Por Gabriela Bravo desde San Sebastián
Cuando se habla de dictaduras latinoamericanas, el primer reflejo es a pensar en Chile y Argentina, dos países que han utilizado el cine como una plataforma para dejar un testimonio de lo que sucedió y mostrar los horrores que se vivió en esa época y, al mismo tiempo, utilizar el arte para buscar justicia y reparación. Sin embargo, la dictadura paraguaya nos es mucho más desconocida, pese a que fuera mucho más extensa que las anteriormente mencionadas: 35 años estuvo el dictador Alfredo Stroessner en el poder. Por esta razón, películas como Narciso, del director paraguayo Marcelo Martinessi resultan tan importantes para el público latinoamericano, ya que nos ayudan a conocer una época y una realidad que pocas veces tenemos la suerte de ver.
La cinta cuenta la historia de Narciso, un joven lleno de vida y desenfrenado que decide programar música rock en la radio nacional, lo que le genera un gran éxito entre el público, pero también mucho rechazo por parte de las autoridades. Narciso es un electrón libre, tanto en su vida como en su sexualidad, algo que el régimen autoritario no esta dispuesto a dejar pasar.
Culturizarte pudo conversar con el director Marcelo Martinessi y el protagonista Diro Romero sobre Narciso, la película que clausuró la competencia de Horizontes Latinos.
Las dictaduras en Latinoamérica son conocidas mundialmente, pero siempre se pone el foco en Argentina y en Chile; la dictadura paraguaya es más bien desconocida para un público amplio fuera de Latinoamérica. Me gustaría saber por qué le parece importante tocar este tema y llevarlo al cine.
Marcelo Martinessi: Qué interesante empezar con esa pregunta, porque es algo bien complejo lo que quiero contar. Hay un cine de dictaduras que va desde La Historia Oficial para atrás y para adelante, poniéndola ahí como el cine que llega a los Oscars y que hace que la dictadura tenga una presencia mediática muy fuerte a partir de todo lo que pasó con esa película. Lo que yo siento es que Paraguay llega tarde al cine de dictaduras, llega tarde para contar la dictadura de la manera en la que usualmente se contaba, que era el organismo del Estado represor y las víctimas. Lo que nosotros podíamos aportar a ese análisis desde Paraguay, con esta llegada tardía, es pensar también que esos procesos no son tan así en las reflexiones de hoy. No es tan marcado que está el victimario, el dictador y las víctimas; en el pueblo hay mucha gente que hace que esas dictaduras existan. A mí lo que me fascinó del libro de Guido Rodríguez es que él no habla solamente del victimario Stroessner, el presidente rubio, sino que él cuenta que nosotros también estamos metidos en la construcción de este proyecto autoritario. La radio, como espacio de poder, era el escenario ideal para contar una película en la que te des cuenta, a partir de lo que hacen estos personajes, que a veces son víctimas de sí mismos y no siempre del régimen únicamente. Me parece que ese análisis sirve mucho hoy, cuando los proyectos autoritarios están regresando con mucha fuerza y con otras formas. Pensar también que, al lado nuestro, en nuestra mesa, hay gente que puede ser un factor muy importante en la construcción de esos proyectos sin que nos demos cuenta. Creo que nuestra llegada tardía como país al cine de dictaduras tenía que aportar algo nuevo, algo que no estemos mirando o que tal vez no estemos mirando tanto. Me parece que hoy en Paraguay podríamos hacer películas muy fuertes porque hemos tenido una dictadura horrible, con desaparecidos, torturados y muertos. Pero a mí, personalmente, me interesó ese otro aporte: pensar la dictadura desde un lugar en el que todos somos parte de ese proceso y pensar también de qué forma podemos hacer que eso no se repita.
La cultura siempre ha sido un talón de Aquiles para las dictaduras porque es difícil reprimirla o justificar su represión. Tomando este ángulo desde la parte artística de Narciso, quien trabaja en la radio y trae música nueva que aporta a la cultura, me gustaría saber si ustedes ven la cultura como una forma de resistencia frente a una dictadura o al autoritarismo.
Diro Romero: La cultura y el arte como herramienta siempre tuvieron mucho poder y mucha palabra para expresar, muchas veces de forma artística, lo que queremos decir. Es muy difícil eliminar eso porque hay muchas formas creativas de decir una misma cosa. El arte y la cultura van a estar siempre presentes para darle voz a eso que nos pasa. Nosotros, que trabajamos con las emociones y con lo que nos pasa como seres humanos en un espacio, no podemos evitar decir algo con lo que hacemos y decimos. Esa herramienta es un poder muy fuerte que tenemos los artistas para expresar lo que sentimos que sucede a nuestro alrededor. En cuanto a Narciso, creo que está muy bien expresado. Dentro de un ambiente de mucha represión, oscuro y pesado, él trae una propuesta mucho más fresca, traída de afuera. Eso no estaba bien visto dentro de la sociedad paraguaya de ese momento porque representaba una apertura mental y corporal: expresarse, moverse más. Era justamente todo lo que se quería controlar. A través del arte, de la música y del baile, se viene a instalar una forma de respuesta o de rebeldía que mueve un poco a la sociedad y a los personajes dentro de la película. El arte y la cultura siempre van a estar ahí, y el personaje de Narciso representa muy bien lo que querían expresar esos jóvenes o cómo se sentían en ese momento.
MM: Siguiendo un poco esa misma idea, claro que está la idea de lo que trae el rock and roll, pero también hay una cuestión muy importante. En Paraguay, históricamente el folclore estuvo muy vinculado a la dictadura, a la tradición y al nacionalismo; pero no por eso deja de ser música hermosa. Para mí era muy importante —tengo un profundo amor por esa música y detesto el nacionalismo y la dictadura— tratar de adueñarnos de esa cultura musical paraguaya desde otro lugar. En segundo lugar, entender que en Paraguay la construcción cultural de toda la segunda mitad del siglo XX se ha hecho desde el exilio, sobre todo desde Buenos Aires, a veces desde Europa, Venezuela o Cuba. Los paraguayos en el exilio han sido los que escribieron música, compusieron y escribieron novelas. La obra de Roa Bastos, que es el premio Cervantes de Paraguay, se hizo desde afuera; la obra de Casaccia se hizo desde afuera. Nuestros poetas, Elvio Romero, Hérib Campos Cervera, todo es cultura producida en el exilio. No conozco mucho el caso de Chile, sé que también tienen, pero en Paraguay la producción cultural en el exilio es demasiado fuerte. Creo que la dictadura ha sabido hábilmente expulsar a estos cerebros creativos para poder controlar el país. La gente que se quedó lo pasó muy mal o se fue.
En ese mismo sentido de controlar está el cuerpo, la sexualidad y el género. Está el tema de la cultura y la dictadura, pero también el de las expresiones sexuales divergentes en esa época, encuadradas dentro de este mismo control. Sin embargo, ustedes tienen la lucidez de mostrar cómo se busca este control a través de la sexualidad y de lo que se impone sobre lo que está bien y lo que no.
M.M: La ambición de un proyecto político dictatorial es controlar incluso la cama, y construir en pecado y en falta pública cualquier expresión privada, lo cual es peligrosísimo. Siento que en la película lo que estamos contando tiene que ver con hablar de una sociedad que levanta la bandera de la moral para poder controlar, que es lo que pasó en ese entonces y pasa ahora. Yo leí el libro cuando estaba saliendo de la experiencia de mi película anterior, Las Herederas, que fue muy bien recibida afuera, sin ningún cuestionamiento del componente de la orientación sexual. Sin embargo, en Paraguay tuvo resistencia por un sector de la sociedad diciendo: «Esta película no nos representa porque es de una mujer lesbiana y encima infiel». Una cosa así de loca. Siento que eso no es realmente el deseo de defender valores y tradiciones, sino el deseo de controlar: lo que no puedo controlar tiene que dejar de existir. En ese sentido, eso se vincula con tu pregunta anterior sobre Narciso. Narciso es incontrolable; por lo tanto, no importa si lo mató el régimen, la dueña de la pensión, Lulú, o si se mató él mismo: él no podía existir en esa sociedad. Pienso que eso es algo muy vigente. Hoy siento en Paraguay que cuando uno trata de generar una inestabilidad a una sociedad entumecida, lo primero que se levanta es la bandera de la moral: «Fuera de aquí, porque aquí somos todos puros y limpios«. En la realidad eso es una gran mentira, pero sigue funcionando hoy como mecanismo de control.
D.R: Haciendo referencia a lo que planteaba Las Herederas, que se centraba en la historia de dos mujeres, Narciso tiene más personajes y, por lo tanto, refleja a más sectores de la sociedad. El público que vea Narciso puede identificar a Goya o a Lulú, haciendo un paralelismo con la actualidad, sintiéndolo más cercano o identificando más fácilmente lo que sucede. Representa a personajes más diversos. Creo que eso hizo que no tenga el rechazo directo de Las Herederas, donde el discurso era «esta es una película de lesbianas«. Narciso tal vez tuvo un tinte de eso, pero no fue directamente atacada por ello, sino más bien por lo que plantea el universo de sus diferentes personajes. La sexualidad está presente, pero no es el foco de Narciso. Sin embargo, es un caso que marcó mucho a la comunidad LGBT y tiene mucha importancia dentro de ella en Paraguay, al tiempo que representa a un sector muy amplio de lo que fue y sigue siendo la sociedad paraguaya.
Porque el cine es un arte que puede ser para un nicho, pero también para un gran público. Ponemos una pantalla y podemos tener a mil personas viéndola. ¿Qué importancia tiene la representación de la diversidad en el cine y, en particular, en el cine paraguayo?
D.R: Es tan simple como que existimos. La comunidad LGBT existe y es parte de la sociedad, entonces, ¿por qué no estaría dentro de una historia como cualquier otra? Es importante darle esa visibilidad. Generalmente trabajo en teatro y siempre trato de que los proyectos en los que estoy, directa o indirectamente, tengan que ver con esa temática. Es necesario hablar de eso desde el mensaje de que existimos y de que nos pasa exactamente lo mismo que a cualquier otra persona. A través de este tipo de historias se visibiliza que existimos y que no hay por qué hacer esa diferencia. Es importante que siempre haya representación simplemente porque somos parte de la sociedad.
Como dice la típica frase, «un pueblo que no conoce su historia tiende a repetirla». Narciso está basado en una historia real; es una ficción, pero tiene un asidero real. ¿Qué importancia tiene la memoria en el cine para usted como artista y director?
M.M: Paraguay tiene muy poco cine todavía. Pienso que estamos empezando a contar nuestras historias. Al tener tantos años de oscuridad durante la dictadura stronista, en la que se hizo un solo largometraje llamado Cerro Corá —que básicamente era un aparato de propaganda sobre la Guerra Grande que tuvimos contra Argentina, Brasil y Uruguay—, se moldeó la memoria a partir de la idea de que somos muy valientes, que siempre tuvimos héroes y que tenemos que morir por el país. Esa es la idea que se instaló en Paraguay. Me parece muy importante abrir la memoria a las interpretaciones que pueden tener diferentes sectores de la sociedad y repensarse a partir de las cosas que nos pasaron, sin permitir que un pensamiento único se imponga y diga que esto fue así. En Paraguay, a diferencia de otros países donde hubo dictadura, tuvimos la suerte de haber encontrado lo que se llama los Archivos del Terror. Es algo único: se encontraron todos los documentos de la policía represora de Stroessner y eso nos permitió ver todo el aparato represor actuando. Eso es crucial. La lista que se lee en la película es parte de ese hallazgo, documentos que en otros países posiblemente se habrían quemado o ya no existirían, pero Paraguay tiene un archivo gigante lleno de todos ellos. A mí siempre me ha interesado la memoria; en mis trabajos anteriores e incluso en los cortos abordo conflictos históricos. Las Herederas es sobre los diarios de mi tía, parte de una memoria familiar. Me parece que el cine puede usar la memoria como una posibilidad de diálogo con el presente y de construcción de futuro. No hubiese sido interesante hacer Narciso solo para contar algo histórico. Por eso el arte, el vestuario y el peinado se separan de las grandes películas de época como The Crown, que la enmarcan en un tiempo pasado. Nosotros tratábamos de que se interpretara que ocurrió en otro momento, pero haciendo que los personajes y el tono de la película te traigan al presente. Era la idea detrás de esa construcción artística y fotográfica.
¿Qué fue lo más difícil de hacer esta película para ustedes?
M.M: Para mí, terminarla. El proceso de montaje llevó como un año más de lo que esperaba. Teníamos cosas filmadas que me fascinaban y a las que tuve que renunciar, y otras que estaban emergentes a las que tuvimos que darle fuerza para que existieran. Fue una película que se fue descubriendo en el montaje. Las Herederas es muy perfecta de plot, muy circular y redonda, y a mí no me gusta repetirme. Con Narciso dijimos: «Vamos a filmar las cosas que nos mueven, que nos gustan, las cosas que nos hacen vibrar, y después vemos qué hacemos». Narciso se construye mucho con esos fragmentos de memoria, interpretando el momento de rodaje ya como memoria, con las cosas que nos pasaban ahí y nos daban ganas de vivir y filmar. Cuando te encuentras con todo ese material, hay que ser muy cuidadoso en el montaje. Tuvimos una primera etapa muy larga donde salió una película con un plot más cerrado, y en la segunda etapa dijimos: «Vamos a liberarla y a hacer que respire por donde quiera respirar».
D.R: Pero el proceso se disfrutó mucho, no siento que haya habido algo sumamente difícil. Hay procesos que cuestan más, pero por el tiempo que le dedicamos a la previa, a reunirnos, a hablar sobre esto, sobre lo que queríamos contar y cómo proponíamos al personaje y a la historia, creo que se dio de manera muy espontánea. Tratábamos de encontrar algo que representara nuestra historia y sociedad. Como actor, todo ese trabajo fue muy rico en el sentido de que me nutrí de experiencias e historias, de leer sobre la historia de mi propio país y entender mucho más a la gente. Fue algo que me hizo crecer no solo en lo personal, sino también en lo profesional. Es mi primera experiencia en cine con un personaje tan importante, así que fue y sigue siendo una experiencia más enriquecedora que difícil. Tocarle algo histórico a Paraguay es muy importante porque tenemos miles de historias que necesitan ser contadas. Empezar con esto y hablar de lo que nos pasa como sociedad es muy importante, así que rescato más que nada lo positivo.
Ficha técnica
Título: Narciso
Género: Drama
País: Paraguay
Año: 2026
Duración: 101 minutos
Director: Marcelo Martinessi
Elenco: Diro Romero, Manuel Cuenca, Arturo Fleitas, Nahuel Pérez Biscayart
Festival de San Sebastián/ Horizontes Latinos
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