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jueves, septiembre 29, 2022

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Entrevista a artista visual María Barrio: «Yo trabajo en este espacio desde lo íntimo, y, por ende, lo político»

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Foto: Victoria Valdivia Trigo

Por Gabriela Bravo desde París

La pintora estadounidense Georgia O’Keeffe dijo: «Descubrí que podía decir las cosas con color y formas, cosas que no podía decir de otra manera porque no encontraba las palabras». Y es que hay temas que por su dureza preferimos no hablarlos, libramos al silencio el peso de invisibilizarlos, con la ilusa pretensión que si no los abordamos, estos no existen. Uno de estos temas es la violencia sexual sufrida en la infancia. Sin duda, un tema doloroso e incómodo del que no todo el mundo está dispuesto a hablar.

Pero donde la palabra puede fallar, el arte se erige como un bastión de resistencia y lucha contra la resignación; viene al rescate de los recuerdos y traumas que pueden ser expresados de diversas maneras.

Esta es la titánica tarea que se ha dado la artista chilena María Barrio que se presenta en París con la exposición Niña: Una pintura de género, en la galería de arte Derniers Jours hasta el 15 de enero. De manera valiente y sincera la artista ofrece al público una mirada -su mirada- sobre el abuso infantil basado en su propia historia.

María Barrio ha elegido Francia como su país de residencia, sin embargo, su trabajo está profundamente ligado a su infancia en Chile y particularmente a Valparaíso. Es en la ciudad luz que Culturizarte entrevistó a la artista.

¿Cómo nace la idea de esta exposición Niña: una pintura de género?

Comencé a pensar este proyecto hace más de 11 años, cuando todavía estaba en Chile, pero realmente comenzó a realizarse en 2019, al mismo tiempo que presenté una denuncia por abuso sexual durante una de mis vueltas a Chile. Lo cual, en términos de proceso creativo y emocional, fue duro. Tras las manifestaciones en Chile en 2019 – 2020 -un territorio emocional que es el mío- me encuentro en el inicio de la realización de este proyecto y afloran nuevas imágenes, enfoques y sobre todo heridas muy profundas, tocando mi proceso creativo y emocional.

En esta exposición quiero construir mi relato a través de la pintura, que es mi campo de acción, para resaltar la importancia de las cuestiones de género en una historia individual pero también común sobre ser una niña en una sociedad que perpetúa las relaciones de poder y la violencia contra las mujeres. Niña: una pintura de género, cuenta la historia de una niña que observa la vida en detalle a través de su entorno geográfico y familiar, definiendo y resignificando los elementos de su infancia. Todo pasa en Valparaíso.

Para esta exposición trabajé con gente que conozco de cerca y a quienes admiro muchísimo: María Elvira Álvarez Giménez (Historiadora de feminismos en América Latina y profesora de la Universidad de Cergy-Pontoise), Lea Nicolás (Artista visual), Irene (Escritora y militante feminista) y Fernanda Peña y Lillo Bancalari (estudiante en Estudios de género de la Universidad Paris 8)

Tu exposición es autobiográfica, ¿De qué manera trabajaste una temática tan compleja como es el abuso sexual infantil?

A partir de los recuerdos y los gestos de la infancia, como así también de los afectos y el territorio. Pero sobre todo con autocuidado y terapia.

Mi trabajo pictórico se articula en torno a mi propia experiencia de forma temática. Estos temas parten de mi memoria, mi espacio simbólico y la relación con las imágenes obtenidas mediante dispositivos de grabación donde pretendo asociar los recuerdos y su contexto, tanto los paisajes sonoros como visuales, el territorio, la narración y la imagen pictórica. Dicho esto, lo especial del territorio es cómo se relacionan los paisajes con las emociones y las experiencias de vida. Mi trabajo en esta exposición, habla sobre emociones, vínculos afectivos y violencia. Expongo y denuncio a través de mi pintura que es lo que me conecta con mis emociones, de todo tipo y por medio de la cual articulo mis ideas. Valparaíso es mi territorio de infancia y de afectos, que atraviesan mi día a día y que se proyectan en mi devenir, o en mi trabajo. En ese sentido, el volcarse a Valpo, y consecuentemente, a Chile, se vuelve inevitable. El querer indagar y zanjar asuntos inacabados que pasaron ahí, es decir la denuncia por abuso, te hace inevitable el no mirar hacia ese centro, en esos espacios tan vulnerables y no involucrarse vorazmente en lo ineficiente y patriarcal que es el sistema chileno. Cuando estás hurgando constantemente en una herida que sigue fresca, empeñada en llevar a cabo un proceso cuyo fin es hacer justicia, resulta enormemente frustrante e indignante el darse cuenta lo abusivo de un sistema hecho por hombres y para hombres. Injusto y patriarcal.

Para abordar el tema de la violencia, y dentro de los que se encuentra el abuso sexual, hice 22 pinturas autobiográficas. Este conjunto de pinturas se compone de 4 series de óleos sobre lienzo y témpera sobre papel (a modo hoja de bloc) que abordan cuestiones como la infancia, el género, los vínculos emocionales  – en estructuras de opresión como la familia y la religión –  y, en definitiva, la violencia. Es una pintura muy sentimental. Estas series componen un gran relato de afectos y violencia, desde la experiencia de una niña.

En la serie Corazones, por ejemplo, compuesta por 4 pinturas de gran formato (130 x 190), cuento la historia sobre la relación con mi madre en torno a una experiencia traumática vivida por las dos.

En la pintura Corazones, de la misma serie, hice mi autorretrato de infancia frente a la casa familiar de mi madre en Valparaíso. Año 1990, estoy escuchando el cassette de Corazones de Los Prisioneros que acaba de salir. Todo en presencia de mi corazón que puse en una silla para mirarlo. La música forma parte de mi trabajo no solo a través de los títulos, sino al ilustrar las letras que componen estos cuadros.

En el cuadro Ya no tengo corazón, la niña mira a su madre mostrándole la casa familiar o el cuadro Pasaje Catorce N ° 477, Cerro Playa Ancha, Valparaíso, Chile, y en el que pegué la resolución de mi causa. La casa familiar de mi madre y su entorno, es el espacio central de las diferentes violencias que atraviesan estos relatos. Esta serie, no es solo la historia de una relación madre-hija, sino también una denuncia pictórica sobre el abuso sexual repetido, experimentado tanto por la hija y su madre en la casa familiar.

¿Por qué crees que es importante pintar sobre este tema? 

En la fragilidad de la infancia se condicionan en gran medida nuestras relaciones sociales, nuestra forma de ser, de amar, desear y resistir. Los sentimientos y afectos que recorren el cuerpo, cobran vida a través de la representación y la autorrepresentación.

La autorrepresentación se convierte en sujeto de narración -a la vez que un medio-, y permite la construcción de una narrativa donde dialogan varios niveles. De esta manera, la narración se convierte en un instrumento creativo de contrapoder, que rechaza las lógicas de un sistema patriarcal donde lo masculino domina tanto en el espacio público como en el privado. Así, el relato sale de este espacio de poder que es el sistema judicial. Esfera que no tiene idea de afectos, tiempo y  salud mental. El objeto artístico, y su espacio, a cambio, se convierte en una manifestación aclamada de lo privado en lo público, que se fabrica atravesando las geografías sociales de la infancia y difuminando los límites de lo establecido, cuya identidad puede ser destruida y reconstruida indefinidamente y cuyas posibilidades son infinitas cuando se interpreta colectivamente. Yo trabajo en este espacio desde lo íntimo, y, por ende, lo político, y en particular desde los sentires. El arte es un campo de acción y de reivindicación, que en esta exposición me da acceso al pasado y me permite la reconstrucción de mi cuerpo. Es importante pintar sobre este tema, para darle visibilidad a los  temas que atraviesan las pinturas y que nos hacen tomar conciencia de la manera en la que el patriarcado moldea las vivencias de una niña, de las niñas. Pero también como un acto de resistencia y justicia que pasa por y a través del arte, cuando la justicia humana no existe. Interpretada colectivamente puede tener un poder reivindicativo y transformador para la reconstrucción de los cuerpos y sentires.

¿Cómo ha sido la recepción del público? ¿Quiénes vienen a ver tu exposición?

Ha venido mucha gente a ver la exposición: familias con niñes, adolescentes, adultes mayores. También profesores de colegio que buscan abordar estos temas a partir del arte y de entender cómo una artista aborda estos temas a través de su pintura, etc. Muchos vienen atraídos por el tema de la infancia, los recuerdos y de ver a una niña por todas partes en las pinturas. Eso llama la atención, en particular de les niñes. Cuando los visitantes empiezan a avanzar en los relatos, se dan cuenta de que se abordan temas duros y cuando estoy presente me hacen preguntas un poco descolocados. Y es normal. No se sabe ni cómo hablar de esto, ni cómo abordar a alguien que las ha vivido, y menos teniéndola enfrente rodeada de sus pinturas. También ha venido a ver la exposición gente que ha sido atravesada por este tipo de violencias y que se ha abierto, sin conocerme, a hablarme de sus experiencias con mucha confianza y que se siente conmovida con las pinturas. Es muy fuerte. En general, trato de responder a las preguntas dentro de lo posible y lo sano. Creo que es importante estar en contacto y discutir con la gente, ya sea sobre los temas de mi pintura o de mi pintura propiamente tal. En este sentido, quisiera aclarar que, para mi, sea cual sea el tema que se le atribuya, mi discurso es la pintura como resistencia que traza la experiencia personal.

Una sección de tu exposición se llama: No tengo recuerdos de infancia, ¿Cómo trabajaste esta parte? ¿Cómo se puede pintar un «no recuerdo»?

La serie No tengo recuerdos de la infancia, compuesta por 12 pinturas sobre papel, habla sobre la violencia a través de diferentes escenas cotidianas: cumpleaños, conversaciones conmigo misma y con miembros de mi familia, paisajes religiosos, así como a partir de sentimientos vividos. No tengo recuerdos de infancia es una historia que corta el silencio a través de pinturas sobre papel que apuntan y denuncian la violencia. En cuanto a la producción de la serie, presté especial atención a la elección de los materiales, como así también a la manera de pintar. Trabajé con materiales que me transportan a mi infancia: pintura sobre papel, margen de lápiz grafito, pinturas escolares, etc. Pero sobre todo, para poder pintar un «no recuerdo», lo hice con terapia, autocuidado y rodeada de gente bonita durante la realización de esta serie.  

¿Piensas llevar esta exposición a Chile?

Sí. En el segundo semestre de 2022.

¿Cuáles son tus proyectos futuros?

Una exposición en Chile ya es bastante. Estaré en eso en 2022. También vienen colaboraciones con otros artistas para un libro por ejemplo, voy a hacer unas pinturas en Londres, entre otras cosas.

 

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