Entrevista al director de “Álvaro, rockstars don’t wet the bed” Jorge Catoni: “Me doy libertad de hacer lo que quiero para mis documentales”

 

Por Galia Bogolasky

Entrevistamos al director de Álvaro, rockstars don´t wet the bed, documental que rescata la exhaustiva y controversial obra del músico porteño Álvaro Peña, quien, a sus 76 años, y con cerca de 60 años de trayectoria, continúa editando discos de manera independiente a pesar de un éxito esquivo. Con valiosas imágenes de archivo, entrevistas íntimas, tomas directas de su cotidianidad más el testimonio de personas cercanas que han trabajado con él, el filme da cuenta de la profundidad de un artista que va más allá de personificaciones, caricaturas o un simple héroe punk.

Álvaro, rockstars don´t wet the bed es el segundo documental de Jorge Catoni, cineasta, artista visual y diseñador quien se interesó en Álvaro Peña a través de su propuesta visual antes que la música y el mismo espíritu DIY (hazlo tú mismo) que tiene el porteño ahora radicado en Constanza, Alemania.  

El documental ha hecho un recorrido presencial desde el año pasado que debutó en In Edit Chile donde ganó el premio Equipo Festival. Se ha mostrado en el Fedochi en Chiloé, en el festival de Cine de Rengo y en el festival Docs de Valparaíso. Afuera también tuvo exhibiciones en Colombia, México y Argentina.  

¿Cómo surgió la idea de contar la historia de Álvaro Peña? ¿Cómo llegaste a él?

A Álvaro lo conocí siguiendo tocatas, como parte del público, como un desconocido, nunca le hablé ni nada, veía que cantaba, con sus discos, con sus vinilos, los tiraba al suelo y tocaba muy poco, como tres canciones y se iba. Me fijaba mucho en las letras de Álvaro, tan particulares, y en su actitud. Tratar al público de la chusma inconsciente, maloliente y como que le diera todo lo mismo, encontré interesante escarbar más en él. Después, cuando estaba pensando en un personaje para hacer un documental, pensé en él y le ofrecí hacerle una tocata con la cual quedó muy contento. Después de eso le propuse hacer un documental y escarbar un poco más en su trabajo, porque Álvaro tiene muchos discos que son de poco tiraje o ediciones muy limitadas, son discos perdidos, básicamente. Entonces, me metí en el trabajo de rescatar todos esos discos, toda esa música, Álvaro me ayudó mucho en la recopilación de fotos, me pasó de afiches, más el VHS que está metido al principio del documental, pude escarbar harto para llegar al resultado que se ve.

Me imagino que fue complejo trabajar con él, es un personaje bien particular, que tiene sus propias reglas  ¿Cómo fue trabajar con él en el día a día? 

Lo seguí mayormente cuando él vino a Chile porque vive en el sur de Alemania, en Constanza. Venía dos veces al año a Chile, entonces, lo grabé durante tres años y no teníamos nada, ninguna pauta, me dediqué a grabarlo, nada más, fue eso. Nunca hubo un guion de por medio, ni intención de lo que queríamos hacer. Álvaro solamente me dijo: “Graba lo que pasa aquí en Chile cuando vengo para acá”. En el camino se fueron descubriendo historias, rescatando material que estaba perdido, entonces, para mí, ver el resultado final es todo un descubrimiento. Nunca pensé que iba a quedar así o que iban a pasar todas las cosas que pasaron. Todo fue hecho de manera espontánea, todo lo que ven en el documental yo grabo con una cámara, una toma y quedó. Álvaro siempre me dejó muy en claro que tenía que ser a la primera, no se podía repetir nada, como salió y así. Todo eso hizo que el trabajo fuera bien fácil en realidad. Aparte, él siempre está dentro de su estado de personaje, cuando está más personaje freak o peluseando, hace las cosas bien fáciles. El documental aborda el otro lado de Álvaro, más sensible o emotivo que tiene, esa relación se dio con el tiempo, de compartir mucho tiempo juntos y que él se soltara frente a una cámara para hablar cosas más profundas.

Me imagino que tenían muchas horas de material, archivo, los VHS, los videos. Como decías que no tenías un guion, ¿La historia la armaste en el montaje? ¿cómo decidiste el punto de vista y la estructura narrativa? 

Había mucho material, como 55 horas de grabación, entre material que grabé yo y material de VHS, tocatas en vivo, más todos los discos que digitalizamos, que eran cerca de 70, aparte de entrevistas en radio, eran muchas horas de material. Tuve que tijeretear un montón de opciones para llegar a cada vez comprimir más esto, pero la narración del documental es básicamente basada en las canciones de Álvaro. Cada relato que le sucede está acompañado de una canción, así Álvaro ha armado toda su discografía, sobre la base de hechos autobiográficos, sus letras. De esa forma, cada relato lo complementa una canción. Entre medio hay segmentos que conectan o dividen estas situaciones, generalmente, son imágenes fuera de contexto o pueden ser peladas de cables. También puede apelar un poco al desorden, pero es parte de la personalidad de Álvaro, creo yo. El documental en algún punto se podría entender que mantiene una línea y de repente esa línea se cae o se quiebra o va para adelante o atrás, como es él. Es como el pensamiento de una persona de tercera edad, está hablando de lo que le pasó en el 60, después en los 90, en el año 70, va de adelante para atrás el pensamiento, cómo se está comunicando, eso está muy presente en el documental y me gusta que sea de esa forma. Vengo del área de las artes visuales, estudié diseño gráfico, entonces me doy la libertad de hacer lo que quiero para mis documentales. Obviamente, mantengo el respeto de la obra del personaje, pero en realidad estoy muy alineado con lo que hace Álvaro. Trabajamos desde la independencia y con esa libertad que te permite hacer la estructura, la narración, armar un guion espontáneamente. Entiendo que va fuera de una narración tradicional, creo que abordar a Álvaro no funcionaría de esa forma tampoco.

Hiciste un documental anteriormente El Parra menos Parra, que es un corto documental y este es tu primer largo documental. Cuéntame sobre tu llegada al documental ¿Por qué decidiste entrar al cine?  

Partí haciendo cortometrajes de situaciones muy sencillas, lo hice harto tiempo, sigo haciendo en paralelo cositas pequeñas. El documental de Parra dura 42 minutos y en realidad le agradezco a él, porque yo podría haber seguido haciendo cortos de 20 segundos hasta 10 minutos, muy precarios, muy sencillos, situaciones muy cotidianas. Cuando conocí a Óscar Parra, él me propuso, me dijo: “Hazme un documental”, y no tenía ni siquiera muy claro en mi cabeza lo que era hacer un documental y yo le dije que bueno, tenía que aprovechar la oportunidad de que él tenía la disposición de que lo grabara y así partí, con prácticamente nada, con una cámara muy precaria y también graficando su precariedad entonces como que me amoldé a ese lenguaje. También como me estoy amoldando al lenguaje de la independencia con el Álvaro, estamos trabajando totalmente autoindependientes, autogestionados, autofinanciados. De esa forma entré al documental, gracias a él, en realidad. Después de terminar ese documental pensé en Álvaro, como siguiente personaje y en paralelo me puse a trabajar en otro documental de un músico callejero y otros proyectos que tengo ahí en proceso. Es algo al que creo que le agarré el gustito.

¿Sigues haciendo trabajos en las artes visuales o eso ya lo dejaste de lado y estás full en el cine?

Sigo disperso, hago trabajos de todo tipo, diseño gráfico, de pintura, ilustración, videos, de todo un poquito. Para mí está bien que sea así porque particularmente me dedico a las artes visuales porque estudié diseño, pero en realidad dedicarte al arte te da la libertad de hacer lo que uno quiera y me gusta que varíe mi trabajo porque si me dedicara a hacer solamente una cosa, por ejemplo, a la ilustración, encuentro que es súper aburrido dibujar todos los días. Entonces, un día dibujaba, otro día es otra cosa y otro día otra cosa. Eso encuentro que es un buen ejercicio para la creatividad, no quedarse pegado haciendo algo, por lo menos a mí me funciona así. Tal vez a otra persona le encanta dibujar todos los días, no sé, a mí no. Es lo mismo con el tema de televisión, editar todos los días un documental es mucha pega, es cansador, entonces, hay que ir variando.

Comentabas que esta película fue autofinanciada y tu otro trabajo también, ¿Cómo llegas a ese autofinanciamiento?

Totalmente independiente, el documental anterior y en este me ayudó un amigo, como productor, pero la demás pega es pega mía estando encerrado, entonces, por eso no le tengo que pagar a nadie. Me ahorra harto dinero y si no sé cómo hacer algo, averiguo. En el documental de Álvaro hice la cámara, la investigación, el montaje, el diseño de sonido, la dirección de arte, el color del documental, los subtítulos, que no tenía idea cómo se hacían y tuve que aprender. Y así, probando, tampoco soy muy caperuza en programas, he ido aprendiendo en la marcha, es la verdad. De esa forma, obviamente no tengo un equipo detrás, no le estoy pagando a nadie. Lo que pasa es que siento que si tuviera un financiamiento todo hubiese sido muy distinto, le hubiese pagado a Álvaro y Álvaro tal vez me hubiese contado otras cosas con plata en el bolsillo, le hubiese tenido que pagar a locaciones tal vez al Torremolinos, pagarle a la señora que producía con Álvaro, todo hubiese salido más plástico, creo yo, con dinero entremedio. O tal vez Álvaro no se hubiese soltado como se soltó, porque yo estaba solo en una pieza con él en el hotel, estábamos solos y la cámara prendida no más, si él estaba cansando era eso no más, dos personas hablando con una cámara al lado. Es distinto a llegar con 45 personas ahí en escena y tratando de presionar para que salga algo porque es un día de rodaje que necesitamos material. No me interesa trabajar de esa forma y que el resultado sea tan falso, tan manipulado, de que haya varias cámaras y que el personaje se quiebre, si se quebró, se quebró si no, no. De esa forma trabajo yo y se me hace cómodo. Para estos dos personajes con los cuales trabajé se generó una relación mucho más allá del documental, ambos terminaron siendo amigos cercanos. Es bonito eso, todo lo que uno comparte con la persona y que de verdad el documental fue una simple excusa para conocer a esta persona y compartir con ella, y aprender de ellos. Tienen el motor de cuento con ambos personajes, eso es lo gratificante de hacer un documental y lo de la independencia. A Álvaro le gustó la forma en la que yo estaba trabajando: sin nada, con un equipo muy reducido y aperrando en todas no más, entonces, en la misma sintonía.

¿Qué opinó Álvaro al ver el documental?

Lo vio cuando se estrenó en el Festival In Edit, terminó llorando y me abrazó en los créditos, el corazón casi se le salía. Muy emocionado, me dijo: “Para mí esto es una obra de arte”, quedó feliz. Quedó contento porque hay mucho, mayormente las fotos de los años 60, el material de VHS de principio de los 90, el Álvaro ni se acordaba, fue como toda una sorpresa para él. Aparte que están las declaraciones de varios cercanos, eso le sorprendió, tampoco iba a esperar las opiniones de otras personas. Yo no veo el documental como un homenaje para Álvaro. Varias personas le tiran sus palos y está bien, es parte de, y Álvaro tampoco se lo tomó mal,  yo pensé que se lo iba a tomar mal, como cuando hablaban de que no toca muy bien o que no es muy prolijo. Se lo tomó muy bien. En general quedó contento con el resultado y siempre me lo agradece.

¿Qué opinas tú de su música? ¿Te gusta su música? 

Yo llegué a Álvaro por su música, porque me llamó la atención, me llama mucho la atención sus letras, cómo compone o cómo puede hacer música sin nada. Álvaro llega a Chile y llega sin nada, nunca trae un micrófono ni un teclado, no trae nada. Él me dice: “No, yo puedo hacer música con las palmas o a capela, no necesito nada”, o golpeándose el pecho, golpeándose la guata. Esas cosas me llaman mucho la atención, su minimalismo y también que haga música que tampoco tiene intención de que sea música bien hecha, no le interesa. Es como lo más orgánico, si se equivocó, se equivocó, si desafinó, desafinó y así. Todo eso me encanta de la música de Álvaro, si quiere grabar, graba y si quedó mal grabado, es así, no pretende ser un gran pianista, ni un gran cantante, ni un gran artista, eso me agrada. Lo otro que me agrada mucho dentro de su música, su propuesta, que está muy presente en el documental es que es súper honesto, Álvaro reconoce que vende pocos discos, que va poca gente a sus tocatas, que no es un artista masivo, que es un personaje del underground, eso encuentro muy valorable en él, que lo diga, en general los artistas se lo callan.

El documental cuenta con unos testimonios súper interesantes de gente que ha trabajado con él, gente que lo ha conocido y también está el testimonio de Pascuala Ilabaca. ¿Cómo fue el acercamiento para que ella estuviera en el documental? ¿Cómo era su relación con él? 

Todo parte con Gonzalo Ilabaca, papá de Pascuala, que fue manager de Álvaro cuando él volvió de la dictadura a principios de los años 90. Fue Gonzalo quién lo apañó como manager, fue como el segundo manager. Primero lo ayudó Marcelo Novoa que es un poeta, pero Gonzalo tiene mucho material de Álvaro y cuando Pascuala era pequeña, Gonzalo entiendo que le compró un piano y a la vez comenzó a invitar a Álvaro a su casa para que Álvaro ensayara, si tenía algún show Álvaro iba a ensayar a la casa con el piano. Entonces, Pascuala creció viendo a Álvaro ahí tocar piano, ella misma lo dice, fue una gran influencia. Por eso hay muchas imágenes de los años 90 donde sale Pascuala pequeña, sale Gonzalo bien joven también, ahí está la conexión. Por eso también Pascuala dice: “Escuché muchos los casettes de Álvaro”, porque Gonzalo se armó una colección de discos y Álvaro siempre le enviaba material, si no se lo traía personalmente le enviaba cartas, tiene un montón de correspondencia, le enviaba fotos que iba sacando. Pascuala se vio muy influenciada por Álvaro. Le comentamos que estábamos haciendo este documental y accedió altiro, se sabe muchas canciones de Álvaro en piano. En el documental interpreta algunas canciones que son de Álvaro y ella fue muy buena onda, yo no la conocía, surgió todo, grabamos solamente en una tarde y salió todo perfecto.

La película tiene un aporte visual súper interesante, haces harto tratamiento de las imágenes, con las gráficas, con el montaje, pero más que nada esa estética bien particular. ¿Cómo llegaste a esa estética y el tratamiento de las imágenes? 

Me basé simplemente en el trabajo de Álvaro. Viéndolo desde el punto de vista de diseño, que es lo que estudié, me dediqué a escanear todas las imágenes de Álvaro, todas las carátulas de sus discos, todos sus afiches. Con eso armé estas especies de collages o mini animaciones, básicamente, que es lo que me llamó la atención de Álvaro, su gráfica. No sólo hacía música particular, sino que también hacía sus carátulas a mano y sacaba 20 copias con un tipo de carátula, con materiales reciclados que encontraba en la calle, eso lo sigue haciendo hasta el día de hoy. Eso es bien llamativo, que uno pueda comprar un disco que tiene una portada que es original, que puede ser parecida a la otra, pero es distinta y que él se tome su tiempo, me dice: “Me demoro en hacer cada carátula, estoy encerrado trabajando con tinta, con lápices, con lo que tenga a mano”. Todo eso tenía que estar presente en el documental. Su estética, su gráfica, no una mía que yo haya inventado, en realidad lo que se ve es él reflejado.

Él se fue a vivir a Alemania durante la dictadura y aparece esta historia de su exilio en el documental ¿Sientes que está presente lo político como discurso o trataste de que quedara en segundo plano?  

Sí, hay pequeños guiños políticos en el documental. Álvaro se fue antes del golpe porque estaba trabajando como publicista y después no pudo volver. Volvió después en el 89, de visita, cuando ingresó, perdió la nacionalidad chilena, el prefirió la nacionalidad alemana a la chilena porque no sabía qué iba a pasar, aparte no venía hace tanto tiempo para acá, solo lo que le contaban sus amigos. Hay ciertos guiños políticos en documental, como qué es lo que pasa con el disco Drinkin’ My Own Sperm (1977), cuando habla de que en realidad todo el ambiente político social que se juntaba en Inglaterra lo rechazaron por haber saco un disco con ese nombre y la comunidad mapuche fueron los únicos que lo ayudaron. Después comenta que él era socialista, que estaba por Allende y por dedicarse tanto al socialismo en su pega de publicidad también lo echaron, termina vendiendo helados en la calle y después le dice a un amigo que tenía una cámara que lo grabara vendiendo helados. Son imágenes que aparecen en el documental y él hace una canción de él vendiendo helados, son cosas muy Álvaro, parte un tema y se salta a otro. Pero esas cosas le pasaron por temas políticos. Politizarlo más sería forzar la historia de Álvaro. Otro guiño político que hay es cuando se arma la primera tocata posdictadura en Viña y a Álvaro le escupen y a él se le ocurre invitar al travesti Alejandro Cid, en una tocata que después iba a tocar La Floripondio y les va pésimo, el público que había en la primera tocata posdictadura es terrible, las reacciones fueron pésimas, está en el documental.

Bien impactante esas imágenes, lo mejor de esas imágenes es la descripción de Pascuala, funcionó súper bien. 

Ahí como dato extra, Pascuala era una niña, cuando pasó eso tenía como siete años y ella me comentó que cuando fue para allá habló con Gonzalo, con su papá, él siempre tenía panorama, cosas que hacer. Ella se acuerda que le dijo que iba a ir a una tocata y le preguntó a Pascuala: “¿Quieres ir o no?”, y ella dijo: “Bueno sí, entre quedarme aquí en la casa sin mucho que hacer”, muchas veces decía que sí, quiso ir, entonces igual eso la marcó mucho a ella, de ver todo este mundo de lo que podía pasar en una tocata, que era una tocata posdictadura que nadie pensó que iba a haber esa reacción, igual es interesante su punto de vista.

¿Cómo fue para ti haber ganado In-Edit? Cuéntame sobre eso.

Ganamos un premio que se llamaba Premio Festival en In Edit. Tengo una relación media rara con los premios, tampoco es que me importe, como que ganar y perder para mí es lo mismo. Encuentro que lo bonito es que quede la obra, que quede este registro más allá de que gane algo o no gane nada. Con el documental de Parra, a pesar de que ganó varios premios, lo hice preocupado en la obra, daba lo mismo si ganaba algo o no. Siento que eso distorsiona mucho el cine o el arte, estás muy preocupado de hacer un documental con tales temáticas que son las que están en boca, voy a meterle más cebolla de lo que podría ser para que mueva mucho más al público y gane premios, o para tratar de convencer a los expertos de cine o a la industria. Es tan relativo ganar un premio, sobre todo si te enfrentas a expertos o gente de escuelas de cine que en realidad no es mi mundo, para nada, y que ven cosas técnicas que yo no veo y que tal vez no me interesa verlas. A mí me interesa que el personaje se vea reflejado en el documental, que se entienda que está él más que mis caprichos como director, de cómo quiero mostrarlo. Eso igual me lo han criticado, que de repente le di mucha libertad a Álvaro o que no estoy dirigiendo a Álvaro, pero a mi no me interesa dirigir a Álvaro, quiero que Álvaro sea Álvaro, mostrar cómo es él. Si está una hora del documental leseando o solamente tirando bromas o son puras anécdotas, bueno, así es él, así es el mundo de él. Obviamente agradezco los premios (risas), pero no es algo que me vuelva loco.

Pero ayuda a la visibilidad de la obra, que es súper importante. 

Sí, te sirve como estrategia. Sí, el documental ganó por aquí y por allá, y claro hay gente que dice: “Ah, ganó premios, entonces, es bueno”. Pero incluso el mismo Álvaro encuentra que eso es basura, él mismo comentaba que los afiches que tenían los palmares decían: “Entre más palmares en la película, es más mala”,  eso hay que evitarlo. Igual nosotros tenemos esa versión del afiche con palmares porque hay que hacerla en fin de cuentas, pero podríamos decir que nuestra película es una basura por eso, usar los palmares para promover y difundir y decir sí, es una película buena.

Ahora se estrena online abierto al público ¿Qué se viene para la película? ¿Irás a más festivales? ¿Cuál es el futuro de la película? 

Ya llevamos como un año y medio moviendo el documental por ahí y por allá, y en Miradoc hay un preestreno que es el día 13 y estará disponible hasta el domingo 15 el preestreno y luego estará abierta a nivel mundial el día 26 de noviembre. En paralelo tengo la versión en inglés del documental que la tengo que empezar a postular a festivales de afuera. Todo ese trabajo que es más no sé si latero, el tema de difundir y promover, los festivales y formularios, todos los requisitos que piden. Es pega que igual tengo que hacer, es parte del proceso de hacer un documental, encuentro que disfruto mucho más haciendo las otras pegas, la investigación o grabando o editando. Es un trabajo que igual tengo que hacer y ahí voy, de a poco, son como los planes, moverlo afuera y con Miradoc que igual va a estar disponible en cualquier lugar del mundo.

¿Tienes algún otro proyecto para más adelante de algún otro documental? Ya sea de música o de algún otro tema.

Sí, tengo uno que es muy secreto y no puedo decir nada, porque estoy ayudando a un amigo y todavía no lo hacemos público. Pero sí, es un documental bien mediático, por eso no puedo hablar mucho. Y estoy haciendo otro documental por las mías, que se lo hice a un músico callejero que se llama Rafael Budú. Es un personaje que tocaba en el metro de Santiago, lo grabamos antes de que fuera el estallido. Lo seguí durante tres años y es un material que está ahí que tengo que editar. Es un personaje bien freak, bien autodestructivo, se golpea mucho y mezcla un montón de canciones, muy irónico y sarcástico, no tiene límites. Y está rodeado de personajes que son muy freaks. El documental va a mostrar una realidad del dispositivo que le llaman en el cine, como la ilegalidad. En un contexto ilegal, puros músicos tocando ilegalmente en el metro y son todos raros, que es el ambiente de él. Es un documental no sé si emotivo, apela más a la creatividad y la cultura. No sé cuándo va a salir.

Va como en la línea, el documental de Parra, Peña y Budú, son tres personajes outsiders que van por otros lados, que son creativos, trabajólicos, y me llama la atención sus performances, lo que hacen. Creo que estaría cerrando una especie de trilogía de estos personajes, que tienen una línea.

Director: Jorge Catoni

Productor: Jorge Catoni

Productor asistente: Milton Izurieta

Música original: Álvaro Peña

Cámara, edición, montaje: Jorge Catoni

Dirección de arte: Jorge Catoni

Sonido directo: Milton Izurieta, Jorge Catoni

Diseño de sonido: Jorge Catoni

 

El preestreno del documental será el viernes 13 de noviembre, cuyas entradas se pueden adquirir por Punto Ticket. Mientras que a partir del jueves 26 de noviembre, el documental estará disponible en varias plataformas pagas para verlo desde cualquier lugar del mundo, todas alojadas en Miradoc.cl 

En las redes sociales @Miradocchile se compartirá información actualizada y material inédito del documental, además de información y fechas de los distintos paneles.

 

 

 

 

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