FESTIVAL DE SAN SEBASTIAN Entrevista al director de “La Profesora de Francés”, Ricardo Alves Jr.: «La película es sobre la imposibilidad de individualidades distintas en un determinado colectivo»

Por Gabriela Bravo desde San Sebastián  

La Profesora de Francés del director brasileño Ricardo Alves Jr. es una de las películas que se presentó en la sección Horizontes Latinos en el Festival de San Sebastián.

La cinta cuenta la historia de Grace, una mujer diplomada y con altas capacidades que se encuentra desempleada, al mismo tiempo que su padre se enferma gravemente y ella tiene que volver a la casa de su infancia para cuidarlo. Grace es lesbiana y su pareja es francesa, lo que crea conflictos con sus vecinos, quienes practican una religión en donde se condena la homosexualidad. Lo que comienza como un drama social se transforma en un thriller sobrenatural en donde la espiritualidad y la religión jugaran un rol preponderante.

Culturizarte tuvo la oportunidad de conversar con el director Ricardo Alves Jr. en San Sebastián.

Esta película habla mucho de espiritualidad, pero de una manera terrorífica. Quería saber si de alguna manera trataste de mostrar lo que está sucediendo en Brasil con estos grupos religiosos que son tan integristas, al borde del fascismo.

Sí, yo diría que están cerca del fascismo, porque a partir del momento en que quieres exterminar al otro, me parece que ya empezamos a entrar en el terreno del fascismo, porque busca transformar al que es diferente. Sí, me parece que la película trata cuestiones muy contemporáneas de Brasil y de una manera de surgimiento, de reaccionarismo. Porque los reaccionarios en Brasil usan mucho el poder de la religión. Es decir, la religión como uso de dominación del otro.

Nosotros, en Latinoamérica, tenemos una larga historia al respecto, pero todavía se sigue reinventando, la rueda sigue girando. Si hace años los conflictos eran con la Iglesia católica, ahora es con la pentecostal. Me parece algo muy peligroso. Creo que en la película yo construyo todo en un campo de ficción, es decir, es una religión inventada, pero me parece que si la miras con lupa, puedes encontrar algunos ecos con la realidad.

También hay una reflexión política, porque la protagonista está obligada a estar en esta situación porque el Estado no se hace cargo de los enfermos, no hay ayuda. Ella no puede hacer otra cosa que contar con sus vecinos y el precio que tiene que pagar es sumamente alto.

Perfecto, creo que es eso. Yo soy hijo único también. Mis papás están vivos y siempre me pregunto el momento en que yo voy a tener que hacerme cargo de ellos. Porque si fuese una familia de clase alta, no tendría el drama, el problema de la película. La protagonista todo el tiempo va a ver a sus vecinos por una necesidad, porque está desempleada, el Estado no la toma en cuenta, entonces ella tiene que buscar su red de apoyo y su red de apoyo son esos vecinos que hacen lo que hacen.

Esta realidad Latinoamericana a veces resulta muy incomprensible para los europeos, que no entienden por qué una persona tiene que seguir teniendo relaciones amistosas con gente que las niega o las desprecia

Sí, me parece que es distinto el pensamiento de los europeos al de nosotros, los Latinoamericanos. Primero una cosa: a los europeos es difícil generalizarlos, pero bien, acá en el ejercicio de generalización, ellos van a decir: “Está viejo, lo pongo en un asilo, en una casa de reposo y está resuelto el problema”. Pero nosotros en Latinoamérica también tenemos una cosa llamada culpa: uno siente culpa de poner a su padre en un lugar cualquiera y que termine su vida sin tener una relación con las personas que conoce. Entonces me parece que existe algo cultural entre nosotros en Latinoamérica, diferente a los europeos.

Le pregunto porque en la película también está este choque cultural entre la pareja francesa que no lo entiende.

Exactamente, la función del personaje de Clara, que es francesa, es esta consciencia, esta autoconsciencia de los europeos. Ella no comprende por qué es así. No comprende por qué ellos entran en la casa, pero yo comprendo que mi vecino que no tiene que entrar en mi casa, entre; lo comprendo, porque es así. Fui criado en un barrio pequeño donde lo colectivo y la individualidad están muy juntos y, a veces, lo colectivo se da el derecho de invadir la individualidad.

Tu película comienza como un drama para luego transitar hacia el thriller, casi película de terror. ¿Esto fue una decisión o se fue dando?

No, fue una decisión desde el principio. Con Germano, que es el guionista de la película y mi compañero de trabajo, desde el principio tuvimos esa idea de hacer una película que empezara como una especie de drama social latinoamericano y que, de repente, diera un giro y que llegase al thriller. A mí me gusta decir que es un terror social, porque el terror está allá, existe el monstruo, solo que el monstruo no es lo sobrenatural o algo que viene de afuera para atacar la casa, el monstruo está muy cerca. Por eso me gusta usar el término terror social: existe, es terror y es un monstruo muy localizado.

El uso de los elementos sobrenaturales también es muy de la cultura latinoamericana, los fantasmas y esta mezcla que tiene la religión con cosas que son externas, que vienen de las supersticiones. ¿Cómo trabajaste esa parte?

Para nosotros, al menos para mí, la religión siempre formó parte de mi vida, no es algo extraño. Es difícil separar esa idea, porque la espiritualidad, el imaginario de algo que viene de otro mundo está presente en mi cultura. Pero acá pongo esos elementos dentro de una ficción, pero intentando decir: mira, existe esa creencia, porque la película no es una crítica de la fe de las personas. Yo tengo fe, creo en la fe, y me parece muy importante. El problema es cuando se usa la fe, los elementos espirituales y la creencia para un uso político, es como mezclar Iglesia y Estado. Son cosas que no pueden estar juntas, porque cuando están juntas, se usa la Iglesia o la fe para exterminar al otro.

Hay un diálogo que me parece muy importante, o por lo menos me resonó mucho, que es este chico que tiene el poder de la palabra y que le dice a ella: “Si tú estás equivocada, tú te vas a condenar, pero si yo estoy equivocado, me voy a condenar”. Entonces esto muestra que ya es más allá una lucha casi por el fin de la vida y el resto de lo que sigue.

Sí, me parece que todo el tiempo Tomás está provocando con la palabra. Él aparece por saber que Graça es un personaje que empieza hablando sobre el racionalismo, sobre la razón y todo el tiempo va intentando poner esa razón en cuestión. Justamente me parece que cuando Graça duda es donde ellos consiguen capturarla. Entonces me parece que todo el tiempo Tomás la está provocando para intentar quebrar su racionalidad.

El hecho de que el personaje principal sea lesbiana y negra, ¿fue una decisión desde el primer momento?

Sí, pero yo no leo la película en términos raciales. La cuestión de género sí está presente, pero no es algo que haya buscado. Siempre quise trabajar con la actriz Grace Passô, porque es una gran amiga de muchos años. Entonces la película siempre fue pensada para ella. Grace le ofrece al personaje muchos relieves, pero a mí me parece que la película va más allá de la cuestión de género o la cuestión racial, es más amplia: es sobre la imposibilidad de individualidades distintas en un determinado colectivo. Podría ser también un personaje trans, podría ser también un personaje gay, podría ser un personaje indígena, es decir, elementos o identidades que choquen con un pensamiento normativo. Me parece que ese es un punto.

Ficha técnica

Título: A Professora de Francês/ La Profesora de Francés

Género: Thriller

País: Brasil

Año: 2026

Duración: 96 minutos

Director: Ricardo Alves Jr.

Guion: Germano Melo

Elenco: Grace Passô, Pedro Goifman, Jehnny Beth, Elisa Lucinda, Eduardo Moreira, Barbara Colen, Rômulo Braga, Babi Amaral, Ítalo Laureano y Rodger Rogério

Festival de San Sebastián/ Horizontes Latinos

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