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martes, octubre 4, 2022

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OSCAR 2022: Crítica de cine “Being the Ricardos”: ¿Todos aman a Lucy?

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Por Paula Frederick

Aaron Sorkin, cineasta frenético e iconoclasta, tiene una cierta adicción por las biografías contemporáneas. De esas que han marcado la historia, personajes complejos y controversiales que de alguna u otra forma, cambiaron el contexto que los rodeaba. Siguiendo el camino de películas como Red Social, Steve Jobs o Charlie Wilson’s War, Sorkin da un salto a los años 50 con Being the Ricardos, que se centra en la figura de la estrella de la televisión Lucille Ball, protagonista de la célebre sitcom I Love Lucy y su marido en la vida real y ficción, Desi Arnaz. La dupla Nicole Kidman y Javier Bardem brillan interpretando a una de las parejas más célebres de los años 50 y de la historia de Hollywood, lo que los ha llevado a recibir diversas nominaciones por sus actuaciones, entre ellas en los Premios Oscar 2022.

Y claro, la fortaleza de Being the Ricardos está en sus interpretaciones. Además, en su manera poco convencional de crear biografías, alejándose de la estructura clásica y siguiendo una ruta propia. En este caso, construir la narración sin centrarse propiamente en la figura de Lucille, sino en la dinámica que la rodea, en su matrimonio dentro y fuera de pantalla, en el backstage de su propia vida. Entonces, la actriz se transforma en una proyección del mecanismo hollywoodense de aquella época, el retrato de un sistema un tanto perverso que crea espejismos, que confunde la realidad con la ficción y ensalza a las figuras del star system como si fueran seres impecables. Para el público, los actores Lucille y Desi serán siempre la pareja televisiva Lucy y Ricky Ricardo. Impolutos, sonrientes, felices comiendo perdices.

Pero lo cierto es que la fama trae también sobreexposición, lo que hace inevitable sacar a relucir lo que se quiere ocultar. Así, la ascensión de Lucille al olimpo del star system se ve amenazada cuando los medios revelan un hecho de su pasado: “Lucille Ball fue roja en 1936”. El titular revela que la actriz habría pertenecido al partido comunista, lo que significaba, entre otras cosas, pasar a formar parte de la lista negra en tiempos del Macartismo, además del inminente fin de su carrera. Un hecho real que sirve como catalizador de la propuesta cinematográfica de Sorkin, donde encierra el fulcro de su mecanismo audiovisual, al analizar las infinitas consecuencias de una acción puntual, sobre todo cuando hay fama y poder involucrados. Cuando la caída de los ídolos se vuelve algo inevitable, y la debilidad humana emerge como la única verdad posible.

En el cine de Sorkin, parece inevitable la expansión. El foco inicial en el objeto cinematográfico rápidamente comienza a diversificarse, transformándose en un cúmulo de puntos de vista, hipervínculos, meta historias que provocan reacciones, consecuencias y cambios en la trama. La figura de Lucille Ball, como ya ocurrió con Steve Jobs o Mark Zuckerberg, se bifurca y se vuelve todo lo que la rodea, permitiendo observarla también desde lejos, para obtener una visión más lúcida y completa. El cineasta los pone bajo la lupa, mostrando todas sus vulnerabilidades, en un juego de espejos que los lleva en forma pendular del brillo a la oscuridad. Una manera de narrar que deja ver la vocación de Sorkin, quizás guionista por sobre director, que pone el diálogo como eje central de la profundidad de su relato.

La apuesta del director se enriquece también con los puntos de vistas de los personajes que circundan a los protagonistas, entre ellos entrevistas a actores y actrices que fingen ser parte de la producción, en un estilo de “falso documental” que refuerza la idea del cruce entre ficción y realidad. Este correlato entrega pistas esenciales sobre Lucille y Desi, su matrimonio real y televisivo, su forma de relacionarse con el entorno, con la fama, con sus propios miedos, escándalos, fantasmas y espejismos. La siempre resplandeciente Nicole Kidman logra encandilar con todos sus matices y conjugar los distintos frentes que la apuntan de manera fresca, creíble y envolvente. La película descansa sobre ella y brilla con su luz, como suele ocurrir con la actriz australiana.

Being the Ricardos es una jugada que funciona, que cumple su objetivo y es consecuente con el camino que nos viene proponiendo el director. Sin embargo, a ratos no alcanza la profundidad emotiva requerida para generar empatía, debido a su relato frenético y al exceso de elementos utilizados para contar la misma historia. Al final, como espectador podemos escoger la arista de nuestro interés, el hilo que queremos seguir. Y, por sobre todo, conocer, desde los ojos de Sorkin, un universo que el cine nos regala continuamente, pero cuyos infinitos matices, mecanismos y luces, suelen permanecer ocultos detrás de la gran pantalla.

Título: Being the Ricardos

Dirección: Aaron Sorkin

Guion: Aaron Sorkin
Música: Daniel Pemberton

Fotografía: Jeff Cronenweth

Reparto: Nicole Kidman, Javier Bardem, J.K. Simmons, Nina Arianda, Tony Hale, Alia Shawkat, Clark Gregg, Robert Pine, Linda Lavin, Christopher Denham, Jake Lacy, Nelson Franklin, John Rubinstein

Productora: Escape Artists, Amazon Studios, Big Indie Pictures

Distribuidora: Amazon Studio

País: Estados Unidos

Año: 2021

Duración: 132 minutos

Plataforma: Amazon prime

 

 

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