La cultura en la basura: Gobernar sin educar

Por Julio Osses

La discusión no está en los números. Los 200 millones de pesos que Banco Estado acaba de quitarle al financiamiento de la industria audiovisual eliminando su Programa de Fomento del Cine Chileno, luego de reducirlo a la mitad durante 2017, pueden parecer una vicoca en el pomposo ámbito de los presupuestos de políticas públicas. Siendo justos, no podríamos asegurar que este aporte a las más de 100 realizaciones chilenas que el fondo benefició desde 2004 hayan sido definitivas para el éxito de nuestras películas ganadoras del Oscar, Una mujer fantástica e Historia de un oso. Pero como explicaron el director Sebastián Lelio y el productor Sebastián Freund al sitio El Mostrador, es un aporte que marcaba la diferencia: “Con este fondo difundíamos la película con afiche, tráiler y campaña de marketing, así como el paso del celuloide al digital”, explicó Freund. “Era un aporte súper relevante para esa etapa”.

“Pensando en que el Banco Estado tuvo el año pasado utilidades por 154 mil millones, estos 200 millones son francamente una migaja”, comentó Jorge López, presidente de la Asociación de Directores y Guionistas de Chile, a CNN Chile, sobre este fondo generado desde el Departamento de Marketing de la Institución bancaria y cuyo destino fue pensado originalmente como un apoyo para la promoción y difusión de las obras audiovisuales.

El gobierno del presidente Piñera, y las autoridades de la derecha en general, parecen tener problemas para diferenciar cultura y espectáculo. En esa linea larga donde en un extremo se ubica el entretenimiento secular y comercial, y en el otro el arte puro y la expresión trascendente, estos funcionarios ven un manchón de cineastas, escritores, cantantes pop, artistas plásticos y gestores culturales pidiendo plata para proyectos que no parecen ofrecer un retorno de inversión constante y sonante.

Podría aportar aquí datos conocidísimos para desmitificar esa superstición decimonónica de que el arte es un mal negocio. Pero insistiré una vez más en que lo más grave de estas decisiones no está ahí.

Tomando en cuenta que la ley de presupuesto 2019 para el Ministerio de las Culturas reveló una reducción de un 30 % en aportes otorgados por el Estado para centros culturales como el Teatro Biobío, el Museo Violeta Parra y el Museo Chileno de Arte Precolombino, podríamos sumar los chistecitos machistas y los gruesos errores históricos del presidente Piñera en sus discursos para asegurar que, al menos hoy, en Chile la cultura está en la basura. 

No se puede gobernar para las encuestas, apagando menudencias cotidianas, sin afectar la visión y la misión de un gobierno. Nadie recuerda cuánto creció el PIB en Chile durante el gobierno de Pedro Aguirre Cerda. Pero su frase “Gobernar es educar” es difícil de olvidar. 

La derecha no tiene intelectuales relevantes en el mundo del arte. Lo más cercano a un vocero del sector es el cantante Alberto Plaza, y su arsenal inagotable de frases de odio y discriminación. Ni siquiera la ministra Valdés y su prestigio transversal en el mundo de la cultura parecen acusar recibo del mal momento que vive el país para la creación artística. ¿Será que ella también está de acuerdo en que la actividad cultural es suntuaria, decorativa, prescindible?

Aún está por verse.

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