Entrevista al cineasta francés: Laurent Cantet: “Los jóvenes siguen siendo estigmatizados, vistos como idiotas”

Entrevista al cineasta francés
Laurent Cantet: “Los jóvenes siguen siendo estigmatizados, vistos como idiotas”
Por Jorge Letelier
El director, responsable de “Recursos humanos”, “El empleo del tiempo” y “Entre los muros”, vino a Chile a presentar su nuevo filme, “El taller de escritura”, donde demuestra ser el más poderoso humanista del cine actual.
Corría 1999 y el cine social europeo estaba en franca retirada. Solo los filmes del británico Ken Loach avivaban cierto fuego pese a sus conocidos maniqueísmos. El cierre del siglo XX tenía al neoliberalismo como fuerza onmipotente en casi toda Europa y América Latina, con Chile como emblema a punta de privatizaciones y desregulación laboral. En ese contexto, la aparición de “Recursos humanos” si no fue una revolución, era un completo milagro.

No era un filme que solo denunciaba las prácticas antisindicales y la precarización del trabajo. Era una reflexión casi filosófica sobre la dignidad laboral, sobre cómo ésta nos define como individuos y el lugar que ocupa en nuestras vidas. El debut de Laurent Cantet vino a decirnos que el cine sí podía cambiar al mundo y su integridad fue tal, que puso a un gerente real como gerente, a una sindicalista en el papel de sindicalista, a un obrero de toda la vida como obrero. Al medio de ellos estaba Franck, el joven hijo del trabajador  que volvía al pueblo luego de estudiar Administración de empresas, para hacer la práctica en la misma fábrica donde trabaja el padre. Y el drama se instala cuando se da cuenta de que es parte de un plan para reducir personal del que su padre será una de las víctimas.

Más allá del conflicto familiar, Cantet logró describir lo qué había tras la “modernización” industrial y los costos del sistema contabilizados como dramas humanos, no como cifras de un informe estadístico. En el 2001 continuó su reflexión con la notable “El empleo del tiempo”, donde abordó la problemática del trabajo desde un plano existencial, con la historia de un ejecutivo de una multinacional quien oculta a su familia que ha sido despedido, mientras va en una búsqueda de ascenso y comodidad material que se revela iluso.  
Tengo que confesar que Cantet es uno de mis directores favoritos y “Recursos humanos”, mi propio Ciudadano Kane. El impacto que me produjo no se disipa con el paso del tiempo (la vuelvo a ver al menos una vez al año) y siento que hay tanta verdad en sus imágenes como un formidable humanismo que ha logrado crecer en sus filmes posteriores. En “Entre los muros” (2008) fue capaz de penetrar en el abismo generacional de adolescentes hijos de inmigrantes de escuela pública parisina, no solo en conflicto con sus propias historias sino que con el Estado, ignoto y amenazador, del que intuían que ningún beneficio podrían obtener. Filmada con alumnos reales, logró tensionar la vieja idea de la educación únicamente como creadora de conocimiento evidenciándola como un espacio que no logra anticipar los cambios y mutaciones en una sociedad multicultural.

Casi una década después de “Entre los muros”, Cantet realizó “El taller de escritura”, filme que puede verse como continuación de aquella. En el marco del Festival de Cine Francés que organiza Unifrance en Cinemark, Cantet vino a Chile por segunda vez (la primera vez fue en Sanfic 2013) para presentar esta cinta ambientada en un pequeño pueblo provenzal, La Ciotat, en el que un grupo de jóvenes desempleados realiza un taller literario. Pero el contexto es profundamente Cantetiano: La Ciotat fue un floreciente astillero con miles de obreros, cuyo cierre dejó una estela de cesantía y olvido de ese pasado orgullosamente obrero que hoy estos jóvenes intentan reflotar.

Han pasado diez años desde “Entre los muros” a “El taller de escritura”, donde examinas nuevamente la Francia de jóvenes hijos de inmigrantes. ¿Qué ha cambiado para ellos en estos años?

Las cosas han empeorado. Hace 10 años era difícil ser joven de origen extranjero, por una falta de educación pareja con los demás, los franceses. Entonces costaba encontrarse en ese mundo parcialmente ajeno. Y donde parte de ese problema pasaba por el control de la lengua, de quien manejaba el idioma. Lo que trato de mostrar es la crisis identitaria de estos franceses hijos de inmigrantes, para mostrar que es algo que está creciendo.

Lo que tienen en común las dos películas es la estigmatización de los jóvenes que siguen siendo vistos como idiotas, porque no leen mucho, juegan videos y hablan un idioma distinto al nuestro. Estamos enfrentando este problema actual de la evolución de la cultura que desde nuestras referencias puede parecer obsoleta, porque hay herramientas que no conocemos. Yo quise mostrar cómo esas distintas culturas se sobreponen, por eso puse muchas imágenes de archivo, en contraste con escenas de videojuegos, iPhones, Facebook, que son las herramientas de los jóvenes de todo el mundo, su ventana al mundo.

En el filme al protagonista le acecha el peligro de la extrema derecha, ya que es un joven con mucha rabia y desadaptado de su entorno.

Lo que me interesaba en esta película era mostrar los mecanismos de seducción del extremismo en general. Este joven parece atraído por él pero podría estar atraído igual por el yihadismo. Creo que la raíz de esta seducción es el aburrimiento, la falta de futuro, de perspectivas, así es muy fácil seducir a este tipo de jóvenes. Es como decirle: “ven, tú vas a ser el protagonista de tu vida, ahora eres solo una víctima”. Ese tipo de mensajes se está introduciendo en Francia, en especial en el sur.

Has dicho que una de las preguntas al hacer “El taller de escritura” fue qué se siente tener 20 años hoy en Francia.

En mis películas a veces no tengo respuestas exactas a las preguntas que me hago. Sí me parece importante compartir esas preguntas con el público, porque son parte actualmente del imaginario de los jóvenes. Trato de no generalizar, me quedo satisfecho si los personajes elegidos son representativos e idealistas.

La manera en que muestras a este grupo de jóvenes en el taller, sus discusiones y su origen, recuerdan vivamente a “Entre los muros”. ¿Fue similar el método, improvisaste mucho?

No exactamente. En “Entre los muros” hubo un gran trabajo de improvisación extendido en el rodaje donde nunca dimos el guión a los actores. Con Francois Bégaudeau (protagonista y coguionista) tomamos el riesgo y el desafío de trabajar ese método. En “El taller de escritura” el proceso de improvisación se hizo mucho antes del rodaje. Escribí un guión muy preciso que me parecía literario y quise averiguar con los jóvenes si correspondía realmente a su realidad, y tuvimos muy largas discusiones. Hubo un proceso de adaptación mutuo entre el guión y las ideas de ellos.

Lo que trato de conseguir es una energía fuerte muy parecida a la improvisación. Utilizo dos cámaras y filmo cada escena desde la primera palabra sin cortes, hablando con ellos, dirigiéndolos. Después de un rato los actores se olvidan de cuál cámara estoy dirigiendo y se dejan llevar por la acción y la emoción interna que proviene de ellos. Así comienzan a actuar libres y convincentes. Ninguno de ellos era profesional, incluido Matthieu Lucci, el protagonista (la única actriz era Marina Fois, quien encarna a la profesora del taller)

En “El taller de escritura” está presente esa dignidad del trabajo obrero en el astillero de La Ciotat. ¿Cómo está la realidad laboral en Europa a veinte años de “Recursos humanos”?

Una cosa que me llama bastante la atención es que la gente me dice, podrías haber hecho Recursos humanos hoy día, y es porque la situación laboral ha empeorado mucho en los últimos veinte años. La presión y el control han aumentado mucho. Cuando hice “Recursos humanos” me decían: ¿Tú piensas que esta gente que es el tópico de la película luego de 12 horas de trabajo van a venir a ver esta película que representa su cotidianidad?, Y sí, vinieron. Y de hecho, después de ella hubo muchas otras películas sobre el mundo laboral, que antes no era tan cotizado, tan observado. El trabajo nos define socialmente: si tienes, si no tienes, si lo buscas. Eso para mí era esencial y lo sigue siendo.

LAS PELÍCULAS DE LAURENT CANTET VISTAS POR SI MISMO

Recursos humanos

Fue mi primera película y con la que me destaqué. Hay gente que me dice que aún la recuerda. La semana pasada en Argentina me tocó un taxista que me dijo: ¿qué hacés acá? Soy cineasta, dije. ¿Y qué hiciste? Recursos humanos, contesté. Ah, Recursos humanos? Claro que la conozco, la ví.

El empleo del tiempo

Si tengo que elegir una película única en mi filmografía, donde conseguí el vínculo fundamental entre lo íntimo y lo social, es esta. La historia de este hombre solitario que se inventa una vida en apariencia satisfactoria, me toca todavía. La vi recién y me quedé impactado.

Vers le sud (Bienvenidos al paraíso)

Fue un rodaje que lo recuerdo muy caluroso y difícil por ser en Haití. Al principio del rodaje nos encontramos casi en el medio de fusilamientos reales, fue angustiante. La historia me quedó muy marcada en el rodaje  y el filme lleva además las tensiones propias de ese rodaje. Para mí es importante que las películas tengan las marcas de las condiciones de su realización, por eso trato de conseguir un clima de rodaje fuerte y positivo, porque eso va a quedar. Es una película que vi recientemente, y creo que estaba adelantado a su tiempo. El tema del deseo femenino es parte de un debate actual que preocupa a los medios.

Foxfire

Es muy diferente en su forma (es un filme de época, hablado en inglés), pero me reconozco plenamente. Conseguí poder hacerla con actrices no profesionales, con muchas cámaras, y conseguí una forma de libertad respecto a la reconstrucción histórica donde me interesó reflejar la intemporalidad de esta.

Bienvenido a Ithaca

Tuve muchas ganas de hacerla por el autor del guión, Leonardo Padura, quien me ayudó más que cualquiera para conocer a Cuba, que es un país que amo pero que todavía queda en parte misterioso. Me ayudó y me dio muchas claves sobre el país, sobre ellos y sobre las impresiones mías y las de mi generación, y al respecto creo que soy igual de idealista que hace diez años.

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