FICVALDIVIA Crítica de cine “Cantos de represión”: Nuestro Midsommar

 

Por Valeria  Jauré

El 14 de octubre finalizó el Festival Internacional de Cine de Valdivia, y junto a esto, se realizaron las premiaciones de sus selecciones oficiales. En la competencia de largometraje chileno resultó ganador el documental dirigido por Marianne Hougen-Moraga y Estephan Wagner llamado Cantos de represión, que espera su lanzamiento comercial para el próximo año. En este filme accedemos a los hechos a través de los testimonios de aquellos que pertenecieron a Colonia Dignidad y ahora deben vivir con ese recuerdo y ese estigma.

Hay algo en la belleza del paisaje y el fenotipo ario de sus protagonistas que me hizo recordar a Midsommar (Ari Aster, 2019), en ella tenemos a un grupo de jóvenes que viajan hasta Noruega para asistir a una celebración de verano en una comuna ancestral, en donde todo lo bello comienza a volverse terrorífico.  En Cantos de represión vemos el emplazamiento de esta comunidad alemana a los pies de los Andes, cruzado por un río, con valles sembrados, bajo un cielo despejado y de fondo las montañas, que tiene todo para ser un paraíso terrenal, pero que entre sus límites alambrados se encierran años de terror. A diferencia de la producción estadounidense, todos los horrores aquí ocurridos fueron reales, con consecuencias que quedaron para siempre en los habitantes de la ahora llamada Villa Baviera.

Hay cierta dificultad propia en filmar el dolor o los actos de violencia, que es evitar su banalidad o su espectáculo, lo que se materializa en saber entregarnos dicha información con cierto ritmo para que siempre nos sigan importando, tanto los hechos como sus personajes. A la vez de que lo expuesto no sea un regodeo de lo abyecto. Podemos decir que todo es factible de mostrar, sin embargo, la decisión de contarnos la historia de una secta fundada por un nazi, con sus abusos en contra de los colonos, que se transformó, además, en un centro de detención y tortura durante la dictadura de Pinochet, es compleja de pensar en cuanto a cómo debe hacerse, puesto que ya los actos a mostrar son relevantes por sí mismos. Es por esto, que, la cinematografía debe ir acompañada de una mano firme en el montaje y de una visión clara de aquello que se desea mostrar. Cuestión que ambos cineastas logran con gran maestría porque estamos ante un retrato respetuoso de aquellos que nos hablan a cámara, que conmueve y perturba a partes iguales.

Así esta película nos habla con una fotografía y sonidos perfectamente utilizados de aquellos que llegaron a Colonia Dignidad siendo niños, y cómo cada uno de ellos lidia con su memoria, y con su propia construcción de los hechos que les permita continuar viviendo. Porque Paul Schäfer su fundador, murió y la secta se dio por terminada bajo los criterios que tenían antes, incluso hubo una ceremonia de perdón y olvido. Sin embargo, estamos ante la vida de personas que sufrieron abusos físicos, sexuales, palizas colectivas, drogados contra su voluntad y tenían el trabajo no remunerado como bastión de su moral, que deben continuar con su vida.

¿Cómo continuar después de haber vivido el horror? ¿Cómo seguir sabiendo que se fue parte de ese horror y que de un momento a otro la burbuja se rompió? En esto juega un rol primordial la música, como lugar de escape y de alegría, que entre quienes eran simples trabajadores recuerdan cantar al final de una jornada y también eran parte de la orquesta y el coro. Algunos han decidido seguir cantando, otros prefieren no volver a hacerlo, así uno de los excolonos nos dice “Amo la música, pero la música no puede borrar todo el mal que se ha causado.”

Esta película, que fue ganadora también en marzo de este año del Festival de Documentales de Copenhague, es sin duda un recorrido por las almas de aquellos que tanto el Estado chileno como el alemán les fallaron. Y también es una luz sobre aquellos sujetos para quienes el momento de la verdad les llegó quizás demasiado tarde.

Dirigida por Estephan Wagner y Marianne Hougen-Moraga

Guion Estephan Wagner y Marianne Hougen-Moraga

Producción Signe Byrge Sørensen

Dirección de fotografía Estephan Wagner y Marianne Hougen-Moraga

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