La Cordillera: “En las alturas, mirando al mundo hacia abajo”

Crítica de Cine

La Cordillera: “En las alturas, mirando al mundo hacia abajo”

Por Galia Bogolasky
desde Festival de Cannes
“La Cordillera” es una película coproducida por Chile y Argentina que participó de la sección Un Certain Regard en el Festival de Cannes. La película es dirigida por el argentino Santiago Mitre y es protagonizada por Ricardo Darín, Dolores Fonzi y un elenco internacional que incluye la participación de los chilenos Paulina García y Alfredo Castro.

Darín interpreta al presidente de Argentina, que viaja a Chile a una cumbre latinoamericana con los presidentes de la región, para llegar a un acuerdo sobre un conflicto petrolero. Se reúnen en el Valle Nevado en Chile,  una locación que le da sentido al título de la película, donde están tanto físicamente como simbólicamente, literalmente en las alturas, mirando al mundo hacia abajo.

La película comienza muy bien, con un tema político que genera tensiones y grandes momentos, dónde se plantea el conflicto entre países vecinos, que están obligados a ponerse de acuerdo. Paulina García interpreta a la presidenta de Chile, en un pequeño rol, la única mujer presidenta. El presidente de Brasil es el líder, el que tiene un alto porcentaje de popularidad en su país, del que todos quieren ser amigos pero que todos temen. El presidente mexicano es el que presenta el primer conflicto al querer cambiar el rumbo del acuerdo. Todo bien hasta ahí. Cada uno con su rol, bien marcado, donde con pocos diálogos e interacciones podemos entender cómo funcionan, cómo son, cuánto carácter tienen.

Durante la cumbre que se desarrolla en Chile, el presidente de Argentina pide que traigan a su hija, lo que no queda muy claro por qué (al principio da la sensación que es una niña) y cuando llega esta mujer adulta (Dolores Fonzi) la película toma otro giro, inexplicable. Ella aparece en plena reunión donde está sucediendo una discusión y el presidente deja todo botado para atenderla. De a poco entendemos que ella está pasando por un mal momento, se ha separado y el marido está metido en problemas. De ahí la trama se empieza a centrar en ella y su locura, por lo que traen a un siquiatra chileno a atenderla (Alfredo Castro) y se van desprendiendo oscuros secretos del pasado, secretos familiares que el presidente quiere tapar.

Luego volvemos al tema político que se discute en la cumbre, con un acuerdo que está tomando un giro, y aparece un asesor del Presidente de Estados Unidos (Christian Slater) en el Hotel Hyatt  en Santiago, que se reúne con el personaje de Darín. Todo se ve tan forzado. La película es visiblemente una coproducción. La audiencia reacciona al ver a Slater, que con un español mal pronunciado, emerge como un personaje poco creíble e incómodo.

El tema de fondo debiera haber sido la corrupción en la política, algo tan contingente como relevante. Pero la forma de contar la historia hace que este tema se pierda, en una historia volátil e inverosímil. El guión está mal desarrollado ya que las tramas secundarias deberían haber quedado como secundarias y tomaron demasiada relevancia opacando la historia que realmente merecía más desarrollo.

Si la historia se hubiese quedado en el tema político de la cumbre, todo bien, pero al meter el tema de la hija, la historia se sale del carril, y parece una incorporación forzada.  Todo es para justificar una acción que viene más adelante, pero que no era necesario tanto desvío. Es demasiado innecesario sobre todo porque la película incluso como que cambia de género, del thriller político, al esoterismo o ciencia ficción de frentón.

“La Cordillera” es una película que podía haber optado por un camino y se podría haber concentrado en una sola historia, pero hace un esfuerzo por incorporar mucho personaje secundario e historia secundaria, que desvía la atención y complejiza los elementos para hacer creíble la trama.

Lo que si cabe destacar es el nivel de producción, con un elenco internacional, con un gran despliegue técnico, con todo lo que se requiere para hacer una mega producción a nivel latinoamericano. Sólo que faltó una historia más creíble.

Darín, como siempre se destaca por ser un gran actorazo, y logra salvar esta película con su gran actuación. Además los esfuerzos en producción hacen que se vea como una película casi de Hollywood, y eso ayuda para la distribución internacional, y probablemente por eso llegó a Cannes.

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