FESTIVAL DE CANNES Entrevista a la directora de “La Perra”, Dominga Sotomayor: “Es una película sobre la maternidad, pero también sobre el origen del trauma”

Por Gabriela Bravo Chiappe desde Cannes  

La directora chilena Dominga Sotomayor presentó su última obra en la Quincena de los Cineastas en el Festival de Cannes: La Perra, una adaptación del libro homónimo de la escritora colombiana Pilar Quintana.

La cinta cuenta la historia de Silvia, una buza recolectora de algas que vive en una isla al sur de Chile y que decide criar a una perrita abandonada. Silvia tiene una pareja, pero no tienen hijos y esta perra vendrá a remover una serie de sentimientos que la protagonista había logrado acallar durante años.

La perra Yuri se llevó el premio Palm Dog en el Festival de Cannes que recompensa la participación de perritos en las películas.

Culturizarte pudo conversar con la directora Dominga Sotomayor, quien tuvo una calurosa acogida en la Quincena de los Cineastas. 

Siempre hay dificultades cuando se adapta una novela al cine. En este caso también adaptaste el territorio donde se desarrolla la intriga, pasaste del trópico colombiano a una isla al sur de Chile ¿Qué fue lo más difícil de jugar con esos territorios?

Yo creo que el desafío era encontrar cuál iba a ser esa selva, esa nueva selva. Una de las cosas que me alucinó del libro era esa conexión de la protagonista con el paisaje tan denso, caluroso, totalmente ajeno a mí. Pero me parecía clave, no solo la conexión con la perra, sino la conexión con ese paisaje dramático que la acompaña y que la espeja.

Entonces creo que el desafío fue emprender este viaje en Chile. Intuitivamente sentía que tenía que ser algo agresivo, ventoso, una playa no paradisíaca, fría, con riscos. Y así nos encontramos con esta isla que se llama Isla Santa María, que yo no conocía, aunque me fascinan las islas. Nunca había escuchado de esta isla en Chile y surgió esta idea de filmar parte de la película en esta isla y la otra mitad en el continente simulando ser una isla. Inventamos una isla, que es lo que a mí me ilusionaba un poco, imaginar un territorio que no existe también y crear un mapa, literalmente, de una isla inventada. Lo que para mí fue muy crucial también fue encontrarme con el mundo de las recolectoras de algas. Creo que en ese mundo de las algas y del mar encontré esa selva, esta selva en la que el humano se fundía con la naturaleza también, que era clave sustituir.

La película habla sobre la maternidad, pero desde lugares muy distintos a los que se ven en el cine, poco convencionales. La ausencia, el duelo, el cuidado, incluso la frustración. ¿Cómo fue esa exploración para ti desde el libro hasta llevarlo a la pantalla?

A mí me pareció muy interesante en el libro esta idea de una mujer que, en un duelo de una maternidad que nunca tuvo, trata de domesticar lo indomesticable que es esta perra loca que es dulce pero también quiere ser libre y que tiene su propia identidad y libertad. Pero al mismo tiempo en el libro hay todo un capítulo, por ejemplo, en el que ella intenta quedar embarazada. Es mucho más evidente en el libro esta idea de que es una mujer que no fue capaz de ser madre.

Inés Bortagaray, que escribió el guion, y a mí en el proceso de adaptación con ella, nos parecía que hay ciertas cosas que aguantan en el libro pero que no me imaginé filmando, y que sentía que podía ser más sugerente. En una película solo el hecho de ver a una mujer que no tiene un hijo, que tiene 40 y tanto, que tiene una prima que está embarazada, que tiene una especie de maternidad con este perro… Yo sentía que el tema de la maternidad debía estar de una manera más subterránea, que me interesaba más.

Creo que es una película sobre la maternidad, pero también sobre el origen del trauma y la búsqueda de la identidad. No quería clausurar un tema, tampoco quería que la perra fuera tan literalmente una sustitución de un hijo, tenía la posibilidad en la película de que el encuentro con esta perra fuera un gatillante más abierto a distintas emociones. También me interesaba no romantizar este vínculo con esta perra que al principio es luminoso, es una perra que ocupa un espacio vacío en esta soledad de la protagonista, pero que también después desaparece y genera un trauma; después aparece cuando no la están esperando, después tiene cachorros y no se hace cargo de sus cachorros. Es una acumulación.

Yo creo que también es algo que me interesó en el libro, se piensa que cuando hay un libro con un perro va a haber algo dulce, está toda esta idea del perro fiel. Me parecía interesante observar al perro como un animal muy familiar, pero también muy ajeno, como si fuera un vínculo más complejo.

Como lo mencionabas, esta relación con la perra va cambiando durante todo el proceso de la película. Creo que hay una escena en particular que me pareció un reflejo de la relación compleja entre estas dos hembras: cuando la protagonista obliga a la perra a hacerse cargo de sus cachorros y la perra se escapa igual.

Hay un montón de detalles muy especiales en el libro que rescatamos y también otros que omitimos como proceso natural de reimaginar algo. Creo que para mí la intención fue llevar un libro al cine, usar este material tan rico y excelentemente escrito de Pilar Quintana como un punto de partida que gatillara una forma diferente. Pero igual ahora viendo la película e imaginando el sentimiento que me dio leer el libro, creo que están muy cerca; más allá de que están tan lejos, creo que están muy conectados el libro y la película, más allá de ese otro territorio, otras escenas e igual diferencias en los personajes.

Yo creo que el personaje de Silvia en la película es un personaje que tiene más libertad, simplemente es menos vulnerable que en el libro, que decide estar donde está, para mí eso también es importante. Tuve la suerte de trabajar con Manuela Oyarzún, que es una actriz increíble, ella es muy conocida en Chile por teatro y también por algunos personajes secundarios en películas, pero es su primer protagónico. Tampoco quisimos entrar demasiado en la psicología, yo no quería sobreanalizar este personaje, quería también entenderlo como otro animal: hay un perro, hay una mujer, la mujer reacciona y se va revelando más por reacciones que por psicología.

¿Cómo te encuentras con el libro?

Yo leí el libro quizá hace dos años a través de Rodrigo Teixeira que es un productor de Brasil -productor de la película- él había coproducido mi película Tarde para morir joven y desde ahí quisimos seguir trabajando juntos. Yo tengo otro proyecto con él que es grande y más complejo, y Rodrigo me dijo: «Está este libro que creo que te puede gustar». Me gustó mucho el libro, me sentí muy cerca de las temáticas, pero al mismo tiempo lo sentí muy ajeno: qué voy a ir a hacer yo a la selva colombiana, qué calor… entonces ahí quedó un poco en un limbo.

Inés había sido mi asesora de guion en Niebla y nos hicimos muy amigas. La encontré muy talentosa y surgió esta idea: me gustó el libro, si está Inés me gusta la idea. Además, Rodrigo me dijo: «Toda la libertad de filmar donde quieras, puede ser en otro país, puede ser en Chile». Entonces ahí sentí que me podía apoderar de la libertad de hacer lo que quisiera.

Con Inés trabajamos juntas en la adaptación tratando de encontrar esos elementos concretos y vívidos de la conexión entre la tierra y la mujer y cómo iban a ser más o menos estos episodios. De nuevo, no tratando de trasladar la novela al cine sino más bien tratar de encontrarle su clima, la esencia, y ella lo transformó en un texto más literario. Trabajamos durante un año juntas en cada escena pensando cómo iba a ser esto.

En ese proceso Inés vino a Chile, hicimos este viaje al sur con otros productores y fue bonito porque también creo que ese viaje terminó de completar la idea del proyecto. Para mí era todavía muy abstracto, un libro que me había gustado pero que no me imaginaba en Colombia, y cuando hicimos este viaje conocimos a una mujer que se llamaba Silvia, que era buza recolectora, y nos hizo mucho sentido algunas cosas de las conversaciones que tuvimos con ella. Ahí dijimos: «Este es el lugar» y empezamos a escribir la adaptación también pensando en ese mundo de las algas y en este territorio. Tiene mucho protagonismo el lugar. Para mí era todavía demasiado abstracto sin tener una locación y ahí se cuajó todo.

La Perra da la sensación de ser una película muy libre. Después de la proyección hablaste de un rodaje caótico ¿cómo ese rodaje puede modificar o introducir cosas que no estaban en el guion?

Había un guion muy bien escrito pero la verdad es que el rodaje fue un rodaje de acción y reacción. Por ejemplo, para mí siempre es muy importante que el sistema sea el territorio y no sean personajes llegando a una isla, que sea una isla habitada, que eso ya cambia la puesta en escena y la idea general. Teníamos un colapso de muchas cosas, pero enfrentamos de una manera súper libre el rodaje. Yo cambié muchos diálogos, hay escenas que se trasladaron, hay cosas que surgieron y era un guion que daba espacio para rodar la aventura de Yuri. Yo había pensado que quizá se encuentran un lobo marino, quizá se come un pájaro, entonces ahí apareció la escena con los caballos. Era un guion literario y cuando estaba escrito: “Yuri está libre” sabíamos que íbamos a tener que seguir a Yuri por la isla.

Muchas cosas de La Perra claramente son espontáneas. La perra no era una perra adiestrada ni entrenada, era una perra que adoptamos de un lugar de perros abandonados, las dos, porque encontramos a Yuri y después a Baby Yuri que la interpreta cuando es pequeña. Tuvimos mucha suerte de encontrar a Baby Yuri que es igual a Yuri porque eran dos perras quiltras iguales. Crecieron con nosotros y fueron el alma del rodaje, fue bonito trabajar con perros que no eran actores. Creo que era muy importante que esta perra fuera una perra salvaje y libre y así la sufrimos también: estábamos filmando y se corría cuatro kilómetros y había que esperar a Yuri. Fue bonito.

Para mí nunca una película es un guion llevado al cine. Siempre hay algo que termina siendo un documento de la experiencia de ese rodaje y en este caso era evidente que era un punto de partida y que cada escena era muy diferente porque también actuaban personas de ahí que traían ideas.

No sé si fue caótico, pero si fue desafiante, fue difícil el rodaje porque no eran tantos días y había muchas locaciones. Todos los días yo decía qué bueno que terminó este día que era difícil, pero mañana filmamos con el perro que nada en el mar; qué bueno que terminó este día, sí, pero mañana la avioneta sólo puede estar 20 minutos en tierra entonces hay que apurarse; mañana toca el bebé. Todos los días era algo. Fueron como 20 días. Era imposible planificar, imposible escribir tal cual como salió.

Otro de los temas que aborda tu película es la culpa y el silencio de las mujeres, esta culpa que empieza desde pequeña y se extiende durante toda la vida de la protagonista ¿cómo lograste llevar este sentimiento tan interno a la pantalla?

Lo que me interesaba era cómo este encuentro con la perra gatillaba distintas cosas y cómo de esa cosa luminosa pasábamos a ese sentimiento de pérdida, pero también ese flashback muy intuitivamente, me interesó filmarlo. Yo siempre he trabajado con niños, me interesa la infancia, entonces cuando leí el libro dije tiene que estar esta parte en que Silvia era niña.

La película tiene su propia lógica, yo creo que yo nunca había hecho un flashback antes, entonces no me interesaba hacer un flashback tan narrativo o explicativo. No era como ok, ahora vamos atrás para entender por qué, sino que yo creo que es verdad que ese flashback explica un trauma y una evidencia que la determina en el presente en sus limitaciones, en su miedo a volver a sentir. No sé si es sólo culpa, sino que es una experiencia que te determina, que es algo que a mí me interesa mucho en general también en trabajar con niños, qué es cómo pequeñas o grandes cosas de la infancia te marcan.

Creo que es un ejercicio de empatía también con el personaje, es emocionante cuando uno vuelve del pasado y la ve y dice «ah bueno, estaba todo esto ahí también», porque en la adultez uno ve los frutos que de repente no son tan buenos y eso yo creo que la determina a ella en el presente: no saber si es capaz de ser madre, no saber si es capaz de cuidar a Yuri, no saber si es capaz de ser pareja. Pero yo creo que es un personaje que parte mucho más hundido, como sin horizonte, y que yo tenía ganas, a pesar de que es un final medio denso, se siente que en la relación con Yuri se permite volver a sentir.

En estos últimos años de la humanidad la relación que tenemos con los animales es mucho más igual ¿Estás preparada para lo que pueda venir por alguna escena que no sea tan amable con la perra?

Sí estoy preparada porque es ficción. Ya me pasó en otra película donde un perro muere electrocutado que recibí mucho hate. Espero que se entienda como una creación de ficción y que hay un intento por retratar una historia profunda y sobre todo estoy tranquila porque hubo mucho cuidado con los animales. Adoptamos a dos perros que habían sido abandonados, Yuri y Baby Yuri que se llama Tormenta. Tuvimos a dos expertos acompañándonos durante todo el proceso, son muy cuidadosos, todas las escenas violentas son ficción y son juegos, pero hay que estar preparada.

Hay un disclaimer al principio que dice «esta película no maltrató a ningún animal». No sé si uno se puede preparar, igual yo sé que es fuerte, no quería hacer una película dulce, no se podía adaptar sin la perra. De hecho, creo que es menos fuerte que el libro, al menos la película es más abierta al final.

Yuri grande ahora tiene una familia y la Yuri chica está con una de las productoras de la película. Para mí era algo súper importante, nos preocupamos mucho de que ningún perro fuera maltratado, de hecho el perro que nada en el mar está acostumbrado, siempre sale con su dueño pescador en el bote, hubo una búsqueda de ser respetuosa pero yo sé que puede generar controversia.

Siempre se dice mucho en el cine de no trabajar con niños ni con animales porque es muy complejo ¿cómo fue ese trabajo?

Hay cosas que surgieron espontáneamente y que creo que para mí ahora son muy importantes, que surgieron en el montaje, por ejemplo, no estaba la idea de que Yuri chica espantara a los caballos. Esto es muy importante porque al final el punto de vista de la perra se abre desde el comienzo y no solo en ese capítulo que estaba dedicado a que Yuri grande estuviera libre, sino que esta película va a tener ese punto de vista y después lo vamos a retomar cuando sea grande. Yo sabía que era una película que se llamaba La Perra y que teníamos que estar abiertos a esperar a la perra y esto fue también difícil para Manuela, porque ella es una actriz muy profesional, súper matea y quería actuar, pero la perra se escapaba o no quería estar en el sillón.

Creo que a veces, tanto los niños como los perros generan algo muy tirante, que es interesante porque es imposible estar en su cabeza, uno está en la reacción. Lo que hicimos es que Manuela y la perra tuvieron muchos encuentros durante un mes, antes de la película, lo que generó una relación muy bonita. De hecho, fue muy emocionante cuando estábamos filmando la escena de las algas y la perra no reconoció a Manuela porque estaba tapada y después la vio y corrió hacia ella, la empezó a langüetear, estaba asustada y todos estábamos muy emocionados, estábamos igual que el público. Había que mantener cierto equilibrio entre la ternura y la tensión, no sobre romantizar, pero fue bonito, fue un rodaje muy perruno, había muchos animales rondando.

Tus actores principales no son conocidos del gran público, ellos tienen su trayectoria en teatro y algunas películas ¿Qué te parece el estar trayendo a estos rostros del teatro y ponerlos en una película como la tuya?

Yo siento que tenemos actores increíbles en Chile, muchos, y no todos son tan conocidos, pero tenemos la suerte de una tradición teatral súper fuerte y a mí me entusiasma el sentimiento de realidad también. A veces pasa que con actores más conocidos uno siempre ve al actor interpretando un personaje. Tuve una visión muy clara cuando estuve trabajando en La Perra con la Manuela, pensé que era perfecta para este personaje. La idea de traer el talento del teatro pero también la sensación de una cara nueva es bonito.

Era súper importante que el casting se pudiera mezclar con la idea de vivir en una isla y con esos personajes locales y sus acciones. Manuela no solo es talentosa, también es preciosa, tiene una cara muy fotogénica y a mí me importa mucho encontrarme con actores que me dan ganas de filmar, así como con lugares y con animales, también con personas bonitas. Yo creo que uno no inventa la complejidad de los personajes, el casting es clave para mí, uno va retratando personajes complejos porque son actores complejos, son personas que me dan ganas de que estén observadas y he tenido demasiada suerte de encontrarme primero con María Paz (Grandjean) del año pasado, que es la protagonista de Limpia, y ahora con Manuela, que son dos mujeres alucinantes que nos hemos vuelto muy amigas y que creo que lo que decía antes: uno no inventa la complejidad en la pantalla, la cámara la captura.

David Gaete, que hace de pareja de Silvia, actúa en las obras de la Manuela Infante que es súper conocida en Chile, una directora muy buena, y ayer hablaba con él, es muy bonito lo que él hizo porque estuvo un mes con nosotros. Son escenas súper específicas, pero él estuvo completamente disponible para la película y para Manuela. Y quizá, a diferencia del libro, yo pensaba que el hombre fuera un hombre bondadoso, yo creo que es un hombre que la quiere, que la acompaña. Eso yo lo encontraba súper interesante porque finalmente el drama de ella no es no tener un hombre que la quiera o que no la ve, él la ve, la quiere pero ella tiene un tema de su infancia y una soledad que no tiene que ver con estar acompañada, es un drama mucho más interno.

Para finalizar, una pregunta más personal. ¿A Domingo Sotomayor le gusta la música cebolla? ¿O a Domingo Sotomayor le gustan los personajes que le gustan la música cebolla?

Más que cebolla, diría que me gusta la música popular. Pero es algo que se repite en mis películas. Siempre me ha gustado rescatar esa música emotiva y que a veces tiene un lugar más en la cultura popular. Me parece interesante llevarlo al cine y que de alguna manera esas canciones revelen también esa interioridad de personajes enigmáticos que no siempre están diciendo lo que sienten, pero sí es la música que escuchan lo que lo revela. Y sí, me gusta mucho esa música.

Ficha técnica

Título: La Perra

Género: Drama

País: Chile

Año: 2026

Duración: 112 minutos

Director: Dominga Sotomayor

Elenco: Manuela Oyarzún, Selton Mello, David Gaete

Festival de Cannes / Quincena de los Cineastas

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