OPINIÓN Genio y Figura: Homenaje a Pablo de Rokha

OPINIÓN

Genio y Figura: Homenaje a Pablo de Rokha

Por Fernando Garrido R.

Todo está roto, despernancado, hundido en una especie de podredumbre celestial que aterra, y las estrellas mean la tierra de orines negros
como la conciencia de un sacerdote, como la tiniebla que invade al recién
casado
o como el sable enorme de un Dictador;
perros completamente muertos arañan la lámina ensangrentada que se entiende entre el individuo y el infinito, un explotador degüella a un trabajador con un antiguo cuchillo maldito que
echa grandes llamas
y los relámpagos del Señor de los Ejércitos aplastan a la infancia abandonada, porque la justicia de “Dios” se ejerció eternamente contra

los pobres;

  • Pablo de Rokha.

Este lunes de 10 de septiembre, antecediendo a la conmemoración de la herida, se cumplió medio siglo de suicidio del genio y figura Pablo de Rokha, como el mismo se definió. Personaje problemático, fundacional y fundamental para entender el desarrollo de la cultura nacional del siglo XX chileno, y al parecer, una voz metálica, a veces sombría, contradictoria y embriagada de vida que nos seguirá señalando las coordenadas en lo que va del presente.

Pablo de Rokha no muere, no puede morir. Eso entiendo cuando hablo con Graciela Rosanegra y con Anton (Matriarchaos), anfitriones, productores y maestros de ceremonia en el homenaje próximo a realizar. Nacido de las conmemoraciones universitarias hace ya más de veinte años en el campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile, este homenaje-celebración ha permanecido como una constante, con distintas suertes, públicos y escenas. “Llevamos ya como veinte años haciéndolo, y es que alrededor de Pablo de Rokha, no solo se encuentran mundos o miradas simplemente; en él se ven reflejados comunistas, marxistas, trotskistas, posmodernistas, punkies, poetas, músicas, pintores, sino que hay una impronta, una rebeldía, un estar en el mundo, un fuerza creativa que una vez que te detienes en ella, no puedes dejar de admirarla”.

Pablo de Rokha no muere. Y no solo porque tengamos una fiebre editorial en los últimos años, que ante cada re-edición hace sonrojar al presente, o que los esfuerzos institucionales de sus herederos esté dando justicia a su legado, con el posicionamiento de su nombre a la altura de la deuda que tenemos con él. No es por lo que sigue vivo, aunque claro, ayuda. Sigue vivo porque su experiencia y sentir de lo popular es más que esa postal edulcorada, infantilizada y folclórica que el presente nos enrostra con infantil gesto, es una estética en movimiento, es una contradicción permanente sin complejos y atada a la lengua, la cual estira y hace suya, y por la cual muere y grita.

¿Habrá otro poeta en este país al cuál carguen sobre sus espaldas sus lectores y lo transmitan como palabra rebelada de boca en boca? ¿Cómo va a morir si en una anónima casa de Maipú está reunida una parte de la diáspora rokhiana improvisando un escenario, preparando el chancho, el vino, las sopaipillas? ¿Quién de la escena punk está moviendo los instrumentos de población a población para tocar en homenaje de Neruda? ¿Qué trotskista solitario está ensayando sus versos en el transantiago para ir a saludar a Huidobro? ¿Qué vecino en Conchalí está corriendo la parrilla para instalar la betería de las bandas de que tocarán en homenaje a la Mistral? ¿Qué manos están insertando chicharrones en la masa del pan antes de meterla al horno por Lihn?

Este viernes 14 septiembre, en el bar “El Cenicero” en Portugal con Matta, parte de esa familia, una de las más problemáticas y fértiles que se pueden encontrar entre los misteriosos caminos de la literatura y el arte chileno, se reúne en su homenaje.

Datos a tener en cuenta: plástica, trago, cueca, comida chilena, poesía, rock y underground, desde las 21 horas por $2500. Avenida Manuel Antonio Matta 310, esquina Portugal.

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