Entrevista al ilustrador Malaimagen:“Me gusta dibujar y estar respondiendo seguido a la contingencia”

 

Por Carla Alonso / Colaboración Mauricio Olave

Guillermo Galindo (39), más conocido como Malaimagen, es uno de los nombres fuertes de la escena de la ilustración en Chile. Lo suyo es el humor gráfico, la viñeta diaria de corte político muy anclada a la realidad, pero también ha incursionado en la novela gráfica de ficción.

Foto: Lorena Palavecino

Diseñador de formación, Malaimagen lleva 13 años dedicado a sus dibujos, que él define como “análogos”, porque los hace con plumilla, en blanco y negro, y luego los digitaliza.
Y es prolífico: con un promedio de un ejemplar nuevo por año, a fines de marzo de este año publicó su libro número 12, llamado Esto no prendió, “que habla del oasis chileno y de la caída del mismo”, explica el ilustrador, quien publica sus viñetas en The Clinic y también en internet. Si bien la idea era que estuviera disponible antes del plebiscito, que inicialmente iba a realizarse en abril, “el coronavirus quiso que saliera en cuarentena, en una época bastante rara. Igual creo que recoge de buena manera todo lo que fueron los meses previos a octubre y de ahí en adelante”, dice Malaimagen.

Debido a la cuarentena, el lanzamiento de Esto no prendió fue por Instagram. “Tenía dudas de cómo iba salir y en realidad ‘asistió’ gente de varios países y eso fue algo novedoso. Tuvo su lado raro, que fuera todo virtual, y su lado bueno: hubo harta gente y fue mucho mejor de lo que esperaba”.

¿En qué se distancia Esto no prendió de tus otros libros? El anterior a ese, Colusión, es una novela gráfica.

Esto no prendió es un libro que habla del oasis chileno y de la caída del mismo. La revuelta popular de octubre marcó la pauta de todo lo que vino después, en cuanto a cultura y hechos políticos. Y una de las cosas que traté de hacer durante todo ese período fue registrar lo más posible lo que estaba pasando en la contingencia, lo bueno y lo malo, a través de los dibujos. El libro recoge ese período, con todos los símbolos de esta revuelta y este hecho histórico, que ahora tiene este paréntesis por el coronavirus. Si no, seguiría siendo el tema de conversación.

Para tu proceso creativo con Esto no prendió, ¿estabas en la calle buscando inspiración?

Estaba en la calle porque me interesa, porque estoy de acuerdo con las demandas. No era como que salía a investigar para los dibujos. Estaba pasando un hecho histórico, una revolución y también quería ser parte de eso. Vivo cerca de la “zona cero”, entonces salía y a veces en la calle se me ocurría alguna viñeta y me devolvía a dibujarla, porque siento siempre esa presión de estar publicando. Entonces muchos dibujos fueron saliendo de forma muy fresca.

Compatibilizaba mi tiempo entre estar y dibujar, que es lo que siempre hago y lo que trato de no dejar nunca de lado. Ahora, hay momentos en los que uno está bloqueado creativamente y empiezas como a tratar de forzar la inspiración. Porque estaban pasando tantas cosas que yo decía: “¿Cómo voy a dejar esto sin dibujar?”.

¿Viste bloqueada tu creatividad con todo lo que estaba sucediendo en la calle?

Sí, es que habían muchas cosas. Trato siempre de estar dibujando, pero el hecho de dibujar, si bien es mi trabajo, lo hago cuando puedo, en cuanto a las viñetas que voy publicando en internet. Trato de hacer lo que más puedo, pero no tengo una “obligación” de estar haciéndolo siempre. Sucede que me gusta dibujar y estar respondiendo seguido a la contingencia, porque eso es lo que me caracteriza. Hay días que no se te ocurre nada y entre hacer un dibujo fome y no hacer nada, prefiero no hacer nada y esperar al día siguiente. Lo que voy haciendo es ir anotando lo que pasó en el día. En ese tiempo tenía un cuaderno donde anotaba todo lo que iba pasando, que eran muchas cosas.

Como una especie de bitácora.

Como una bitácora. Yo decía: “Si no lo dibujo hoy, quizás mañana esté más inspirado y pueda hacer dos dibujos”. Me acuerdo de un día que hice tres viñetas. Entonces ahí voy tratando de cubrir los hechos que no alcanzo a dibujar.

¿Cuánto tardaste en hacer Esto no prendió, que recoge el tema del estallido?

El material lo iba haciendo sobre la marcha y fueron varios meses desde que empezó esto, hasta que dije: “voy a hacer un libro”. Me refiero a armarlo y darle una articulación narrativa, porque también puse textos. Fue el primer libro en el que pongo texto apoyando los dibujos.

Una novela gráfica premonitoria

Antes de Esto no prendió habías sacado tu primera novela gráfica, Colusión. Llama la atención su trama: un virus que ataca el mundo, las personas entran en una histeria colectiva y hay un presidente, o varios, que no pueden manejar la situación. ¿Es premonitoria considerando lo que está pasando hoy?

Sí, fue premonitoria, lamentablemente. No lo esperaba. Cuando la hice quería que tuviera mucha fantasía porque generalmente mi trabajo está muy anclado a la realidad, entonces me deja poco donde inventar. O yo lo hago poco, porque trato de ser bien responsable con lo que va pasando realmente. En esta novela quería que todo fuera producto de mi imaginación, pero para que fuera fresca en cuanto a los temas, traté de amarrarla con cosas de la contingencia. El tema del virus lo ideé porque en ese momento se estaba hablando en Chile de que los haitianos traían enfermedades, o las iban van a traer. No me acuerdo qué se decía, pero todo ese tipo de cosas hizo resurgir el tema del racismo.

Estas conspiraciones en torno a la migración.

Entonces dije: “voy a hacer un libro bien conspirativo” con estas cosas de los estereotipos y los fanatismos religiosos, entre otros. Y el tema del virus fue una coincidencia extraña porque, claro, parece un libro premonitorio, pero salió en septiembre del año pasado. Por lo tanto, no tenía cómo saber. Ahora, si hubiera sabido que lo que dibujaba se iba a cumplir, hubiera aprovechado de hacer todas las cosas que me gustaría que pasaran (risas).

Podrías considerar la idea para dibujar más adelante.

Mi próximo libro lo voy a pensar para decir “quiero que pase esto” (risas).

Colusión lo lanzaste a principio de septiembre de 2019. ¿El estallido social te sacó de ese proyecto, que era distinto a lo que venías haciendo, y te metió en Esto no prendió, que tiene que ver con lo que estaba pasando en las calles?

La verdad, sí, pero Colusión es un libro que tiene un ritmo distinto. Efectivamente el estallido se podría decir que interrumpió al libro, pero eso sería como si fuera algo negativo y en realidad es una anécdota más en el curso del libro. Lo que pasó, la revuelta, es algo que me emocionó mucho y estoy muy de acuerdo con que haya pasado. Este país no podía continuar como estaba.

Colusión lo presenté en Medellín y en Guadalajara; es el primer libro que he podido presentar en tres países. El lanzamiento fue en Chile, en el GAM, a sala llena. Fue el libro más vendido del año en una librería de Plaza Dignidad. Entonces, el libro tuvo su promoción y la gente que lo leyó me dio buenos comentarios. Con eso quedo tranquilo. Lo que me importa, más que el tema de las ventas o de dónde puede llegar un libro, es que el trabajo sea consistente, bien hecho y lo que tenga que pasar va a pasar.

¿El estallido social te volvió a conectar con la contingencia política y social, que es tu tema? Porque la novela gráfica es una cuestión más de ficción, esencialmente.

Sí, para hacer Colusión tuve que salirme de mis viñetas de contingencia diaria y eso fue difícil porque venía con un ritmo. Y después del libro Colusión pensaba darme un descanso o unas vacaciones, y eso no pudo ocurrir porque llegó octubre, cambió el país, quería estar presente en ese proceso y tuve que meterme de cabeza a dibujar de nuevo. En ese momento, sin saber que iba a ser un libro, sino que iba a ser simplemente dibujo, como es lo que vengo haciendo durante años. Y tuve que volver a conectarme con el ritmo que tenía antes de empezar a hacer Colusión.

Colusión lo trabajé durante mucho tiempo y fue un libro que me costó mucho hacer, precisamente por este mundo diferente y por ser una historia continuada, larga, en vez de hacer viñetas sueltas.

¿Te sientes más cómodo en la viñeta de corte contingente o te gustaría seguir explorando la novela gráfica de ficción?

Las dos cosas son lo mismo en realidad. Lo único que cambié es que, en la novela, la historia larga y los personajes son todos inventados. Recuerdo que la novela quería hacerla hace mucho tiempo, pero siempre pasaban cosas. Por ejemplo, en año de elecciones, generalmente hacía un libro de elecciones. Cuando pasó el caso Penta, el caso Caval, hice un libro sobre eso. Y necesitaba un espacio, porque he sacado un libro al año desde 2009 en adelante, entonces siempre pienso en el libro que voy a hacer en ese año. Y la novela salió cuando sentí que era el momento de hacerla.

Ahora sentía que era el momento de hacer Esto no prendió. Tiene que ver más con mis inquietudes creativas que con el formato, porque me siento bien dibujando y el dibujo es lo que une estos dos tipos de libros. La novela igual se trata de los mismos temas que se dieron en la contingencia: el racismo, la xenofobia, las conspiraciones, los fanatismos religiosos, las mafias y la corrupción.

En blanco y negro, y con plumilla

En una entrevista dijiste que cuando te vas de vacaciones no te desconectas. ¿Cómo es tu proceso creativo en cuanto a las fuentes de información?

Me cuesta desconectarme de la contingencia, tiendo a leer mucho las redes sociales. Quiero estar siempre al tanto de lo que está pasando, pero eso es independiente de que sea para dibujar o no. Es algo que me llama la atención, entonces siempre lo hago y siempre lo había hecho. Lo que pasa es que ahora para dibujar tengo ver qué está pasando durante el día, pero tiene que ver también con dibujar sobre temas que sean interesantes para mí, interesantes para el debate público

¿Y respecto a la materialidad?

Me gusta el blanco y negro porque, para mí, es un formato más rápido de hacer. No soy muy bueno en el uso del color, entonces el blanco y negro me solucionó el tema de no saber qué colores ocupar. Además, le da facilidad de reproducción al dibujo, hace que los libros sean más baratos porque no es necesario imprimir a color. Creo que tiene una cosa práctica también, en cuanto a la velocidad y a la reproducción de los mismos. Y me gusta trabajar con plumilla, como a la antigua. He probado programas, tablet y cosas para dibujar digital, pero disfruto mucho más el dibujo análogo. Me saca de la pantalla. Cuando estoy dibujando estoy en mi tablero de dibujo. Siento que me da otro ambiente.

Entonces dibujas y después digitalizas.

Sí.

¿Qué puedes contar sobre tus referentes? Sé que uno de ellos es Quino.

Trato de ver mucho humor gráfico. Me gustan los clásicos, como Quino y Fontanarrosa. Yo crecí leyendo Asterix, leyendo las revistas de los kioscos.

¿Cómo Barrabases?

Barrabases, Condorito, esos fueron mis primeros libros. Me nutrí mucho de los dibujos animados que incluían el humor en su forma de relato, como los dibujos de Hanna-Barbera, y cuando llegaron Los Simpson y los Animaniacs. Los dibujos que tenían humor y humor negro, me llamaban mucho la atención.

De los dibujantes en Chile, hay muchos buenos: Guillo, Karlo, Sol Díaz, Maliki y tantos otros, como Alberto Montt, Grotesco, Ninico, los Osos poéticos y filosóficos. Te podría nombrar muchos cómics que sigo, que me gustan y disfruto.

Trato de estar a la par de una buena generación de dibujantes chilenos de historieta y de humor gráfico. En ese sentido, creo que hay mucho y muy buen material. Trato de estar siempre coleccionando los libros, ver sus Instagram. Lo hago no como una forma de buscar referentes, sino porque lo disfruto.

Hay un fenómeno de la ilustración que va creciendo en Chile, ¿Crees que está “de moda” de alguna manera la ilustración?

Se puso de moda hace más de diez años, no creo que sea algo de ahora. Hubo un boom, que se le llamó el “boom de la ilustración en Chile”, que hizo abrir espacios que antes no existían, como la galería Plop y editoriales publicando libros de autores chilenos. En ese sentido, fue un resurgimiento de la historieta en un nuevo formato. Nació a través de redes sociales, empezó por los blogs y las páginas de Facebook. Y ese reposicionamiento de la historieta y de la ilustración como algo relevante para el país, es algo que se mantuvo en pie desde esa época y creo que no ha bajado. Por lo mismo no le llamo moda.

Chile tiene una tradición muy larga de dibujantes y de humor gráfico. Ahora se está continuando con lo que siempre se hizo y siempre se debió haber hecho, que tuvo una caída con las revistas que cerraron en dictadura, luego las revistas que no resistieron la irrupción de internet y empezaron a cerrar medios, algunos no se reinventaron a lo digital. Pero actualmente el cómic chileno goza de muy buena salud.

Ilustración y redes sociales

Hablando de redes sociales, ¿qué impacto ha tenido Instagram, por ejemplo?

Muchos autores hacen toda su carrera en Instagram. Es como que si empiezas a ser popular en Instagram, tienes muchos seguidores, eventualmente vas a llamar la atención de una editorial y esta va a querer sacar un libro. Ahora es al revés: primero estás en internet y después en el papel. Antes tenías que ir a buscar con una carpetita con dibujos, llegar a un diario o a una revista para que te dieran el único espacio, al lado del puzzle, para publicar tus dibujos. Son otros tiempos. Creo que simplemente hay que adecuarse a los formatos que existen y tenemos esta herramienta que antes no existía, que es internet, que ayuda, además, a mostrar dibujos con mayor rapidez y con un costo menor. Un autor nuevo puede empezar a ver cómo le va mostrando sus dibujos, viendo si pasa algo o no.

¿Para ti es importante Twitter? Como tu trabajo tiene que ver con la contingencia política, imagino que es una plataforma interesante.

Twitter es mi red social favorita, en realidad, porque leo opiniones, salen noticias, es más informativa que recreativa. Instagram es más recreativa, ver fotos, pero a Twitter la encuentro reinteresante.

Yo hago un dibujo y lo pongo en todas las redes sociales que tengo en este momento, que son Facebook, Twitter e Instagram, y es el mismo, @malaimagen. Pero cada red social tiene su tiempo, su forma de funcionar, sus temas. Por ejemplo, Facebook, que es la que menos me ha gustado siempre, durante mucho tiempo fue la que la llevaba. Entonces era imposible no tener Facebook, sin embargo, era en la que menos me gustaba estar. Simplemente publicaba el dibujo y no revisaba nada más. Pero tiene que ver con los formatos. Probablemente después aparezca otra red social que sea más interesante que las que hay ahora y vayan muriendo las anteriores, que es lo que pasó cuando se dejó de usar Fotolog, o los blogs. La tecnología avanza rápido y hay que adecuarse. Los dibujantes que no lograron adecuarse a las redes sociales, creo que fueron quedando un poco olvidados por culpa de no subirse al formato que había.

Por falta de visibilidad.

Claro. Si yo no me hubiera hecho nunca redes sociales, probablemente mis dibujos no los habría conocido nadie. Si me hubiese quedado haciendo un blog, que todavía podría funcionar, pero ¿cómo hago que la gente llegue al blog? Necesito una cosa más dinámica, más rápida.

En una entrevista dijiste que algunos políticos te bloquean en Twitter, sin que los hayas dibujado, para evitar que veas su foto de perfil. ¿Cuál es tu relación con la clase política a propósito de tu trabajo?

Sí, creo que es por eso. Bueno, a algunos les debo caer mal y a otros bien. Generalmente, los más jóvenes tienden a tomarse con un poco más de humor los chistes, pero en realidad no tengo ninguna relación de amistad al respecto. Tampoco me muevo en los mismos círculos, y las veces que he tenido contacto directo con algún político ha sido una cosa anecdótica, como encontrarme con alguno en una actividad. Mientras más distancia tenga, mejor, porque creo que eso también mantiene la independencia de mi trabajo. Para mí es divertido cuando me bloquean, porque es un poco una medalla (risas).

Como que lo hiciste bien.

Finalmente, los que me bloquean me caen mal, entonces yo también lo bloquearía a ellos, pero como ellos lo hacen, siento que me dejan más importante. Porque que un ministro, un diputado o un senador, ande bloqueando a un dibujante, lo encuentro chistoso, un poco inmaduro también de parte de ellos. Pero bueno, están en su derecho, me pueden bloquear.

La banda y los dibujos

Cuándo no estás dibujando, ¿qué te gusta hacer? Tienes una banda de punk rock llamada Punkora.

Sí, tocar guitarra. Ahora, en tiempos de cuarentena, he tratado de mantenerme lo más productivo posible: leer hartos libros, tratar de practicar en la guitarra y bueno, las cosas domésticas, obviamente. Siempre tengo algo que hacer, nunca tengo un momento en el que diga “hoy no tengo nada que hacer”, eso es muy raro en mi vida. Cuando estoy inspirado quiero aprovechar de dibujar mucho.

Punkora tiene veintitantos años y estamos siempre haciendo discos, tocando en vivo. Ahora preparamos nuestro séptimo disco, que no alcanzamos a terminar por la cuarentena. Pero cuando se pueda salir a la calle vamos a finalizarlo. La banda es el proyecto más antiguo en el que estoy, es anterior a la publicación de mis dibujos como Malaimagen. No es un hobby. Se podría decir que son mis dos trabajos: la banda y los dibujos.

¿Qué puedes contar de lo que se viene?

Me cuesta proyectarme a futuro, porque no sé cuántos meses va a durar lo está ocurriendo con la pandemia. Si no hubiera pasado, me tocaría la promoción del libro, terminar el disco y promocionarlo. Por ahora es vivir el día a día. Trato de mantenerme enfocado en lo mío y funcionando de la mejor forma. No sé qué viene a futuro la verdad, menos ahora que en realidad nadie tiene certeza de nada. Sólo espero que logremos superar esta crisis mundial y que la humanidad sobreviva.

¿Te inspira el actual momento pensando, por ejemplo, en una segunda parte de Colusión, con este virus hecho realidad?

Sí, quizá sería un buen momento para pensar en una segunda parte de Colusión y agarrarse del coronavirus. Así como los meses anteriores estuvieron tan marcados por la revuelta de octubre, ahora el tema del coronavirus va a ser lo que va a marcar el futuro. Espero que pase pronto y que haya la menor cantidad de víctimas posibles. Ya está muriendo harta gente, entonces es una tragedia bastante grande. Pero cuando se supere, espero que quede como un mal recuerdo, un paréntesis de la historia. Nunca me había tocado vivir algo como una pandemia y nunca pensé que lo iba a vivir. Pero bueno, estamos todos en lo mismo y a salir de esto.

 

 

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