Una mirada dentro de la mente de Luca Guadagnino

 

El director reflexiona sobre sus principales ideas a la hora de crear WE ARE WHO WE ARE, la nueva producción que se emite todos los lunes a la 23:00hs. en HBO.

En WE ARE WHO WE ARE, la nueva serie de HBO creada por el nominado al Oscar Luca Guadagnino, el aclamado director italiano cruza del cine a la televisión para explorar temas universales como la amistad, el primer amor y la identidad.

A partir de la historia de dos jóvenes norteamericanos que viven en una base militar estadounidense en Italia, la serie sumerge al público en la euforia y angustia de la adolescencia y la exploración de la verdadera identidad.

El director italiano analizó el origen y los motivos que lo impulsaron a retratar esta nueva y necesaria historia. El texto ofrece una mirada dentro de la mente del autor, y de la forma en la que encara la creación de sus piezas audiovisuales: desde una atención al detalle cuasi obsesiva hasta el debate interno que generan sus inspiraciones cinematográficas.

A continuación, las reflexiones de Guadagnino sobre su proceso creativo:

Todo comenzó en enero de 2017, inmediatamente después del éxito de CALL ME BY YOUR NAME en el Festival de Cine de Sundance. El productor ejecutivo Lorenzo Mieli me preguntó si me interesaría hacer una serie sobre la fluidez de género, ambientada en un típico suburbio americano.

En general, no me atrae mucho lo que los angloparlantes llaman “topics”, es decir, temas sensibles convertidos en narraciones. Pero me pareció intrigante la idea de escenificar una comunidad estadounidense; era algo que me impulsaría a salirme de los caminos trillados y explorar nuevos.

Por alguna razón me hizo pensar en la infancia de Amy Adams: la actriz me había contado hacía años que era hija de un soldado del ejército estadounidense y que había nacido y pasado su infancia en el complejo militar de Ederle en Vicenza. Ese recuerdo se convirtió de alguna manera en una fuente de inspiración que me llevó a pensar: ¿qué pasaría si en lugar de representar los suburbios americanos, que se han convertido en un estereotipo del cine independiente, conjugáramos una comunidad muy específica, como un grupo de soldados estacionados en el extranjero con sus familias? Un microcosmos de militares que recrean su propia América más allá de las fronteras de su país de origen, por ejemplo, en Italia…

A partir de esta idea comenzó una gran colaboración con Francesca Manieri y Paolo Giordano, que ya habían empezado a trabajar en un escenario antes de involucrarme.

Mi contribución en el desarrollo del guion fue principalmente decir: no nos limitemos a la acción y a la trama, concentrémonos en los personajes, tratemos de ceñirnos lo más posible a su comportamiento como lo hizo Maurice Pialat, un director que, a diferencia de las figuras más opacas o menores del mundo del cine, se negó a encadenarse a los paradigmas de la “reductio ad unum” y en cambio celebró la libertad.

Para WE ARE WHO WE ARE no solo me influyó su película TO OUR LOVES, sino que también me inspiré en otras obras maravillosas suyas, como UNDER THE SUN OF SATAN, una película basada en la novela de Bernanos y que en 1987 le valió la Palma de Oro en Cannes. Y que fue silbada por el público, para su disgusto.

Me gusta pensar que su visión desilusionada de lo sagrado o su capacidad para hacerlo emerger en un mundo de corrupción influyó en partes de la narración de esta historia de madurez, en particular en la construcción de algunos de los personajes como Danny.

Me gustaría aclarar un malentendido: cuando rindo homenaje a un cineasta que amo no significa que mi único paradigma o perspectiva sea rehacer una de sus películas para apropiarme de ella o imitarla. Mi deseo de homenajear a un autor nace de un encuentro emocional, intelectual y moral con figuras magistrales como Maurice Pialat, Chantal Akerman o Bernardo Bertolucci.

Habiendo devorado sus películas y sus entrevistas, mi homenaje es una incitación a la reflexión en un debate ideal con los maestros que siento que puedo interpretar gracias a mi conocimiento de su sistema intelectual.

El espíritu de Maurice Pialat perdura a lo largo de toda la serie, que me gusta llamar una “película” en ocho actos. Y de hecho, mientras desarrollábamos el guion y construíamos los personajes, él se convirtió en nuestro punto de partida y de llegada.

Así que, con paciencia extrema, después de una exhaustiva investigación sobre el mundo de las bases militares y un trabajo infinitamente meticuloso sobre los detalles, nuestra galería de personajes tomó forma vívidamente: los niños, sus familias, el microcosmos militar…

Considerando las películas corales de maestros como Demme, Altman, Rossellini o Fellini, en las que cada uno de los personajes -incluso los más pequeños- son tan auténticos que permanecen fijos en el imaginario colectivo, intentamos dar dignidad a todos sin crear una jerarquía ni un orden de importancia para los personajes.

Me gusta pensar en WE ARE WHO WE ARE como una especie de comedia humana que describe como, en nuestros días, un grupo de expatriados en un complejo militar vive a través de sus idiosincrasias, deseos y neurosis.

Algunos pueden pensar que pinté un microcosmos utópico, pero, en realidad describo un mundo que refleja lo que somos hoy en día. ¿Por qué limitarnos a representar solo el promedio de todo lo que sucede en lo real? Desde que era un niño, siempre he rechazado instintivamente esta lectura, esta interpretación de la vida.

Si la serie es política es porque de alguna manera abre nuestra mirada al otro y le da voz, menos suavizada que en el mainstream, a una multitud de personajes que son bastante invisibles o están poco representados en la pantalla.

Incluso dos personajes como Sarah y Maggie (Chloë Sevigny y Alice Braga), una pareja casada del mismo sexo, experimentan algunas dinámicas internas que podrían resultar inquietantes para cierto público progresista de habla inglesa.

Puedo imaginar que ciertos aspectos de sus personajes y de su arco narrativo podrían resultar difíciles de entender o aceptar para algunos, porque es difícil imaginar que un personaje que pertenece a la minoría de la comunidad LGBTQI pueda expresar a la vez belleza y profundo cinismo.

WE ARE WHO WE ARE me permitió cambiar de rumbo una vez más, y al no tener un enfoque cínico hacia mi trabajo, me gusta ponerme en duda constantemente.

No me interesa refinar una sola forma de hacer cine, sino que me gusta pensar en una película como un producto de artesanía, una pieza única que no puede ser replicada.

Por esta razón, junto con los que trabajan conmigo, constantemente lucho por los detalles, por cada aspecto de la escenografía.

Siendo la desprolijidad mi mayor temor, si un día descubro que ya no me interesan los detalles, dejaré de hacer películas.

Con el paso de los años he aprendido a dejar siempre una puerta abierta a la improvisación durante el rodaje; por eso insistí en que quería a los guionistas en el set. Porque cuando estás ahí filmando incluso la escena más breve, uno no puede evitar hacerse mil preguntas. Uno se las hace a sí mismo como director, al igual que los actores, el encargado de la utilería y los departamentos de escenografía, maquillaje y vestuario, y es importante capturar las ideas y hacerlas circular. En este sentido la improvisación es absolutamente bienvenida; debemos siempre recordar y aceptar que la realidad siempre está ahí y se encargará de dar forma a una escena. Al principio nunca se sabe la dirección que uno está tomando, luego tu diseño se va definiendo gradualmente, y cuanto más consigas abrirte a la realidad y seguir adelante, mejor será tu entendimiento de lo que estás haciendo.

Uno es como un ciego que anda a tientas en la oscuridad y que poco a poco empieza a ver de nuevo, o como un niño… en última instancia, todos los directores y todas las películas siguen el mismo camino que el de un bebé recién nacido: al nacer, un bebé lo ve todo desenfocado, solo puede distinguir las sombras y los contornos de las figuras más familiares, su padre y su madre (o sus dos madres o sus dos padres, o lo que sea), pero luego, a medida que su vista se desarrolla, toma conciencia de sus padres y empieza a descifrar el mundo.

Mi proceso creativo es el mismo: no es que porque tengo una carrera de veinte años puedo filmar cualquier cosa al día siguiente y saber exactamente lo que hago… cada vez que diriges una película, es algo nuevo, un renacimiento: al principio todo está desenfocado, luego poco a poco empiezan a aparecer los contornos, las sombras y los bordes, y luego empiezas a ver un poco de color, empiezas a distinguir las formas individuales, y al final obtienes una visión completa.

Me gusta el hecho de que la serie se titule WE ARE WHO WE ARE: somos nosotros, nosotros juntos, “aquí y ahora”… y fue para suscribir lo más posible este espíritu que traicioné mi amor por el celuloide y volví a la filmación digital. Me gustaba la idea de capturar, como en un espejo, un presente capaz de ofrecer un destello de improvisación, de lo que sucede fuera de la pantalla, de la infancia, de la vida.

 

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