Por Patricio Robles
Entrevistamos al actor Enzo Gnecco, integrante del elenco de Escuela de Payasos, obra de la compañía chilena Teatro Klon, dirigida por Oscar Zimmermann. El montaje combina teatro clown, circo contemporáneo, acrobacias, malabares y música en vivo. Estrenada en julio de 2026 en Matucana 100, la obra llega a Antofagasta como parte de la programación de Identidades Festival 2026, bajo la línea Creadores de Raíz.
En escena, seis estudiantes de una escuela de payasos deben rendir su examen final para obtener el título de payaso profesional. Guiados por un exigente profesor, los aspirantes presentan distintas rutinas ante un público que asume el papel de jurado. A través de tres momentos, el examen, los sueños de circo y la titulación, la obra construye un espectáculo que recupera rutinas clásicas del payaso tradicional y explora el humor, la torpeza y el fracaso como parte del lenguaje clown.
La creación reúne a siete intérpretes y cuenta con una dramaturgia que combina rutinas circenses, improvisación y música compuesta especialmente para el montaje. La propuesta también rinde homenaje al circo tradicional chileno y busca acercar el lenguaje clown a públicos de distintas edades, mediante una experiencia que transita entre la comicidad y la emoción.
Conversamos con Enzo Gnecco sobre su trayectoria junto a Oscar Zimmermann, la construcción de Escuela de Payasos, el trabajo colectivo detrás del montaje y la relación del clown con el público. También abordamos la participación de la compañía en Identidades Festival 2026 y el significado de presentar una obra que recupera las tradiciones del circo chileno.
¿Cómo llegaste a formar parte de Escuela de Payasos? ¿Qué fue lo que te interesó de este proyecto cuando Oscar Zimmermann te invitó a participar?
Con Oscar trabajamos mucho tiempo juntos, pero yo partí siendo su estudiante, él fue mi primer profesor de clown cuando yo estaba en la Escuela de Teatro. Después fui su ayudante y ahí me invitó a la primera obra, que fue El payaso y su doble, que fue una obra ganadora del Fondart Bicentenario. Con esa obra recorrimos todo Chile y parte de Latinoamérica en gira. Nos fue súper bien y ahí generamos una amistad, aparte del trabajo. Y no solamente con Oscar, sino con la mayoría de la gente que compone Escuela de Payasos, este nuevo montaje. Somos colegas, amigos, compañeros de nariz. Es un grupo humano y profesional maravilloso. Cuando me invitó a este proyecto fue un regalo, de verdad, porque hace tiempo que quería volver a trabajar con Oscar y con todo el equipo de payasos y payasas que compone la escuela. Otra de las cosas que me motivó también del proyecto, que es importante, es que es un homenaje al payaso tradicional, porque son rutinas de payasos clásicas que se ven ahí en la puesta en escena de Escuela de Payasos.
Dentro de Escuela de Payasos son seis estudiantes que tienen que rendir un examen para titularse como payasos. ¿Quién es tu personaje dentro de esta escuela? ¿Cómo lo construiste?
Cada uno tiene su clown. Tú sabes que cada clown tiene una particularidad. Lo interesante de todo esto es que, más allá de ser personajes, cada uno de los actores y actrices payasos que están en la obra interpretan a su propio clown. Son estos clowns al servicio de esta historia que, como tú bien decías, es el examen final de esta Escuela de Payasos para tener el certificado, el título de payaso profesional. Parte con un profesor muy exigente, que no le gusta nada. Le gustan las rutinas que nosotros presentamos, pero el profesor agarra como el rol del villano, por decirlo así, y él siempre nos pone mala nota. Entonces la gente empieza a empatizar con nosotros hasta que, al final, después de un viaje onírico que tiene, se da cuenta de que ha sido un poco duro con sus estudiantes, donde se transforma en una fiesta de circo porque aprobamos el examen.
La obra combina actuación con acrobacias, malabares, equilibrios y música en vivo. ¿Cómo fue el proceso de preparación para integrar estos lenguajes sin que se sintieran como números separados?
Eso también tiene que ver mucho con la dirección de Oscar, en donde, cuando uno crea la obra, hay una escaleta, por decirlo así, que es como un esquema en el cual después vamos investigando el lenguaje del clown, ciertas rutinas, y eso se va componiendo. Al igual que la música, que fue compuesta especialmente para que acompañara cada rutina. Eso es lo mágico, convive no solamente el trabajo escénico, sino también musical y de iluminación, que está hermosa la obra. Todo eso lo lleva a este lugar mágico que es lo que le gusta a la gente. Mucha gente, cuando ha ido a ver la obra, el comentario es, sobre todo el público adulto, porque es una obra no infantil. Es como algo infantil y no. El teatro clown, y no solamente acá en esta obra sino en Chile, también es un bálsamo para hablar de distintos temas. La gente adulta que va a ver la obra dice: “Volví a ser niña, me sentí como en el circo, como cuando yo era pequeña”. Es muy lindo lo que pasa con el público infantil, obviamente, porque han ido niños también y la disfrutan mucho, pero también con el público mayor, como que se transforman en niños.
El público se convierte en jurado de los aspirantes a payaso. ¿Cuánto cambia cada función dependiendo de su reacción?
El profesor, que es el rol que cumple Oscar, interactúa con la gente y le pide también: “¿Le gustó? ¿No le gustó? ¿Sí? ¿No?”, después de cada rutina. Pero la gente siempre conecta, como que se transforma en los buenos de la película. No ha pasado en ninguna obra que la gente diga: “No, sí, efectivamente está mala”. Todo lo contrario, la gente empatiza muy rápido con el lenguaje, con la obra, con la risa. Aparte que es muy lindo también porque el humor del clown es un humor muy inocente. El clown no se hace el chistoso, no trata de hacer reír. El clown funciona así, en la naturalidad, y desde esa naturalidad aparece la comicidad porque hay ingenuidad también en el clown, hay torpeza, pero esa torpeza es real, no es que se haga el chistoso. Por eso la gente empatiza con el clown, con los payasos, porque es un ser adorable.
Esta presentación va a ocurrir en Identidades Festival, que este año trabaja bajo la línea Creadores de Raíz y reúne propuestas de distintos territorios y tradiciones. ¿Qué significa para ustedes que Escuela de Payasos haya sido seleccionada para participar en esta edición?
Estamos muy contentos, muy honrados también, porque la obra la estrenamos ahora en julio, está recién estrenada y ha tenido muy buena acogida rápidamente. Siempre las obras necesitan una maduración, además, para poder darse a conocer y todo, pero el lenguaje, el espectáculo, ha sido tan bienvenido que nos invitaron a este festival hermoso. Estoy acá en la inauguración, donde efectivamente hay distintas raíces. Estuvieron los Voladores de Papantla recién, ahora hay un grupo de Rapa Nui, y nosotros también representando las raíces chilenas, el circo chileno. Esta obra también es un homenaje al circo tradicional chileno, que un poco es lo que a nosotros nos identifica.
Oscar Zimmermann ha planteado que muchas rutinas del clown se han transmitido históricamente mediante la práctica y la tradición oral, más que a través de una dramaturgia escrita. Desde tu experiencia en escena, ¿Cómo conviven en Escuela de Payasos una dramaturgia establecida y la libertad que necesita el clown?
El clown efectivamente trabaja desde la improvisación, pero la improvisación tiene reglas, como el juego. Para que sea juego tiene que tener reglas, tiene que tener límites, porque si no sería interminable, la gente se aburriría. Lo que nosotros hacemos como payasos es que la torpeza se vea real, pero está ensayada. Las caídas son horas y horas que uno tiene que ensayar, el tema de la caída, el tema del fracaso en escena, todo eso. Todo lo que pasa en escena, nosotros como payasos tenemos que hacer que la gente vea que esto es espontáneo, pero nosotros ensayamos. Por eso convive muy bien el tema de la dramaturgia, como la dramaturgia espacial. Hay muy poco texto también en Escuela de Payasos, en la obra. Son importantes los tiempos también, no se puede extender uno, porque además lo maravilloso es que son siete. Imagínate si cada uno de esos clowns hiciera interacción con el público, todo lo que saben hacer: la obra duraría mucho tiempo. Eso ha sido lindo también con nuestros compañeros. Somos todos profesionales del mundo del clown que tienen una trayectoria. De hecho, tenemos a Yuri, que es el Premio Nacional de Circo, dentro del elenco. Hay actores y actrices consagrados, con mucha experiencia, pero es muy lindo lo que pasa en escena porque nos transformamos todos en uno solo, como que no corremos por separado. En el clown, en el circo, siempre se trabaja el compañerismo, se trabaja también el equipo, es muy importante. Creo que la dramaturgia que le dio Oscar es fundamental para este orden, para que haya una narrativa, porque si no sería una obra que no tuviera ni pie ni cabeza. Pero la obra sí tiene una narrativa, una construcción dramatúrgica.
La obra habla de la graduación, pero también de los sueños que cada uno de estos personajes tiene respecto del circo. ¿Qué hay detrás de la idea de convertirse en payaso? ¿Qué busca la obra cuando se aleja de la caricatura tradicional que muchas veces tenemos del payaso?
La obra lo que busca es que la gente pueda empatizar con el lenguaje del clown. El clown también tiene mucho de hacer reír, pero también puede emocionar. De hecho, hay mucha gente que en parte se emociona con el trabajo que estamos haciendo, se emociona al borde de la lágrima, pero una emoción desde recordar su infancia, desde lo simple del juego. Puede ser una obra que no tenga mucha complejidad, pero a la vez es muy profunda. El lenguaje del clown es un bálsamo para eso. Para nosotros, como intérpretes, también lo sentimos en las caritas de la gente, porque el clown trabaja mucho con el público. Nosotros vemos la reacción de la gente en cada una de las escenas que ocurren.
Después de participar en la creación, el estreno y varias funciones, ¿ha cambiado tu propia idea de lo que significa ser payaso?
Yo siempre he dicho: yo soy actor de profesión, me especialicé en la comedia, soy actor cómico, pero para mí el clown ha sido algo que me ha acompañado durante toda mi vida. Una forma de ver la vida, de relacionarte, de ver las cosas como si fuera la primera vez, ver lo simple. Eso también como actor a mí me sirve mucho para crear otros personajes. No necesariamente estar con la nariz todo el rato, sino que cualquier personaje yo lo puedo agarrar desde esa ingenuidad que tiene el clown, desde esas ganas de salir a escena, de salir a actuar, que son las ganas que tiene el clown siempre de estar jugando. El clown nunca te va a decir que no, siempre hay un sí, la ley del sí. ¿El clown sabe hacer esto? Sí, sí sabe. ¿El clown puede decir esto? Por supuesto que sí. Ahora, puede ser nefasto, puede ser un fracaso, pero eso es parte del lenguaje. Eso es lo bonito de esto.
Para alguien que nunca ha visto teatro clown y que va a encontrarse con Escuela de Payasos por primera vez en el festival, ¿con qué te gustaría que se encontrara esa noche?
Nosotros lo que queremos es que la gente venga a disfrutar, a entregarse al lenguaje del clown, a reírse de las cosas simples, a emocionarse, a participar, a dejarse llevar. Siento que esta es una obra, más que entenderla, es para sentirla. No necesariamente la gente tiene que haber visto clown o tiene que estar cercana al lenguaje del clown. Esta obra es transversal. La han ido a ver gente adulta muy mayor y gente pequeña y las reacciones son casi las mismas. Es muy bonito lo que pasa. Que la gente venga a disfrutar, que la gente salga. De hecho, el público nos dice: “Lo que me pasa con esta obra es que salgo livianita, como que llego a la casa y me siento como con un bálsamo en el corazón”. Para nosotros eso es maravilloso, es la mejor crítica que vamos a tener.
Ficha Técnica
Título: Escuela de Payasos
Compañía: Teatro Klon
Dirección: Oscar Zimmermann
Elenco: Enzo Gnecco
Coordenadas
Viernes 9 de octubre
Explanada y anfiteatro de las Ruinas de Huanchaca.
Identidades Festival 2026
Antofagasta
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