Factoría Santa Rosa presenta “Poem, patologías compatibles” muestra digital de performance en torno al amor en tiempos de pandemia

 

Jueves 20 de agosto transmisión live fanpage https://www.facebook.com/factoria.santarosa/, 18:00 horas Chile 

Factoría Santa Rosa presenta la muestra POEM, PATOLOGÍAS COMPATIBLES trabajo del colectivo de los artistas Jhafis Quintero y Johanna Barilier –él, un ex presidiario; ella, diagnosticada de borderline-, una serie de 5 video performances que aborda el amor, la enfermedad y la sobrevivencia en tiempos de confinamiento.

-Los artistas interactuarán vía zoom con la periodista y curadora Catalina Mena, en una transmisión live a través del fanpage de Factoría Santa Rosa @factoria.santarosa

Jhafis Quintero (Panamá, 1973) se introdujo al mundo del arte casualmente mientras cumplía una condena de diez años de prisión en Costa Rica. Esa experiencia marcó definitivamente su obra, cuya temática gira siempre en torno a la supervivencia y la muerte, lo que le ha permitido expiar sus delitos y canalizar su sed de transgresión sin dañar a los demás. “Todas mis obras tienen que ver con el resultado de mi investigación del cuerpo inmerso en espacios cerrados, del cuerpo en la confinación y las formas alternativas de supervivencia en estos espacios límites”, señala el artista, quien ha desarrollado una carrera artística robusta y reconocida que lo llevó a representar en 2013 a Panamá en la Bienal de Venecia con la performance Prótesis, en la que simuló una práctica carcelaria de comunicación furtiva como una forma de mantener la privacidad, la interacción social y el sentido de identidad.

Johanna Barilier (Suiza, 1986) nació en el seno de una familia cristiana muy conservadora, teniendo siempre muchos problemas de adaptación, especialmente en su etapa adolescente donde fue varias veces internada en hospitales psiquiátricos. Fue diagnosticada con trastorno de personalidad, por lo cual los doctores le recomendaron recluirse de manera definitiva. Sin embargo ella comenzó a desarrollar sus habilidades artísticas y a trabajar como fotógrafa en el campo social, registrando a gente que con experiencias de marginalidad como la suya.

En el contexto de pandemia y confinamiento que vive el mundo, Quintero y Barilier se encontraron en Suiza, estableciendo una conexión fulminante que los ha convertido en pareja y en colectivo artístico. Esa experiencia ha sido explosiva, con varios capítulos conflictivos donde han intervenido policías y también doctores. Hoy son una pareja declarada “bajo vigilancia” que pese a todo ha logrado concebir la obra que presenta Factoría Santa Rosa, una serie de videos que dan cuenta de la vida en pareja de una manera cruda y desgarrada.

“Los cinco poemas audiovisuales, son realizados bajo la premisa de “patologías compatibles”, a modo de respuesta insurgente, en contra de la impostura social que nos obliga a vivir una manera correcta e higiénica de comportarnos en pareja; como si nuestras vidas en cuarentena fuesen equivalentes al desenlace feliz de una película de Disney; como si las condiciones materiales en las que vivimos fuesen el escenario perfecto para el feliz desenlace de un romance entre príncipes y princesas”.

“De ese modo, bajo la estructura dramática de la tragedia shakesperiana, Quintero y Barilier invitan a padecer y socializar la experiencia de un proyecto de vida, cuyo sentido de permanencia no tiene ningún otro valor más allá del amor mutuo y gigantesco que nos profesamos de manera enfermiza. Un amor inútil para las normas sanitarias de la economía, un amor que no produce más que el excedente de su propia representación. Sin hijos, sin árboles ni libros. Un amor alternativo, honesto y transparente, donde las palabras son cuchillos, ni el agua ni el sexo se niega al otro (son necesidades básicas), como si se tratara de un tango: el erotismo es tan violento como romántico, el rostro del otro es tan lejano como familiar, mientras caminamos por una cuerda floja imaginaria: donde solo nuestro equilibrio entre patologías compatibles podrá ayudarnos a salir juntos de esta dulce condena”, comenta el curador Antonio Urrutia Luxoro en su texto sobre la obra.

 

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