Gustavo Graef Marino, director de Johnny 100 Pesos. Capítulo 2: “Quise hacer una película sobre un hombre que sale de la cárcel y se enfrenta a un país desconocido”

Gustavo Graef Marino, director de Johnny 100 Pesos. Capítulo 2:
“Quise hacer una película sobre un hombre que sale de la cárcel y se enfrenta a un país desconocido”
  La secuela de la icónica  película de 1993 se exhibirá en la Cineteca Nacional de Chile entre el 31 de agosto y el 30 de septiembre. Las entradas cuestan $3.000 y $2.000.
  El 1 de septiembre realizaremos un cine foro, en el que el director y el guionista compartirán su experiencia con el público.
Desde el estreno de la icónica Johnny 100 Pesos (Gustavo Graef Marino, 1993, 88 min., ficción) hasta principios de la década del 2000, el director no pensó en una nueva entrega de la cinta. Pero muchas personas le preguntaban si vendría. Entonces, se abrió a la posibilidad de que Johnny no hubiera muerto, que hubiera resistido el balazo. 
La escena daba final a una historia que marcó un hito en el cine de los noventa: Juan García García, el Johnny,  cómplice de un asalto a una casa de cambio clandestina, se involucraba sexualmente mientras se negociaba una salida a la situación. Un argumento basado en un hecho real, pero con un personaje construído especialmente para el guión que hizo Graef Marino junto al cineasta y guionista  Gerardo Cáceres: “Me interesó que uno pudiera, a través de un hecho criminal, hacer una radiografía del Chile post dictadura”, explica el cineasta.
Para darle continuidad a esta historia, cerca de veinte años después, Graef Marino y Patricio Lynch, guionista y productor del filme,  asumieron un trabajo que no fue fácil y que respondía a la necesidad del director de hacer “una película sobre un hombre que sale de la cárcel y se enfrenta a un país desconocido. Un hombre cuarentón que se enfrenta a un país para él completamente desconocido, extraño: el sistema de transporte público, la educación se paga, las tarjetas de crédito y el consumismo desenfrenado, la corrupción en la construcción de edificios, etcétera. Desde el comienzo la película está mostrando el país de hoy”.
De esta forma, Johnny 100 pesos: Capítulo 2 cobró vida. El protagonista se encuentra en este contexto, muy diferente al que dejó tras ser encarcelado. Ahora, rehabilitado, intentará seguir un camino distinto, pero pronto terminará involucrándose en un nuevo crimen, para defender a los suyos, entre ellos, a un hijo del que desconocía su existencia.
La película está nuevamente protagonizada por Armando Araiza, esta vez acompañado por Lucas Bolvarán y Luciana Echeverría. La segunda entrega de Johnny 100 pesos llega a Cineteca Nacional de Chile el 31 de agosto, para continuar hasta el 30 de septiembre.
Cine Foro
Para acercar al público con este equipo realizador, conversar sobre cómo la historia de Johnny 100 Pesos sigue vigente y sobre los propósitos de la película, la Cineteca Nacional de Chile ha programado un cine foro con la participación Gustavo Graef Marino y Patricio Lynch. Estará moderado por la crítico de cine y periodista Antonella Estévez y se realizará este viernes 1 de septiembre a las 20:00 horas en la Sala de Cine.
La entrada general para las funciones y para el cine foro costará $3.000, mientras que estudiantes, adultos mayores y personas adscritas a convenios pagarán $2.000.
Material audiovisual:
Tráiler Johnny 100 pesos. Capítulo 2: https://youtu.be/xZ68vh-1o_k
Making of 1 de Johnny 100 Pesos. Capítulo 2: https://www.youtube.com/watch?v=v4Rp5wN0LqM
Making of 2 de Johnny 100 Pesos. Capítulo 2: https://www.youtube.com/watch?v=F-FKOC9HLes
Making of 3 de Johnny 100 Pesos. Capítulo 2: https://www.youtube.com/watch?v=KaXkBd5IIxM
ENTREVISTA A GUSTAVO GRAEF MARINO
¿Cómo surgió la idea de hacer este Capítulo 2?
“Fue la última parte de un proceso que duró muchos años. Los diez primeros años, digamos del 90 al 2000, me fui a Estados Unidos y fue una experiencia maravillosa; por lo tanto, jamás se me ocurrió pensar en una secuela. Luego, regresé a Chile y la gente me dice: ‘Oye, Gustavo, no has pensado…’. Y me pasé cinco años diciendo: en realidad, el Johnny en el último fotograma no está muerto… Era algo que yo mismo no tenía claro, porque el final es abierto, y la mitad de la gente suponía que el muchacho se desangraba y moría en la ambulancia. Pero la otra mitad me decía: ‘a lo mejor no’. En esos cinco años me abrí a la posibilidad de decir: ‘bueno, viéndolo objetivamente, no está muerto’.
“Contacté al productor y guionista Patricio Lynch, y le dije, ´quiero hacer la película´. Y él me respondió: ‘¿Por qué?’. Yo le di todas estas razones que son, obvio, sumamente superficiales y erróneas para explicar por qué uno quiere hacer una secuela: que Johnny fue muy popular, que fue vista por mucha gente, que es un personaje icónico, que hay casi una marca que es Johnny 100 Pesos, y una serie de estupideces que no tienen ningún valor… Patricio me contestó: ‘Yo creo que aún no sabes por qué la quieres hacer, así que a ver si nos juntamos en alguna otra oportunidad’.
Seis meses después, te volviste a reunir con él…
“Sí. Y le di razones, quizás un poquito mejor argumentadas y más depuradas, pero en esencia, igualmente estúpidas y superficiales. ‘Gustavo, yo creo que no vamos a llegar a puerto’, dijo. Ahí me quedé muy picado, porque encontré que tenía razón. Quedé enojado conmigo mismo porque estaba tratando de hacer algo que era erróneo. Y en la tercera y última vez me dijo: ‘Te voy a hacer la misma pregunta. ¿Por qué quieres hacer la película?’. Y yo le expliqué por qué. Y me dijo: ‘Listo. ¿Cuándo empezamos a trabajar?’”.
¿Cuál fue la razón, esta vez?
“Que yo quería hacer una película sobre un hombre que sale de la cárcel y se enfrenta a un país desconocido. “Listo”, me dijo. A eso hay que sumar que no sale de la cárcel más malo que antes… Sale casi un ángel de bueno. O sea, el país hoy día es el agresivo. Él es una persona que cuando sale de la cárcel lo único que quiere es hacer el bien. Y ahí uno ya empezó a trabajar el guión.
“En la cárcel, se ha pasado leyendo. Porque reparaba libros. Entonces sale sumamente culto. Sabe discernir entre el bien y el mal. El proceso contempló tres años de versiones, versiones, versiones, hasta que finalmente dijimos: ‘ésta es’. Y esa fue la que se filmó.
Has calificado la película de 1993 como una radiografía de Chile de los años noventa. ¿Qué dirías de ésta? ¿Qué es lo que quisiste rescatar?
“Encerramos a nuestro personaje principal en una isla, en una cárcel, durante veinte años, para que saliera con una mirada fresca, de alguien que no conoce el diario vivir desde su edad de estudiante joven. Es decir, sale un hombre cuarentón y se enfrenta a un país para él completamente desconocido, extraño: el sistema de transporte público, la educación se paga…  las tarjetas de crédito y el consumismo desenfrenado, la corrupción en la construcción de edificios, etc. Desde el comienzo la película está mostrando el país de hoy.
“Y en carne propia lo vive en su hijo. No sabía que existía, pero descubre que está en el mismo camino del mal en que estaba él cuando tenía su edad. Johnny no solamente es un testigo del Chile de hoy -y con eso volvemos al concepto de radiografía- sino que es un observador, está muy involucrado. Es víctima, por querer defender a su hijo y sacarlo de donde está, para lo cual debe involucrarse en lo que acontece en la película: una tremenda aventura de persecución y de pelear con malos, entre otras cosas”.
¿Cómo fuiste sumando los personajes? ¿Nacen de la necesidad de la historia o tú querías que, por ejemplo, Johnny tuviera un hijo?
“Pasaron diez versiones del guión, más o menos, y de pronto Patricio me dice: ‘Gustavo, la película está, es la misma que tú conoces hasta ahora, no hay grandes cambios… el Johnnysale, se involucra en un hecho delictual con gente que le quiere hacer daño, pero le hice un par de cambios. Léelo’. Lo hago y en la cuarta página aparece: ‘Hola, soy Juan, tu hijo’. ‘¡¿Qué es esto?!’, le digo.
“Lo encontré excepcional como idea. Tengo un héroe que no lucha contra las fuerzas del mal para sí mismo, sino que lo hace de un modo más hidalgo, porque es por salvar del mal a su hijo. Sigue siendo un anti héroe de acción, que tiene un noble fin”.
¿Cuál fue la escena más desafiante de esta película? ¿Hay alguna similar a la de los rehenes de la primera?
“Por toda la logística que implicó, la más desafiante es la gran escena de acción, entre varias otras menores, que hicimos frente a La Moneda. Tuvimos que cerrar la Alameda, una de las avenidas más importantes de Chile y una de las grandes del continente, en ambos sentidos y en un tramo largo…  Eso implicó un trabajo de meses. Tuvimos que planear absolutamente bien porque teníamos sólo seis horas. No me iban a pasar la Alameda otra vez, no podía hacerlo de día, sólo un sábado o domingo.
“Había que hacer un storyboard y estar absolutamente claro de las seis horas. Además, había una mezcla con efectos físicos y efectos digitales. Para que se vieran bien los digitales, lo físico tenía que estar hecho de una manera muy especial. Fue planear una gran batalla audiovisual, que finalmente tuvo muy buenos resultados”.
¿Te gustan las escenas de acción?
“No especialmente. No es algo por lo que luche. Se tiene que dar de manera natural. Tampoco uno dice ‘necesitamos una escena de sexo’. No sirve. En este caso hay dos escenas de sexo, una de ellas grande, que involucra al protagonista, y que tiene que ver con que el hombre estuvo veinte años preso. Y afuera conoce a una mujer que está justo en la mitad entre él y su hijo. Ella tiene entre 28 y 30 años, el hijo tiene 19 y él, 40”.
¿Cuáles son expectativas, ahora?
“Tener unos 30 millones de espectadores por lo bajo (se ríe). Las expectativas que tiene uno es que la película funcione. Que funcione a todo nivel, a nivel artístico… yo creo que es una película muy bien fotografiada, con actores muy profesionales, tiene una tecnología de punta. Y también me interesa que tenga llegada al público. Y que sea, ojalá, comercialmente exitosa, porque a mí me interesa trabajar con el concepto de quality comercial, que dicen los gringos, que son películas de calidad comercial. Hay muchos cineastas que lo logran. Desde Tarantino, Soderbergh y Christopher Nolan, a niveles un poquito más estratosféricos. Ese cine de calidad comercial me mueve y esas son las expectativas que tengo: que la película funcione a nivel comercial y también a nivel artístico”.
¿Cómo fue trabajar de nuevo con Armando Araiza, actor mexicano que en su país había realizado ya 19 películas antes de Johnny 100 Pesos, que actuó en 25 largometrajes después de este filme y que es también un conocido actor de televisión?
“Lo de Armando fue una cuestión sine qua non para mí. Antes de embarcarme en esto, lo primero que hice fue llamarlo: ‘Armando, si Johnny 100 Pesos tuviera una secuela, ¿asumirías el rol protagónico?’. Y la respuesta fue: ‘Me voy caminando. Voy hacia el sur y llego’. Con él nos entendemos súper bien en términos artísticos, hay confianza, empatía, complicidad. Desde la primera película. Y eso se recuperó ahora, desde los dos primeros minutos en que nos vimos.
Armando tiene un tatuaje de Johnny 100 Pesos y cuenta que tiene puntos suspensivos…
“Sí, ya sé para dónde va eso… tiene que ver con un Johnny 3. Yo estoy abierto a todo eso. Quizás lo que costó fue abrirse a una posibilidad de una secuela, y eso ya está. Pero eso tiene que ver con encontrar el material editorial que a uno le interese, que haga sentido, que uno tenga la sensación de que al público de verdad le gustó… Feliz si uno puede hacer otra, pero eso es algo que está a futuro mediano lejano. Así como Christopher Nolan tiene sus tres Batman y está Harry Potter, o James Cameron con Avatar… Muchos tenemos nuestras películas, que ya las conocemos, conocemos los personajes, entonces, nos dan ganas de continuar con ellos toda una vida…”.

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