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lunes, noviembre 28, 2022

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Entrevista al director de “He nacido para verte sonreír” Paulo Brunetti «He nacido para verte sonreír»: La esencia del teatro es dejar una pequeña huella

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Por Galia Bogolasky

Éxito en España y Argentina, por primera vez se estrena en Chile la versión local del elogiado texto del autor trasandino Santiago Loza. Bajo la dirección de Paulo Brunetti, con diseño de Ramón López y acompañada por Bernabé Madrigal, Blanca Lewin enfrenta el primer discurso unipersonal de su carrera, convertida en una afligida madre que debe despedir a su hijo que será internado por un trastorno psiquiátrico.

Una madre se despide de su hijo; enseguida partirá para un viaje largo, aunque de alguna manera el hijo ya se fue hace tiempo. Un drama íntimo, profundo y desgarrador sobre el amor y la salud mental.

Esto fue lo que el director nos contó acerca de esta conmovedora obra.

¿Cómo surgió esta oportunidad de dirigir tu segundo montaje?

Fue bastante interesante porque yo conozco a Santiago (Loza) hace mucho tiempo. Lo conozco primero como espectador y lector. Después tuve la posibilidad de conocerlo en persona porque estuve a punto de actuar en un unipersonal de él que se llama Matar Cansa, que todo el tiempo me repite: «todavía tienes los derechos para poder hacer esa obra». Eso fue como el 2015 más o menos. Por equis motivos no se pudo hacer, sé que la voy a hacer y siempre que sacaba algo nuevo, Santiago, me interesaba. He nacido para verte sonreír, la había leído y antes de la pandemia dije “creo que es momento para volver a meterme en el rol de director”. La iba a empezar a montar antes de la pandemia, vino la pandemia y post pandemia yo estaba en Buenos Aires haciendo Muchacho de luna y en una noche fue a verme Blanca y dije: «aquí esta me parece la madre». Me acuerdo de que llegué a casa, leí nuevamente el texto y dije “sí, hay que hacerlo”. Entonces empezó toda esa movida. Sabía que no iba a ser televisión, que no iba a actuar en otra cosa, creía que estaban los tiempos dados como para poder montar esta obra. Me acuerdo de que empezamos a leerla, no teníamos sala, un día voy a un estreno en el Finis Terrae y me encontré con Amalá (Saint Pierre) y justo se le había bajado una obra para esta fecha. Cuando los astros se alinean, es que todo surge muy bien. Aquí estamos, segunda vez que dirijo una obra.

¿Cómo ha sido la experiencia desde este rol y qué aspectos de la dirección te atraen, siendo actor? 

Es muy interesante reflexionar sobre el tema. Ahora estoy preparando mi película que dirijo en marzo, entonces esto fue como un gran entrenamiento. Si bien son cosas distintas, pero el rol del director, a mí como actor me gusta más decir que estoy acompañando a los actores. Yo me pongo en el rol de actor también y necesito que el director me acompañe en la creación del personaje, que es lo que me pasa Barney Finn, con el que trabajo la mayoría de las veces. De alguna manera, me he visto en los ensayos, incluso mover las manos como Barney cuando me dirige, era muy gracioso eso. Es un tema de acompañamiento, es una búsqueda de Blanca con su personaje, de Bernabé con su personaje y tener claro qué es lo que no quiero para la puesta. A mí me gusta como actor la verdad en escena, que me pase lo que se supone le está pasando al personaje, de alguna manera, con ellos pasaba lo mismo. Estamos haciendo funciones donde el público es constantemente distinto. Ayer, por ejemplo, tuvimos una función donde nadie se rio y la anterior mucha gente se rio, y eso modifica al actor. Yo quiero el aquí y ahora, qué nos está pasando con eso. La verdad con la búsqueda con Blanca, ella es una tremenda actriz, de alguna manera nos fuimos acompañando los tres. Ramón López con el diseño, desde yo sabía que no quería fuera realista, quería sacarlo del cuarto, sacarlo de la cocina, sacarlo de la casa y meternos en esa cabeza de ese chico, de esa mujer y creo que ha dado buenos resultados.

La versión original del montaje en Argentina era una propuesta bastante más realista y cotidiano. Esta propuesta es super innovadora y te lleva al mundo simbólico de lo que pasa en la cabeza del personaje de Bernabé, ¿Cómo fue ese trabajo con Ramón? 

Ni bien hablé con Ramón y le pasé la obra, esas cosas que a mí me gustan cuando uno pasa una obra, y al otro día te llaman y dicen: «Leí la obra, me encantó, me imagino esto y esto». Fue coincidencia, yo no le dije «yo me imagino esto». Sabía que no quería la cocina ni el cuarto, entonces él dijo: «que interesante lo de las cabezas». Ahí yo le dije: «A mí me parece que hay que meterse por ese lado» y cuando creo esto que es un círculo roto, donde todo va girando, donde tenemos en un lado los hemisferios de la cabeza, el ying y el yang. Todo eso es muy interesante. Lo único realista que había allí adentro es la banca, porque obviamente necesitamos que los actores se sienten y las maletas, pero después uno puede imaginarse donde quiera que estén. Una señora me dijo que le dio la sensación de que era el vientre de una madre, y eso también me gustó mucho. Yo creo que el teatro es para eso, para que la gente salga reflexionando y no solo por las temáticas, sino por lo que acaba de ver, si uno piensa una cosa y el otro otra, bienvenido sea, porque somos todos distintos. Hay que dar libertad a esas cosas. Las proyecciones, esas sombras esas imágenes que aparecen, mientras íbamos ensayando, iba imaginándome qué tipo de imagen iba a aparecer. No quería que todo el tiempo estén cambiando imágenes, porque no es cine esto, sino apenas una pequeña mancha. Fue muy interesante que al mes de estrenar, Blanca se encontró con una escritora colombiana en el festival de cine de Lima, Piedad Bonnet, donde escribió un libro sobre el suicidio de su hijo, por esquizofrenia. Hay frases donde yo dije: “Piedad leyó la obra o Santiago leyó el libro de Piedad” Lo que pasa es que Santiago lo escribió a hace 10 años y piedad hace 3 años, no se conocen y no saben nada el uno del otro, pero hay frases donde nos dimos cuenta que estos mundos, estas madres, estos hijos piensan los mismos. Esas sombras que decía Piedad que le aparecían a su hijo, ya estaban en nuestras cabezas para poner ahí. Fue muy interesante. Ayer tuvimos una función donde después hubo un debate y había gente especializada en el tema. Había un chico que levantó la mano y dice: «yo sufro de bipolaridad», toda la devolución que él tuvo para con respecto a la obra fue muy interesante, entonces visibilizar este problema me parece que también es importante para nosotros.

Sobre las temáticas que aborda la obra que es la salud mental y la maternidad, como dejar al hijo y ayudar a sanarlo, desprenderse de ese vínculo y liberarlo para que se vaya a sanar ¿Cómo ves estas temáticas y cómo fue ese trabajo con los actores? 

Es interesante los dos puntos. Con respecto al segundo, la madre en un momento dado le dice: «nosotros no damos más». Que una madre le diga a su hijo eso, tienen que haber un tiempo de momentos terribles, como para que una madre llegue a tener que internarlo porque ella está cansada. Es una madre donde lo que sabemos del padre es que se va temprano y vuelve tarde del trabajo y ella está todo el tiempo con él y rompe ese silencio incómodo, del no saber qué decir con ese relleno que tiene de todo lo que hizo durante su día y aparte durante su vida. Ella dice: “El amor que nosotros tenemos no se compara al que tuve con tu padre». Creo que el amor de una madre hacia un hijo tiene que ver con eso, y algo se rompió. Es interesante lo que decías de entregarlo para que lo sanen, pero también hay una cosa terrible porque ella no da más, es también, que se hagan cargo otros. Es tremendo, es un drama terrible para una madre. En este caso la ventaja que tenemos los actores cuando interpretamos algo que nos toca de cerca. Blanca es madre, también hay una herida ahí que está tocando, entonces no es que ella todo el tiempo esté pensando que está abandonando a uno de sus hijos, pero es madre y cuando se es madre y se toca una obra así, resuena de otra manera. Con respecto al tema de la salud mental, post pandemia, todos fuimos modificados por esta pandemia, todos somos animales de adaptación, nos estamos adaptando. Hay unos que les cuesta más y otros menos y hay unos que no se han adaptado todavía. El tema de la salud mental tiene un tope máximo y este chico pasó el límite, donde ya no hay una ayuda familiar, donde hay que internarlo, donde alguien se va a hacer cargo de él y no sabemos si tiene retorno, en una zona, porque en Argentina también pasa, por algo lo escribió Santiago, donde la salud mental está muy dejada de lado, siempre hay otros temas que son más importantes y esto es lo terrible. Poder tocar un tema así, y a mí como director y creo que, a ellos como actores, un tema lejano a ellos, es interesante.

Con respecto a que la obra sea un monólogo, porque efectivamente el diálogo recae en Blanca (Lewin), pero teniendo a dos personajes en escena, ¿Cómo fue ese trabajo? ¿Siempre fue la propuesta que Bernabé no tuviera texto? 

El personaje no habla, incluso dice una sola palabra que se la agregué. No le dije nada a Santiago espero que no se enoje, pero en el texto solo habla la madre. Está como considerado monólogo, pero hay un diálogo con un chico que no habla. El diálogo es corporal, es una comunicación mental, de alguna manera, pero la obra es un monólogo de dos personajes. Me parece muy atractivo e interesante y complicado, porque el autor tiene una mirada, la vuelca al papel, y uno como director, Santiago es un escritor que no te deja tocar nada. Lo que sí toque es, se habla todo el tiempo de remisero y acá lo puse como taxista, para ubicarlo en Chile, pero no se puede sacar nada de nada, el texto está tal cual.

Un elemento interesante es que tuvieron una visita ilustre para el estreno, ¿Cómo fue para ti tener al Presidente en tu estreno? 

Fue un placer gigante, porque el mandó saludos ese día diciendo que nos vaya bien, el «mierda mierda» típico, pero no sabíamos si iba a venir. Yo creo que es porque si nos avisaba una semana antes que iba, a uno se le puede escapar con un amigo que va el presidente y se arma una cadena y es un lío después. Una hora antes del estreno yo estaba acomodando todo y viene alguien de la sala con una señora, se presenta y dice: «soy de seguridad del presidente» y ahí fue como estupendo, porque yo creo que hay que aplaudir estas idas de gente, no solo del presidente, sino gente del gobierno de turno, sea quien sea. Acá no hay banderas políticas ni nada por el estilo. Que alguien, como el presidente, se acerque a ver una obre de este tipo, y que después vaya a saludar al camarín, totalmente conmovido por lo que acaba de ver, es muy bueno. A mí en lo particular, fue fantástico porque yo lo recibí, es menor que yo y le dije «bienvenido señor presidente, lo saludo un vecino». Yo soy de Río Gallegos, y me dio un abrazo, es como el protocolo ahí se rompió, y fue muy muy lindo haberlo tenido ahí. En la sala hubo como una ovación al recibirlo, yo creo que él también se sintió muy cómodo en la sala, hasta que empezó la obra porque ahí empieza la incomodidad de esta obra que te envuelve.

Es una obra profunda y dramática y muy dolorosa, ¿Cómo fue para ti ese proceso de trabajar una obra que es tan dura?

Yo debo tener unas 30 obras de teatro en mi haber y 29 son dramas. Me siento cómodo en ese sentido. Yo cuando leo una obra, al tiro me pongo en el rol de ese personaje que estoy leyendo. Soy de leer a veces en voz alta, y como lector fui la madre, y me conmovió. Si esto me provoca lo que me está provocando, si hacemos un buen trabajo, va a provocar lo mismo en el espectador, y creo que lo estamos logrando. Ayer, por ejemplo, una persona se levantó en mitad de la función y dijo: «Necesito salir de acá porque me asfixio», le digo: “¿tiene calor?” y no, es la obra, es muy buena, pero me asfixio. Provocar eso en la gente es potente, yo veo todas las funciones porque aparte es interesante, nos han dicho esta cosa que la gente entra a la sala y ya está el silencio instalado, ese mar, ese viento, ellos van apareciendo. La obra comenzó desde antes. Yo la veo todos los días y todos los días es algo distinto, porque el público es distinto, lo recibe distinto y yo estoy distinto también. Ayer la vi de una manera, hoy voy distinto. Voy como espectador, los chicos ya se adueñaron de sus personajes, del espacio. Al principio eran los nervios, que Blanca no se olvide la letra, que una luz falle o un proyector falle, y no, la obra ya está instalada y me conmueve. Yo hago teatro, primero hago teatro por mí, pero después quiero que la gente salga modificada, aunque sea un ratito, y que le quede el recuerdo de haber visto algo que cuando alguien diga: «La enfermedad mental» diga «yo vi una obra…» o que vean a Blanca y digan: «Blanca estaba estupenda en esta obra», vean a Diego y lo asocien, quizá no por rol de la TV, sino por el rol de la obra. A mí todavía me sigue hablando gente de La gata sobre el tejado de zinc caliente que la hice hace 15 años. Eeso para mí es la esencia del teatro, dejar una pequeña huella.

 

¿Qué le dirías a la gente para invitar a ver las funciones que quedan?

Que se acerquen al teatro Finis Terrae, en Pocuro y Pedro de Valdivia, jueves, viernes y sábado 20:30 horas, domingo 19:00. Es una obra de Santiago Loza. Santiago es el autor argentino vivo más representado en todo el mundo, además él es cineasta, dirige sus películas que son maravillosas y donde, de alguna manera, refleja estos personajes cotidianos, quizás invisibilizados, y nos los pone frente a nosotros y nos dice: «esto pasa también, nos puede pasar a nosotros, abramos los ojos y tratemos de encontrar soluciones». Es un drama, es una obra que habla de la maternidad, del abandono, pero no deja de ser una obra de amor, de una madre hacia su hijo. Los esperamos a todos porque es una obra que, no es porque lo hagamos nosotros, sino que es una obra que creo hay que ver.

 

FICHA ARTÍSTICAS

De Santiago Loza

Dirección Paulo Brunetti

Elenco Blanca Lewin y Bernabé Madrigal

Diseño integral Ramón López |Asistente de dirección Francisca Trobok

Asistente de producción Francisco Silva Luco

Vestuario Nicanor Bravo

Diseño gráfico Leandro M. Correa

Imágenes Roberto Díaz

Fotografía Andrés Cánepa

Producción ejecutiva Paulo Brunetti

Una producción SurMedia y Zero films – 2022

 

COORDENADAS

Hasta 13 de noviembre

jueves a sábado, 20.30 h, domingos 19 h

*No habrá funciones 29 y 30 oct.

$12.000 general, $7.800 adulto mayor, $6.000 estudiantes

Duración: 65 min

Recomendación: + 14 años

Teatro Finis Terrae (Pocuro 1935, Providencia, Stgo.)

https://ticketplus.cl/events/he-nacido-para-verte-sonreir

 

 

 

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