Entrevista al protagonista de “Jorge Teillier o el mundo donde verdaderamente habito”, Víctor Montero: «Para ciertas personas, lo que estoy comunicando desde el teatro está resonando como una filosofía de vida»

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Por Catalina Ojeda 

Jorge Teillier o sobre el mundo donde verdaderamente habito es un cautivador espectáculo que fusiona la poesía del poeta con danza y teatro. Inspirada en el manifiesto del autor y respaldada por una investigación en terreno en Lautaro, Curacautin y Victoria, la pieza transporta al público a un viaje sensorial. Víctor Montero encarna a Teillier, acompañado por un elenco de bailarines con la música de Sebastián Errázuriz. La obra está financiada por el Fondo Nacional de Fomento y Desarrollo de las Artes Escénicas Convocatoria 2022.  

Bajo la dirección de Ítalo Tai, esta adaptación escénica lleva la esencia del texto y una selección de poemas a través de la danza, capturando la esencia del vínculo de Teillier con su tierra natal y creando una experiencia única y emotiva.  

¿Cuál fue el motivo para formar parte de este proyecto?

A Ítalo lo conozco desde la época de la escuela, es decir, hace mucho tiempo. Él me comentó sobre la posibilidad de tener un estreno en Santiago, en el Mori Recoleta, y necesitaba a un actor para representar al poeta. Como yo conocía a Jorge Teillier, me pareció interesante involucrarme en un formato de danza teatro, que esencialmente es un tipo de teatro más académico, en el que los actores recitan texto. En este caso, la dirección de la propuesta claramente proviene del ámbito de la danza. Yo tuve que unirme al trabajo de danza más que ellos sumarse a mi papel como actor. Esto abarcó desde la estructura misma. Por ejemplo, los bailarines trabajaban con música de corrido mientras se desplazaban. Así que tuve que integrarme al contexto y al movimiento en el espacio que ya tenían definido. Esto no se configuró para actores recitando texto, sino más bien para bailarines interpretando una coreografía. Por lo tanto, como no soy bailarín, tuve que incorporarme a una coreografía con mi instrumento, que en este caso era la voz y el cuerpo, enfocándome más en el enfoque del actor tradicional que en ser alguien con habilidades de danza.

¿Cómo lograste encontrar tu lugar en este proyecto de danza teatro, considerando que ya estaba definido como tal y tú representabas la parte teatral? 

En esencia, se trata de danza teatro, por lo que la danza es su propuesta y yo me uno a un proceso ya establecido. La parte de teatro, que en este caso soy yo, debe integrarse en un método que ya estaba en marcha. Por lo tanto, mi voz, de alguna manera, pasa a un segundo plano, pero al mismo tiempo necesito igualarme con el lenguaje de danza que ellos proponen. Es fundamental comprender su lenguaje, pero también asumo la responsabilidad que, en este ejercicio de danza teatro, yo represento la parte teatral.

¿Cuáles fueron para ti los desafíos de interpretar a Jorge Teillier en la obra? 

Cuando te unes a un proyecto, es entrar por abajo y sumergirse en la dinámica y los materiales que ya están en marcha. En esencia, no se trata de intentar imponerme sobre su trabajo previo, sino de integrarme desde un lugar secundario, pero respetable y a partir de allí nivelarme con ellos. Al mismo tiempo, abordar un texto obviamente poético y hacerlo poético sin que resulte discursivo ni monótono fue un reto. Sin embargo, tuve la suerte de, quizás debido a mi experiencia como actor, lograr algo sumamente interesante, incluso, valga la redundancia, de parecerme un poco a Jorge Teillier.

De alguna manera, el actor que previamente asumió este rol, siendo un poco mayor que yo, tenía una visión un tanto más inmersa en la poesía de la muerte. Por otro lado, mi enfoque, debido a mi edad, era más similar a una “pequeña muerte”. No buscaba abordar directamente el tema del alcoholismo de Jorge Teillier, aunque esa también fue una etapa de su vida. Más bien, todas las perspectivas que Luis Dubó tenía respecto al poeta, que se acercaban más a la muerte, se encontraban en sintonía con mi aproximación, aunque enfocada hacia una “pequeña muerte”. Imagina cuando te vas de fiesta y empiezas a tener imágenes con fantasmas, como cuando tomas una pastilla y empiezas a ver figuras. No porque estés a punto de morir, sino porque estás en un estado de exaltación. Esa es la muerte que yo quise explorar, similar a cuando sales de fiesta un jueves y el domingo a las siete de la mañana dices: “He visto demasiado”, ese fue mi recorrido.

¿Cómo fue tu experiencia colaborando con Ítalo en este proyecto? 

Conozco a Ítalo desde hace bastante tiempo. Él es un respetado director de teatro y danza. Creo que nos encontramos en esta etapa más adulta y, en el fondo, confiar mutuamente en la capacidad del otro fue esencial. Ítalo tuvo la visión clara de proporcionarme acceso a un registro audiovisual del trabajo, lo cual hizo el proceso un poco más fluido. Tuve la fortuna de que las propuestas que presenté a Ítalo Tai le parecieran correctas. Logramos lo que logramos debido a que algunas personas que asistieron a la obra notaron un impacto impresionante en relación con el poeta, señalando ciertos gestos.

Mi relación con Ítalo Tai fue de logro absoluto. No concibo otra forma de trabajar que no sea cuando alguien me convoca. En ese caso, simplemente hago todo lo que se me pide en exceso. Si alguien me dice, por ejemplo, que tengo que aguantar bajo el agua cinco minutos, llego y aguanto siete minutos. No me permito realizar un trabajo deficiente. Creo que esa fue la dinámica que tuve con Ítalo Tai. Él me brindaba oportunidades y, además, no había espacio para cometer errores o ser negligente en el trabajo.

La obra tiene todo un recorrido sobre este mundo poético de Teillier, de su vida ¿Qué esperas de la audiencia? 

Experimenté algo sumamente intrigante, ya que más que anticipar una reacción, me vi reflejado en las respuestas de la gente. Fue impactante para mí que valoraran tanto esta perspectiva de recuperar la poesía en la vida, apreciando la profundidad de ese enfoque poético.

Para el estreno, tres personas se me acercaron y me comentaron sobre el hermoso mensaje que transmitía la obra, y su deseo de seguir en este camino. Casi parecía que podría instaurarse una especie de movimiento o enfoque de vida a partir de esta mirada. El trabajo tenía una capacidad interpretativa, y sentía que debía convencer a las personas de mirar la vida y la existencia de una manera particular. Parecía que, de alguna manera, tenía el poder de influir a través de la poesía de Teillier, convencer a la gente, por más que yo no voy con ese fin. Era como si fuera un individuo que se viste con una túnica y dice: “Amigos, aquí está la esencia”, y las personas responden con un sincero “sí, tienes razón”. Era un sentimiento positivo hacia la poesía y hacía vivir de manera más plena, contrastando con el mundo superficial, materialista y tecnológico en el que vivimos. Era como si las ganas de observar un día de lluvia en Chillán o quedarse mirando la luna, contemplar un atardecer o leer poesía afloraran naturalmente.

Automáticamente, surgieron en mí muchas ideas para compartir, basadas en lo que logré y en lo que no anticipaba. Siempre se busca que la gente vaya a verla, pero cuando recibes comentarios que dicen: “Mira cómo cambió mi perspectiva de vida”, te das cuenta de que lo que estás transmitiendo desde el escenario resuena en ellos. En cierto sentido, podría decir que, para ciertas personas, lo que estoy comunicando desde el teatro está resonando como una filosofía de vida. Así que podría expresar algo como “dejen el cigarrillo” o “voten apruebo”, y podría resonar con la gente, como si tuviera un poder chamánico, estando solo en el escenario con “cuatro ángeles” revoloteando y recitando un texto, en cierta medida, experimenté esa sensación. En realidad, no esperaba nada más que no embarrarla. Lo que encontré fue la respuesta de las personas que, de repente, decían: “La poesía, la vida, una forma de ver el universo”. Esta producción abraza la convergencia de las artes escénicas, la danza y la poesía.

Mantener el ritmo y cohesión de la danza mientras te integras al movimiento de los otros intérpretes, en particular los bailarines, ¿Cómo lograste adaptarte a su estilo y fluir en conjunto? 

Ellos siguen marcas cerradas, inmutables, poseen una música con una coreografía que ejecutan con precisión matemática. Entonces, me vi en la necesidad de encajar en su coreografía. No es lo mismo que tocar en una banda, donde tocas un instrumento y escuchas; aquí, además, tenía que pronunciar un texto desde mi mente. Cuando menciono el texto, estoy escuchándolo y, además, tengo que prestar atención a la música y, más aún, a ellos. Así que busqué integrarme y respetar los tiempos de la coreografía, lo cual implica que también debo decir mi texto en el momento justo.

Imagina que tocas la guitarra, tocas y escuchas. Ahora, agrega a eso un texto, pero no es cantado, es hablado. No se trata de seguir el ritmo. Dedicaba mucho tiempo al video, extrayendo el texto y comparándolo. Practiqué en solitario en múltiples ocasiones. Ítalo me envió la música: era una pista de 45 minutos y debía coordinarla con la coreografía de los bailarines.

Ficha técnica 

Título: Jorge Teillier o el mundo donde verdaderamente habito

Dirección General: Ítalo Tai

Música: Sebastián Errázuriz

Elenco: Víctor Montero, Vania Pascualetti, Luis Calderón, Carola Sainz, Ítalo Tai

Dirección actoral: Luis Ureta

Iluminación: Diego Olivares

Vestuario: Juana Díaz y Cris Miranda

Producción: Carola Sainz

 

 

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