Por Gabriela Bravo desde San Sebastián
Las Disculpas de Vicentina es la única película brasileña que se presentó en la competencia oficial del Festival de San Sebastián. Dirigida por Gabriel Martins. La cinta cuenta la historia de Vicentina, una mujer de la tercera edad, que tiene problemas en una pierna que lleva una vida tranquila y solitaria, y que tiene una relación un poco distante con sus hijos. Sin embargo, todo cambiará para ella cuando su hijo, un chofer de autobús, tenga un accidente de tránsito que provocará la muerte de muchas personas.
De naturaleza parca y reflexiva, Vicentina se ve confrontada a una terrible duda: su hijo, quien también perece en la colisión, ¿fue víctima de un accidente o deliberadamente provocó esa tragedia? Es así, que Vicentina emprende la tarea de ir a pedir disculpas a todas las personas que fallecieron o fueron afectadas por el accidente.
Culturizarte pudo conversar en exclusiva con Gabriel Martins
¿Tú crees que las disculpas de Vicentina son sinceras?
Creo que sí, pero al mismo tiempo hay una búsqueda de algo que es un misterio. No sé exactamente, porque hay algo de egoísmo también: buscar en otra persona una forma de resolver algo consigo misma. Creo que hay una sinceridad en la búsqueda, pero también una complejidad en las palabras y en los encuentros. Cuando está en una casa en la que no la quieren atender, Vicentina dice: «Pero yo tomé dos buses para estar acá». Creo que hay algo de egoísmo, pero no es un egoísmo malintencionado, es solo la humanidad. Hay una idea de consternación en la humanidad, que creo que es el sentimiento que Vicentina está sintiendo. Se siente humana porque ha tenido una pérdida y está buscando una conexión. A veces, cuando estamos viviendo algo tan duro y al mismo tiempo sincero —porque no hay cómo huir del luto ni del dolor—, las acciones son más complejas. No son simples de definir como algo que es sincero o no. Entonces creo que el movimiento es sincero, pero en su viaje hay diferentes comportamientos. Creo que la búsqueda es más amplia, es incierta y errante.
Tu película muestra el duelo que se vive de diferentes formas. En esta búsqueda que hace Vicentina, también se va mostrando de qué forma otras personas viven el duelo.
Pienso que la complejidad de la pérdida de una persona, el vacío, abre un espacio. Yo siempre sentí que en los velorios y funerales hay, al mismo tiempo, mucha verdad y mucha actuación (performance). Porque todo lo que quieres hacer es llorar y a veces desaparecer; no quieres estar mirando a una persona que amas ser enterrada en un cajón. En una situación como esa es muy desagradable: es un rito de paso, pero al mismo tiempo es horrible. Ya viví eso con mejores amigos, ya lo viví con mi abuela, lo he vivido de muchas formas. Siempre es un espacio de observación.
Hablo de todo eso porque la actuación o no actuación, la verdad o esa idea de que tienes que decir algo, trae esta incomodidad en la interacción que me interesaba mostrar de muchas formas: personas que van a ser más agresivas con Vicentina, personas que van a ser más pasivo-agresivas, o personas que van a buscar decir lo que piensan que es correcto. Esta perspectiva para mí sirve para pensar en la idea de que nunca hay una postura correcta, así como tampoco hay una única verdad. Hay múltiples perspectivas en la película para reforzar la ausencia de respuesta sobre cómo se debe vivir una pérdida o el vacío. Pensamos que cuando pierdes a una persona hay mucha gente alrededor que va a decir: «Ah, debías hacer esto», «Tienes que comer» —Joanna hace eso en la película—. Siempre hay un intento de buscar un camino hacia la superación, pero la superación a veces no es posible; a veces es solo el tiempo. Por eso está la música de Gilberto Gil al final, Tempo Rei, el tiempo como un maestro mayor de la vida. Creo que hay múltiples perspectivas para eso, para reflexionar sobre la ausencia de una verdad única.
La actuación de Rejane Faria es espectacular. De hecho el cambio que tuvo entre como se ve en la pantalla y como es en la vida real es asombroso. Quería saber qué consejos le diste para que accediera a esta actuación o en qué te inspiraste para conseguir esta interpretación de Vicentina, que es muy potente.
Todo empezó con la idea de buscar algo muy distante de Rejane, porque ella es una persona muy luminosa y yo también lo soy. Queríamos buscar juntos una «película de invierno», como me gusta llamarla, por esa energía que estaría alrededor de Vicentina. Más que indicarle moverse en un ritmo específico, era la energía.
Primero estuvo la idea de inspirarme en una persona que vive en mi calle en Brasil, Sandra, una vecina. Vicentina se mueve con una muleta. Sandra camina todas las mañanas por las calles para hacer ejercicio y me interesaba el tiempo de ella. Pensé: el cuerpo de Vicentina va a ser así. Y esa idea de una cruz que vas a cargar, como si fuese un viacrucis al estar en muchas casas. La muleta vista como una cruz me parecía algo que sería la estructura de la película.
Ese primer movimiento de cuerpo y contención fue algo que le pasé a Rejane para buscar mucha introspección y pequeños movimientos. Nunca le dije algo muy específico de cómo actuar, pero siempre conservamos esa energía de película de invierno, un sentimiento de sombras, otro tiempo, muchas pausas y mucho silencio. Esto delimitaba un espacio que facilitaba todo, porque la naturalidad podía expresarse dentro de ese margen. Rejane es muy activa, tiene mucho humor y nuestra relación es mucho de comedia. Pero nos mantuvimos en este círculo de energía sin escapar de él.
¿Rejane conoció a Sandra?
No. Creo que Rejane vio a Sandra alguna vez antes, pero no queríamos que fuera una copia exacta. A veces, cuando yo miraba a una persona en la calle o en un espacio que encajaba con Vicentina, le tomaba una foto discretamente y se la mandaba a Rejane. Fueron varias personas. Mi abuela, que se llama Vicentina, tiene un poquito de ella, como el pelo. Hay pedacitos de muchas mujeres que se combinaron para crear a Vicentina.
Esta película habla mucho sobre la familia y también sobre la soledad que rodea a una persona. Por un lado está el tema familiar de Vicentina y su sentimiento de madre, y por otro lado está la soledad dentro de esta familia, que parece que se quiere mucho pero no se dice nada. ¿Cómo abordaste ese tema?
Es algo muy cercano a mí. Siempre me sentí muy amado en mi familia, especialmente en la de mi padre, que es de donde viene el referente para la familia de Vicentina. Mi abuela tuvo nueve hijos, uno de ellos mi padre, así que es una familia grande. Hay mucho afecto, pero no siempre se habla ni se dice «te amo» constantemente. Hay más bien una necesidad de resolver las cosas materiales: que no falte nada, tener lo suficiente. Eso viene de traumas familiares, porque era una familia con poca plata y muchas dificultades cuando mi padre era niño, aunque después estuvieron un poco más cómodos.
La escena de Vicentina con su sobrina es la definición perfecta de mi familia. Cuando había un problema o una situación rara, o alguien pasaba por una dificultad, había un silencio. No se hablaba abiertamente de los problemas ni se buscaba una definición; quedaba un poco escondido. A veces una persona pasaba por una situación difícil durante mucho tiempo y no se hablaba directamente de eso. No se convocaba a toda la familia diciendo «necesito ayuda».
Creo que hay una contradicción entre un amor muy brasileño, “mineiro”, muy fuerte y amoroso, y al mismo tiempo una ausencia de confrontación, escapando de cualquier posibilidad de conflicto abierto. Esta contradicción me encanta y la he abordado en otras películas. La idea del silencio es obviamente algo que también necesito resolver como miembro de mi familia, no solo como guionista o director. Todos los tipos de contradicciones me resultan muy interesantes.
Esto conecta con la soledad. Vicentina tiene mucho amor por sus hijos, pero pasa el tiempo —tal vez tres años— y no va a visitar a su hijo. Siempre hay una excusa o motivo para no hacerlo. No siempre llamamos a nuestros padres a diario para decirles «te amo». A veces pasan dos semanas sin una conversación real, solo un mensaje de WhatsApp preguntando «¿todo bien?». Escapamos de resolver las cosas y lidiar con ellas.
¿Su familia ya vio la película?
No, todavía no. Va a ser un gran momento.
¿Y cuándo la verán?
Creo que en un mes, para el estreno de la película en cines. Pero todos están muy emocionados.
¿Y qué espera? Porque es algo muy personal lo que muestra.
Con mi película anterior, Marte Um, ocurrió algo bonito. La relación de la familia con la película sirvió para empezar conversaciones a partir de ella. Creo que con Las Disculpas de Vicentina será aún más fuerte porque hay imágenes reales: hay una foto de mi abuela Vicentina y casi todas las fotos de la casa son de mi familia. Hay una presencia muy fuerte de las imágenes y de la energía de mi familia en la casa.
En el cine es raro que mujeres de cierta edad sean protagonistas. Hay estudios que muestran que el porcentaje de mujeres mayores de 50 años en roles principales es mínimo. Tú decides darle el rol principal a una mujer mayor; esta película está sobre los hombros de Vicentina.
Exactamente por eso. El personaje se me presentó naturalmente con esa edad: una mujer negra de 75 años. No iba a buscar otro camino. Muchas de mis ideas actuales se centran en mujeres de 50 a 75 años. El motivo principal es que no hay tantas películas con personajes así y a mí me gusta hacer el cine que me gustaría ver. De hecho, la mayoría de los personajes de mis próximos proyectos son mujeres; en unos cinco guiones que tengo en proceso, las protagonistas son mujeres.
Creo que estoy buscando algo en lo femenino. Tal vez porque soy hombre me gusta hacer un camino cinematográfico que también sea un camino de vida: buscar lo diferente, conectarme con mi lado femenino y con algo que me complementa. Tengo una hija, una relación muy fuerte con mi madre y muchas amigas cercanas y confidentes. El universo femenino me atrae mucho. Hablar de algo que no conozco por completo es lo opuesto a estar cómodo: me coloca en una posición de respeto, de riesgo y de búsqueda para intentar ser una mejor persona. Me interesa escribir sobre personajes que quiero conocer y me gustó filmar a Rejane como una mujer de esa edad.
Una pregunta técnica: ¿Cómo hicieron la escena del accidente de bus?
Fue una mezcla de cosas, pero en esencia fue simple y directo: lanzamos un autobús desde el puente. Lo que se ve en la pantalla es prácticamente lo que ocurrió. Obviamente no había otros autos en ese momento, por lo que los coches se filmaron por separado y luego hicimos una composición digital con la ciudad y las personas.
Estuvimos toda una mañana —unas cinco horas— con la cámara en la misma posición filmando los autos pasar para los efectos visuales. Luego, el equipo de dirección de arte compró un autobús viejo y lo modificó para que fuera idéntico al autobús real. Subimos el autobús con una grúa mediante una cuerda y otro técnico de efectos en otra grúa cortó la cuerda con una sierra para dejarlo caer. Es tan simple como eso, aunque muy complejo a la vez, porque requirió unos tres meses de investigación técnica. Pasa un río debajo de la calle, así que los ingenieros tuvieron que determinar en qué carriles se podía hacer la caída sin riesgos.
El impacto de filmar la escena fue muy emocionante. Un día antes del accidente filmamos a los actores dentro del autobús, por lo que había una carga emocional fuerte. Al día siguiente, cuando cayó el autobús, algunas personas del equipo lloraron por la adrenalina e impacto del momento. Eso cambió el sentimiento para las seis semanas restantes de rodaje.
Su película habla indirectamente sobre la salud mental, un tema que se vislumbra sin profundizar del todo. No sabemos si el hijo de Vicentina, Wesley, tiene problemas o si sus vecinas los tuvieron. Es un tema que sobrevuela el filme. ¿Por qué quisiste abordarlo de esa manera?
La motivación o el misterio de Wesley no quería que convirtiera la película en algo excesivamente psicologizante o asertivo en plan «está enfermo» o «su motivación fue por x diagnóstico». Habría problemas con dar un diagnóstico tan cerrado. Me interesaba más la idea de que vivimos en una sociedad con fragilidades emocionales y mentales. Hoy más que nunca, especialmente entre los hombres, no solemos pensar en cómo cuidar la salud mental, preservar el cansancio o admitir que no estamos bien y necesitamos ayuda.
Quería reflejar ese sentimiento general de que hay fragilidades que no estamos atendiendo. Como sociedad hemos avanzado en el debate sobre la salud mental, pero falta mucho, en particular entre hombres de la clase trabajadora. A un conductor de autobús nadie le pregunta si se siente bien o si está tranquilo para trabajar, siendo una profesión muy estresante. La mayoría de estos hombres no hacen terapia.
El alcohol termina siendo la terapia.
Exactamente, el alcohol o formas violentas de lidiar con el mundo e incluso con la familia. Más que una enfermedad específica, me interesaba mostrar esa fragilidad emocional colectiva y la falta de cuidado mutuo.
Para finalizar, la película aborda la culpa materna: una madre que es buena, pero que a pesar de convivir con su hijo no lo conoce realmente y, tras su muerte, intenta armar las piezas para descubrir quién era.
Tengo una hija de 6 años y me pongo a pensar en eso. Por un tiempo uno controla casi todo de un hijo si está presente en la crianza. Pero el tiempo pasa: empiezan a ir a la escuela, a visitar casas de amigos, y se van creando espacios donde ya no sabes todo lo que les ocurre. Hace un par de meses pasó algo en la escuela de mi hija con sus amigos y se pusieron de acuerdo para no contárselo a los padres. Los hijos mienten o esconden cosas a sus madres, y uno va perdiendo detalles con el paso de la vida. La idea de control en la maternidad o paternidad es una ilusión cuando crecen. A veces ocurren cosas que no tienen que ver con una mala crianza, sino simplemente con el desarrollo de la vida. Vicentina no es culpable de eso, porque es imposible controlar a otra persona, y menos a un adulto con su propia vida.
Vuelvo al punto de la soledad y de estar en la misma casa en cuartos diferentes. Yo viví eso con mi madre. Salí de casa a los 23 años, pero antes vivía con mis padres y ellos no sabían qué me pasaba, qué hacía o dónde estaba. A veces se enojaban por eso, pero al mismo tiempo es algo natural. Yo tampoco sabía si ellos estaban mal. Es posible que exista un vacío en la misma casa, y la culpa surge de ahí, pero es parte de la vida que transcurre y no se puede controlar todo.
Ficha técnica
Título: Vicentina Pede Desculpas/ Las disculpas de Vicentina
Género: Drama
País: Brasil
Año: 2026
Duración: 148 minutos
Director: Gabriel Martins
Elenco: Rajane Faria, Maira Azevedo, Giovanna Heliodora
Festival de San Sebastián/ Competencia Oficial
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