Por Gabriela Bravo desde San Sebastián
Cuando se piensa en una película de guerra nuestro imaginario nos lleva a los campos de batalla llenos de barro y sangre donde yacen los cuerpos mutilados de jóvenes hombres, mientras van pasando aviones que lanzan bombas y producen explosiones. Sin embargo, la directora alemana Tony Vahl nos propone otra mirada con su cinta Krux, que se presenta en Competencia Oficial del Festival de San Sebastián.
Krux nos muestra qué es lo que sucede con los habitantes de un pequeño pueblito del noreste de Alemania en donde viven mayoritariamente mujeres y niños, acompañadas de muy pocos hombres. Este pueblo también esta viviendo la guerra, sin embargo, las consecuencias para ellos son muy diferentes. A solo días de que el régimen nazi se desmorone, los habitantes del pueblo se encuentran frente a un dilema: si todo el pueblo debe suicidarse y matar a los animales antes de que los enemigos del régimen lleguen hasta sus tierras o si deben huir del lugar.
Culturizarte tuvo la oportunidad de conversar en exclusiva con Tony Vahl
La guerra suele verse como un asunto de hombres, algo que ocurre en el campo de batalla, pero rara vez tenemos la oportunidad de verla a través de los ojos de las mujeres y los niños y de conocer lo que ellos viven. ¿Sientes que tu película subvierte el género bélico?
¿Cómo cuando pensamos en una película de guerra? Sí, sin duda. Ese fue el enfoque desde el principio. Para mí estaba claro desde el comienzo que no quería hacer una película bélica típica, porque no me gustan las películas de guerra. En Alemania tenemos muchísimas. Cuando empecé este recorrido me pregunté: ¿Qué puedo aportar? Me interesan más este tipo de mecanismos psicológicos internos de los seres humanos. Así que intenté averiguar qué ocurre cuando se derrumba la zona de protección de una comunidad. También me interesaba la gente común. Y esa era la pregunta principal: ¿Cómo es posible? Estamos poco antes del final de la guerra y las personas, especialmente las mujeres, mataron a sus propios hijos. ¿Cómo pudo ocurrir esto?
Para mí, esta película trata más de plantear preguntas que de dar respuestas. Entonces me pregunté: ¿por qué hicieron esto? Y aparece la cuestión del miedo: ¿Qué hace el miedo con las personas? ¿Qué ocurre cuando el miedo se convierte en pánico, cuando el pánico lleva a buscar a alguien a quien culpar o cuando las personas simplemente creen en una única historia, en vez de encontrar su propia verdad, ver la verdad o escuchar su propia brújula moral?
También está la cuestión de en quién creer, ¿a quién seguimos? ¿por qué lo seguimos? ¿Debo creerle al alcalde? ¿Debo creerle al sacerdote? Hay muchas capas individuales en esta película. Quería darle algo al público, pero también incomodarlo un poco. Para mí era importante que tuviera que descifrar las cosas que le entregamos. Es como un rompecabezas y puedes interpretar lo que ocurre, porque todo está siempre en una especie de zona borrosa, cuando estás entre dos cosas y no estás seguro. Porque esa es la sensación del miedo: lo desconocido.
Quería llevar al público a esa sensación claustrofóbica. Y al final, algo que también me interesa de las películas que me gustan es cuando las sientes en las entrañas. Es un poco como un cine corporal. Y también me interesa dejar al público con algo. Tenemos tantas películas y muchas veces ves una, piensas que estuvo bien, que fue una buena película, pero no permanece contigo durante mucho tiempo. Mi intención, o mi esperanza, es que al final el público, quizá días después, piense: “esa escena…”, o que la película también lo lleve a mirarse a sí mismo y preguntarse cómo se comporta. Porque es muy fácil seguir a la multitud. ¿Cuántas veces digo que no a algo y defiendo mi propia posición o mi propia opinión? Eso era lo que más me interesaba.
Pero es una película de guerra y no vemos la guerra de esa manera. Cuando pienso en la guerra, en mi imaginación aparecen las bombas.
Quería mostrar solamente las huellas. Quería observar qué ocurre con tu cuerpo después de muchos años de guerra, cómo reaccionas, a qué te vuelves sensible y qué ha ocurrido durante todo ese tiempo. Perdieron la fe porque durante todo ese tiempo tuvieron líderes. ¿Quién eres cuando ya no tienes líderes?
¿Podrías hablarnos del aspecto político de esta comunidad, que parece tener mucho más en común con una secta que con una ciudadanía?
Es porque se trata de un culto nazi. Investigué mucho y una de las cosas que encontré fue esta especie de culto a la muerte. El culto nazi era un culto a la muerte y también utilizaba cosas realmente extrañas. Expliqué esta expresión, “actuar como ese trozo de carne”, y eso me dijo mucho, porque en esa época estaban tan adoctrinados que habían perdido la conexión consigo mismos, con sus propios sentimientos y con su propia voluntad. Para mí es, en cierto modo, un cuento moral. Hay muchos temas dentro; quizá está sobrecargada de simbolismo, pero quiero que el público pueda tener su propia interpretación y que la película plantee más preguntas que respuestas.
Estás hablando del pasado, pero se siente muy contemporáneo.
Eso también estaba presente. Es una historia del pasado, por supuesto, pero al mismo tiempo es muy actual. Hoy tenemos los mismos problemas. Tenemos propaganda y también este tipo de noticias falsas.
En ese pueblo no sabían si una información era verdadera o no. Es una sensación parecida: hay algo en el ambiente y no sabes qué es. Cuando escribí el guion estábamos en tiempos de COVID y existía una sensación similar: no sabes qué está pasando, qué está mal, a quién deberías creerle o cuál es la dirección correcta. Lo más importante es usar tu propia brújula interna, creer en ti mismo y en tu opinión, elegir lo correcto y no limitarte a seguir a los líderes.
En la película hay personas mayores que cuestionan lo que ocurre y no quieren seguir las órdenes, como el anciano y la mujer supersticiosa. En contraste, los niños hacen exactamente lo que los adultos les dicen. ¿Querías mostrar la diferencia entre quienes tienen experiencia y pueden cuestionar las cosas y los niños, que simplemente siguen órdenes? ¿Qué dice esto sobre nuestra sociedad?
Porque estaban completamente impregnados de ideología, por la enseñanza y por este tipo de propaganda. Pero para mí también era importante mostrar que los niños representan la esperanza, el futuro y la vida. También está la naturaleza: para mí, la naturaleza está viva. Es primavera, todo atraviesa las distintas etapas del año y, en contraste, las personas deciden morir. Quería trabajar con ese contraste.
También leí The End, de Ian Kershaw. Él describe a las personas de esa época. No fue fácil encontrar información sobre ese período y, especialmente, sobre cómo se sentían. También leí diarios para entender cuál era la mentalidad de ese momento. Estaban como insensibilizados por dentro, ya no sentían nada, porque lo habían perdido todo.
¿Podrías hablar de la violencia que implica pedirles a personas jóvenes y sanas que se quiten la vida, como ocurre en tu película, mientras que a los soldados en la guerra se les ordena mantenerse con vida?
Esto también estuvo influido por mi investigación, porque la forma en que las personas pensaban sobre el suicidio en esa época era completamente distinta. Al principio estaba absolutamente prohibido; después, cuando la guerra estaba cerca de terminar, se consideraba algo propio de cobardes; y al final decían: “Está bien, es mejor morir o quitarse la vida”. Fue muy interesante observar cómo fue cambiando la manera en que el suicidio era visto dentro del sistema nazi.
A las mujeres y a los niños se les pide morir, mientras que a los soldados se les ordena mantenerse con vida…
La guerra suele ejercer violencia contra los niños y las mujeres.
Tu película me hace pensar en Sound of Falling, de Mascha Schilinski. No porque sea similar, sino porque la narrativa se siente como una mirada femenina, algo que debe sentirse más que simplemente comprenderse.
La conozco. Es un poco similar, quizá sea algo nuevo. ¿Cuál era la frase de Mascha? Ella siempre dice que hay que sentir la película. Ese también fue mi enfoque: que la sintieras en las entrañas. Es algo corporal, como el body horror… aunque no es body horror, es un género diferente. Pero se trata de una película corporal, una película que sientes. Y que también te hace pensar.
Ficha técnica
Título: Krux
Género: Drama
País: Alemania
Año: 2026
Duración: 92 minutos
Director: Tony Vahl
Elenco: Jella Haase, Frida-Lovisa Hamann, Clemens Schick
Festival de San Sebastian/ Competencia Oficial
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