Por Carola Cares
La Huella Teatro nació hace 22 años como compañía y hace 12 crearon el Identidades Festival, como una forma de valorar la memoria, el legado y la trayectoria. Este año no participarán en la programación, pero sí fueron los encargados de abrir el festival dando la bienvenida a los Voladores de Papantla, uno de los espectáculos internacionales destacados, cuya ceremonia ritual es parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Esto fue lo que nos contó Alejandra Rojas sobre la compañía y el festival.
Cuéntanos sobre serr anfitriones de los voladores de Papantla
Como nosotros somos una compañía de teatro que se dedica a la investigación y a la raíz antropológica, queríamos hacer esta bienvenida como anfitriones, de ritual a ritual. Le pasamos el fuego a ellos como una bendición y les dimos una bienvenida de una manera mucho más artística, pero también desde el ritual. Los Ckuri bajaron por las montañas de este gran desierto, al lado de las ruinas de Huanchaca, y fueron recibidos por los voladores, quienes luego realizaron su ritual.
Cuéntanos por qué no no serán parte de la programación del festival.
Creemos que hay que dar espacio a los demás. Sí estaremos el próximo año. Ckuri, limpiadores de pueblos, fue una coproducción del Identidades Festival y es un lindo gesto hacer este inicio con ellos. El próximo año haremos nuevamente una coproducción con un segundo espectáculo de calle entre La Huella e Identidades.
Este año La Huella Teatro cumple 22 años.
Sí, 22 años. Es harto tiempo de, yo diría, resistencia en el desierto de Atacama, para una compañía profesional que decidió no irse a Santiago. En este caso, yo, que la fundé, decidí quedarme acá, volver a mi ciudad y, después de haber estudiado en Santiago, en la escuela de Teatro Imagen, de haber estudiado también con (Eugenio) Barba, con los Yuyachkani, que son mis grandes maestros, decidir volver. Creo que fue un acierto, porque desde acá empecé a generar vínculos con la investigación y, sobre todo, con los procesos creativos. Nunca me imaginé que a los 10 años íbamos también a dar a luz un festival. Es súper bello ese círculo virtuoso, esa posta que también tiene la gestión cultural con la creación.
¿Por qué quisiste volver? Hace 22 años debe haber sido una apuesta difícil.
No lo decidí yo, en realidad yo me quería ir. Gustavo Meza me insistió y yo hice un primer Fondart con él, en el año 2003, y me dijo: «No vuelvas». Yo me quería ir a Santiago a tener mi compañía allá, pensando en que a nivel central todo se podía dar. Así que, entre Gustavo y otras decisiones personales, me quedé y no paré más: aprendiendo, capacitándome, estudiando todo el rato y generando un grupo de actores y también alianzas estratégicas, como, por ejemplo, con la Universidad Antofagasta que tiene la Escuela de Artes Escénicas. Muchos del elenco de los Ckuri son egresados de esa universidad. De alguna manera, también estamos dando trabajo y eso es vital.
Me interesa el hecho de que cuentan con un equipo local, que se quedan en la zona y apuestan por el norte. ¿Cómo ha sido ese trabajo en términos de grupo humano dentro de la compañía?
Somos un grupo muy pequeño que recibe colaboraciones. Tenemos un equipo en Santiago: Amarilis Rojas, dramaturga; Valentina Escorza, que ha sido mi asistente, pero en diferentes proyectos. Cada proyecto tiene su staff. Estamos trabajando también con Rodrigo Leal, del Espacio Checoeslovaquia, pero el grupo estable somos seis u ocho personas que vamos rotando en los espectáculos. El 80 por ciento son de Antofagasta. Muchos de ellos estudiaron en otros lugares, pero decidieron quedarse aquí.
En términos de internacionalización, los últimos meses han sido muy importantes para La Huella. Estuvieron en África, en México. ¿Cómo ha sido ese trabajo internacional? ¿Qué tan difícil es internacionalizarse desde el norte?
Voy a confesar algo. Cuando creamos Identidades Festival, pensamos siempre en una estrategia artística y escénica que tenía que ver justamente con la nacionalización y la internacionalización de la compañía. A mí me han invitado a muchos festivales, desde el (Edinburgh Festival) Fringe en Escocia, Brasil, Oceanía, España, Francia. En este movimiento he hecho lazos que me han generado una apertura de la creación, y también han generado vínculos que han sido súper potentes. Y, de alguna manera, creo que hemos hecho un muy buen trabajo con la internacionalización. Incluso tenemos un equipo en Rapa Nui. Para eso ha sido clave el trabajo audiovisual y el registro de todo lo que hacemos.
¿Cómo fue la experiencia en África?
Un sueño. Me habían invitado como programadora y les pregunté si era posible que fuéramos con los Ckuri. Me dijeron que no, pero les mandé el video. Ahí me respondieron: «Los queremos acá». Y fue bellísimo. Estuvimos en Costa de Marfil, donde hay posibilidades de intercambio, de nuevos trabajos futuros con comunidades, que es lo que nos gusta. Tiene que ver mucho con el trabajo antropológico y con comunidades, y La Huella Teatro se ha caracterizado este tiempo por eso.
También estuvieron en México.
Nuestra gira el año pasado en el Festival Santa Lucía en Monterrey se caracterizó por ir a todos los municipios de las diferentes regiones del estado de Monterrey, y eso fue maravilloso. Creo que ha sido un trabajo muy potente y requiere mucha disciplina y constancia de mostrarnos y ofrecer nuestro trabajo, hacer networking cuando estamos en festivales internacionales.
Estos últimos viajes han sido de la mano de Ckuri, limpiadores de pueblos. ¿Cómo surge este montaje?
Fue una coproducción con Identidades y la estrenamos en San Pedro de Atacama en 2021, cuando las personas recién nos estábamos reuniendo de nuevo. Había todo un relato muy interesante de cómo la comunidad se juntaba. No sabíamos cómo iba a prender esto, cómo iba a funcionar. Pero es un espectáculo de calle que es súper interesante porque tiene que ver con lo ritual, con lo andino y lo oriental, con la mixtura, y creo que eso nos dio pie para investigar para lo que será nuestro próximo espectáculo de calle.
Supe que también están trabajando en un montaje sobre Antígona.
Sí, Antígona en Lab. Es un trabajo que no tiene nada que ver con lo anterior. Es un trabajo antiguo que hice con la dramaturga Amarilis Rojas, y que reúne a tres Antígonas: primero, la de Sófocles, que es cuando Ismene y Antígona disputan el hecho de ir a ver a su hermano muerto. Luego, el prólogo de Bertolt Brecht, y luego un texto escrito por el dramaturgo Jorge José Díaz, que también es exalumno del Teatro Imagen, y que habla de dos mujeres que buscan a su hermano detenido desaparecido en la Caravana de la Muerte. Entonces, hablamos de este hecho repetible a través del tiempo, y por eso le pusimos Antígona en Lab, porque tiene que ver con una Antígona en laboratorio, un trabajo más contemporáneo con actrices en Antofagasta y que vamos a estrenar el próximo año.
¿Cómo ves el impacto que tiene La Huella Teatro en una ciudad como Antofagasta?
Nos sentimos embajadores culturales. En el año 2022 estábamos en la Semana de la Hispanidad, en Madrid, y por un altoparlante decían: “Directamente desde el desierto de Atacama, La Huella Teatro”. Siento que es un honor representar al desierto y ser parte de una historia o de un trabajo que se gesta en el territorio. Nosotros trabajamos con el territorio, tanto en el altiplano o cuando fuimos a China con los Ckuri. Somos un referente en la región, y para las nuevas generaciones que pueden decir: me puedo quedar acá, cumplir mi sueño y puedo trabajar. Pero yo siempre insisto que la disciplina es muy importante y seguir estudiando, eso es fundamental.
La Escuela de Teatro de la Universidad de Antofagasta nació el mismo año que Identidades, y han crecido con el festival, con los seminarios. Hemos traído a Miguel Rubio, director de Yuyachkani, trajimos a Odin Theatre, a Jaime Lorca, grandes artistas que han podido capacitar a los alumnos. Eso también ha sido muy bonito.
Y en términos de público ¿Cómo lo han visto?
Nunca hemos tenido temporadas porque no tenemos espacio. Acá carecemos de infraestructura, hay un problema grave de infraestructura de la región, sobre todo en Antofagasta. El año pasado estuvimos aquí con los Ckuri y nos fue muy bien, pero nadie es profeta en su tierra. Pero con Antígona el próximo año vamos a poder hacer varias funciones. Cuesta eso en Antofagasta, aunque otras compañías lo han logrado, porque tienen su espacio, pero nosotros no hemos logrado hacer eso.
Quizás ese sea el tema que todavía está al debe, ¿no? Porque estamos hablando que hay compañías que trabajan ahí, está la Escuela, hay formación, hay artistas, pero falta infraestructura.
Absolutamente, espacios de residencia, para ensayar. No sé si lo carecen en todas las regiones, pero por lo menos acá es bien grave. Para Ckuri fuimos a San Pedro a una residencia. Eso también nos permite tener a los actores cautivos y trabajar de manera concentrada en eso. Es lo bello de las residencias, que creo que es lo que mejor nos ha funcionado a nosotros.
¿Qué se viene para La Huella? Sabemos que están trabajando en este nuevo estreno y, por supuesto, con un pie en el festival, pero ¿Cuáles son las proyecciones?
El año pasado nos adjudicamos los fondos de Compañías de Trayectoria y gracias a eso nos vamos de viaje a hacer dos residencias: vamos al nordeste de Brasil al Festival Internacional de Máscaras do Carirí, en Ceará. Es una residencia con bailarines y actores brasileños para crear Ckuri allá. Y vamos a trabajar en el SESC de Sao Paulo, en una residencia de más de 12 días en cada lugar, y vamos a dejar Ckuri en Brasil. Eso es súper bonito, porque nos permite también el intercambio, trabajar con bailarines y con actores que hayan trabajado con máscaras. Es muy, muy bello,
También preparando Haatchi lockma, que significa perro negro en kunza. Haatchi lockma, los guardianes del portal, que es un espectáculo, no hermano de los Ckuri, pero es el mismo formato, de calle, con máscaras y tambores. Ese espectáculo lo vamos a empezar más o menos en mayo, para mostrarlo en agosto y seguramente estará en el próximo Identidades.
Hace algún tiempo tuve la suerte de ver un pedacito de Ckuri en el GAM y me llamó mucho la atención el tema del ritual. En Chile creo que tenemos ese impulso de buscar el fuego, el rito. Me pasa cuando veo a las sahumadoras en las marchas, por ejemplo. Te quiero preguntar por el vínculo de ese trabajo con la idea de un país herido que necesita un ritual para limpiar.
Cuando creamos los Ckuri venía desde ahí, de volver a mirarnos después de la pandemia. Los Ckuri cuando terminan no vuelven a pedir aplausos, simplemente aparecen y luego desaparecen. Entonces, la gente se quedaba mirándose. Y eso era muy bello, era volver a encontrarse en algo que es tan primigenio, que es el ritual, y que creo que está en la memoria, en el ADN de Chile, porque esta tierra es de pueblos indígenas. Todo Chile es un territorio indígena. Entonces, yo siento que la búsqueda del ritual, del fuego, del agua, de generar el juego también de esta dualidad que tienen los Ckuri, de esta limpieza de pueblo, viene a sanar esas quebradas que tenemos en el corazón los chilenos, esa herida tan grande a nivel político, social, que llevamos cargando tanto rato y que está todavía siempre ahí, tapada. Algo pasa en la gente, es muy hermoso. Hay gente que nos ha dicho al término de la función: ¿pueden ir a limpiar mi casa?. Pasan cosas. Llevaban personas en silla de ruedas y querían que las tocaran, como si tuviéramos un poder, pero yo siento que el teatro que hacemos, por lo menos, que me interesa a mí, rompe la élite y rompe la cosa como, ¿para quién hacemos lo que hacemos? Finalmente, el teatro tiene que ver con la experiencia, y esa experiencia mágica, que lo viven con los enmascarados, es como lo que a mí personalmente me pasó ahora en África, que vi a los zaouli y pensé: hay un espíritu ahí. Entonces, a la gente le pasa lo mismo con los Ckuri.
En 2022 fuimos a hacer un encuentro en el Centro Cultural La Moneda y yo pedí grabar dentro de La Moneda y hacer una limpieza. Visitamos el despacho de Allende. Fue una sorpresa para los actores y se provocó un ritual increíble. Cuando después retornamos al camarín, los actores se sacaron la máscara y estaban todos llorando: eso también es esa cosa mágica y espiritual que tienen los Ckuri, que tiene el teatro, que se vuelve un rito y también algo muy sagrado. Esa misma magia ocurre en las calles cuando estamos con los Ckuri.
Coordenadas
Identidades Festival
5 al 12 de octubre
Ruinas de Huanchaca, Antofagasta
Reserva entradas http://carpaidentidades.cl
Presencial exclusiva para adultos mayores en el Teatro Municipal de Antofagasta.
![]()

