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martes, octubre 4, 2022

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«La Trampa» Crítica teatral

LA TRAMPA


“La Trampa” es una obra escrita por el dramaturgo Alejandro Moreno (La Amante Fascista) y dirigida por Horacio Pérez. Esta obra destaca por una puesta en escena bastante particular. Un grupo de 12 personas se enfrenta a otro personaje que aparece desnudo y junto a él hay un niño (interpretado por una actriz) quienes sin decir una palabra, son interpelados por esta docena vestidos igual y hablando a coro. Repiten frases al unísono, que dan a entender que este hombre los abandonó en la montaña.
Lo que este grupo no entiende es por qué este personaje está con un niño, de dónde salió, por qué los abandonó, y la obra se centra en esas preguntas, que toman una forma bien inquisidora y a ratos, da cuenta de un bullying colectivo. Ese coro es una masa agresiva que no hace más que ofender a este hombre, que nunca llegamos a comprender muy bien. El texto es repetitivo pero tiene que ver con este tono entre poético y coral de este grupo de personajes.
Todos visten un impecable polerón gris, un pantalón gris oscuro que les queda corto (a propósito), unos calcetines amarillos, que destacan frente al neutro de su vestuario y unos zapatos colegiales.
Lo que más me gustó de la obra es la parte coreográfica. Cada segmento es compuesto por una formación de estos 12 personajes, muy ordenados, donde se desintegran y vuelven a integrar en una nueva formación. A veces están en línea recta, otras ordenados por tamaño de más chico a más alto, otras en cuadrado, y todo esto va pasando sobre un piso de piedras que va sonando mientras ellos se van desplazando. El hombre con el niño se encuentran fuera de ese rectángulo de piedras, lo que se interpreta como si esa fuese la montaña y estos dos personajes están abajo mirándolos a la distancia.
Entre cada figura que van creando, se desplazan a un ritmo y orden perfectos, y lo único que levemente distrae en estas composiciones, es que una de las actrices, Andrea García Huidobro, está embarazada, por lo que cuando están mucho rato de pie, le pasan una silla, o cuando se recuestan sobre la cama de piedras, le pasan un cojín. Este es un elemento que podría haberse convertido en un problema, pero a mi me gustó ya que distorsiona levemente el orden y la compostura y le pone un toque más humano a este ambiente tan robótico.
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Para concluir quiero destacar que, a pesar de que parece una tragedia griega, con el coro cantando al unísono cada frase, creo que esta obra se asemeja estéticamente a una pieza de danza y es muy poética visualmente, que es lo que más me gustó. La coreografía, las figuras que se van formando, los movimientos y la coordinación, crean un ambiente bastante atractivo visualmente, y eso me gustó mucho más que el texto en sí, algo que considero muy diferente a lo que suelo ver en teatro.

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