirlo, un año entero en verlo completo. Veía un pedacito del video, como el video está narrado en forma cronológica, me sirvió para darle una estructura a la narración del libro. Entonces, veía cinco minutos de video y le dedicaba dos semanas a hablar de esos cinco minutos, porque en esos cinco minutos, muchas veces, ella daba datos, que los pasaba muy tangencialmente, pero que tenían mucha información. También me tocó hacer la labor investigativa de ver qué de lo que ella estaba diciendo fue tal cual como ella lo dijo, porque como ella tenía doce, trece, catorce años, en el minuto de que ella contaba ciertas cosas, algunas las podría haber magnificado, otras las podría haber pasado por encima u otras podría estar, directamente, con información equivocada. Por ejemplo, me pasó con uno de los episodios que ella narra, esta vez que los alemanes llaman a todos los judíos entre quince y cuarenta años a la plaza principal de Salónica y ella decía que había más de dos mil personas, y yo decía “bueno, esta debe ser una de las exageraciones”, y lo fui a investigar y en verdad fue un episodio que probablemente no está muy relatado, de algo que no tenía idea que había pasado, pero efectivamente fueron casi diez mil personas en una plaza, parados durante todo el día, sometidos a ciertas torturas. Entonces, cada uno de esos episodios que ella decía “bueno, yo pasé por ahí y había dos mil personas”, eso, para mí significaban diez días de trabajo, de investigación, de escribir, de saber qué más abarcar. De ahí, era ponerle play, otra vez, a otros cinco minutos del video y tratar de seguir encontrando esa información y escarbando esa historia.

Es súper impresionante, que aparte de los relatos, desde el comienzo del libro, como no tiene clara su fecha de nacimiento, te da a entender que hay mucha información que tuviste que recoger de otras partes e investigar. ¿Cómo fue ese proceso de investigación para recopilar todos estos datos? ¿Dónde conseguiste la información, aparte del video y todos los testimonios?

Había distintos espacios y temas que tenían distintas fuentes. Por un lado, estaban las fuentes más cercanas, que era mi propia familia, pero era la peor de las fuentes, directamente, porque cada uno tenía una interpretación distinta de lo que alguna vez les había contado mi abuela. Entonces, hay historias que cada miembro de mi familia tiene una versión distinta y, de hecho, en algunas partes del libro, lo puse, como “mira, esta, creo que fue una narración de mi abuelo en particular”, que yo no lo conocí, pero mi abuela me hablaba mucho de él y contaba una historia de cuando él tuvo que poner una bomba como partisano en las vías del tren y le explotó cerca de la cara, por lo tanto, quedó ciego y recuperó la vista bastantes días después y, en teoría, fue un burro el que lo llevó hacia distintos lugares. En la versión de mi mamá, en esa historia, por ejemplo, había un burro, pero había más personas. En la historia de su hermana, de mi tía, también era otra historia, entonces, finalmente la narré como yo recordé que me la había contado ella. Probablemente, algunos detalles se pueden ir perdiendo a medida que va pasando el tiempo, pero también me pareció interesante palparlo, hay ciertas cosas que se recuerdan más que cómo fueron, directamente. Con ciertas cosas más históricas, era más fácil, porque, efectivamente, hay más información, por ejemplo, de lo de la plaza de Salónica, de eso hay información en libros, hay información en Wikipedia y en otras cosas. Además, fui encontrando cosas que no sabía que existían, de que una de las personas que estuvo en Auschwitz con mi abuela, que era una amiga de ella, que se llamaba Frida, escribió una especie de blog. Probablemente, lo escribió en papel y sus hijos lo pasaron a un blog que estaba escrito en hebreo y eran unas veinte páginas donde ella narraba su experiencia de Auschwitz y pre Auschwitz. Las de pre Auschwitz no me servían mucho, porque estaban en una clase social totalmente distinta que con la de mi abuela, porque Frida tenía bastante buena situación económica y mi abuela no, entonces vivieron muy distinto lo que fue la pre invasión, pero ya una vez que estaban dentro del campo, éramos todos iguales. Entonces, me servía mucho esa información que manejaba Frida y que, de alguna manera, se iba contrastando con algunos de los relatos que iba contando mi abuela, entonces se iba tejiendo ese relato.

¿Cuál fue el mayor desafío para ti durante el proceso de escritura y de recopilación de información?

Yo creo que lo más complejo en la parte de investigación o en la recopilación de información tiene que ver con todo lo que no es histórico, que, a la vez, me parecía que era lo más interesante, porque lo histórico ya está. De alguna manera, es como que esas cosas están en otros libros, lo hemos estudiado en libros de historia y quería alejarme de eso, quería ver, no lo que había pasado, sino cómo lo había vivido. En el “cómo lo había vivido”, básicamente, tenía que confiarme en fuentes no tan fidedignas, como la memoria directamente, de cómo me había narrado ella sus propias cosas o cómo había quedado en la historia familiar. Mi mamá y su hermana fueron fundamentales para irme contando cómo enfrentó ciertas cosas o cómo les dijo a ellas cómo enfrentó ciertas cosas, más que los hechos históricos propiamente tales, que, de hecho, en algún minuto, el libro me empezó a quedar medio periodístico. Ahí tuve una buena crítica de alguien que me ayudó muchísimo, que fue una especie de tutor en la escritura del libro, que fue Pablo Simonetti, que me dijo: “Lo que nos interesa es ella, no nos interesa la historia, la historia ya la conocemos, déjala en el contexto”. Entonces, me sirvió como para poder ir quitándole pelos a la sopa y quitarle tanta información que, probablemente, puede ser interesante para gente que no lo conoce, pero ya está escrita, está en otros lados, entonces lo que quería hacer es que fuera un poco distinto este libro de otros libros de Auschwitz, que tuviera la historia de ella y de cómo ella vivió su proceso y que, de alguna manera, me fui enterando más en profundidad de que la sororidad que hubo dentro de Auschwitz fue fundamental para que ella pudiera sobrevivir. Esa historia, me pareció que era mucho más interesante y más bonita, porque claramente no hay un misterio, sabemos que mi abuela sobrevive a Auschwitz, entonces no es cómo va a terminar el libro “¿Se salva o no se salva?” ese suspenso no existe. Entonces, lo más interesante es casi como la película Titanic, tú sabes que el barco se va a hundir, lo interesante es cómo llegamos a esa etapa antes del hundimiento. Me parecía que era interesante rescatar las relaciones humanas, primero, en el ghetto, entre ella y su familia, y después en el campo, cuando perdió a su familia, entre ella y sus amigas.

Lo más conmovedor fue esa amistad con Frida, Alegre, Pola, fue una historia muy potente. A mi me quedó la sensación de que el libro es de una historia de amistad, donde se sobrevive gracias a eso. ¿Tú crees que ese era el trasfondo? Aunque la raíz es una historia familiar

Yo siempre lo vi así, porque mi abuela siempre hablaba de que ella y, particularmente, Frida, porque finalmente fue con ella con quien mantuvo la relación postguerra, porque Pola murió en la guerra y Alegre murió justo al terminar la guerra. Entonces, yo me acuerdo de haber escuchado directamente de Frida que decía que ella vivió gracias a mi abuela, que mi abuela era la busquilla, la que lograba encontrar el pan, robarle cosas a los oficiales y cosas por el estilo, pero al mismo tiempo, lo que yo me fui enterando después, es que mi abuela sobrevivió gracias a eso también. Mantener viva a su amiga era una misión suficientemente potente, como para que ella tuviera que tener una conciencia de por qué salir. Muchas veces me han preguntado, algo que probablemente yo no sé la respuesta concreta, sobre cómo y por qué sobrevivió ella, pero si tengo que aventurar una teoría, yo creo que ella sobrevivió para salvar a Frida, por esta especie de promesa que se hicieron mutuamente y para tener una familia, que fue la promesa que le hizo a sus papás. Entonces, fueron esas dos promesas que, de hecho, en algún momento quise ponerle ese título al libro, como Tres promesas, está la promesa de ellas, entre Frida y Dezi, estaba la promesa a sus papás, y por otro lado estaba mi promesa que le hice a ella de escribir la historia, pero la editorial consideró, afortunadamente, que tenían una idea mejor y le pusieron, finalmente, un título que a mí no me gustó en un principio. Yo peleé bastante contra Mi abuela estuvo en Auschwitz, porque, por un lado, encontraba que tenía dos temas: Uno, es que me situaba a mí como protagonista, porque decía “mi abuela”, y eso no me gustaba nada, porque encontraba que era su historia y no la mía. Por otro lado, Mi abuela estuvo en Auschwitz, es como “ya ¿y…? ¿qué me vas a decir al respecto?”. Pero aparentemente el nombre podía sintetizar tres cosas que también eran súper importantes, en primer lugar, que sobrevivió a Auschwitz, porque si estamos hablando de mi abuela, quiere decir que ella sobrevivió. Nos narra en este subgénero que existe ya, prácticamente, que es el tema de los libros de guerra y, particularmente, de Auschwitz. Por otro lado, era un libro que yo quería que fuese esperanzador, que no fuera un libro como: “Voy a leer esta cuestión que tiene 250 páginas y que vamos a terminar todos tristes, llorando”. Si no que fuera al revés, una especie de celebración de la vida y no una celebración o conmemoración de la muerte. Y me parece que algo de ese espíritu se recoge y se logra a través de las palabras y de cómo ella vivió su vida, después de haber salido de allá.

Hablando sobre la editorial ¿Cómo fue la decisión de contar la historia en este orden de capítulos? De ir para atrás y adelante con las historias en paralelo, en lugar de contarlo de forma cronológica.

Yo creo que no hubo una decisión de orden. Me encantaría decirte: “No, estaba súper programado y pensado y yo hice una escaleta previa, después me dediqué a rellenar páginas”, pero no fue nada así. Yo creo que obedece a mi desorden mental, para poder escribir y recopilar la información. Estaba buscando la estructura del narrador, de quién iba a narrar la historia. Partí, primero, pensando en que podía ser yo mismo el que narraba la historia y, por eso parte desde el presente, donde cuento cómo son estos últimos minutos de mi abuela cuando está en la clínica y después me fui para atrás para empezar a contar su historia, y dije: “Ahora tiene que hacerlo otro tipo de narrador, no puedo ser yo nuevamente el narrador, sino que tiene que ser un narrador omnisciente, de alguna manera, que se enmarque en ella”. Después apareció el tema de transcribir la entrevista, que, en su minuto, la transcripción de la entrevista era simplemente una ayuda de memoria, para acordarme de la información y no tener que estarla buscando todo el tiempo. Como la tenía en video, no quería estar todo el rato retrocediendo, poniendo play, buscándola, sino que decidí transcribirla completa. En esa transcripción, después me llamó la atención que, si dejaba trozos de la entrevista, le daba toques de veracidad a la historia, a medida que se iba relatando, y me ayudaba también para ir pasando ciertas elipsis. Entonces, me pasaba que sentí que funcionaba si es que yo contaba un episodio narrado con un narrador en tercera persona, pero después aterrizábamos a la entrevista, donde le daba una validez de realidad, pero siempre y cuando fueran trozos pequeños. Por eso le dejé trozos pequeños de la entrevista, porque me parecía que es mucho más interesante escuchar esa historia narrada, que escucharla directamente de cómo lo había contado ella. Me pareció interesante también dejarlo, para dejarle esos trozos de realidad, para que, de alguna manera, cuando uno lo va leyendo, vuelva a pensar y vuelva a decir “esto pasó en verdad, no es una ficción”. Finalmente, yo creo que no tomé la decisión, sino que las tres voces convivieron en sí mismas, y los cortes de tiempo corresponden al tema de terminar el libro con la salida del campo, pero al mismo tiempo no quería terminar en Chile, sino que quería que se supiera toda la historia de lo que pasó después de la guerra, pero me parecía que lo más interesante para poder darle un fin al libro, era la salida del campo. Entonces, eso me obligó a hacerle un quiebre narrativo al tiempo.

Hay hechos que generan sensaciones de angustia, porque manejas información desde antes de contar la historia de la guerra, como la muerte de Alegre. El orden es super importante en este libro. ¿Esa era tu intención o fue casual?

Algunas cosas resultaron y otras las busqué. En el caso de Alegre, fue buscado, porque yo quería que el lector supiera el destino de Alegre, antes de siquiera conocerla. De alguna manera, me parecía justo, porque también sabían el destino de mi abuela, sin siquiera conocerla también. La primera vez que aparece Alegre, sabemos que ella muere en este accidente de la moto. Entonces, cuando empezamos a saber su historia y conocerla, tiene un poco esa crónica de una muerte anunciada, donde sabemos que esa mujer que nos está gustando cada vez más, porque Alegre definitivamente le hace un homenaje a su nombre, porque era la que animaba a las demás también, saber que tiene ese destino es bien trágico y frustrante, así que yo creo que le daba cierta complicidad al lector conmigo, de que sabíamos los dos lo que iba a pasar, a pesar de lo que estábamos contando.

Esta es tu primera publicación literaria ¿Cómo fue que hiciste ese trabajo literario? ¿Habías tomado talleres literarios? ¿Cómo llegaste a aprender sobre la escritura propiamente tal?

Yo creo que la primera gran experiencia es como lector. Me gusta muchísimo leer, ando todo el tiempo con un libro en la mano y ahora que se pueden leer libros digitales, lo tengo en el celular, en el Kindle y en la mano al mismo tiempo. Probablemente, leer mucho te ayuda a conocer ciertas estructuras narrativas y uno va soltando el oído a lo que va leyendo. Entonces, yo te diría que, uno como lector, tiene la gran oportunidad de ser alumno de los más grandes maestros de la literatura mundial, solamente con leerlos. Ahí está el primer curso de literatura, es leyéndolos. Aparte de eso, tuve la oportunidad de tomar dos talleres, tomé un taller con Jaime Collyer, de novela corta, que lo tomé hace casi unos ocho años atrás, y con él trabajé mucho el tema de esta estructura narrativa, que yo siempre he sido muy porfiado, porque él incita mucho a la escaleta y yo no logro trabajar con la escaleta previa a la narración. Siento que la narración te va llevando y tiene una continuidad por sí misma. También, aquí teníamos una cronología que aportaba en ese caso. He trabajado mucho con escritores, por mi rol de productor, me ha tocado trabajar con el mismo Pablo Simonetti, en la adaptación de su obra, cuando hicimos Jardín en versión teatral, donde me ha tocado inmiscuirme directamente en ciertas resoluciones narrativas, a problemáticas que genera la literatura. Yo creo que me he ido aprovechando de esa experiencia para poder componer mi propia forma. Hoy en día, claramente, con un solo libro a cuestas, es imposible decir que tengo una forma narrativa. Me encantaría poder tener más cosas para poder empezar a pensar en una forma, pero sí, este es mi primer libro, me encantaría que no sea el último. He escrito otras cosas, pero más en formato de cuento, que eran resultados de los talleres en los que participaba. Fue la primera vez que me embarqué directamente a escribir un libro formato novela. Yo creo que ahí fue mucho de ayuda el apoyo de la editorial. Mi editor Daniel Olave, de Penguin Random House, fue el que más me impulsó a escribirla, me decía “ya, creo que es hora de que lo hagamos”. De no haber tenido una fecha límite de entrega, yo creo que esta novela podría haberse demorado años en escribir, porque además de que soy muy procrastinador. Este tema me generaba cierto pudor o cierto alejamiento, no quería ver a mi abuela en Auschwitz y, durante un año, mientras lo escribí, la veía todas las noches. Leí, estudié y leí mucha literatura de Auschwitz, vi películas, entonces fue un año de estar casi metido en un campo, durante las veinticuatro horas.

¿Qué opinó tu familia cuando leyó el libro?

Yo creo que hay opiniones dispares. Nadie me ha dicho “no me gustó el libro”, porque saben que les cortaría la palabra inmediatamente, pero mis papás, principalmente, están muy contentos. Hay opiniones dispares, en el sentido de que mi familia, en general, es súper low profile, entonces, no sé si les gusta exponerse demasiado. De alguna manera, a través de esto, nos estamos exponiendo bastante más de lo común. Lo que me importaba más era la familia directa de mi abuela, que son sus tres hijos, de los cuales uno falleció, entonces era mi mamá y mi tía. Mi mamá, la verdad, estaba muy contenta con el libro, porque encuentra que es un muy lindo homenaje para mi abuela y también sirve para generar un documento que quede para la posteridad, sobre cómo fue ella, cómo vivió lo que vivió y que sus bisnietos puedan conocer mucho más de ella y no solamente tener el hecho de que ella estuvo en Auschwitz, sino que, más que nada, cómo lo sintió y que puedan conocerla a ella como era. Ese fue uno de mis objetivos principales del libro. No era narrar como a este personaje que va viviendo distintas epopeyas, sino poder conocerla a ella y tratar de representarla lo mejor posible, de cómo era en su humor, en su espíritu de vida, en su manía por la cocina, en todo ese tipo de cosas. Cuando mis hijos puedan tener la edad de leer algo así, creo que van a conocer mucho más a su abuela. Probablemente, hay ciertas cosas que, por la cercanía dejé de tocar, pero hay otras cosas que están súper expuestas, que tienen que ver, incluso, con la muerte de mi tío, que fue algo mucho más cercano en tiempo, porque fue algo que había sucedido hace poco tiempo y está súper expuesto. Por eso, también tuve el cuidado de, antes de hacerlo, hablar con su señora y sus hijas, mis primas, para ver qué les había parecido a ellas, antes de publicarlo.

Es muy fuerte la historia, debe causar muchas sensaciones en la gente. ¿Cómo ha sido la recepción?  ¿Cómo ha sido la repercusión del libro?

Aparte de haber escrito el libro, lo más bonito han sido las reacciones que me han llegado de la gente que lo ha leído, o que está leyéndolo. La gracia que tiene el tema de las redes sociales es que es muy bilateral la relación, entonces es como que alguien va en la mitad de la página y me escribe algo y yo puedo le puedo responder de vuelta inmediatamente, entonces es muy bonita esa dinámica que existe. A mí me ha sorprendido muchísimo, en primer lugar, la cantidad de gente que lo ha leído, o sea, cuando la editorial me dijo la cantidad de copias que iban a hacer, yo encontré que iba a tener un mamotreto de libros en mi casa, que no iba a comprar nadie, pero hoy ya vamos, afortunadamente, en la segunda edición, y a diario me llega algún mensaje en Instagram o en Twitter, o en alguna otra red social, agradeciéndome por haber tenido la oportunidad de contar la historia de mi abuela, que a ellos mismos les ha servido para poder relativizar, quizás, el dolor, para sentir que este episodio también les genera fuerzas para seguir con sus propias cosas, y que aparece lo de la sororidad también. Están súper agradecidos, la gente que lo lee y la capacidad de resiliencia, de que a pesar de haber pasado por todas las torturas que pasó, les parece que hay un mensaje de amor, porque, finalmente, lo último que dice mi abuela en la entrevista es que ella, cuando la periodista le pregunta qué le diría a las generaciones que vienen, ella dice “perdonar, recordar, pero sin odio” y yo creo que ese es como el kit de lo que definía mi abuela, porque, de verdad, era una persona sin rencores, que no vivía pensando en lo que le pasó, sino que definía lo que a ella le pasaba. Yo creo que eso, de alguna manera, me parece, por la opinión de la gente que lo ha escrito, quedó plasmado en el libro. A mí, lo que más me ha gustado es la gente que me escribe agradeciendo la posibilidad de poder inmiscuirse en nuestra historia, y poder hacer propia la historia de ella. Hay personas que me han escrito que, ahora, para ellas también es su abuelita Dezi, y eso yo lo encuentro increíble.

Tú cuentas una historia de una familia judía con todas sus tradiciones y vas traduciendo lo que significa cada cosa. Es súper valioso, porque hay poca información sobre la religión judía en Chile ¿Cómo fue para ti revelar el tema de la identidad y la familia judía en este libro?

Yo creo que no fue un tema, en realidad, de revelar esta información, sino que me parece que la historia de ella es muy simbiótica con su religiosidad, entonces no podía escribir una sin escribir la otra. Claramente que para poder escribir sobre la religión, tenía que no solo traducirlo literalmente, en el traspaso de idioma, sino que tratar de hacer un traspaso cultural en algunos temas, sin caer en lo explicativo, porque no quería que fuera tampoco una clase de judaísmo y que la gente dijera: “Así son los judíos”, porque creo que ese es uno de los grandes errores sobre los prejuicios del judaísmo, como que no hay una forma de ser judío, yo creo que hay miles de formas distintas de vivirlo. Tiene que ver con cómo están esas herencias culturales arraigadas en cada una de las familias. En mi familia, el judaísmo se vive a través de la comida, se vive a través de ciertos ritos, de ciertas palabras, de una mezcla extrañísima entre el ladino y el yiddish. Entonces, si yo quería contar su historia, no podía privar esa historia de que tenga el lenguaje por el que hablaba ella y que hablaban sus padres, que básicamente era el ladino. A todo esto, yo siempre pensé que mi abuela hablaba mal español, pero no me había dado cuenta, hasta bastante viejo, que hablaba ladino, entonces cuando decía: “yo fui y comprí”, y yo decía: “abuelita, no se dice ‘comprí’, se dice ‘compré”’, pero yo la corregía pensando que estaba traduciéndolo mal, y básicamente estaba hablando otro idioma. Yo creo que parte de eso es lo que le da riqueza, en este caso, a los personajes, que tienen su propio background emocional y cultural que los hace distintos.

¿Qué le dirías a la gente, que no lo ha leído, para invitarlos a leer el libro?

Yo, lo que les diría, que si no han leído nunca un libro sobre Auschwitz, me parece que es una interesante puerta de entrada, porque no está escrita desde el espanto, sino que está escrita desde la emoción de una persona que lo vivió desde adentro, pero a sabiendas de que esa persona sobrevivió y se repuso sobre eso y pudo crear una familia y que no se dejó simplificar, en el sentido de solamente ser reducida a una sobreviviente del holocausto. Yo siempre tiro el chiste de que si mi abuela hoy tuviera una cuenta de Instagram, en su biografía no pondría “sobreviviente del Holocausto”. Me parece que es una forma interesante de mostrar lo que pasó, hace dos generaciones atrás solamente, y es uno de los períodos más oscuros de la humanidad, desde mi punto de vista. Entonces, verlo a través de alguien que no solamente lo vivió, sino que después haberlo vivido, hizo su vida en Chile, y que pudo haber vivido a dos cuadras de tu propia casa, lo hace mucho más cercano y más auténtico. Mi abuela, cuando llegó a Chile, se fue a vivir a Patronato, entonces empiezan a aparecer ciertos lugares comunes con que uno se puede empezar a identificar, porque no es algo que pasó hace demasiado tiempo y muy lejos, sino que pasó hace poco tiempo y muy cerca.

Para la gente que ha leído muchos libros sobre Auschwitz, traté de que no fuera otro más sobre Auschwitz donde se narra la historia y ciertos hechos históricos, sino que poder contar un poco más desde la percepción de alguien que estuvo adentro, las emociones y lo que significó vivir esa experiencia.

Cambiando de tema y ya que fue un año muy exitoso para The Cow Company ¿Qué se viene para Living Teatro? ¿Va a volver el 2021?

Es una muy buena pregunta. Yo creo que sí. No tenemos planes completamente amarrados, de hecho, yo vuelvo de vacaciones el lunes, y ese día tenemos reunión con el equipo, con Rafa Gumucio, para ver hacia dónde sigue. Yo creo que la intención de todos es continuar, sobretodo mientras sigamos en pandemia, y además, está la posibilidad de seguir haciéndolo incluso fuera de pandemia, porque nos da la posibilidad de llegar a regiones, que es algo que no habíamos podido hacer en gran parte con el teatro presencial que hacíamos.

¿Algo más que agregar?

Estoy muy contento con la recepción que ha tenido el libro y con la recepción que tuvo Living Teatro. Aparte de haber hecho Living Teatro, hicimos Living Stories, donde actores leían libros o cuentos de autores. Tuve la osadía de pedirle a una actriz que lea Mi abuela estuvo en Auschwitz, así que una de las cosas que quiero que sucedan, que tiene más que ver con un gusto propio, porque, la verdad, compararme con los autores que leemos, estamos años luz, pero quería darme ese gustito, ese regalo, de que pueda leer esta historia. Entonces, lo más probable es que en dos o tres semanas más tengamos ese encuentro.

¿Se puede adelantar quién es la actriz?

La actriz es Francisca Lewin, con la que yo he trabajado mucho en teatro, que me encanta. También tuvo la posibilidad de leer en Living Stories, leyó un cuento de Alejandra Costamagna. Quiero hacerlo en una especie de dúo con Cristián Campos, entonces vamos a ver, dado que la historia está contada en distintos narradores, queremos seleccionar algunos capítulos de distintos narradores y que cada uno de ellos se hiciera cargo de uno.

Título: Mi abuela estuvo en Auschwitz

Idioma: Español

Editorial: Aguilar

Encuadernación: Rústico

Autor: Marcos Alvo

Año Edición: 2020

Páginas: 284

 

 

 

 

 

 

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