Por Ignacia Pezoa
Después de dirigir Elcira (2016) y Tirar del carro (2020), Constanza Niscovolos estrenó su primer largometraje documental: Yo y la que fui (2025). El filme retrata a la icónica fotógrafa argentina, Adriana Lestido, quien además de ser su amiga fue también su maestra. Esa amistad y admiración queda completamente reflejada en la pantalla a través de escenas contemplativas y pausas para respirar y conectar con su fotografía.
El documental será estrenado en Chile en el marco del Festival Stgo Foto (30 de julio al 2 de agosto). Por su exhibición en este lado de la cordillera, conversamos con Constanza sobre la amistad, su relación con la fotografía y el documental, y, por supuesto, sobre Adriana Lestido. Esto fue lo que nos contó.
Cuatro documentales dedicados a figuras de la fotografía chilena y argentina se exhibirán entre el 30 de julio y el 2 de agosto en la Cineteca Nacional de Chile. La programación contempla el estreno en Chile del documental «Yo y la que fui. Un retrato sobre Adriana Lestido» y funciones comentadas en el marco de la quinta edición de StgoFoto. Todo con acceso liberado.
Constanza Niscovolos nació en Buenos Aires, Argentina, en 1975. Cursó Ciencias de la comunicación (UBA) y asistió a los talleres y clínicas fotográficas de Adriana Lestido. Colaboró como reportera gráfica en los diarios, La Nación, el Mercurio de Chile y las revistas Oh lala, Brando, La Mano, Shop, Rolling Stone, El Gourmet y Hecho en Buenos Aires. También participó en algunas ediciones de la revista de fotografía Dulce Equis Negra. Actualmente trabaja en producciones fotográficas para campañas gráficas del Ministerio de Salud de la Nación, Frávega, Banco Provincia y otros y como reportera gráfica en el diario Página 12 y en la revista Nueva y como productora de Artes Visuales en CCK.
Lo primero que me llamó la atención de Yo y la que fui fue la idea de retratar a una amiga. Quiero saber cómo surgió esta idea y cómo describirías la experiencia de documentar a alguien con quien tienes un vínculo tan cercano.
Adriana es una amiga muy fundamental para mí, pero yo la conocí porque fue mi maestra. Mi primer contacto con ella es a través de eso, de sus talleres de fotografía. Yo participé en sus talleres de fotografía. Entonces si bien es mi amiga y nos sentimos muy cercanas, son muchos años de cercanía, también soy su fan artísticamente. Me parece una de las artistas más importantes de la Argentina. Esta dimensión nunca la perdí.
Mirando una vez un libro retrospectivo de ella, que se llama Lo que se ve que tiene su obra hasta 2007, ahí yo dije: “Quiero hacer un documental sobre Adriana”. Nos pusimos manos a la obra con mi coequiper que es Elizabeth Wendling y lo primero que pensamos fue algo totalmente distinto de lo que terminó siendo, que fue esto de entrevistar a algunas personas. Lo pensamos y ni lo hicimos. Avanzando nos fuimos dando cuenta de que lo que teníamos. Elizabeth también es cercana, era mucho más desde el lugar de la cercanía que podíamos contar la historia. Era mucho más particular que hacer entrevistas y que hablen de Adriana. Ahí sí teníamos algo que era único; esto sí que no lo puede contar nadie que no seamos nosotras. Me parece que estuvo bien la decisión. Estrenamos la película en abril del año pasado en BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente), estuvo en el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), y la devolución fue preciosa. Me acuerdo de que alguien nos dijo que fue muy lindo, que “fue como estar un rato con Adriana”. Así se dio.
El filme se siente muy cercano y eso es algo que he leído en todos lados, la verdad. A pesar de que desististe de hacer estas entrevistas como un clásico documental ¿Cómo surgieron las conversaciones que terminan apareciendo en el documental?
Había algunos temas que a mí, en particular, me interesaban. Había algunas ideas clarísimas en medio de mucho trabajo de edición y cosas que se fueron haciendo, o que fueron surgiendo naturalmente. Yo tenía muy claro que quería tocar el tema de la maternidad porque me parecía que Adriana tiene un gran trabajo hecho sobre la maternidad. También porque la conozco y sé cosas de su vida, me parece que era algo que quería abordar. Se dio una cosa muy linda: la conversación con Julia, que es mi hija, eso fue algo totalmente espontáneo. Estábamos grabando un documental, así que espontáneo hasta cierto punto, pero eso de que Juli la estuviera llevando para ese lado eso no estaba guionado, para nada. De hecho, creo que dejamos afuera alguna otra conversación sobre la maternidad, que yo le pregunté algo, pero quedó afuera porque nos gustó mucho cómo se dio lo que sí está en la película.
Después el tema de la desaparición de Willy (Moralli), el compañero de Adriana, era algo que tenía que estar porque fue algo muy troncal en la vida de ella. Troncal como mujer, fundamentalmente como ser humano, y también porque está íntimamente relacionado con el camino de la fotografía de ella. Era algo que tenía que estar, y que también estuviera desde un lugar por ahí como más personal, no tanto en la historia, sino más desde ella como mujer. Por eso ahí usamos un pedacito de material de archivo, del Archivo Oral de Memoria Abierta. Eso lo grabaron ellos como una cuestión de archivo en 2012 y a mí me parecía que, si bien era otro formato, era muy hondo cómo Adriana lo nombraba en ese fragmento. Esas cosas estaban bien claras y después se fue armando lo demás.
Esas cosas estaban claras al principio, pero me imagino que no sólo a nivel personal, por la relación que tienen ustedes, sino por todos los años que estuviste haciendo esta película ¿Cómo decidiste qué es lo que iba a estar fuera del corte final?
Eso fue bastante difícil porque sí había un montón de material y también mucho material rico, la verdad, como conversaciones lindas, profundas sobre el ser humano, sobre la creación. Estaban buenísimas. Pero también decidimos dejar un lugar a los silencios, a una respiración más pausada. La famosa frase de menos es más. De que pudiera no ser un bombardeo de cosas, de información. Lo mismo con las fotos de Adriana que están en las películas, darles un lugar casi silencioso, que tienen un sonido ambiente muy sutil. Fue una decisión de dejar afuera cosas para que crezca lo esencial, que la persona que viera la película se quedara con algo. Esa fue la intención.
Una de las cosas que más me llamó la atención del documental fue el ritmo. Hay una parte en que están las fotografías solas y hay silencio, a veces habla de fondo, hay tiempos de contemplación en la playa muy importantes. Quería preguntarte cómo surgieron estas decisiones de ritmo y si fue en el montaje o si ya estaba pensando.
Fue en el montaje. Otra de las cosas que sí sabía, por alguna razón, desde el principio era cómo empieza la película. Yo quería que empiece así. Esa imagen la tenía yo. Los árboles, todo. Si bien es una imagen que después no se repite, lo de la naturaleza es una cuestión que se mantiene a lo largo de la película. La verdad es que eso lo fuimos armando con Elizabeth editando, sentadas en muchas horas de trabajo de edición. Muchísimas. También nos ayudaron personas en algunos momentos en los que estábamos un poco perdidas, algunas personas que vieron la película en proceso y nos decían “nos parece que esto va muy rápido”, “que esto no suma”. Eso fue fundamental también. Nosotras estábamos todas las semanas, no todos los días, pero una o dos veces por semana durante siete años estábamos sentaditas ahí y a veces nos perdíamos. Ese fue un punto clave porque esta cuestión de la cercanía nos hacía perder un poco, porque yo sé un montón de cosas sobre Adriana y entonces descontás y estás haciendo una película: la información que vos tenés, el que está viendo la película no la tiene. Ahí se nos hacía un pastiche, por eso este intercambio con gente que nos ayudaba, que fueron unas cuatro o cinco veces, fue re importante para despejar esta mirada de afuera y nos ayudó.
Pienso que el resultado del documental tiene mucho que ver con esto que dices tú de que es un trabajo en conjunto. Es muy íntimo y espontáneo. Como decías, es pasar un rato con Adriana. Creo que tiene que ver con la amistad en el trabajo y en el producto final ¿Qué piensas de la relación que hay entre la amistad y el arte?
Es linda la pregunta. Me estoy acordando de una entrevista que le hacían a Orson Welles, que lo amo. Le preguntan: “’Te fue mal alguna vez porque trabajaste con un amigo?” “Sí”. “¿Volverías a trabajar con tu amigo?” “Sí”. Por Dios, jamás me compararía con Orson Welles. A nosotras nos fue re bien igual, por lo menos la sensación que tenemos es que todas quedamos muy contentas de haber hecho esta película. La amistad es más importante que todo e impregna todo de algo muy amoroso. Incluso, por ejemplo, cuando teníamos ya el primer corte, que ahí lo iba a ver Adriana que no había visto nada, y de hecho la película mucho no cambió, solo detalles chiquititos. Si ella no quería poner algo, lo sacábamos. Nunca forzaría ni a Adriana, ni a nadie, que se está exponiendo, que se está entregando, a poner algo que no quiera. Por suerte eso no pasó. Pero también hay una entrega de ella, se entregó totalmente, y hubo cosas que yo tenía miedo porque está expuesta.
Debe ser difícil exponerse. Hay una cámara, pero también está tu amiga, una persona con la que compartes algo, entonces quizás hay confianza y después uno queda como “uy, dije esto quizás”.
Estaba tomada la decisión, sobre todo con las partes más íntimas. Creo que también le pareció bien porque todo el tiempo la cuidábamos sin siquiera proponérnoslo. Naturalmente había una cuestión de no exponer por exponer. Todo lo que estaba expuesto tenía que ver con su obra, con su manera de ser en el mundo. Tratamos de que estuviera esta coherencia.
En el documental Adriana pasa de ser fotógrafa a documentalista, después abandona su casita azul que construyó durante mucho tiempo. El mismo título tiene que ver igual, Yo y la que fui, habla de una metamorfosis muy linda que dejaste registrada, pero quería saber cuándo te diste cuenta de que ésta era una película sobre una transformación.
Eso estuvo desde el principio, pero no sabíamos para dónde iba a ir la transformación. Ella dice algo de que quería vender la casa, que no sabía para dónde va a ir. Tampoco estaba tan segura de que iba a hacer una película ella, no es como “voy a vender la casa para hacer una película”. Sí vendió la casa, sí viajó, se fue con la cámara y grabó y decidió que iba a seguir haciendo esos viajes, pero no fue algo que estaba programado y pensado, para nada. No sabíamos bien y creo que ella tampoco sabía el para dónde. Eso sí lo fuimos registrando en el tiempo y después pasó que, cuando ella ya estaba con esto de los viajes, una amiga viajó con ella, Valeria Bellusci, que es muy amiga y una gran fotógrafa, fueron juntas a Islandia y ahí le pedí a ella que la grabara con el agua y ahí hizo esas imágenes hermosas de el final. Pero se fue dando. Igual Adriana es una persona que se está transformando continuamente. Esa transformación fue particularmente fuerte, pero no es alguien que se quede en un lugar. Siempre está en una.
Al momento de pensar estas preguntas sentí que hay una relación que está espejada entre ustedes dos. Una de las cosas en las que la veo reflejada, no solo en tu paso de fotógrafa a documentalista también, es en la decisión de retratar o documentar la vida de mujeres exclusivamente. ¿Qué te llevó a enfocar tu obra en mujeres y en mujeres como Adriana, o Elcira Olivera y Jackie Flores?
Yo empecé a hacer los talleres con Adriana cuando tenía 19 años entonces hay algo muy del lenguaje materno, de alguna manera, aprendido consciente o inconscientemente. Eso, por un lado. Seguro que hay una marca de ella en eso. Tampoco muy procesado, la verdad. Por ahí hay cosas que se fueron dando, por ejemplo, con Elcira, que fue lo primero que hice en el 2015. Fue porque me enteré de que ella estaba en un geriátrico y que le quedaba poco y dije “vamos a registrarlo de alguna manera”. Absolutamente autodidactas. También fue muy lindo el proceso, aunque muy corto y nada que ver. Después a Jackie Flores la conocí haciendo una nota, yo soy fotorreportera, y dije: “Esta mujer es increíble, quiero hacer algo más con ella”. Eso fue un poco más de tiempo que el de Elcira. Creo que hay algo ahí de mirar a las mujeres, a las mujeres potentes, que seguro que tiene que ver con Adriana y también creo que con mi madre que era una mujer muy potente desde otro lugar. Pero es muy naturalmente, no tengo ninguna duda de que está relacionado, pero por un camino que se va dando día a día, no desde un lugar como con una bandera.
En vez de la idea de tradicional de que la fotografía es un registro del pasado, Adriana dijo, a propósito del lanzamiento de Antártida Negra, que para ella la fotografía está en presente. Quería saber cuál es tu relación con la fotografía y cómo crees que se plasma esta relación haciendo documentales.
Me gusta mucho eso que dice Adriana. Me parece que a mí me pasa lo mismo que dice ella, que lo vivís en el momento. Como ver una pintura, por más que sea distinto, la sentís en el momento. Hay otras fotografías, eso sí, que me parecen que rápidamente te llevan a un contexto histórico. Las fotografías de Praga de (Josef) Koudelka son una cosa impresionante. Yo pienso en Praga del 68 y pienso en esas fotos, no hay otras, no tengo otra imagen en la cabeza.
Mi relación con la fotografía es más desde lo documental. Me interesan las fotografías que no son tan periodísticas, que de seguro están buenísimas y es importante que existan, pero me interesa más lo documental, lo que no está todo el mundo mirando. La fotografía que no está ligada a la actualidad necesariamente o que tiene un laburo de tomarse cierto tiempo para fotografiar, eso me interesa más. También me interesa en el documental cinematográfico ese tiempo, esa mirada con tiempo, no apurada. Estar un rato en un lugar y estar mirando realmente qué pasa en un lugar. En eso lo siento como muy hermano. El video tiene otros elementos, tiene el sonido que es fundamental, pero nada, los siento muy cercanos. Siempre estaré con ambas herramientas.
Ahora que dices eso, de que a la fotografía, que se toma su tiempo, le puedes poner sonido, también me di cuenta de que en el documental hay muchos sonidos de pajaritos, del ruido del mar, de la lluvia. ¿Qué es lo que hizo que estos sonidos tuvieran un lugar tan fundamental dentro de la obra final?
Siempre estuvo también esa idea de relacionar a Adriana con la naturaleza, como que estuviera cerca de la naturaleza porque realmente ella está en esa. El sonido es tan parte de la vida como la imagen y de el estar en un lugar, de habitar un lugar. Es cierto que los que venimos de la imagen fija y nos fuimos a la imagen en movimiento, el sonido tardamos un poco más en decir “es importante”. No es que acompañe a la imagen, es tan importante como la imagen. Entonces la idea fue que esos lugares se puedan sentir en su mayor totalidad posible. Lo de las fotos también, si bien Adriana habla algo que está relacionado con las fotos de ella que estamos viendo, hay otros momentos en los que las fotos están en silencio o con sonidos ambiente, pajaritos o el ruido de una casa, y me parece que ese sonido hace que puedas ver más la fotografía, en vez de estar con una música buenísima, que me encanta, pero que te marca mucho lo que tenés que sentir. Yo amo la música, absolutamente, pero es muy fuerte y toma todo. Si a esta conversación le ponemos una música triste, lloramos.
¿Cuáles son tus proyectos ahora mismo? ¿Qué estás pensando hacer, qué estás haciendo?
Ahora estoy trabajando en la etapa inicial de un proyecto que surge de un libro. Es un documental también. Surge de un libro que tiene que ver con la supervivencia de los artistas en Buenos Aires, de los músicos. Está inspirado en Rosario Bléfari, a partir de un libro de ella. Todavía está re-contra verde, por ahí vamos a ver qué pasa.
¿Qué esperas del público trasandino en el estreno de Yo y la que fui en el marco del Festival StgoFoto?
Para mí lo máximo es si pueden sentir o si se pueden acercar a la obra, a la persona, de Adriana. Que la película llegue por ahí, por un lado. Por otro lado, me parece que la película tiene energía vital, que la tiene Adriana en realidad, y la energía vital es contagiosa de alguna manera. Mucha gente nos dijo: “Me voy a ir a comprar un rollo, hace tiempo que no saco fotos”. Si a alguno le pasan esas cosas es buenísimo. Si a alguno le da un punchi para hacer algo está buenísimo.
Ficha técnica
Título: Yo y la que fui. Un retrato sobre Adriana Lestido
Dirección: Constanza Niscovolo
País: Argentina
Año:2025
Duración: 80 minutos
Coordenadas:
StgoFoto
Viernes 31 de julio
18:00hrs
Cineteca Nacional
Centro Cultural La Moneda
Plaza de la Ciudadanía 26, Santiago
Acceso gratuito, previa descarga de entradas en cinetecanacional.gob.cl
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