FICH 2021: Un aliciente en tiempos insólitos

La cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Chiloé (FICH) está confirmada. Pese a la época especial que afrontamos, debido a la pandemia del Covid19, la organización de este certamen cultural se ha adaptado a la nueva realidad, para poner a disposición del público de Chiloé, de Chile y del mundo en general, una edición virtual de cine independiente, con exhibiciones de obras nacionales y latinoamericanas, así como actividades paralelas vinculadas a la temática del festival.

“Tenemos que adaptarnos y ver mecanismos para ofrecerle panorama a la gente de Chiloé y, además, acercar la cultura a este territorio”, menciona Rory Barrientos, director del Festival. En ese sentido, él explica que en esta edición de FICH se llevará a cabo todo a través del sitio web https://cinefich.cl/, y la misión es mantener informada a la gente sobre las actividades previstas en el itinerario del evento. Para ello también están las cuentas de Facebook e Instragram del festival.

Una edición completa con actividades

FICH 2021 se desarrollará entre el 22 y 28 de febrero. Las películas a exhibirse participarán de las tres diferentes competencias: Regional, Nacional e Internacional. En estos días se efectúa la curatoría de una gran cantidad de obras que aún se siguen receptando hasta este 31 de enero, a través de Festhome.

Según el director del festival, con la curatoría se busca “lo mejor del cine chileno, en el sentido de propuestas arriesgadas, experimentales, que jueguen con la narrativa y una serie de factores que resulten en mensajes muy interesantes para transmitir a los espectadores”. Además, él destaca que “es interesante cómo año a año, el cine nacional y latinoamericano, cobran mayor fuerza”.

Para la exhibición de la selección oficial, las películas van a tener acceso libre durante tiempo limitado; especialmente, los largometrajes posiblemente estén habilitados solo por jornadas. “Esto permitirá que la gente se mantenga atenta al itinerario, para poder consumir la mayor parte de la oferta del festival”, indicó Rory Barrientos.

Está previsto que después de algunas proyecciones se instalen conversatorios virtuales con realizadores o jurados, para que el público cuente con criterios más específicos respecto a los contenidos de la agenda. Además, en el itinerario se incluirá una franja infantil, la cual tendrá cortometrajes y largometrajes dirigidos a esos espectadores tan importantes para FICH.

Paralelamente a la programación para las competencias y franja infantil, el festival también convoca a la Escuela de Verano FICH 2021, que será entre el 15 y 28 de febrero (Lunes 15, jueves 18, lunes 22 y jueves 25 de febrero) de 10h00 a 12h00. Este será un espacio práctico dirigido a jóvenes entre 12 y 17 años, que vivan en la Región de Los Lagos, que cuenten con una cámara de video o celular que les permita hacer registro audiovisual y tener internet para conectarse a las sesiones virtuales del taller.

Alicia Foxley y Mariana Cid serán las encargadas de impartir el taller, mediante sesiones de orientación para que cada participante desarrolle una obra de manera práctica y autónoma, con apoyo personalizado remoto de las talleristas. En la clausura de FICH 2021 se exhibirán los trabajos producidos en el taller, mientras que en la inauguración se proyectarán las obras de la  Escuela de Invierno de Cine Infantil en 2020.

Las inscripciones para la Escuela de Verano FICH 2021 se recibirán hasta el viernes 12 de febrero en el siguiente correo electrónico: escuelafich@gmail.com

La Escuela de Verano FICH 2021 será una experiencia práctica para descubrir el lenguaje audiovisual

Entre el 15 y el 28 de febrero de 2021, Alicia Foxley, Mariana Cid y Daniela Quililongo, ofrecerán un taller virtual de cine para jóvenes. Este espacio es una de las actividades complementarias del Festival Internacional de Cine de Chiloé, que este año se efectuará en su totalidad de manera virtual.

Mariana Cid es periodista, con experiencia en trabajo comunitario, tiene un diplomado en dirección de fotografía y cámara, y ha participado en varios cursos de cine. Alicia Foxley, por su parte, es socióloga y licenciada en estética, y cuenta con el mismo diplomado de Mariana. Mientras que, Daniela Quililongo es cineasta, con experiencia en dirección de fotografía en varios cortos y largometrajes.

“El objetivo principal es potenciar las capacidades de observación, reflexión y creación, de las y los jóvenes que van a participar, a través del lenguaje audiovisual”, señala Alicia. Ella explica que será un taller intensivo en el que cada participante experimentará un proceso creativo intensivo durante dos semanas, a través de sesiones virtuales de dos horas, orientadas a varios aspectos claves del lenguaje audiovisual.

“La primera sesión, por ejemplo, vamos a poner énfasis en la imagen”, precisa Alicia, indicando que ese será el punto de partida para incentivar a quienes participen a desarrollar ejercicios prácticos para registrar imágenes. La siguiente sesión se enfocará en el sonido, y en cómo este aporta a las imágenes y viceversa, para que las y los estudiantes desarrollen registros de sonido como práctica.

Después de esas sesiones introductorias a la esencia del lenguaje cinematográfico, la tercera estará dedicada a la estructura fundamental del mismo, es decir, al montaje. Alicia manifiesta que “el propósito será que ellos puedan ensayar y experimentar maneras de montar las imágenes y sonidos que han registrado previamente, para decir algo, contar algo, reflexionar sobre algo, compartir una idea o un punto de vista”.

Además de lo que está previsto para las tres sesiones iniciales, las talleristas también tiene previsto “compartir obras audiovisuales distintas a lo que comúnmente ven, especialmente cine documental de realizadores de Latinoamérica”, dice Alicia. Eso será con el fin de analizar fragmentos con el grupo de participantes, para ver cómo los realizadores utilizan las herramientas del lenguaje audiovisual en su propósito de transmitir algún mensaje o compartir una historia.

Aunque Alicia lamenta que el taller no pueda ser presencial, porque para ella es mejor trabajar en un espacio donde comparta directamente con los alumnos y alumnas, menciona que ya están familiarizadas con el formato en línea desde que en agosto de 2020 llevaron a cabo la Escuela de Invierno FICH, en plena época de confinamiento.  “Vamos a orientar y pensar en el viaje, o en esta paradoja de viajar sin poder viajar, para que los chicos y chicas se trasladen con su mente, con su corazón, con sus recuerdos, para ver qué imágenes y sonidos del entorno que habitan les evocan ideas sobre un viaje entendido metafóricamente”.

Es importante recordar que para participar de la Escuela de Verano FICH 2021, se deben cumplir los siguientes requisitos:

– Tener entre 12 y 17 años.

– Vivir en la Región de Los Lagos.

– Contar con una cámara de video o celular para grabar imágenes y sonidos.

– Contar con conexión a internet para participar de reuniones virtuales.

“Creemos que es importante hacer este taller para ofrecer un espacio de observación, de creación, de reflexión, de experimentación, donde cada participante puedaa potenciar esas capacidades de manera libre y autónoma; para que vean cómo el cine también puede ayudarnos a pensar sobre el mundo en el que vivimos y sobre nosotros mismos”, manifiesta Alicia.

Para finalizar, esta tallerista subraya que “FICH siempre nació con el proyecto de ir forjando un espacio educativo en Chiloé alrededor del cine para todas las edades, y la Escuela FICH es un primer paso en ese sentido. Es interesante que la propuesta de FICH no se centre solo en ser un festival que dura cinco días al año y que simplemente muestra películas, sino que eso también se complemente con un espacio de formación, donde públicos de distintas edades se puede aproximar al lenguaje audiovisual, pero no solo como espectadores, sino también como creadores, como observadores activos”.

FICH 2021 tendrá un jurado de importante trayectoria en el cine independiente

En esta cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Chiloé, Peter Chaskel, Carmen Brito, José Luis Sepúlveda, Carolina Adriazola y Rodrigo Muñoz, serán quienes conformen el equipo de cinéfilos que evalúen los trabajos recibidos para las diferentes categorías, con el fin de escoger a las mejores obras de la selección oficial del certamen. Cada una de ellas y ellos cuentan con una notable experiencia en realización y crítica de cine, por lo que las competencias regionales, nacionales e internacionales tendrán una evaluación idónea para definir las películas más destacadas.

Carmen Brito considera que es muy importante cómo FICH ha ido creciendo a lo largo de sus ediciones, y, sobre todo, “me gusta muchísimo que hayan involucrado a niños y niñas, específicamente en los talleres de cine”, menciona. Además, ella resalta la relevancia de organizar festivales de cine en diferentes regiones de Chile, “para que lleguen a lugares como este, la isla grande de Chiloé”.

El interés principal en su tarea como jurado será “ver variedad de películas y documentales y, ojalá, de muchos países”, dice Carmen, acotando, también, que eventos como FICH son necesarios siempre en Chile y en cualquier país, “pues el cine es un arte completo que nos emociona, nos enseña, nos moviliza y nos entretiene”.

Peter Chaskel, por su parte, manifiesta que la edición online de este año tiene ventajas para FICH, “ya que se abre a un público más amplio, un público que seguirá creciendo a la par de pantallas de televisores, tablets y teléfonos. Cada vez se “echa menos de menos” la gran pantalla del cine, (los “écran”) la sala oscura y el espectáculo colectivo.  Sobrevive la opción del festival simultáneo “en sala y en casa” frente a la TV.  En el fondo todas son opciones válidas, solo que algunas lo son más que otras”.

No obstante, Pedro también reconoce ciertas desventajas, como “el irreemplazable contacto personal entre asistentes al Festival y cineastas, entre maestras y maestros presentes y aprendices, entre público y realizadores. En lo personal, yo diría llanamente que ser jurado en un Festival “online” es una especie de estafa a sabiendas de todos los participantes”.

Chaskel lamenta, sobre todo, que como jurado ya no vaya a experimentar la “aventura” que significaba asistir a un festival. “Antes de la pandemia, cuando te invitaban de jurado a un festival todo empezaba por imaginar el lugar. Si ya lo conocías era el atractivo del reencuentro, si nunca habías estado allí, pues estaba el misterio del descubrimiento. Luego venía el viaje: pasaje, alojamiento y comida a cargo del invitante, en los ratos libres te llevaban a conocer la ciudad, sus alrededores. Conocías gente del lugar y muchas veces te reencontrabas con amigos que no veías hace años.  Asistir a un festival, aunque fuera como jurado siempre era una aventura en muchos sentidos, ahora ya no”.

Para su trabajo como jurado, Peter Chaskel no tiene una expectativa concreta, pero sí procurará evaluar sin ningún “pre-juicio”, como él lo expresa, dispuesto a ver “los trabajos de los concursantes “lo más desnudo posible”. Igualmente, respecto al panorama audiovisual de Chile, después de casi un año de pandemia, Pedro señala que todavía identifica la misma precariedad de las condiciones de producción que ha caracterizado generalmente al cine independiente en el país, lo cual “nos empuja a reabrir una arista artesanal que personalmente prefiero a la industrial”.

Para finalizar, este realizador y referente importante, comenta que “nuestro cine hace rato ya ha conquistado un lugar realmente importante en el quehacer artístico nacional e internacional, por lo que  dejar que se marchite por falta de apoyo en estos momentos difíciles sería realmente un crimen cultural”.

Por su parte, Rodrigo Muñoz es fotógrafo profesional de Chiloé, reciente ganador del premio de Extensión Cultural Castro 2021. Ha publicado los libros “Relatos de un mirador”, “Chiloé, el libro de los oficios”, “Ancud, imágenes temporales” y “Los pájaros secretos”, y ha expuesto en forma individual y colectiva en Chile, Argentina, Bélgica y Corea del Sur.

Es importante recordar que José Luis Sepúlveda, es un realizador independiente, quien ha dedicado sus esfuerzos principalmente a trabajar en el Festival de Cine Social y Antisocial (Feciso), “ventana de exhibición de la creación contemporánea fuera del eurocentrismo y del cine dominante”, según se precisa en Cinechile. Su estilo se orienta por la “búsqueda cinematográfica en el escepticismo político dominante, la indiferencia en la imagen política actual y el lenguaje cotidiano cercano como herramientas en la representación y en la situación del movimiento y el espacio”.

Carolina Adriazola, mientras tanto, ha trabajado de cerca a Sepúlveda en la mayoría de producciones, e incluso en la organización de Feciso. Ambos comparten una visión parecida respecto al quehacer cinematográfico, especialmente para construir a partir de temas cotidianos, de relaciones humanas complejas, de realidades sociales que necesitan ser contadas y representadas.

FICH 2021 arrancará su programación con “El Negro”

El documental sobre “el fugitivo más buscado de Chile”, frase enfatizada en su tráiler, será la obra inaugural de la cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Chiloé. Este es un film dirigido por Sergio Castro, enfocado en la historia de Ricardo Palma Salamanca y los históricos hechos que protagonizó en la década de los 90 en Chile.

“El Negro” es un largometraje de 90 minutos, que cuenta con material de archivo de la época en la que Palma Salamanca cobró vigencia en la opinión pública, así como con los testimonios de las hermanas y la madre de este personaje, un elemento narrativo imprescindible para revelar puntos de vista inéditos sobre él, de quien no se supo su paradero durante al menos dos décadas, después de su fuga en 1996 desde la prisión de máxima seguridad de Santiago, en la que estuvo recluido por el asesinato a Jaime Guzmán. Sergio Castro dijo a la agencia EFE que con esta película tiene el propósito de “mostrar el proceso de reflexión en torno a cómo un hombre pudo reinventarse después de hacer todo lo que hizo”.

A esta obra de apertura de FICH le acompañan cuatro documentales más que completan la categoría Largometraje Nacional: Haydee y el pez volador (Pachi Bustos), Frontera (Paola Castillo), Viaje Vegetal (Antonio Fernández) y Visión Nocturna (Carolina Moscoso). Este conjunto de filmes tienen la característica común de brindar visibilidad y dar resonancia a personajes y testimonios cuyas historias están asociadas a conflictos históricos, sociales, ambientales o personales, y representadas en atmósferas tan particulares como cada uno de los protagonistas.

En la categoría de Largometraje Internacional, mientras tanto, la selección oficial de FICH incluye a obras provenientes de cinco países latinoamericanos, pero uno de ellos también tienen coproducción francesa. Quedo debiéndote una carta sobre Brasil (Carol Benjamín – Brasil), Cosas que no hacemos (Bruno Santamaría – México), Autoretrato con fondo de huelga (Fabiano Kueva – Ecuador), Mirador (Antón Terni – Uruguay) y La arrancada (Aldemar Matías – Cubra, Brasil y Francia), son las obras que integran esta sección. Las temáticas son variadas en esta selección, donde el espectador podrá adentrarse en historias que recrean búsquedas personales y familiares, cuestionamientos existenciales, controversias sociales y reflexiones autobiográficas.

Cortos que reivindican la importancia del cine independiente

La convocatoria de FICH para las categorías de cortometrajes regionales, nacionales e internacionales, recibió una numerosa cantidad de trabajos enviados desde diferentes zonas de Chile y de diversos países latinoamericanos. Esto es un indicio alentador de que la producción de cine libre y de autor no se detiene, y espacios como este festival se consolidan gracias a esta participación activa y comprometida de los realizadores alrededor del mundo.

En la categoría Cortometraje Regional, constan: Andes, ciudad y costa (Walter Thompson), Los últimos vientos (Juan Francisco Cox), La tejedora de raíces (Fernando Saldivia), Pastabasera (Iván Timm), Una lámpara y un bolero (Marcelo Raffo), Resonará tu grito y no será en vano (Isidora Torrealba). Esta categoría combina obras con rasgos poéticos y experimentales representados mediante la contemplación y construcción de contenidos con destacado poder visual, pero también hay historias de luchas personales y colectivas, por motivaciones distintas que coinciden en un elemento común: son sustentadas en personajes con cualidades dramatúrgicas fuertes.

La categoría Cortometraje Nacional, por su parte, enfoca su mirada y destacan sus relatos, principalmente en personajes retratados con prolijidad, a través de los cuales se representan temáticas tan cotidianas como singulares, de acuerdo a cada protagonista, como la vejez, la soledad, el ambiente urbano, la pobreza, el racismo, entre otros tópicos. En esta selección están: Los invitados (Valentina Arango Villalón), Casimira (Carolina Fuentealba), Todos caminamos (Ricardo Valenzuela y Mario Rojas), Deformatorio (Bastian Maluenda y Diandra Olivares) y Algo está quemando (Victoria Maréchal).

Finalmente, la categoría Cortometraje Internacional escogidos llegaron desde 4 países latinoamericanos, donde uno tuvo también colaboración francesa. Heliconia (Paula Rodríguez – Colombia y Francia), Mundo Malo (Andrés Acevedo – Colombia), Griot (Pedro Dantas – Brasil), Cándida Vida (Alejandro Álvarez del Castillo, Pablo Balderas, Omar Gómez – México), Vitoria (Ricardo Alves – Brasil), son los filmes que forman parte de esta categoría donde se podrá encontrar un compendio de historias mínimas pero intensas, por los diversos contextos donde estas se desarrollan, como atmósferas marginales, conflictos o reivindicaciones sociales y manifestaciones culturales evocadas desde una construcción cinematográfica.

Una selección respaldada en curadores experimentados

Javiera Véliz, cineasta chilena, directora de “Vivir allí no es el infierno, es el fuego del desierto. La plenitud de la vida que quedó ahí como un árbol”, y productora, guionista y montajista de otras obras, fue parte del equipo que efectuó la curatoría para realizar la selección oficial de FICH. Ella destacó que basó su trabajo en una búsqueda de temas actuales, con relevancia social y política, que aporten mensajes para promover una mejor sociedad, así como la necesidad recurrente de concientizar y reflexionar acerca de realidades que no se deben ignorar.

Respecto a FICH 2021, Javiera admitió que “es bastante triste que no tengamos las salas de cine, porque eso no se cambia por nada”, aludiendo a la contingencia actual que se vive por la pandemia del Covid-19 que obliga a organizar una edición virtual del festival. Sobre todo lamentó que el arduo trabajo que desarrollan las productoras pueda verse, por ahora, solo digitalmente y no en la pantalla grande, aunque rescató que es importante que la plataforma virtual va a permitir llegar a más personas en todo el territorio de Chile, lo cual le motivó a escoger películas que lleguen a la mayor cantidad de públicos posibles, para que se alimenten de “temáticas que nos ayuden a ampliar nuestra mirada”

Mientras tanto, Rory Barrientos, cineasta que dirigió “El Guru”, documental sobre el boxeador Carlos Ruiz, con experiencia también en producción y montaje de otras películas chilenas independientes, y director de FICH, comentó que los integrantes del equipo de la curatoría quedaron  “sorprendidos por la cantidad de películas que llegaron y por el nivel de las películas latinoamericanas y chilenas”. Además, resaltó que “es increíble ver, año a año, cómo las producciones nacionales, ya sean de documental o ficción, han ido mejorando a nivel técnico y profesional”.

Sobre los contenidos de las obras postulantes, Rory precisó que a nivel nacional existió una tendencia en retratar y mostrar diferentes puntos de vista respecto al estallido social y conflicto político de los últimos años en Chile, y “poco material en relación a la pandemia”. Acerca de lo recibido desde otros países de Latinoamérica, el director de FICH subrayó la relevancia de haber recibido filmes que evocan vivencias y representan múltiples realidades del continente. Además, acotó que desde diferentes regiones en Chile llegó un conjunto de obras que componen “una radiografía geográfica de los habitantes de nuestro territorio”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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