Crítica de Teatro “Tragicomedia del Ande”: Tribulaciones musicales del Imperio inca

Por Jorge Letelier

No es fácil determinar cuál es el lugar exacto que representa Tragicomedia del Ande en el repertorio de Tryo Teatro Banda. Por su narrativa sencilla, a la que se le suma una mayor complejidad conceptual, y elaboración musical, se podría suponer que es algo así como una consolidación del estilo juglaresco que han hecho desde sus inicios. Pero, por otro lado, su formato cercano al teatro musical y una ambición escénica cuasi operática parece verse como un vuelco importante a esa misma vocación de sencillez formal que ha caracterizado todo su trabajo anterior.


En ese contexto, Tragicomedia del Ande, que se presenta en el centro GAM como parte del ciclo Teatro Hoy, es el proyecto más ambicioso de la compañía creada por Francisco Sánchez hace 18 años, la que ha registrado de manera aguda, divertida y educativa una serie de sucesos ‘poco oficiales’ de la historia de Chile. Una trayectoria que ostenta varios hitos imprescindibles del teatro local reciente (Cautiverio feliz (sic), Pedro de Valdivia, la gesta inconclusa y esa pequeña joya llamada ¡Parlamento!) y que en la suma de sus montajes ha aportado a la educación chilena casi tanto como los programas de historia del Mineduc.


En esta idea de hacer un espectáculo fundamentalmente educativo, además de itinerante y democrático (sus obras se montan con la misma dedicación desde grandes salas a humildes escuelas de regiones, lo que la convierte en la experiencia de teatro popular más relevante de las últimas décadas), Tryo Teatro Banda ha decantado un estilo formalmente virtuoso, en el que teatralidad y música se conjugan como partes indisolubles de un concepto escénico, que desde la idea del juglar medieval ha mutado a formatos que lo han acercado a nuevos territorios de la producción escénica.

En Tragicomedia del Ande, dirigida por Sebastián Vila (quien dirigió también la anterior El auriga Tristán Cardenilla), por primera vez la agrupación se fija en un suceso fuera de las fronteras del país: la caída del Imperio inca y la consiguiente conquista española del Perú. Inspirada a partir de un texto dramático indígena de origen anónimo, se presenta la aventura de Francisco Pizarro, Diego de Almagro y el cura Hernando de Luque cuando maravillados con las riquezas de la cultura Inca, llegan a Cajamarca para conocer al emperador Atahualpa.

La capacidad sintética para contextualizar los hechos, las acciones y los personajes es notable. Por otra parte, el desdoblamiento de los actores y el sentido de la acción entrega el ya conocido ritmo ágil y desbordante, pletórico de humor, pero que esta vez se sirve de una pequeña orquesta en escena que va otorgando los matices incidentales al relato. Esta variación, dejar en manos de músicos el trabajo que antes realizaban exclusivamente los actores, es un cambio mayor en Tryo y da cuenta de la intencionalidad semi operática del montaje (esa fue la idea inicial de Francisco Sánchez).


De la misma forma, el diseño escenográfico de Pablo de la Fuente otorga un nivel también nuevo: una escalera enorme que se trasmuta en montaña, centro ceremonial, escaleras y prisión, da cuenta de una intención por magnificar el relato en el mismo camino de la música, como formas de resituar escénicamente la propuesta. Una propuesta muy distinta a esas sobrias escenografías en que los propios instrumentos eran muchas veces parte fundamental del diseño.

En esta lógica resulta clave la participación del compositor, director orquestal y arreglador musical Sebastián Errázuriz, quien junto a su Ensamble Musicactual otorga esa cualidad casi narrativa a la música original compuesta por Simón Schriever. El resultado otorga una textura nueva, más ambiciosa y exagerada, pero que permite ‘liberar’ las capacidades físicas del notable elenco, quienes ofrecen un despliegue físico sobresaliente. Es ahí donde el uso del espacio cobra sentido en escenas hilarantes como el recorrido del chasqui y el primer encuentro de los españoles con las mujeres inca, o la batalla final con Atahualpa (una brillante María Izquierdo) en una sorprendente coreografía sobre esta escalera/pirámide que muestra todas las capacidades físicas del elenco.

La Compañía entiende que la historia no es monolítica ni binaria y tal como en Cautiverio felis (sic) propone examinar la figura del conquistador español no como un reduccionismo vinculado a rasgos negativos, como el robo y el pillaje (también se muestran), sino como sujetos expuestos a una circunstancia única en que la ambición, la confusión y las malas decisiones pueden generar una tragedia de magnitud, con el crimen de Atahualpa, que provocó la subsecuente caída del Imperio inca. Así como Pizarro busca sacar partido de la riqueza de Atahualpa, el inca convence a Almagro de viajar al sur hacia territorio desconocido, que es Chile, donde presumiblemente le esperan riquezas y oro, que, como sabemos, no fueron tales. La aventura es más como El tesoro de la sierra madre que como un drama sobre el bien y el mal, donde estos torpes exploradores no entienden bien la grandeza, cultura y esplendor que tienen frente a sus ojos.

Exuberante y a la vez de gran sencillez narrativa, Tragicomedia del Ande explora distintas direcciones, todas acertadas, y entrega un espectáculo apabullante y virtuoso que sitúa a Tryo Teatro Banda como los grandes cronistas históricos del teatro chileno.

Funciones hasta el 2 junio en Centro Cultural GAM, sala A2 de viernes a domingo a las 20:30 horas.
Obra: Tragicomedia del Ande
Investigación y dramaturgia: Francisco Sánchez y Tryo Teatro Banda
Dirección general: Sebastián Vila
Elenco: María Izquierdo, Francisco Sánchez, Daniela Ropert, Valentina Jorquera, Alfredo Becerra, Eduardo Irrazabal, Diego Chamorro.
Composición y arreglos: Simón Schriever, Francisco Sánchez, Greco Acuña y Tryo Teatro Banda
Dirección orquestal: Sebastián Errázuriz
Diseño integral: Pablo De la Fuente, Pedro Gramegna
Sonido: Maximiliano Cornejo
Iluminación: Álvaro Meléndez
Orquesta: Ensemble Music Actual

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