Nemesio Antúnez: Del objeto a la emoción

Por Andrés Gutiérrez

Una noche. Un departamento del centro de Santiago. Pleno toque de queda. Los amigos Nemesio Antúnez, Thomas Daskam, Juan Pablo Langlois, Rodolfo Opazo y algún otro, son fotografiados en pleno abrazo colectivo por Paz Errázuriz. Más que un abrazo, se trata de un entrelazamiento humano, donde los protagonistas parecen perder su individualidad para confundirse, quizás a modo de refugio, en una forma abstracta.

La fotografía se puede ver entre los objetos y efectos personales expuestos en la serie Manifiesto en la Sala Matta del Museo de Bellas Artes, exposición curada por Ramón Castillo, en el marco del proyecto Antúnez Centenario que cuenta con otras dos exposiciones: El museo en tiempos de revolución curada por Amalia Cross y Nemesio Antúnez. Panamericano curada por Matías Allende, en el Museo de Bellas Artes y en el Museo de Arte Contemporáneo, respectivamente.

Nemesio Antúnez, fue un pintor eminentemente figurativo porque sus obras, provienen de su percepción más inmediata con objetos o hechos de la realidad, y no de un ordenamiento ideal de formas y colores. Sin embargo, lejos de ser tributario de las formas objetivas, el trabajo del pintor es la representación del mundo transformado en su experiencia, y por ello se le relacionó con el surrealismo.

La realidad social le afectaba tremendamente, lo que le llevó a realizar una serie de obras dedicadas a las solitarias multitudes. En los años 40’ Antúnez se encontraba en lo más crudo de su estancia en Nueva York, y con esa capacidad de síntesis y elegancia que le identificaban, representó con sus City Dwellers el paso anónimo de millones de habitantes en la ciudad masificada, y la incongruencia entre éstas y las líneas rectas y principalmente la escuadra como símbolo del orden lógico, la mensura y la razón. Estas cavilaciones son el preámbulo de la serie de Los inconmensurables donde el pintor deconstruye con simpleza la medida del fuego o de una nube, y de Desierto (1985), donde muestra una multitud que parece devenir confusa en un desierto humano y que ha renunciado a la comprensión racional de las cosas. No se puede medir el desierto en dictadura, pareciera ser lo que nos quiere decir el pintor.

Lo anterior en mixtura con su incesante adicción a la belleza, hicieron que Antúnez incursionara, entre otras técnicas y disciplinas, en el grabado, con el que rinde culto a la social, a lo popular, al artesanado, y el muralismo, obras éstas últimas que aún decoran espacios públicos en Concepción, Valparaíso y Santiago.

En las tres exposiciones dedicadas a Antúnez es posible ver objetos, dibujos, documentos y fotografías, además de registros audiovisuales que dan cuenta de los procesos que vivía el pintor mientras realizaba su trabajo, a la vez que revelan distintas modalidades de exposición que facilitan un recorrido menos catedrático y más experiencial, al modo de Nemesio Antúnez.

En el Museo de Arte Contemporáneo se presenta “Nemesio Antúnez. Panamericano” curada por Matías Allende; mientras que en Museo Nacional de Bellas Artes se presenta “Manifiesto”, curada por Ramón Castillo y “El museo en tiempos de revolución”, curada por Amalia Cross. 

Hasta el 23 de Junio en el MAC y el 9 de Junio en el MNBA

 

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